jueves, mayo 12, 2016

Miguel de Cervantes y su tiempo: Crónica hispano-flamenca (1547-1617): quinquenio 13/14


 

 

◊ Embarco de moriscos en el Grao de Valencia = Embarquement de morisques dans la Plage de Valence = Moriscos' embarkation in the Shore of Valencia ◊
Author: Pere Oromig (1)
→ Cervantes entreveía tal vez un torvo futuro, preñado de infinitas exclusiones y discordias fratricidas, hacia el cual se daba un firme paso con los decretos de Felipe III y su «Atlante» el de Lerma. ←
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Periodos historiográficos de esta "Crónica hispano-flamenca cervantina (1547-1617)", publicada aquí por quinquenios.
I. 1547 - 1563
II. 1564 - 1575
III. 1576 - 1585
IV. 1586 - 1598
V. 1599 - 1609
VI. 1610 - 1617
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1607
Comienza para Cervantes un nuevo período de gran actividad creativa. Escribe "La Gitanilla", sus comedias y la "segunda parte del Quijote".
A mediados de este año, el editor Roger Velpius publica «en Bruselas..., en l'Aguila de Oro, cerca de Palacio, año 1607» la primera parte del Quijote en edición cuidadísima. «La pulcritud de la tipografía y del papel, largamente por encima de los usos españoles, va unida a un esmero verdaderamente excepcional, sin paralelo hasta 1738, en la preparación del texto. El corrector lo leyó con cien ojos, procurando remediar las que se le ofrecían como imperfecciones, y, así, enderezando felizmente numerosos tuertos y no dejando pasar tampoco deslices como los epígrafes erróneos de los capítulos 35 y 36 o las referencias indebidas al asno de Sancho que sobrevivían aún en la versión de 1605. Claro está que una edición crítica no puede seguir todas sus enmiendas (algunas, admirables), ni menos las sustituciones que introduce para obviar los descuidos del autor; pero la vivísima sensibilidad lingüística y literaria del corrector obliga a tomarlas siempre en consideración, cuando menos como señal cierta de problema.», F. Rico, 1998, p. CCIII.
Relaciones ilegales de Isabel de Saavedra con Juan de Urbina, un hombre casado, rico e influyente, de mediana edad, que casi podía ser su abuelo, secretario de la Casa de Saboya en la Corte de España, que se dedicaba a muchos negocios de diferente tipo, entre ellos, a la especulación de terrenos y edificios. En el mes de marzo Isabel estaba ya embarazada.
1608
Aparece en París la traducción al francés de la novela de "El curioso impertinente", coincidiendo con la tercera edición de Madrid, de 1608, por el impresor Cuesta. Sin embargo la continuación del Quijote se hace esperar.
¿Por qué Cervantes tardó tantos años en escribir la Segunda Parte del Quijote, que innumerables lectores esperaban, tanto en España como en el extranjero?
Hay respuestas múltiples a esta pregunta. Me limitaré a presentar las cuatro que me parecen más evidentes.
1) Cervantes no consideraba que El Quijote era la mejor de sus obras posibles.
No me cabe duda de que su éxito no le produjo vanidad, sino que le hizo pensar que tenía que producir la obra superior que le indicaba como posible la fuerza creativa que sentía en sí mismo.
Para mí está bastante claro que el Persiles, su obra póstuma, fue en su conciencia, al menos en parte, la concreción de esta obra. En su dedicatoria al Conde de Lemos del Q. II, Cervantes escribía a propósito del Persiles que
«ha de llegar al extremo de bondad posible», II.Pról.16,
con lo cual da a entender que para él fue probablemente más prestigioso ser autor de esta obra, que competía con Heliodoro, que del Quijote.
Cuatro días antes de morir, en abril de 1616, Cervantes, fiel en amistad hasta la muerte, le dedicó igualmente al Conde de Lemos Los trabajos de Persiles y Sigismunda.
2) El haber convivido durante la mayor parte de su vida con el fracaso y la falta de reconocimiento, le dieron la fuerza necesaria para seguir sus impulsos creativos más bien que la llamada del éxito comercial.
Cervantes tenía una visión del tiempo y de la validez histórica muy diferente de la que tenían y tienen los obsesos de la moda. A él no le interesaba escribir para que su obra escrita produjera escándalo o sorpresa efímera, como les sucede a los obsesos de la moda, sino que lo hacía para entrar en diálogo con la humanidad permanente.
Digo bien entrar en diálogo con la humanidad permanente, con lo cual me refiero a la obsesión de Cervantes por abrir de par en par las puertas de la literatura, para que todos los humanos participáramos en el gran Diálogo pancrónico que justifica y dignifica nuestra existencia.
Estoy persuadido de que uno de los mayores sufrimientos de Cervantes, en la época de su plenitud, consistió en constatar que el éxito bullanguero de Lope de Vega le cerraba a él las puertas del Teatro.
Ahora bien, el Teatro era en su espíritu la manera más completa de entrar en diálogo con la humanidad permanente, cuya realización concreta eran para él los públicos de la ciudad en que vivía los últimos días de su existencia, es decir, de Madrid:
«Cervantes tenía otros sueños y ambiciones literarias, y todas las evidencias apuntan al hecho de que durante un periodo de años entre 1608 y 1612, estaba escribiendo teatro, poesía y diferentes obras en prosa simultáneamente. Era como si la inquietud física de sus primeros años hubiera dado paso inevitablemente a una inquietud intelectual, que se expresaba en una incesante experimentación.
Don Quijote, por consiguiente, tenía que esperar su turno, y nunca se hubiera completado a no ser por la aparición, para gran indignación y disgusto de Cervantes, del libro de Avellaneda, a raíz de la cual, continuar la obra se convirtió en una cuestión de honor y en la prueba esencial y definitiva para demostrar quién era el padre legítimo de la obra.», MMcK, p. 174-175.
3) No hay que olvidar tampoco, como razón de la tardanza de Cervantes en ocuparse de nuevo del Quijote, el que se desviviera hasta el final de su vida por los suyos y muy en particular por su hija natural, a pesar de la falta de correspondencia por parte de ésta. Una prueba de este desvelo es su comportamiento, rayano en la candidez, para asegurarle protección más allá de su propia muerte, que veía venir, pensando más en ella que en sí mismo.
He aquí los hechos en su cruda y compleja realidad, en gran parte debida a la escasa economía de nuestro bien intencionado Autor:
Se plantea un nuevo casamiento de conveniencia de la hija natural de Cervantes, Isabel de Saavedra, tras la muerte de Diego Sanz, con Luis de Molina, agente bancario. Empleamos el indeterminado “se”, porque este tipo de soluciones era el resultado de deliberaciones familiares, donde la responsabilidad de la decisión final era más bien del grupo que de tal o cual individuo concreto, aunque es muy posible que la propia Isabel, nada quijotesca y muy sanchopancesca, llevara la voz cantante.
Costean conjuntamente la dote Cervantes y Juan de Urbina, amante éste de Isabel de Saavedra y padre de su hija Isabel Sanz:
«En el contrato matrimonial, firmado el 28 de agosto en presencia de Cervantes (quien afirma, cosa inexacta, que Isabel es su hija legítima), se siguen ciertas normas de decoro al presentar a Urbina y a Cervantes como responsables ambos de la dote de dos mil ducados, aunque fue Urbina quien aportó toda la suma, presentando algunas casas, dos molinos de viento y otras propiedades suyas como garantía.
En el contrato se acordaba que Isabel y Molina utilizaran libre de renta la casa en que Isabel había estado viviendo hasta el matrimonio de la pequeña Isabel Sanz. Si esta última fallecía joven, Isabel de Saavedra podía utilizarla durante toda su vida, y en el caso de que ella falleciera —tanto si estaba casada con Molina como si no—, Cervantes heredaría el inmueble libre de alquiler, con el derecho a arrendarlo a quien quisiera. En vista de la edad de Cervantes era muy poco probable que esta curiosa cláusula se hiciera realidad, por lo que parece verosímil que se incluyera para proteger a su nieta excluyendo a Molina de cualquier derecho sobre la casa.
Cervantes firmó después una declaración comprometiéndose a devolver la casa a Urbina si su nieta fallecía, aunque en varias ocasiones se refirió a aquella casa como de su propiedad. Urbina era un hombre de negocios experimentado.
Los escrúpulos que pudieran surgir acerca de la naturaleza de las negociaciones serían anacrónicos. Los matrimonios de conveniencia estaban a la orden del día, y éste sólo es un ejemplo más. Molina estaba tan plenamente convencido de que estaba siendo comprado como, por otro lado, lo estaba de que lo que se le ofrecía era una atractiva transacción comercial. Era tan capaz como Urbina de mirar por sus intereses.
En cuanto a Cervantes, debió de encontrar desagradable su connivencia en todo el asunto, puesto que él no podía dar una solución alternativa y apenas podía ser útil a su hija; y lo que es más importante, no podía dar consejos morales a su nieta. Para Isabel nada iba a cambiar, y en tales asuntos Cervantes era realista. Su reacción ante el matrimonio de su hija debió de ser la de un padre del siglo XVII, práctico pero pobre.», MMcK, p. 175-176.
4) Este mismo año de 1608, Magdalena, la hermana menor de Miguel, tomó el hábito de las terciarias de San Francisco, una congregación laica fundada poco tiempo antes por los franciscanos. A partir de entonces llevaría la vida recluida de una seglar consagrada, reproduciendo en su medio laico las costumbres de las monjas.
No es imposible que el nuevo episodio de la vida de Isabel de Saavedra, que algunos biógrafos de Miguel consideran como hija de esta hermana suya, Magdalena, y del amante de ésta, Juan de Urbina, influyera en la decisión de la nueva terciaria, decisión que cabría considerar como la ejecución de una penitencia autoimpuesta, para purificarse de sus propios errores de juventud. Recordemos que Isabel de Saavedra, a raíz de la muerte de Ana Franca, su supuesta madre, entró al servicio de Magdalena, en 1598, cambiando su nombre, el que llevaba como hija natural de Miguel, por el de Isabel de Cervantes.
Lit. Bernardo de Balbuena, "Siglo de oro en las selvas de Erifile".
Pol. Formación de la Unión Evangélica entre luteranos y calvinistas alemanes.
Alianza de Inglaterra y de las Provincias Unidas.
1609
Miguel de Cervantes y Catalina, su mujer, viven en una modesta vivienda de la calle de la Magdalena, con sus hermanas Andrea y Magdalena y con su sobrina Constanza de Ovando.
Cervantes ingresó el 17 de abril en la Hermandad de indignos esclavos del Santísimo Sacramento del Olivar, a la que también pertenecieron otros escritores como Lope de Vega y Quevedo. La hermandad, situada en la calle del Olivar, disfrutaba de ilustres protectores, entre ellos el rey y su favorito, el duque de Lerma; lo cual explica que muy pronto, tras su fundación, se pusiera muy de moda el ingresar en ella, tanto entre los miembros de la Corte como entre los socios de los círculos literarios. A finales de 1609 tenía ya cuatrocientos miembros importantes. Cabe pensar que los candidatos menos pudientes, venidos sobre todo de los círculos literarios, confiaban en que perteneciendo a la hermandad podrían encontrar algún mecenas que remediara su indigencia, o que al menos tendrían la oportunidad de alternar con los grandes de este mundo en plano de igualdad, en un contexto donde su indigencia no tuviera importancia.
Tal vez buscando una amable compañía, difícil de encontrar si no se pertenecía a la clase pudiente, pero ciertamente preocupado por su salvación eterna, como su hermana menor Magdalena, Cervantes decidió, tras aclarar el futuro de Isabel, la hija putativa del uno o del otro de los dos hermanos, que había llegado el momento de pensar en su alma; como dirá algunos años después en el prólogo de las "Novelas ejemplares", «mi edad no está ya para burlarse con la otra vida». Con idéntico motivo, dos mujeres más de su familia, Catalina, su mujer, y Andrea, su hermana mayor, lo hicieron después que él, el 8 de junio, en la Orden Tercera de San Francisco, siguiendo el ejemplo de Magdalena.
Como si el destino hubiera percibido la alarma de la familia de Miguel, la muerte se cebó vorazmente y con trágica premura en sus parientes: en octubre del mismo año 1608 murió su hermana Andrea; seis meses después, le tocó la vez a su nieta Isabel Sanz y, transcurridos otros tantos, a su hermana Magdalena.
Lit. Lope de Vega, "Arte nuevo de hacer comedias".
Pol. Tregua de los Doce Años entre España y las Provincias-Unidas de los Países Bajos.
Creación de la Banca de Amsterdam.
Formación de una contra-liga católica en Alemania.
Se funda en Madrid el Convento de las Trinitarias Descalzas.
VI.
1610
Cervantes intenta ir a Nápoles como secretario del nuevo virrey, don Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos, pero el poeta e historiador Lupercio Leonardo de Argensola, encargado de reclutar la comitiva, lo deja fuera, lo mismo que a Góngora:
«Quizá fue este desagradable asunto con su enajenada hija el que hizo que Cervantes pensara con nostalgia en Italia, y posiblemente incluso en el hijo que había dejado allí muchos años atrás.
A finales de la primavera de 1610 se supo que Pedro Fernández Ruiz de Castro y Osorio, séptimo conde de Lemos y sobrino y yerno del poderoso duque de Lerma, había sido nombrado virrey de Nápoles, y que este generoso y entusiasta mecenas de las artes pretendía llevarse consigo a Italia, para ornato de su corte, a un grupo de literatos con talento. De la selección se ocuparía su nuevo secretario, el poeta e historiador Lupercio Leonardo de Argensola. Cervantes, que había conocido al conde, hizo saber que le gustaría ser incluido en el grupo. Pero no fue así. Se pronunciaron palabras lisonjeras y se hicieron promesas, pero al final, tanto Cervantes como el poeta Góngora, por quien aquél sentía la mayor admiración y que también había solicitado partir, fueron excluidos de la comitiva que embarcó para Italia con el conde el 3 de julio.
No se conoce con claridad la causa de su rechazo. Quizá, dado que Argensola era un admirador de Lope, el partidismo profesional estuviera detrás de todo ello: Lope de Vega estimaba a Góngora menos aún que a Cervantes. Quizá Argensola prefirió simplemente no cargar demasiado las balanzas del talento y la fama en detrimento propio. O, tal vez, Cervantes era sencillamente demasiado viejo y poco atractivo. Cualquiera que fuese el motivo, Cervantes se sintió profundamente herido, como demuestra esta referencia al Incidente en su "Viaje del Parnaso":
«Mucho esperé, si mucho prometieron
mas podía ser que ocupaciones nuevas
les obligue a olvidar lo que dijeron.»
Fue su última tentativa de obtener reconocimiento a su obra.», MMcK, p. 182.
En junio, la familia Cervantes se mudó a una casa de la calle de León.
Pol. El conde de Lemos, Pedro Fernández Ruiz de Castro y Osorio, séptimo conde de Lemos, sobrino y yerno del poderoso duque de Lerma, es nombrado virrey de Nápoles.
Toma de Larache.
Asesinato, el 14 de mayo, en las calles de París por el franciscano François Ravaillac de Enrique IV, primer rey Borbón de Francia. Se cree que el motivo del magnicidio fue el odio a los hugonotes, de los que el rey había sido el jefe antes de convertirse al catolicismo.
Alianza de la Santa Liga y de España.
Galileo inventa el telescopio.
Expulsión de los moriscos.
«1610 será año importante; Felipe III quiere terminar la operación destinada a la expulsión de los moriscos, completando así la tarea de los Reyes Católicos, de su abuelo Carlos I y de su padre Felipe II. El 10 de enero se dictará la real cédula por la que se ordena su apartamiento de España.», M.L., Cervantes, c.7, p. 178. En un plazo de cinco años tienen que dejar casas, pertenencias, amigos y parientes. Se expulsa a un total de entre 250000 y 300000.
«En el capítulo II.54 del Quijote trata Cervantes un asunto de suma actualidad cuando apareció la segunda parte del Quijote: la expulsión de los moriscos. El problema venía desde que los Reyes Católicos ganaron Granada, lo que dejó en incómoda situación a los musulmanes de España, minoría difícilmente asimilable, pues persistía en la religión mahometana en usos y costumbres moros y obligada a vivir como los cristianos, sólo lo hacía en apariencia.
Tras muchos intentos de solución, y la sublevación de los moriscos de las Alpujarras en tiempos de Felipe II, el acuerdo de expulsión lo votó por unanimidad el Consejo de Estado el 30 de enero de 1608, invocando la razón de Estado, o sea, la "conveniencia" y la seguridad de la nación; también se justificó por la reciente conquista de Marruecos por Muley Cidán, enemigo de España; el 9 de diciembre de 1609 se publicó el primer bando de expulsión de los moriscos de Murcia y parte de Andalucia; el 10 de julio de 1610 el que afectaba a los de Extremadura y las dos Castillas, comprendiendo la Mancha, y todavía en 1613 aparecieron disposiciones semejantes.
El destierro de los moriscos, que de toda evidencia es sentido por el Autor ( = Narrador homo-diegético) como algo no sólo concreto, sino particularmente grave en uno de los pasajes en que más sentimos en filigrana la personalidad de Cervantes tras la suya, es «un asunto suyo, porque es asunto de sus vecinos inmediatos».
«Al tiempo de la expulsión salieron del Toboso cincuenta y cuatro familias de moriscos, compuestas de doscientas sesenta y nueve personas, según dice Fray Marcos de Guadalajara en su Prodición y destierro de los moriscos de Castilla, citado por Pellicer.», Clem. 1824.a.
Esta tragedia de la joven nación española, una nación que ha sacrificado a la nueva unidad católica, celosamente controlada por la Inquisición, las variedades nacionales y religiosas que la han caracterizado durante siglos, es dramatizada en el Quijote por la doble tragedia de Ricote y de su hija Ana Félix, que son presentados como paisanos y vecinos de Sancho Panza. (® Ricote ® Félix, en nuestro diccionario enciclopédico) La trayectoria del padre le lleva a países protestantes, que resultan ser mucho más liberales que los países católicos. La trayectoria de la hija, la más común de las trayectorias de los moriscos expulsados de la patria, la lleva a Argel.
Como los moros tienen prohibido por su ley el beber vino, Ricote, de vuelta en España como peregrino, muestra su condición de moro auténticamente convertido al cristianismo bebiéndolo tanto o más que lo otros peregrinos, lo cual queda significado por las dimensiones excepcionales de su bota de vino: «hasta el buen Ricote, que se había transformado de morisco en alemán o tudesco, sacó la suya, que en grandeza podía competir con las cinco.», II.54.15.
En la expulsión de los moriscos se ha cometido una injusticia atroz con los convertidos auténticos. Tal es el caso de Ana Félix, la bella morisca capturada por la galera de Barcelona bajo la apariencia de un arraéz mozo, que sintetiza simbólicamente ante el Virrey de Barcelona, el General de la galera, Don Quijote y Sancho, las justas quejas de sus semejantes moriscos expulsados como ella de su patria española ® morisca
El morisco Ricote, padre de Ana Félix, añade ante los mismos testigos su propio testimonio al de su hija: «Yo salí de mi patria (España) a buscar en reinos extraños quien nos albergase y recogiese… Si nuestra poca culpa y sus lágrimas y las mías por la integridad de vuestra justicia pueden abrir puertas a la misericordia, usadla con nosotros, que jamás tuvimos pensamientos de ofenderos», I.63.37.
El denominador común de ambos testimonios es que los moriscos no fueron expulsados por infieles a su nueva religión, sino por pertenecer a la nación árabe de la que los cristianos viejos desconfiaban. La desconfianza se tradujo en desprecio, el desprecio en odio y el odio en deseo de expulsión: «En la mayoría de las aldeas manchegas, y en muchos otros pueblos de España, hay gentes más abatidas y despreciadas, si cabe, que los jornaleros y campesinos pobres: los moriscos. Cervantes no parece compartir el odio que algunos profesan contra esta minoría, ni acepta los argumentos con que se justificó su expulsión; pero recoge, en algunos pasajes de sus obras, la opinión negativa que ciertos contemporáneos suyos tenían de este desdichado pueblo.», Salazar, 1986, p. 201.
«Cervantes debió de conocer a muchos moriscos en su dilatada vida andariega, y siguió de cerca, en Valladolid y Madrid, las discusiones y preparativos que precedieron a la expulsión. El tema era de candente actualidad en 1615, y Cervantes, aunque pone en boca de sus personajes palabras inverosímiles y alabanzas grandilocuentes en favor del destierro, expresa en la historia del morisco Ricote la tristeza y el asombro con que muchos españoles vivieron las consecuencias de la impopular medida, y reproduce además, con extraordinaria fidelidad, algunos detalles de este penoso episodio.», Salazar, 1986, p. 206.
El topónimo Ricote se transforma en onomástico por la decisiva razón de que el morisco manchego es, a su vez, un paradigma de víctima inocente:
«La maravillosa realidad de Ricote contrasta con aquella caricatura antimorisca al uso y su única afinidad con ella radica en la presencia de ciertos datos sociológicos enteramente neutralizados por Cervantes. La idea de un «buen» morisco, rebosante de dignidad y propicia a ganar el respeto del presunto adversario ideológico, discrepa rotundamente de cuanto se escribía en España por aquellos años, y sólo al tomarlo en cuenta se advierte su hondo sentido. En actitud que hay que llamar quijotesca, Cervantes se opone él solo a la marejada de odios, soberbias y confusiones mentales en que naufragan sus contemporáneos. Quijotesco y aun algo temerario también, al no privarse de suscitar aquella idea clave y peligrosa de la libertad de conciencia con que entra en el grano del problema.», FMV, p. 241.
«La elección de Ricote sirve a Cervantes para demostrar que no todos los moriscos eran apóstatas o descreídos, y para socavar así uno de los principales argumentos con que se justificó la expulsión. Lo que Ricote busca no es la herejía, ni el retorno al mundo islámico, sino el lugar idóneo para practicar el cristianismo en libertad o para esperar sin angustias la luz de la verdadera fe, porque: «...yo sé cierto que la Ricota mi hija y Francisca Ricota mi mujer son católicas cristianas, y aunque yo no lo soy tanto, todavía tengo más de cristiano que de moro, y ruego siempre a Dios me abra los ojos del entendimiento y me dé a conocer cómo le tengo de servir» (II, 54).», Salazar, 1986, p. 207.
«Cervantes derriba en este breve episodio otro de los mitos que una historia apologética ha tejido en torno a la expulsión: el de su pretendida popularidad.
El decreto fue obra de unos pocos y nunca contó con las simpatías y el apoyo del resto de la población: de ahí que los moriscos no estén solos el día del destierro, y que a sus lágrimas y lamentos se una, en muchos lugares, el desconsuelo de los cristianos que los ven marchar. En el pueblo de Don Quijote las relaciones entre ambas comunidades son cordiales, y el episodio de la expulsión adquiere, según el relato homodiegético de Sancho, perfiles trágicos:
«...salió tu hija tan hermosa, que salieron a verla cuantos había en el pueblo, y todos decían que era la más bella criatura del mundo. Iba llorando y abrazada a todas sus amigas y conocidas, y a cuantos llegaban a verla, y a todos pedía la encomendasen a Dios y a Nuestra Señora su madre; y esto, con tanto sentimiento, que a mí me hizo llorar, que no suelo ser muy llorón. Y a fe que muchos tuvieron deseo de esconderla y salir a quitársela en el camino; pero el miedo de ir contra el mandato del Rey los detuvo. Principalmente se mostró más apasionado don Pedro Gregorio, aquel mancebo mayorazgo rico que tú conoces, que dicen que la quería mucho, y después que ella se partió, nunca más él ha parecido en nuestro lugar, y todos pensamos que iba tras ella para robarla; pero hasta ahora no se ha sabido nada» (II.54.38).», Salazar, 1986, 207-208. ® centinelas de nuestra Fe ® Ricote
Numerosos historiadores demuestran que no era una mayoría: «La expulsión no procedía de ningún clamor popular ni produjo el menor entusiasmo colectivo, contra lo que afirma una historia vindicativa y llena de mala conciencia. La España de 1610 quedaba sólo estupefacta y sumida en un penoso silencio que las vociferaciones del puñado de apologistas vuelve aún más profundo y elocuente.», FMV, p. 360. «La expulsión no procede nunca al aliento de un clamor popular, sino al de una minoría activista radicada en las más altas esferas de la política, de la Iglesia y de la Inquisición», FMV, p. 316.
«La expulsión de los moriscos no podía ser considerada por ninguna persona consciente en el mismo plano de otras importantes medidas políticas. España no podía poner su mano en aquella minoría sin tomar graves decisiones acerca de sí misma.… [¿Cuántas expulsiones puede soportar un pueblo sin desintegrarse o sin volverse en parásito de sí mismo?] Con la expulsión se franqueaban límites de hecho y de derecho vedados hasta entonces tanto por la prudencia política como por la conciencia cristiana. Era el más firme paso por la cuesta abajo moral de la dictadura irresponsable del duque de Lerma, dispuesto ahora a probar que su poderío no aceptaba las barreras que la duda jurídico-moral había impuesto a sus antecesores en el gobierno.
Muchos españoles conscientes (y nadie lo era más que Cervantes) debieron darse cuenta de que algo irreparable se había roto para siempre y que desde aquel momento no tenían ya rey, sino amo. Cervantes entreveía tal vez un torvo futuro, preñado de infinitas exclusiones y discordias fratricidas, hacia el cual se daba un firme paso con los decretos de Felipe III y su «Atlante» el de Lerma.
El destierro de los moriscos no sólo ha puesto fin a la última presencia islámica en suelo español: ha cambiado el tono de la vida, se han vuelto ahora inconcebibles muchas cosas, y la primera de ellas es todo asomo de «política» en el manejo de los negocios públicos. De ahí el júbilo, tan justificado, del sector de opinión más inquisitorial.
El caso de Ricote es paradigma de la suerte reservada al individuo (hombre o mujer cristiano nuevo o viejo) en un mundo regido por el pragmatismo anticristiano de la razón de estado.», FMV, p. 257 & 276 & 306 & 322 & 328.
1611
El 28 de enero fallece en Madrid Magdalena, hermana menor de Cervantes, a la que éste estaba muy unido. A partir de este momento viven en la casa de la calle de León con Miguel solamente su esposa y su sobrina Constanza de Ovando, mientras que su hija natural, Isabel de Saavedra, se distancia de su padre y del grupo familiar.
Pleitos entre Urbina y Molina.
Corta temporada de Miguel de Cervantes en Esquivias.
Lit. Fr. Diego de Hojeda, La Cristiada.
Sebastián de Covarrubias, "Tesoro de la lengua castellana".
Pol. Muere la reina Margarita de Austria el 3 de octubre.
Se cierran temporalmente los teatros.
Alianza entre Viena y Madrid.
Fuente: Salvador García Bardón: Miguel de Cervantes y su tiempo
Crónica hispano-flamenca cervantina
Cronología razonada y circunstanciada

Diffusion Universitaire Ciaco, Louvain la Neuve, 1988, reedición 2016 en preparación.
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(1) ◊ Embarco de moriscos en el Grao de Valencia = Un embarquement de morisques dans la Plage de Valence = Moriscos' embarkation in the Shore of Valencia ◊
- Autor: Oromig, Pere
- Título: Embarco de moriscos en el Grao de Valencia.
- Año: 1613
- Serie: La expulsión de los moriscos
- Tipo de obra: Pintura
- Materiales: Óleo
- Soporte: Tela
- Dimensiones: 174 x 110 cm (43.3 × 68.5 in)
- Localización actual: Colección Fundación Bancaja
Este cuadro pertenece a un conjunto integrado por siete lienzos, realizados entre 1612 y 1613. Seis propiedad de la Colección Fundación Bancaja, y un séptimo perteneciente a una colección particular.
Fueron encargados por el propio rey Felipe III, en 1612 (apenas tres años después de la expulsión de los moriscos valencianos)
El rey encargó al marqués de Caracena, virrey de Valencia, que buscase a los pintores apropiados que pudieran ejecutar su petición. Se buscaron pintores valencianos, ya que se puede suponer en buena lógica, que estos hubieran podido ser testigos de los embarques en los puertos hacía bien pocos años, o bien que tuvieran información de primera mano o, al menos, que conocieran bien los lugares que habían de pintar siguiendo la voluntad del monarca. Estos pintores fueron: Pere Oromig, Vicent Mestre, Jerónimo Espinosa y Francisco Peralta.
En estos lienzos se recoge con extraordinario realismo, una multitud de escenas sobre este dramático acontecimiento de principios del siglo XVII; desde el embarque de los miembros de aquella minoría religiosa en distintos puertos del Levante, hasta su desembarco en el puerto norteafricano de Orán.
Los lienzos son únicos en su género, en cuanto a que son coetáneos de los acontecimientos a los que se refiere, todos ellos fueron pintados entre 1612 y 1613; las expulsiones se prolongaron hasta 1616.
Fuente: La expulsión de los moriscos (Vicente Carducho) por Leticia Ruiz Gómez. Museo del Prado.
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10:40 Écrit par SaGa Bardon dans Cervantes | Lien permanent | Commentaires (0)

domingo, mayo 08, 2016

Miguel de Cervantes y su tiempo: Crónica hispano-flamenca (1547-1617): quinquenio 11/14


 

08.05.16 | 09:12. Archivado en EuropaEl QuijoteHispanobelgasEspañaSociogenéticaÉticaGeopolíticaBélgicaCervantes
 


Imagen simbólica: ◊ Felipe II ofreciendo al cielo al infante don Fernando = Philippe II offrant au ciel l’Infante Don Fernando = Philip II offering to heaven the Infante Don Fernando ◊
→ Exvoto de Felipe II por el triunfo de Lepanto y por el nacimiento del infante don Fernando, su presunto heredero ←
Autor: Tiziano, Vecellio di Gregorio (1)
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1597
El año empezó en España con la entrada de la peste por el norte. La enfermedad fue extendiéndose lentamente hacia el sur, hasta que adquirió proporciones epidémicas en 1599-1600, asolando ciudades y villas y aniquilando al quince por ciento de la población.
El 6 de septiembre, el juez Gaspar de Vallejo, abusando de su autoridad, decretó el encarcelamiento de Cervantes, que no podía hacer frente al reembolso de varias cantidades recaudadas en Andalucía. Cervantes permanecería en la cárcel de Sevilla varios meses, hasta abril de 1598. Durante este período se dedicó a escribir con intensidad, y probablemente comenzó el Quijote. Esta circunstancia ha hecho pensar a varios editores de la obra cervantina que por esta época Cervantes escribió un proto-Quijote, concebido como novela corta a la manera de sus "Novelas ejemplares", y probablemente con una intención semejante.
«A Cervantes le quedaron cicatrices de su paso por la cárcel: más tarde, en "Los trabajos de Persiles y Sigismunda", un personaje dice que nadie que hubiera caído en manos de las autoridades sale de ellas “con el mismo lustre”. Estas palabras revelan los efectos que produjeron en él aquellos siete meses que pasó languideciendo en la cárcel, rodeado de rateros, tramposos, prostitutas y asesinos: espléndida fuente de información acerca del submundo sevillano, que Cervantes aprovecharía en "Rinconete y Cortadillo" y "El coloquio de los perros". La naturaleza de la justicia y las relaciones entre el crimen y el castigo serían un tema recurrente en Don Quijote.», M.McK., Cervantes, p. 122-123.
«En noviembre de 1597, después de la muerte el día 6 de este mes de la hija de Felipe II, la princesa Catalina, duquesa de Saboya, los teatros de Madrid se cerraron durante el período de duelo. Hacía diez años más o menos que, al tiempo que había ido creciendo la afición al teatro, también se habían incrementado las protestas de sus enemigos, hombres de la Iglesia en su mayoría, que estaban convencidos de que el drama y las gentes que se movían a su alrededor deterioraban la moral pública. Las canciones y las danzas que acompañaban a las representaciones teatrales estaban consideradas como las más indecorosas e incluso licenciosas; a las actrices que vestían provocativamente con jubón y calzas se las consideraba poco menos que prostitutas y los argumentos de las obras eran juzgados como una incitación a los valores y actitudes frívolas.», M.McK., Cervantes, p. 126-127.
Pol. Tercera Bancarrota de Felipe II.
Los españoles se amparan de Amiens, pero Enrique IV la recupera.
1598
A finales del mes de marzo, estando todavía en la cárcel de Sevilla, Cervantes debió de pensar que la administración exageraba en los controles de su gestión pasada, cuando fue requerido por el Tribunal de Cuentas para hacer una declaración jurada sobre las comisiones que le había encargado Pedro de Isunza en 1591 y 1592, incluidos los detalles del incidente referido a la incautación de cereales en Teba por Nicolás de Benito en 1591. Sin embargo, se apresuró a aprovechar las posibilidades de defensa que aquella situación le brindaba. Aseguró al Tribunal que, si le dejaban en libertad, podría recuperar todos los documentos relacionados con el período de Málaga, yendo a esta ciudad, que era donde los había dejado, y presentar con ellos el informe requerido. El Tribunal no vaciló en hacer caso omiso de los jueces de Sevilla, a causa de su lenta aplicación de la ley.
Es difícil saber cuánto tiempo hubiera permanecido Cervantes en la cárcel si el gobierno no hubiera intervenido. El 28 de abril, Cervantes firmó la declaración que le proporcionaba la libertad.
En el otoño de este año, probablemente se encontraba pobre y rechazado, entre otras cosas porque era imposible ganarse la vida con el teatro, que era la forma más fácil de hacerlo. En efecto, “A raíz de la muerte de Felipe II, en septiembre de 1598, los teatros permanecieron cerrados hasta el mes de abril de 1599, cuando el ayuntamiento de la ciudad de Madrid, inquieto a causa del descenso de donativos a los hospitales de la ciudad, pasó por encima de la opinión del rey, entonces Felipe III, y restableció los teatros públicos con ocasión de las fiestas de compromiso de la archiduquesa Margarita de Austria. Esta concesión no se puso en práctica, después del acontecimiento, hasta el año siguiente.”, M.McK., Cervantes, p. 126.
En relación con la obligatoriedad del cierre de los teatros, el rey había remitido el asunto a una comisión de tres teólogos. “El resultado de sus deliberaciones se plasmó en un decreto real, promulgado el 2 de mayo de 1598, según el cual durante un tiempo no se podrían representar en España obras dramáticas. Al parecer, el teatro transmitía enfermedades y era amigo de los placeres, afeminaba a los hombres, los incapacitaba para afrontar las penurias de la guerra y los distraía de las actividades militares. El teatro saboteaba la salud política y la fuerza militar de España y ponía al país a merced de los turcos y de Inglaterra. En otras palabras, el teatro era el chivo expiatorio del progresivo desencanto de los españoles por la cada vez mayor incapacidad de España para hacer frente a su auto-elegido papel de defensora de la Europa católica.” , M.McK., Cervantes, p. 126.
A raíz de las exequias por la muerte del rey, celebradas en la catedral de Sevilla, Cervantes compuso el famoso soneto “Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla”: “Escrito después de la muerte de Felipe II, ridiculiza y ensalza, simultáneamente, el soberbio túmulo que los mejores artistas de la ciudad realizaron en la catedral de Sevilla. La clave de su acierto radica, a nuestro entender, en el carácter dialogado, casi entremesil, que tiene, dado que, a la intervención primera del soldado, claramente hiperbólica, sucede la del valentón, no solicitada por nadie, que da el giro humorístico genial al poema. El estrambote final acentúa, magníficamente, el humorismo:
Esto oyó un valentón, y dijo: "Es cierto
lo que dice voacé, seor soldado,
y quien dijere lo contrario, miente."
Y luego, encontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.
Tras las palabras, los gestos vacíos, la nada. El soneto, evidentemente, cae dentro del área de un entremés, de una jácara, o de una novela realista, si se quiere. El final, teatral y narrativo a la vez, es perfecto, tanto estructural, como poética, métrica y lingüísticamente. El hermanamiento, por otra parte, entre el soldado y el jaque, entre el pasmo hiperbólico y la fanfarria vacua, es espléndido en su vaciedad jactanciosa; la ironía, la burla y el desencanto, manifiestos.”, MdeCS, Obras completas, Micronet, 1997.
Muere su antigua amante Ana Franca. Al año siguiente, su hija Isabel entra al servicio de Magdalena de Cervantes, bajo el nombre de Isabel de Cervantes:
«El 12 de mayo de 1598, Ana de Villafranca, antigua amante suya, que se había quedado viuda hacía años, murió en Madrid dejando huérfana a su hija adolescente Isabel. Magdalena debió de dar la noticia a su hermano para que rápidamente se tomaran medidas sobre el futuro de la muchacha; la madre de Ana, Luisa de Rojas, no podía sostener a sus dos nietas, Isabel y su hermanastra Ana. Aunque es indudable que Catalina conocía estos hechos y pese a la esterilidad de su matrimonio, no deseaba encargarse de la hija que su marido había tenido con otra mujer. Era preciso encontrar para el caso alguna solución que combinara seguridad y discreción...
Bien por medio de su intervención personal o bien poniéndose en contacto con su hermana a través de una carta, en el mes de agosto ya había encontrado una solución para Isabel, que el 11 de agosto entró a trabajar, de incógnito, en la casa de su tía Magdalena, como aprendiza. Magdalena la tomó a su cargo en su casa, comprometiéndose a alimentarla, enseñarle su oficio de costurera y las labores de la casa, y a pagarle la suma total de veinte ducados por un contrato de dos años. La decencia así lo recomendaba: Isabel estaba tan cerca de su padre como le era posible sin causar ningún escándalo ni molestar a Catalina. Andrea, la otra hermana de Cervantes, también vivía entonces en Madrid, pero además de traer entre manos un juicio sobre la renta de una casa alquilada, tenía una hija a su cuidado y nunca se había llevado con su hermano tan bien como Magdalena. Esta era la persona idónea para el caso y, dado que desde la muerte de su madre vivía sola, es probable que le gustara la idea de tener una acompañante joven en su casa.
El 24 de octubre, sin duda fueron juntas a mezclarse con la gran multitud de personas alineadas en las calles, especialmente ampliadas para la ocasión, bajo los arcos triunfales que daban la bienvenida a la capital a su joven reina. Enjoyada y sentada en un trono de oro, rodeada de cincuenta damas de compañía en sillas de plata, aquello no podía desilusionar a la nueva soberana. Por lo que sabemos, esta gran ocasión no inspiró ningún poema a Cervantes. Pasó todo el verano en Madrid y pronto regresó a Sevilla. No esperó a que se examinaran sus cuentas, pensamiento este que debió de empujarle nuevamente hacia el sur.», MMcK, p. 129.
Lit. Lope de Vega, "La Arcadia" y "La Dragontea".
Mateo Alemán obtiene la aprobación del Consejo Real para la publicación de la «Primera parte de la vida de Guzmán de Alfarache». La obra recoge, con un tono inequívocamente pesimista, las experiencias generales del castellano consciente de los problemas de esta época del reinado de Felipe II, que necesariamente, por la edad y la enfermedad grave del soberano, debe de ser la postrera.
Icon. Nace Zurbarán.
Pol. Celebración en Bruselas, el 21 de agosto, de la Ceremonia de Cesión de Soberanía de los Países Bajos en favor de la Princesa Isabel Clara Eugenia, por disposición de su padre Felipe II.
Isabel Clara Eugenia y su esposo Alberto de Austria, regentes de los Países Bajos.
Paz de Vervins con Francia.
Edicto de Nantes.
Los españoles desembarcan repetidamente en Irlanda.
El día 13 de septiembre, a las cinco de la mañana, murió en el Escorial, a la edad de setenta y un años y tras cuarenta y dos años y once meses de reinado, el rey Felipe II.
Este mismo día fue proclamado Rey de España, con el nombre de Felipe III, el último hijo varón de Don Felipe II y de su cuarta esposa Doña Ana de Austria. Los tres hijos varones precedentes del rey difunto, Fernando, Carlos y Diego, habían muerto respectivamente en 1571, 1573 y 1575.
La educación del nuevo Rey había sido dirigida por el Arzobispo de Toledo, Don García de Loaysa, bajo la tutela directa de Felipe II quien, apenas el príncipe tuvo la edad adecuada, lo hizo participar a las deliberaciones del Consejo del Reino. El difunto soberano no tenía una idea muy alta de las cualidades de su hijo. Se sabe que en la intimidad había dicho a su ministro Don Cristóbal de Moura: «Dios que me ha dado tantos reinos, no me ha concedido un hijo capaz de gobernarlos; temo que me lo gobiernen».
Con el advenimiento de Felipe III se inaugura el gobierno del duque de Lerma, su valido.
Lit. Se decreta el cierre de los teatros.
V.
1599
Entre este año y 1603, Cervantes reside en Sevilla, Madrid, Esquivias y Toledo. Nuevo intento infructuoso de ir a las Indias.
Pol. Recordemos que el año de 1597 había empezado con la entrada de la peste por el norte, y que la enfermedad fue extendiéndose lentamente hacia el sur, hasta que adquirió proporciones epidémicas en 1599-1600 asolando ciudades y villas y aniquilando al quince por ciento de la población.
«En los últimos años del siglo las cosechas también fueron pésimas y los ejércitos y expediciones españolas en el extranjero sufrieron importantes fracasos y derrotas militares. El país se hallaba al borde de una crisis económica, militar y política de grandes proporciones, y el nuevo rey, un joven de veinte años, no era, como su padre preveía, el monarca ideal. Felipe III fue un rey muy diferente a su antecesor, se mostró débil donde su padre había sido un hombre fuerte, y amante de los placeres, a diferencia de la austeridad de su progenitor, quien, además, siempre estuvo dispuesto a poseer un poder efectivo en lugar de dejarlo en manos de otras personas.», MMcK, pp. 126-127.
Peste en Sevilla, que durará tres años.
Lit. Mateo Alemán publica la primera parte de su "Guzmán de Alfarache". “Este libro, sorprendentemente dual, ya que combina la narración de la vida de los bajos fondos con discursos profundamente serios y moralizantes, abrió en España las puertas a la moda de la novela picaresca. Con una visión pesimista de la vida—su autor fue durante algún tiempo inspector del gobierno en las minas de mercurio de Almadén, cuyas condiciones de trabajo eran horribles—, el libro tuvo un éxito inmediato tras su publicación en marzo de 1599, llegando a alcanzar la cuarta edición en aquel primer año y la sexta en 1600.”, M.McK, Cervantes, p. 132.
Lope de Vega, "El Isidro".
Icon. Nacen Velázquez y Van Dyck.
Pol. Felipe III se casa con Margarita de Austria.
1600
El alférez Rodrigo de Cervantes, hermano de Miguel, muere el 2 de julio de un arcabuzazo, en la batalla de las Dunas de Flandes.
El 2 de mayo de 1600, Miguel prestó declaración en Sevilla, apoyando una petición presentada por Agustín Cetina, pagador real, ante el ayuntamiento de la ciudad; lo cual prueba que seguía en contacto con él, siendo muy probable que Cetina le proporcionara algún trabajo.
«En aquellos días debió de tener muchas relaciones en Sevilla. En las casas de los artistas y literatos y en los grandes palacios de los nobles, de los que la ciudad estaba muy bien dotada, se organizaban reuniones literarias, y Cervantes seguramente asistió a muchas de ellas. Es seguro que tanto él como sus compañeros escritores discutieron allí los méritos de un nuevo best-seller, la novela picaresca de Mateo Alemán, Guzmán de Alfarache.
Este libro, sorprendentemente dual, ya que combina la narración de la vida de los bajos fondos con discursos profundamente serios y moralizantes, abrió en España las puertas a la moda de la novela picaresca. Con una visión pesimista de la vida—su autor fue durante algún tiempo inspector del gobierno en las minas de mercurio de Almadén, cuyas condiciones de trabajo eran horribles—, el libro tuvo un éxito inmediato tras su publicación en marzo de 1599, llegando a alcanzar la cuarta edición en aquel primer año y la sexta en 1600.
El espíritu idealista y de evasión que había inspirado la novela pastoril y de caballería había sido sustituido por una nueva forma de entretenimiento, realista y sórdido, que reflejaba mejor el materialismo y la desilusión de la sociedad de entonces.
Sería interesante especular sobre si la obra de Cervantes estuvo o no influida por la aparición de la larga, complicada y tan difundida novela de Mateo Alemán. Si Cervantes necesitaba un empujón para continuar su novela acerca de un loco hidalgo y producir un best-seller que, al mismo tiempo, le diera ocasión de explorar una idea fascinante y utilizar las ricas capas de experiencias y de observación que se habían ido estratificando en el transcurso de una carrera variada y llena de acontecimientos, Guzmán de Alfarache desde luego debió de dárselo. Por otro lado, si en él ya había echado raíces la idea de escribir una obra extensa, la aparición del Guzmán tal vez contribuyera a convencerle de que era inútil continuar su novela picaresca "Rinconete y Cortadillo" y de que tenía que buscar otro tipo de héroe.», MMcK, p. 131-132.
Se cree, aunque no existen pruebas de ello, que Cervantes volvió a Castilla en el mes de julio, para asistir en Toledo a la entrada en el noviciado de la orden franciscana de su cuñado más joven, Fernando de Palacios, que había cedido la mitad de sus bienes a su hermana, doña Catalina, y nombrado albacea al esposo de ésta, Cervantes.
En el mes de agosto, Cervantes abandona Sevilla y se instala en Toledo con su mujer, donde probablemente se dedica de lleno a redactar el Quijote. Parece que viaja de vez en cuando a Esquivias y hay quien supone que debe volver a la cárcel sevillana, aunque esto es más probable en 1602.
Hacia finales del año, Cervantes recibió la trágica noticia de que su hermano Rodrigo había muerto el 2 de julio en la batalla de Nieuport, batalla perdida por el archiduque Alberto de Austria frente a Mauricio de Nassau.
Lit. Nace Pedro Calderón de la Barca.
"Romancero general".
«En febrero los teatros obtuvieron permiso para abrir de nuevo sus puertas y el mundo de la farándula, prohibido durante las celebraciones religiosas, empezó nuevamente a funcionar. Teóricamente el repertorio secular debía limitarse a obras históricas, pero las compañías no iban a restringir sus actividades durante mucho tiempo. Además, de Madrid llegaban noticias muy interesantes.», MMcK, p. 132.
Pol. «Se rumoreaba que la Corte se iba a trasladar en breve a Valladolid, que se convertiría en la nueva capital de España. El duque de Lerma, favorito de Felipe III y en la práctica el verdadero soberano de España (sus rentas pronto alcanzarían los doscientos mil ducados anuales), quería separar al joven rey de la esfera de influencias de su abuela, la emperatriz María. Desde la muerte de su marido, Maximiliano II de Austria, ocurrida en 1576, la emperatriz vivía como una monja en un convento de carmelitas de Madrid y era enemiga implacable de Lerma.», MMcK, p. 132.
Enrique IV se casa con María de Médicis.
Derrota de los españoles frente a los aliados holandeses e ingleses en Nieuport.
1601
El 10 de enero de 1601 se decretó que la capital y la Corte debían trasladarse a Valladolid, «para orgullo de esta ciudad, una de las capitales históricas de Castilla, y para disgusto de Madrid, que vio cómo se escapaba de su control su mayor fuente de empleo y de ingresos. Después de hacer frente a las necesidades de la Corte establecida allí unos cuarenta años antes, la villa madrileña tuvo que enfrentarse al fantasma del abandono y del olvido, además de a la despoblación y la ruina.», MMcK, p. 134.
El traslado de la corte a Valladolid afectó a la familia de Cervantes, pues las hermanas de Miguel, su sobrina y su hija Isabel tendrían que trasladar su obrador de costura a la nueva capital del reino, ya que al vaciarse Madrid de personas principales, entre las que se contaban sus clientes, se quedaban sin trabajo. Cervantes no tardaría en acompañarlas, si bien lo seguimos encontrando en Toledo y Esquivias.
«El 14 de septiembre de 1601, en un memorando de Hacienda realizado por el Tribunal de Cuentas en Valladolid, donde este organismo se había trasladado junto con los demás departamentos del Estado, aparecía una acusación contra el recaudador de impuestos de Vélez Málaga y se requería la presencia de Cervantes para que respondiese a ciertas discrepancias existentes en las cuentas de los impuestos que había recaudado. Dos cosas están muy claras en aquellos documentos: la primera, que el propio Tribunal de Cuentas no estaba totalmente convencido de si el asunto ya estaba o no en orden, y la segunda, que Cervantes nunca había presentado un informe referente al dinero que no había podido recaudar en Vélez Málaga (aunque existen informes de que no había podido recaudar el dinero de los impuestos en otra parte) o que lo había perdido. No existe ninguna prueba, sin embargo, de que se formalizara una demanda contra Cervantes: quizá, como nosotros, los auditores no lograran descubrir su paradero.», MMcK, p. 134.
Lit. Juan de Mariana, "Historia de España".
Nace Baltasar Gracián.
Pol. Traslado oficial de la Corte a Valladolid. Gobierno del Duque de Lerma. El nuevo rey determina no llevar la vida triste de su padre. Empieza para ello por casarse siendo todavía un joven de veinte años, y decide, aconsejado por su valido, el duque de Lerma, trasladar la corte a Valladolid a primeros de 1601. A esto último se oponen no pocos nobles y clérigos, que ven en ello una lamentable imprudencia; pero se conoce que el joven rey, más bien que imitar la prudencia de su padre, prefiere salir huyendo de todo lo que le recuerda su figura sombría y austera.
La decisión de trasladar la corte a Valladolid proporciona al duque de Lerma 40000 ducados, que le entregan las autoridades de la ciudad del Pisuerga por sus buenos oficios en la mediación, pero sobre todo le proporciona sosiego, ya que aparta de ese modo a Felipe III de su abuela María de Austria, monja en las Descalzas Reales y enemiga confesa del duque.
Los holandeses destruyen una flota española en Gibraltar.
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(1) ◊ Felipe II ofreciendo al cielo al infante don Fernando = Philippe II offrant au ciel l’Infante Don Fernando = Philip II offering to heaven the Infante Don Fernando ◊
Autor: Tiziano, Vecellio di Gregorio
Título: Felipe II ofreciendo al cielo al infante don Fernando
Cronología:1573 - 1575
Técnica: Óleo
Soporte: Lienzo
Medidas: 335 cm x 274 cm
Escuela: Italiana
Tema: Alegoría
Expuesto: Sí
Procedencia: Colección Real (Real Alcázar, Madrid, salón de los espejos-cuartos principales, 1700, nº 4; Palacio Real Nuevo, Madrid, tercera pieza de la Furriera, 1747, nº 152; Palacio Real Nuevo, Madrid, paso de tribuna y trascuartos, 1772, nº 152; Palacio Real Nuevo, Madrid, cuarto de la serenísima infanta-dormitorio, 1794, nº 152; Palacio Real, Madrid, pieza amarilla, 1814-1818, nº 152).
Localización actual: Museo del Prado
Num. de catálogo: P00431
Detalle iconográfico: SaGaBardon
Felipe II (1556-1598) levanta a su hijo Fernando (1571-1578) hacia un ángel que porta una palma con el letrero MAIORA TIBI ("Mayores triunfos te esperan"). A sus pies aparece un turco encadenado y desposeído de su turbante, que yace caído en el suelo.
→ Esta obra fue encargada al pintor por la corte española y para su realización se envió un modelo de Sánchez Coello o se dieron instrucciones muy precisas, pues debía ser un exvoto en el que Felipe II daba las gracias por los favores recibidos. Tiziano, que no debió sentirse cómodo con el encargo, delegó parcialmente en sus colaboradores la realización de la pintura.
La composición conmemora dos eventos importantísimos para el Rey que sucedieron casi al mismo tiempo: la victoria contra el Imperio Otomano en la Batalla de Lepanto el 7 de octubre de 1571 y el nacimiento del que hubiera sido el sucesor de la Corona, el infante don Fernando, el 5 de diciembre del mismo año, aunque el niño moriría siete años más tarde. ←
En España se inventaría por primera vez en el inventario del Alcázar de Madrid de 1600. En 1625 el pintor español Vicente Carducho añadió unas tiras de tela para ampliar la composición y hacer coincidir su tamaño con el Carlos V en Mühlberg (P00410)
Felipe II ofreciendo al cielo al infante don Fernando
→ La pintura conmemora dos hechos acaecidos en 1571: la derrota de la armada turca en Lepanto el 7 de octubre, y el nacimiento el 5 de diciembre del infante Fernando, heredero al trono, cuya asociación y consideración como dones celestiales fue recurrente en el círculo próximo al monarca, como refleja una carta remitida el 21 de diciembre de 1571 por Luis de Requesens, gobernador de Milán, a Sancho de Padilla: Bendito sea Dios [...], que buenas dos nuevas han sido en breve tiempo, la del nacimiento y de la victoria pasada. El lienzo se erige así en un exvoto por el que Felipe agradece al cielo los dones recibidos. ←
En la parte superior un ángel en escorzo ofrece al recién nacido, sostenido por su padre, una palma y una filacteria con la inscripción MAIORA TIBI (Mayores triunfos te esperan). Al fondo se vislumbra la batalla de Lepanto y a la izquierda aparece un turco maniatado junto a despojos de la victoria.
La pintura está desvirtuada por una ampliación realizada en 1625 por Vicente Carducho para hacer coincidir su tamaño con El emperador Carlos V, a caballo, en Mühlberg (P410).
→ La iniciativa de la composición partió de la corte. Jusepe Martínez aludió al envío a Tiziano de un diseño de Alonso Sánchez Coello y un retrato del rey en acto de mirar hacia arriba algo terciado. A falta del dibujo y del retrato, resulta difícil discernir cuánto de Sánchez Coello y cuánto de Tiziano hay en la pintura. ←
Es evidente que Tiziano aprovechó la cabeza de Felipe, a quien no veía desde 1551 y presenta un aspecto acorde a sus cuarenta y cuatro años. Felipe aparece de perfil, tipología inusual cuya elección debió de corresponder al monarca e iría implícita a su concepción del cuadro como exvoto.
Este carácter votivo explica tanto el todo como las partes: la actitud oferente del monarca, que Panofsky asociaba con imágenes medievales del "Ad te levavi", el bufete cubierto de terciopelo a modo de altar, y el turco maniatado con los despojos de la guerra, que constituyen la ofrenda a la divinidad.
La impronta hispana es evidente al compararlo con los tradicionales cuadros venecianos, donde el dux aparece arrodillado ante la Virgen acompañado por santos y figuras alegóricas.
→ Resulta tentador pensar que estas diferencias traducen una distinta percepción del poder. Felipe, como monarca absoluto, se erige en un único agente de la providencia divina; en Venecia, por el contrario, el dux, "príncipe electo" de una república, posee protagonismo sólo como encarnación del Estado, lo que explica la aparición de figuras alegóricas de Venecia y de santos protectores. ←
→ Se localizan elementos de la composición y su trasfondo ideológico en la entrada triunfal de Ana de Austria en Madrid en 1570 con ocasión de su matrimonio con Felipe II, en cuya materialización participó Sánchez Coello. Juan López de Hoyos concibió entonces un programa iconográfico donde la temática epitalámica compartía protagonismo con la exaltación de Felipe II como campeón del catolicismo. ←
En el de la calle Mayor, una grisalla de Sánchez Coello mostraba la "Defensa de la Fe Católica por su Majestad", mientras otra del mismo autor celebraba el "Felice matrimonio", y en ella "por lo alto venía un ángel con grandísima claridad y resplandor y traía entrambas manos un rótulo" que recuerda al de Tiziano.
→ Con estos precedentes debe considerarse la intervención de López de Hoyos en la invención remitida a Tiziano. Felipe II asoció visualmente su reinado con este cuadro y lo emparejó con el de Carlos V en Mühlberg, símbolo del paterno. Se citan juntos por primera vez en el Alcázar de Madrid a la muerte de Felipe II, y así siguieron en sus destinos sucesivos hasta su ingreso en el Museo del Prado en 1839. ←
Fuente: Texto extractado de Falomir, M. en: El arte del poder. La Real Armería y el retrato de corte, Museo Nacional del Prado, 2010, p. 192.