domingo, marzo 18, 2007

Por la lectura gratuita

Por la lectura gratuita

Permalink 18.03.07 @ 12:09:18. Archivado en Universidades, Ética, Educación

Quien viva en un mundo perfecto, que tire la primera piedra. Yo declaro sin ambages que no es mi caso. Lo declaro, aunque más de un zelote de mi propio mundo privilegiado universitario me reproche mi sinceridad, que él calificará de inocente y yo de sana autocrítica.

Uno de mis mayores sufrimientos durante toda mi vida profesoral, en la prestigiosa universidad para la cual trabajo, ha sido que no se prestaran gratuitamente mis métodos audioactivos comparativos de Español (libros y grabaciones) en el Centro de auto-aprendizaje, que yo mismo había concebido y alimentado, recién nacido el Intituto de lenguas vivas, sin escatimar esfuerzos.

Una estúpida política de rentabilidad del Centro de auto-aprendizaje, empeorada por directores sucesivos, de más en más escrupulosos en su torpeza especulativa, exigía que los estudiantes, si querían disfrutar del empleo gratuito del material que yo mismo había creado gratuitamente, pagaran los apuntes editados por el Intituto de lenguas vivas, que no por la cooperativa universitaria, sin ánimo de lucro y controlada por los estudiantes, que era la encargada de editar mis textos.

Esta amarga experiencia, que intento neutralizar, desde que la posibilidad de Internet existe, confiando la mayor parte de mis trabajos a la red, bajo el signo de la solidaridad y de la gratuidad, me incita hoy a apoyar con todas mis fuerzas la acción contra el préstamo de pago en bibliotecas y mediatecas.

Ni entiendo ni admito que Europa obligue a gravar la lectura de libros, la escucha de discos o el visionado de películas en bibliotecas y mediatecas, incluidas las universitarias, argumentando como lo hace, faltando a la verdad, en concepto de derechos de autor. Los autores reales "Nos negamos a servir de coartada a esta nueva maniobra de mercantilización de la cultura".

Según Concepción Becerra, secretaria técnica del Ministerio de Cultura: "España transpuso en 1994 la directiva [de 1992, que imponía el canon por préstamo bibliotecario]... Pero excluyó a tantas bibliotecas, que Europa la declaró mal aplicada e inició un procedimiento sancionador", que estos días ha acabado en condena.

He aquí el texto que mejor representa nuestro sentimiento de Autores, en las circunstancias actuales de condena y amenaza de aplicación a España de una multa diaria por incumplimiento de directiva, cuando se trata de una directiva europea que disuadirá de la lectura a quienes necesitan ser alentados.

Este hermoso texto se lo debemos a nuestro colega José Luis Sampedro, cuya doble competencia de escritor y economista lo designan como el más digno portaestandarte de quienes defendemos la lectura como alimento esencial de nuestra propia cultura.

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Por la lectura,
por José Luis Sampedro

Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus “clientes” éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May.

Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos.

Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas y médicos no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro.

Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir –eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada.
En la vida corriente el que paga una suma es porque:

a) obtiene algo a cambio
b) es objeto de una sanción.

Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura?

Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación? ¿Acaso dejaron de cobrar por el libro vendido? ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas? ¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos?
Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil.

Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña.

¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS!

José Luis Sampedro

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