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viernes, julio 31, 2015

Homenaje a Ignacio de Loyola, promotor del Universalismo 4/4


 

Hoy se cumplen cuatrocientos cinco años de la proclamación de Ignacio de Loyola como patrono de Azpeitia, pequeña ciudad de la provincia vasco-española de Guipúzcua, donde Ignacio había nacido el 24 de diciembre de 1491.
Esta proclamación tuvo lugar un 31 de julio de 1610, doce años antes de que Ignacio fuera canonizado por el papa Gregoire XV, el 12 de marzo de 1622, al mismo tiempo que Francisco Javier y Teresa de Ávila.
Tal día como hoy se cumplen también cuatrocientos cincuenta y nueve años de la muerte de Ignacio en Roma, el 31 de julio de 1556.
A Ignacio de Loyola le debemos en gran medida la toma de conciencia de que este planeta Tierra es nuestra casa común, y de que esta casa debemos compartirla solidariamente todos los humanos.
Renunciando a su vida de cortesano y soldado, bien cumplidos los treinta años, dedicó el resto de su existencia, primero a forjarse espiritual e intelectualmente como apóstol, y luego a fundar y dirigir una pléyade de compañeros apostólicos, particularmente identificados con la misión universalista de Jesús, a los que lanzó a través de todo el mundo para predicar con su palabra y con su ejemplo que “ya no hay judío ni griego ni bárbaro, sino que todos somos uno”.
Fue mérito suyo el privilegiar, en la estrategia apostólica del universalismo jesuita, los caminos recién descubiertos del Nuevo Mundo y los menos conocidos de Asia y África. También lo fue su atención a la educación de los jóvenes y a la reinserción socio-económica, cultural y religiosa de las víctimas de la marginación y de la pobreza.
Imagen: Detalle iconográfico de "Los milagros de San Ignacio", por el artista flamenco Pedro-Pablo Rubens. Técnica: óleo sobre lienzo. Dimensiones: 400 x 275 cm. Lugar: Amberes: Pintado para el altar mayor de los jesuitas
en Amberes. Fecha: 1619-1620. Localización actual: Museo de Historia del Arte, Viena.

Fuente: Salvador García Bardón, Ignacio de Loyola, promotor del universalismo, 31/07/2010.
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martes, marzo 26, 2013

José-Luis Caravias SJ: “Gracias a Bergoglio estoy con vida"



 

1. Declaraciones de José-Luis Caravias SJ al periodista paraguayo Hugo Ruiz Olaza
2. Algunos jalones de la vida de José-Luis Caravias SJ hasta su expulsión de Argentina
3. Odisea de José-Luis Caravias SJ, contada por él mismo, desde su expulsión de Argentina
“El padre Bergoglio me salvó la vida. Me facilitó escaparme de los militares aquellos"
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1. Declaraciones de José-Luis Caravias SJ al periodista paraguayo Hugo Ruiz Olaza
El papa Francisco, cuando fue provincial jesuita en 1975, salvó la vida del sacerdote español José Caravias, radicado actualmente en Paraguay, y la de otros dos curas, amenazados de muerte en Buenos Aires por el grupo paramilitar "Triple A", reveló el religioso.
"Cuando el provincial, que era Bergoglio, me dijo: 'tengo noticias de que la Triple A decretó tu muerte y de (el húngaro Francisco) Jalics, yo consideré que no valía la pena hacerse el héroe", relató Caravias en una entrevista en su lugar de residencia, la parroquia Cristo Rey de Asunción.
"A mí ya me habían expulsado de Paraguay en 1972. Conocía la ferocidad de la dictadura. En cambio, Jalics se hizo el valiente y se quedó en Buenos Aires, y casi le cuesta la vida. No quiso irse y lo pasó muy mal. Lo torturaron mucho. Bergoglio lo salvó. Se empeñó en averiguar donde estaba. Si no lo reclamaba lo mataban. También salvó al argentino Orlando Yorio", continuó.
Yorio falleció en el año 2000.
"Yo puedo dar testimonio de la advertencia que nos hizo a Jalics y a mí, pero no de Yorio", aclaró Caravias.
"Ambos trabajábamos en las villas miseria de Buenos Aires".
El religioso relató que ellos tuvieron conocimiento de los tormentos a los que fueron sometidos otros curas. "Por eso digo que Bergoglio a mí me salvó la vida, porque a tiempo me pudo avisar", precisó.
"En esos meses anteriores habían matado a varios sacerdotes, uno de ellos, el padre Mauricio Silva. Era un padre barrendero. Era empleado barrendero. Lo mataron torturándolo. La cosa no era broma", dijo.
- ¿Por qué lo mataron?
- "Porque era cura barrendero, porque era un testimonio. Ni supimos donde estaba. Eran capaces de cometer brutalidades sin ninguna explicación.
Estando en la calle Corrientes, un coche se lo llevó. No pudimos encontrar dónde estaba.Yo era muy amigo de él. Compartíamos mucho de noche. Cuando terminábamos nuestro trabajo nos reuníamos en su casa.
A los varios meses lo soltaron en las puertas de un hospital, moribundo, flaco. Y ahí murió. Fue muy torturado", señaló el sacerdote.
Caravias recordó que estando en casa de sus familiares en Málaga (España) recibió la encomienda de trasladarse a Ecuador, adonde el jefe provincial de Roma lo envió para trabajar con indígenas. "En Ecuador estuve 14 años".
En Paraguay, Caravias trabajaba para organizar a los campesinos en cooperativas. "Un día me alzaron en una camioneta de la policía y me arrojaron en Clorinda (Argentina). No olvida la fecha. "Fue el 5 de mayo de 1972", dijo.
"De ahí fue a trabajar con obrajeros de la provincia del Chaco argentino. Formamos un sindicato de hacheros, gente muy explotada, muy maltratada. De allí ya fui corrido con amenazas de muerte y fui a parar a Buenos Aires", precisó.
Dijo que él podía dar testimonio de lo que hizo el entonces padre Bergoglio, al tiempo de calificar de "calumnia terrible" la versión de que supuestamente el ex provincial entregó a sus compañeros.
"Gracias a Bergoglio estoy con vida y hoy estoy aquí hablando con usted", manifestó Caravias con convicción.
El sacerdote jesuita, autor de unos 40 libros y ensayos vinculados al área social, se confesó socialista y atribuyó las "calumnias" contra el Papa al "gran capitalismo internacional".
"Lo quieren ensuciar. Es muy peligroso para ellos que un Papa denuncie la pobreza mundial", enfatizó.
Sostuvo que el "capitalismo" habrá considerado como una afrenta el hecho de que el Pontífice haya adoptado el nombre de Francisco, en honor a San Francisco de Asis, "el rico que prefirió vivir como pobre". (1)
Caravias justifica los periodos de silencio de Bergoglio en los años 70 y estima que “por supuesto que no era momento para ser valiente, porque denunciar era motivo de cárcel y de muerte”, al referirse a la sangrienta dictadura militar argentina de esos años, encabezada por el presidente de facto Jorge Rafael Videla.
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2. Algunos jalones de la vida de José-Luis Caravias SJ hasta su expulsión de Argentina
El misionero y polígrafo jesuita José-Luis Caravias, perseguido por la dictadura argentina tras haberlo sido por la paraguaya, nació en Alcalá la Real (Jaén), Andalucía, a finales de 1935. Creció e hizo sus estudios primarios en Coín (Málaga), tras los cuales cursó sus estudios secundarios en el colegio jesuita San Estanislao de Kostka de El Palo (Málaga).
En 1953, a los 18 años, ingresó en el Noviciado de El Puerto de Santa María, teniendo como maestro de novicios al padre José Gómez, del que dice: "me inyectó lo más importante: un deseo grande de conocer, amar y seguir a Jesucristo. ¡Este poderoso motor me llevaría muy lejos y me haría superar muchos obstáculos!".
Tras los dos años de noviciado (1953-1955), también hizo en el colegio San Luis Gonzaga de El Puerto de Santa María, durante tres años (1955-1957), los estudios superiores en culturas, lenguas y literaturas clásicas y modernas del "juniorado". Entre sus maestros recuerda con especial cariño al padre Salvador Loring, que considera su maestro en escritura: "nos hacían estudiar hasta la saciedad los clásicos griegos y latinos, lo cual dejó en mí un hábito de pensamiento ordenado. Y un excelente profesor de Literatura, el P. Salvador Lóring, me enseñó a escribir, de lo que le quedo eternamente agradecido." Durante estas época se ofreció al padre provincial como voluntario para trabajar en Paraguay.
Entre 1957 y 1961 estudió filosofía en la Facultad filosófica complutense SJ de Alcalá de Henares. Entre sus maestros de Alcalá destaca la importancia que tuvo para él la personalidad del padre José-María Díez Alegría con la orientación social de su curso de ética y su compromiso vivencial con los pobres en El Pozo del Tío Raimundo de Madrid: "en esta época me marcó para siempre la línea social del P. Díez Alegría, mi profesor de Ética."
Su deseo de trabajar en Paraguay como "maestrillo" lo pudo cumplir entre 1961 y 1964: "Mis tres años de magisterio los hice en Asunción del Paraguay, a partir de 1961, en el colegio Cristo Rey."
Volvió a España para estudiar en la Facultad de Teología de Granada durante cuatro años (1964-1968). A partir del segundo curso obtuvo el "privilegio" de poder convivir en un barrio granadino con familias gitanas: "Unas lluvias torrenciales habían hundido en Granada las cuevas de los gitanos. El Gobierno los había instalado en “albergues provisionales”. Varios grupos de estudiantes jesuitas conseguimos permiso para ir a vivir con ellos y como ellos. A mí me tocó “El Chinarral”, una vieja fábrica en ruinas en cuyos patios se habían construido cuartitos de 3 x 2 metros, con paredes de caña y yeso, que no aislaban ni ruidos ni olores. Unos solos baños comunes. Una sola llave de agua."
Gozando ya del fruto de esta experiencia apostólica, fue ordenado sacerdote, tras el tercer curso de teología, el 14 de julio de 1967.
De vuelta en Paraguay, recién terminada la teología en 1968 y su tercera probación, en 1969, trabaja primero como sacerdote-campesino, luego como encargado de la formación campesina dentro de las Ligas Agrarias y por fin como asesor nacional de las Ligas Agrarias Cristianas, nombrado en asamblea, hasta que, según lo cuenta él mismo: "en mayo del 72, un piquete policial me secuestró y violentamente me arrojó en una calle de Clorinda (Argentina), sin ropa, sin dinero y sin documentos." (2)
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3. Odisea de José-Luis Caravias SJ, contada por él mismo, desde su expulsión de Argentina
16. Corrido de Argentina
La vida en el Chaco se iba enrareciendo hasta grados asfixiantes. Hasta el mismo obispo de Saenz Peña, que tanto había apoyado al “Equipo Monte”, acabó poniéndose en contra nuestra.
Las ácidas intrigas de los obrajeros acabaron por agujerear las defensas eclesiales. Documentos “policiales” revoloteaban agriando el aire en contra nuestra.
A los dos jesuitas que trabajábamos en la diócesis nos visitó el Provincial del Paraguay, Bartomeu Vanrrell. Él le exigió al obispo que le diera copia de las denuncias en contra nuestra, pero se negó en rotundo.
Estando el P. Vanrrell en la casa parroquial de La Tigra, donde era párroco mi compañero Vicente Barreto, éste encontró en la sacristía una caja vacía de una ametralladora, parecía que rusa. Inteligentemente la destruyó y enterró.
A la mañana siguiente la Policía Federal se presenta alegando que tenían una denuncia contra el párroco por estar repartiendo armas entre los campesinos… Fueron derechos a la sacristía, y al no encontrar nada, lo rompieron todo…
El P. Vanrrell nos ordenó dejar de inmediato la zona. Pues la próxima vez la misma policía podría dejar un arma metida por ellos mismos…
Me fui a Buenos Aires, al Teologado de San Miguel, donde pasé seis meses estudiando Cristología. Ahí redacté “Cristo nuestra esperanza”, con sed de identidad. Y poco a poco fui metiéndome en los barrios periféricos en los que vivían los paraguayos.
◊ Pero después de no mucha actividad, el P. Provincial de Argentina me pidió salir inmediatamente del país, pues tenía noticias de que la “Triple A” había decretado mi muerte, junto a la de otros dos jesuitas más. ◊
Antes de marcharme de Argentina, quise despedirme de mis muchos amigos del Chaco. Y en Resistencia, después de un día de reuniones, al anochecer, me apresó la policía, junto con la religiosa que me llevaba en su Citroën, María Elena, con la que habíamos puesto en marcha el sindicato de hacheros.
Escuché cómo el comisario pedía informes sobre mí, y cómo por largo rato tecleó el telex. Después me leyó lentamente el largo mensaje recibido. A cada rato levantaba su mirada y me preguntaba:
- ¿Es esto verdad?
- Si ahí está escrito… -era mi constante respuesta.
La verdad es que estaban muy bien informados de mis actividades. Parecía “bien fichado”. Hasta sabían a qué hora y con quiénes había tomado un helado esa misma tarde.
Después me hicieron creer que me iban a hacer “desaparecer”, sacándome a “pasear”, muy bien armados, con fusiles largos, en un coche rojo.
A la vuelta a la comisaría, llevando todos mis enseres personales, me metieron en un calabozo. ¡Qué duro me resonó el ruido seco del cerrojo! No sabía qué iba a ser de mí. ¡Es terrible esa inseguridad!
Era una noche de terrible calor húmedo. A la vuelta del “paseo”, cuando me tumbé aliviado, ¡vivo!, en aquel jergón del calabozo, al apoyar mi cabeza en la almohada, altamente mugrienta, se me pegó a ella la cara y, al levantarla, hilos de mugre entre almohada y cara parecían como que me amarraban al camastro.
Y allá sentí de nuevo a Jesús. ¡Cuántas personas habían apoyado en esa almohada su cara como para poder acumular tanta suciedad! ¡En cada preso había sudado Jesús! Ese Jesús de la seducción y de la cruz… Ese Jesús que me esperaba de nuevo disfrazado con un mugriento disfraz…
Después de fotografiarme en todas las posturas sujetando un número con mis manos, y de tomarme las diez huellas digitales, a media mañana del día siguiente me dejaron libre con la orden expresa de que me fuera inmediatamente del país… Tuve que volver a Buenos Aires. Y tres días más tarde estaba ya volando.
17. Monseñor Proaño me desacompleja
Salía de Argentina dolido, solo, fracasado, acomplejado… Llevaba varios escritos que parecían ser impublicables, entre ellos “Cristo nuestra esperanza” y “Consagrados a Cristo en los pobres”. El Provincial me había comunicado que ningún obispo argentino había querido ni siquiera mirar mis originales.
Alguien de confianza me dijo que el presidente de la Conferencia Episcopal, mons. Tortolo, había dicho que a comunistas como yo había que echarlos de la Iglesia por los medios que fuera.
Pesimista, desanimado, con un terrible complejo de hereje en mi corazón, emprendí mi segundo destierro. Parecía que nadie me quería en la Iglesia. Me sentía derrotado. La crisis vocacional me mordía con rabia de nuevo: ¿Valía la pena tanta lucha a contracorriente?
Pero a pesar de todo, me propuse pasar por diversos países latinoamericanos, buscando en cuál de ellos podría proseguir mi compromiso con el campesinado. Con la venta de mi “Dos Caballos”, cochecito con el que había visitado multitud de obrajes chaqueños, compré un boleto de avión hacia España con escala en casi todas las capitales de Sudamérica. Y así recalé en Ecuador, con una obsesión: visitar a Monseñor Proaño, el apóstol de los indios. Necesitaba vitalmente que un obispo siquiera me comprendiera…
Desde Guayaquil me dirigí derecho a Riobamba. Allá fui en taxi a la casa de los jesuitas, pues sabía que la residencia del obispo estaba lejos. Y mi crisis se agravó. Aquellos “compañeros” hicieron lo imposible por convencerme de que no valía la pena visitar a aquel obispo “comunista”.
Triste, medio a escondidas, pedí a un taxista que me llevara a casa de “taita obispito”. El dueño de aquel “carro” destartalado puso cara de complacencia al conocer el destino. Me habló muy bien de su “taiticu”. El panorama comenzaba a aclararse.
El obispo, embutido en su poncho blanco y gris, con un sombrerito de fieltro de ala estrecha, al estilo de los puruháes, me recibió con una ternura inmensa. Su sonrisa suave me hacía sentir en familia. Me devolvió la paz. Sus ojos me acariciaban. Ahora era en la figura de un obispo donde se me presentaba Jesús, dándome seguridad.
◊ Casi al comienzo de nuestra conversa, al enterarse de dónde venía, me dijo que él tenía un escrito paraguayo sobre pastoral campesina, no sabía de qué autor, que había mandado editar en su diócesis, y quería que todos sus agentes pastorales fueran por un camino semejante.
Ante mi cara de admiración, enseguida se levantó para traérmelo. No tenía yo ni idea de quién pudiera ser el escrito.
Al ponerlo en mis manos me quedé helado. Se trataba de una edición mimeografiada con el nombre de “Experiencias campesinas en el Paraguay”, fechado en 1973, sin nombre de autor. ¡Era un escrito mío! Justo aquél que un obispo paraguayo había afirmado que se trataba de un escrito marxista que jamás un obispo católico podría apoyar… ◊
Lo que un obispo había condenado tan duramente, otro lo ponía como modelo en su diócesis. ¿Cómo quedaba entonces aquello del magisterio episcopal que tanto me habían refregado? ¿Cómo lo que para uno era malo para otro era muy bueno?
Monseñor Leonidas Proaño curó mi complejo de hereje. Encontré un obispo dispuesto a recibirme en su diócesis con inmenso cariño y esperanza.
Gracias, Leonidas Proaño. Desde el cielo me llega hasta hoy tu profunda sonrisa suave. Recuerdo tu frase en tu lecho de muerte, muy flaquito, como indígena hambriento, dicha a otro obispo, gran amigo con el que me identifico: “No tengas miedo a nada, ni al Vaticano siquiera. Tu camino es de Dios…”
18. Desconfianzas radicales
Monseñor Proaño me había reconfortado. Pero a la hora de intentar asentarme en el equipo de jesuitas que trabajaba con indígenas en Guamote, se me dijo educadamente que mi presencia entre ellos le podía traer problemas serios, y que sería mejor que buscara otro sitio.
La siguiente escala fue en Perú. Allá había otro equipo de compañeros comprometidos con los campesinos del norte, en Piura, en un programa educativo: CIPCA. Fui recibido con mucho cariño, pero temían que mi posible presencia con ellos aumentara los problemas que ya tenían con el gobierno: “Estás demasiado fichado…”
Pasé a Bogotá. Tomé contacto con el CINEP, institución jesuita dedicada a la formación campesina. La respuesta fue la misma: Sí, pero no.
La siguiente escala fue en Caracas. En el Gumilla se repitieron los mismos inconvenientes.
Con tristeza crucé el charco. Llegué a España. Y me sentí jesuíticamente huérfano. Fuera de mi familia, no tenía dónde ir. Parecía que nadie se fiaba de mí.
◊ A los quince días de permanencia en España mi madre recibió copia de un telegrama fechado en Buenos Aires, destinado al Provincial de Andalucía, en el que decía textualmente: “Padre Caravias no debe viajar Argentina razones seguridad”. Lo conservo aun. El susto de mi madre fue terrible. ◊
...
Un compañero jesuita, muy amigo mío, me preguntó:
◊ - Pero chiquillo, desahógate de una vez, con toda sinceridad. ¿A cuántas personas has matado? Si ya dos gobiernos te han expulsado, es porque algo muy gordo has cometido… ◊
Aquello me abrió los ojos. Rumores e informes muy negros recorrían mis ambientes. Juré con toda seriedad que jamás había tocado un arma de fuego. Pero parecía que no me creían.
Pasé varios meses sin ningún tipo de vinculación con ninguna comunidad jesuítica. Pero reaccioné en aquel desierto, e insistí por escrito: “Mi profesión religiosa me da derecho a exigir un destino” (20-9-1974). Y el P. General, P. Pedro Arrupe, que con todo cariño había presidido mi profesión en la Iglesia en ruinas de San Ignacio Miní de Argentina, en un gesto maravilloso de confianza, me destinó a Ecuador.
...
19. Cartas dolorosas
En los meses de mi destierro en España recibí diversas cartas, no muchas, que contaban, siempre en lenguaje figurado, las dificultades por las que muchos de mis amigos estaban pasando. Sus problemas no eran “moco de pavo”. Se trataba de torturas y muertes. La “Operación Cóndor” estaba en su apogeo…
◊ Ante mi insistencia en volver de nuevo a la Argentina, el P. Bergoglio me escribía el 15 de julio de 1975: “Respecto a tu posible venida aquí consulté a los doctores entendidos, y todos opinan que no te conviene el clima, ni aun por poco tiempo, pues temen una recaída en la enfermedad que tuviste en Resistencia pocos días antes de partir…” Se refería a aquella noche tenebrosa en un calabozo… ◊ (3)
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(1) Fuente: Hugo Ruiz Olazar/AFP: “El padre Bergoglio me salvó de la Triple A", afirma el jesuita Caravias
El hoy papa Francisco salvó la vida del sacerdote español José Caravias, radicado actualmente en Paraguay, y a otros dos curas, amenazados de muerte en Buenos Aires por el grupo paramilitar. El religioso hizo esta revelación hoy.
viernes, 22 de marzo de 2013
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sábado, mayo 14, 2011

Jose María Castillo, teólogo de la humanización de Dios

 

"Cuando la teología afirma que Jesús es la encarnación de Dios, lo que en realidad está diciendo es que Jesús es la humanización de Dios. Por eso el "Señor de la Gloria", tal como se humanizó en Jesús, pudo decir y dejó como sentencia la afirmación decisiva: "Lo que hicisteis por uno de éstos, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 31-46). En esa sentencia definitiva, ya no se tendrá en cuenta ni la fe, ni la religión. Sólo quedará en pie lo humano, lo que cada ser humano haya hecho con los demás seres humanos.
La consecuencia que, en sana lógica, se sigue de lo que acabo de decir es que el proyecto cristiano no puede ser un proyecto religioso o sagrado de divinización, sino un proyecto profano y laico de humanización. Dios no se encarnó en lo sagrado y sus privilegios, ni en lo religioso y sus poderes. Dios se ha fundido con lo humano. Por tanto, a Dios lo encontramos, ante todo, en lo profano, en lo laico, en lo secular, en lo que es común a todos los humanos y lo que nos une a los demás seres humanos, sean cuales sean sus creencias y sus tradiciones religiosas. Porque lo determinante, para encontrar a Dios, no es la fe, sino la ética, que se traduce en respeto, tolerancia, estima y misericordia."
José María Castillo, 1) Hablar de Dios en la Universidad. 2. Pensar al Trascendente desde la inmanencia. 3. El futuro de la Iglesia y de la teología, Lección pública durante el acto de Investidura como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Granada, 13/05/2011.
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Como hoy comparto la alegría de quienes consideramos a José María Castillo como nuestro hermano mayor en la fe, en múltiples ocasiones he compartido su pena al contemplar los dolores que provocaba en nuestra Iglesia la confiscación de la corresponsalidad eclesial, en perjuicio tanto de los fieles como de sus ministros.
Reproduzco a continuación uno de los múltiples artículos en los que he expresado nuestro dolor compartido.
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Nos duele nuestra Iglesia
Salvador García Bardón
03.09.07 | 12:25.
Confieso que me ha costado mucho el decidirme a escribir y a publicar este artículo. He dudado, al ponerle título, entre el singular y el plural del pronombre personal y del adjetivo posesivo. Mi primer impulso fue el poner ambas funciones gramaticales en primera persona del singular, pero al llegar a mis manos el artículo de mi colega y amigo José María Castillo, decidí optar por el plural, porque pensé inmediatamente que la mejor manera de expresar mi dolor era el asociarme al suyo, ofreciendo como plato fuerte de nuestra reflexión común su artículo, reservándome yo la tarea de modesto introductor de un portavoz teológico más calificado y casi diez años mayor que yo mismo.
José María Castillo y yo tenemos en común el que ambos llevamos en nuestro corazón a nuestros hermanos jesuitas, habiendo solicitado nuestra salida de la Compañía para afrontar en plena libertad personal tareas de investigación y enseñanza, para las que deseábamos asumir nuestra total responsabilidad sin comprometer en nada a nuestra Orden. En su caso, como teólogo, se trata de opciones teológicas. En el mío, como filósofo y lingüista, se trata de opciones antropológicas y éticas. En ambos casos reconocemos nuestra inmensa deuda a la Compañía, que nos formó y nos confió misiones de gran prestigio intelectual siendo aún muy jóvenes. La diferencia entre su trayectoria y la mía es que él perseveró dentro de la Compañía hasta los setenta y ocho años, mientras que yo abandoné la Compañía y España poco antes de cumplir los veinticinco. En ninguno de los dos casos hemos abandonado la Iglesia católica, sino que el uno y el otro hemos seguido trabajando como investigadores y profesores en su seno: él en la facultad de Teología de Granada y yo en la Universidad católica de Lovaina. Creo que tanto sus colegas, alumnos y amigos como los míos pueden testimoniar de nuestra lealtad y de nuestro sincero amor a nuestra Iglesia en las múltiples tareas que hemos emprendido a su servicio.
Ahora bien, el uno y el otro observamos que algunos miembros de la jerarquía católica española actual están provocando el desconcierto entre los fieles, que no comprenden, a pesar de su más que probada buena fe, el estilo sorprendentemente autoritario de algunas de las decisiones disciplinarias y pastorales que les conciernen. Tanto el uno como el otro constatamos como razón de este desconcierto de los fieles el que la concepción y el ejercicio de la autoridad de estos jerarcas está en franca contradicción con la manera de funcionar la autoridad en la iglesia primitiva, manera que inspiró a los padres conciliares de Vaticano II las reformas introducidas por este Concilio.
Una imagen reciente del primado de España, oficiando ordenaciones sacerdotales en Italia, hace unos días, revestido de ropajes del pasado, considerados hoy como litúrgicamente inadecuados, por no decir reaccionarios, parece ilustrar emblemáticamente la peligrosa vuelta a un pasado preconciliar de distante autoritarismo y vanidad clerical que creíamos superado.
Para que no se nos pueda malinterpretar, atribuyéndonos generalizaciones indebidas, precisaremos que nos estamos refiriendo por el momento a hechos sintomátios muy precisos, pero que, por su extrema gravedad, merecen la puesta a punto de un diagnóstico urgente y de un tratamiento eficaz, para evitar que el mal descubierto produzca metástesis generalizadas.
Tanto el diagnóstico del mal como su tratamiento eficaz, que propone como teólogo José Mª Castillo, cuentan con el apoyo del concilio Vaticano II, que ha visto en la Iglesia primitiva el modelo de autoridad que había que restablecer en la Iglesia contemporanea. He aquí en palabras de José Mª Castillo lo esencial de este diagnóstico y de este tratamiento.
"En la Iglesia primitiva, los obispos no habían acaparado todo el poder, como ocurre ahora. El centro de la Iglesia no estaba en el clero, sino en la comunidad de los fieles. Por eso los feligreses no eran la clientela de los clérigos. Todos los cristianos se sentían responsables y participaban en la toma de decisiones. No aceptaban, sin más, las decisiones que se tomaban sin contar con la comunidad. El valor supremo de aquellos cristianos no era la sumisión, sino la responsabilidad".
José Mª Castillo presenta en el portal Atrio su artículo "El Cura de Albuñol y sus fieles", publicado el 17-8-2007 en El Ideal de Granada, diciendo que es una reflexión teológica sobre cómo funcionaba la autoridad en la iglesia primitiva.
Sociogenéticamente es la manera más correcta de señalar la ruptura de una tradición, mediante la puesta en evidencia del contraste entre su época más auténtica, que es la fundadora, y la época actual, ilustrada por los casos tristemente significativos de Albuñol y de San Carlos Borromeo.
José Mª Castillo nos recuerda a todos, a los católicos como a nuestros amigos cristianos y no cristianos, que tanto en la iglesia cristiana primitiva como en las iglesias que durante muchos siglos fueron fieles a su ejemplo, la autoridad funcionaba con la corresponsabilidad y colegialidad de todo el pueblo de Dios, es decir con la participación de toda la asamblea y no solamente de una de sus partes. Recuérdese que la palabra iglesia viene del latín ecclesia, y esta del griego ekklesía, que signitica asamblea. Estos y no otros son los principios que inspiraron al Vaticano II, principios que están siendo conculcados e incluso sepultados hoy por algunos, con una vuelta a errores de un pasado no lejano de triste memoria.
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EL CURA DE ALBUÑOL Y SUS FIELES
por José M. Castillo

Desconozco los motivos por los que el arzobispo de Granada ha trasladado al párroco de Albuñol a otra parroquia. Como tampoco sé las razones que aducen los feligreses de Albuñol que se han encerrado en la iglesia del pueblo o incluso han hecho una huelga de hambre para impedir que se lleven al cura. No pretendo aquí, por tanto, ni defender ni atacar a nadie. En cualquier caso y sea lo que sea de todo este asunto, el arzobispo de Granada, al trasladar al párroco, no ha hecho sino lo que suelen hacer casi todos los obispos cuando deciden cambiar a sus curas. Es la práctica habitual de la Iglesia con los párrocos, con los sacerdotes en general y también con los obispos. Cada obispo con sus sacerdotes, y más el papa con cualquier clérigo (ya sea cura, obispo o cardenal), pueden quitar y poner, traer y llevar, sin consultar a los interesados ni contar con los fieles cristianos, que se suelen enterar de los cambios y traslados el día que menos lo esperan.
Insisto en que el arzobispo de Granada ha procedido en este caso de acuerdo con las normas que establece el Código de Derecho Canónico. Lo que yo me pregunto es si esta legislación es lo mejor para la Iglesia. Me planteo esta pregunta no sólo por el caso de Albuñol. También me la formulé cuando, hace unos meses, mucha gente protestó en Madrid por la decisión del cardenal Rouco al cerrar la parroquia de san Carlos Borromeo. El problema está en que la Iglesia funciona como una gran empresa en la que sus gestores (los clérigos) son los que mandan, mientras que los fieles no tienen más misión que ser buenos y obedecer. El papa Pío X lo dijo con toda precisión:
“En la sola jerarquía residen el derecho y la autoridad necesaria para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y dócilmente seguir a sus pastores” (Enc. Vehementer Nos, 2.II.1906).
En los primeros tiempos del cristianismo, la Iglesia no funcionaba así. Cuando Judas se suicidó, Pedro reunió a la comunidad para nombrar un sustituto y fue la comunidad quien decidió el procedimiento para designar a Matías (Hech. 1, 15-26). Cuando en la comunidad de Jerusalén hubo problemas, se reunieron todos y entre todos eligieron a siete colaboradores para atender a los de origen griego (Hech. 6, 1-6). Algo después, Pablo y Bernabé designaban en las comunidades, por votación a mano alzada (tal es el sentido del verbo griego jeirotonéo), a los presbíteros (Hech. 14, 23; también 2 Cor. 8, 19; Didaché 15, 1; Ignacio de Antioquía, Pol. 7, 2). Esta práctica se mantuvo en los siglos siguientes. A mediados del s. III, Cipriano, obispo de Cartago, escribía a los presbíteros de su diócesis:
“Desde el principio de mi episcopado determiné no tomar ninguna resolución por mi cuenta sin vuestro consejo y el consentimiento de mi pueblo” (Epist. 14, 4).
Es más, esta misma práctica se observaba para el nombramiento de obispos y papas. San León Magno (s. V) lo dijo con precisión:
“El que debe ser puesto a la cabeza de todos, debe ser elegido por todos” (Epist. X, 6).
De forma más tajante, el papa Celestino I estableció la norma (Epist. IV, 5) que en el s. XI vuelve a recoger el Decreto de Graciano:
“No se imponga ningún obispo a quienes no lo aceptan; se debe requerir el consentimiento del clero y del pueblo” (c. 13, D. LXI).
Más aún, cuando en la persecución de Decio (año 250), los obispos de León, Astorga y Mérida no dieron el debido ejemplo de fe, las comunidades de esas diócesis se reunieron y los destituyeron. La situación llegó a ser tan grave, que san Cipriano convocó un concilio en Cartago. Los 37 obispos allí reunidos redactaron un documento que conocemos por la carta 67 de Cipriano. En este documento se dicen tres cosas:
1) el pueblo tiene poder, por derecho divino, para elegir a sus obispos;
2) el pueblo tiene también poder para quitar a los ministros de la Iglesia cuando son indignos;
3) ni el recurso al obispo de Roma debe cambiar la decisión comunitaria cuando tal recurso no se basa en la verdad (Epist. 67, 3, 4 y 5).
La Iglesia era, en aquellos siglos, tan Iglesia de Cristo como la actual. Pero se parecía más a lo que quiso Jesús que lo que se parece la Iglesia que ahora tenemos. Porque, en la Iglesia primitiva, los obispos no habían acaparado todo el poder, como ocurre ahora. El centro de la Iglesia no estaba en el clero, sino en la comunidad de los fieles. Por eso los feligreses no eran la clientela de los clérigos. Todos los cristianos se sentían responsables y participaban en la toma de decisiones. No aceptaban, sin más, las decisiones que se tomaban sin contar con la comunidad. El valor supremo de aquellos cristianos no era la sumisión, sino la responsabilidad.
Sin entrar en los motivos concretos de lo ocurrido en Albuñol o en Vallecas, es evidente que ambos episodios han puesto de manifiesto que en la Iglesia se habla mucho de amor y de comunión, pero lo que importa es afirmar y hacer notar el poder de los obispos, su autoridad intocable y la sumisión a sus decisiones. Por más que eso tenga el elevado coste de la resistencia de algunos, el escándalo de otros y el daño que sufrimos todos. El resultado está a la vista: cada día las iglesias están más vacías, los cristianos más desilusionados y bastantes clérigos desconcertados, sin saber qué hacer. Y según parece, con poco entusiasmo para emprender caminos de renovación y puesta al día. La concentración del poder produce sumisión y orden. La sumisión y el orden generan miedo. Y el miedo, parálisis o incluso marcha atrás.
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martes, enero 04, 2011

Mis mejores deseos a la Iglesia Belga para el 2011

En la edición del 9 de enero del "Diario Domingo", el padre Charles Delhez, SJ, redactor principal de Cathobel y profesor de las Facultades Universitarias de Nuestra Señora de la Paz de Namur, presenta sus mejores deseos a la Iglesia de Bélgica para el año que comienza.
Mis mejores deseos a la Iglesia Belga para el 2011
El año pasado, el 2010, fue para la Iglesia Católica de nuestro país un periodo de grandes sufrimientos. Inútil recordar las fechas, los hechos, las palabras… La Iglesia se encuentra profundamente siniestrada hoy. La expresión  no es demasiado fuerte. Pérdida de confianza en sí misma, de credibilidad a los ojos de la sociedad, de esperanza en el futuro. Todo esto sobre el fondo de una severa descristianización de la cultura occidental. La Iglesia de Bélgica es un niño enfermo. Por lo tanto, al comienzo de 2011, es a ella a quien se dirigen mis deseos de buena salud, la del alma y la del cuerpo.
• Que tenga el valor de hacer toda la verdad, sin entrar en el juego de las comparaciones con las otras esferas de la sociedad que, como ella, están afectadas por la misma abominación. Que en el horror de esta situación, sea ejemplar de franqueza, de generosidad, de humildad.
• Que se reconcilie con su pasado, a veces poco brillante, y que no olvide sin embargo todas las páginas de luz que, a pesar de ser un pueblo de pecadores, pudo escribir con la gracia de Dios. Que no pierda la fe en la belleza de su mensaje, el Evangelio de Jesús, de quien el mundo tiene tanta necesidad.
• Que, volviendo la espalda a sus sueños de grandeza, a los cuales ha cedido demasiado a menudo - como seguramente cada uno de nosotros, - se acuerde de las parábolas de Jesús que mencionaban una pequeña semilla, un poco de levadura y la semilla que a pesar de todo cae en la buena tierra. Que no olvide nunca el gesto del lavatorio de los pies.
• Que levante la cabeza y que, tomando al mismo tiempo conciencia de las formas que están superadas, descubra los lugares donde, en la pequeñez y la humildad de nuestra existencia, está más viva que nunca. Que acepte volver de nuevo al origen cuando, en el inmenso Imperio romano, sólo había algunas comunidades que supieron guardar preciosamente el tesoro que sólo revelaría su fuerza siglos más tarde…
• Que el perdón a quienes la hacen sufrir tanto, desde dentro como desde fuera, tenga siempre la última palabra y, sobre todo,  que ella reencuentre su unidad.
Charles Delhez, SJ.
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Dans l'édition du 9 janvier du journal Dimanche, le père Charles Delhez, rédacteur en chef de Cathobel et professeur aux Facultés Universitaires Notre Dame de la Paix de Namur, , présente ses vœux à l'Église de Belgique pour l’année qui commence.
Vœux à l'Église de Belgique pour 2011
L'année écoulée, 2010 donc, fut pour l'Église catholique de notre pays celle de grandes souffrances. Inutile de rappeler les dates, les faits, les paroles... Elle se retrouve aujourd'hui profondément sinistrée. Le mot n'est pas trop fort. Perte de confiance en elle-même, de crédibilité aux yeux de la société, d'espérance en l'avenir. Tout cela sur fond d'une sévère déchristianisation de la culture occidentale. L'Église de Belgique est une enfant malade. Dès lors, en ce début 2011, c'est à elle que s'adresse mes vœux de bonne santé, celle de l'âme et du corps.
• Qu'elle ait le courage de faire toute la vérité, sans entrer dans le jeu des comparaisons avec les autres sphères de la société qui sont, comme elle, touchées par la même abomination. Que dans l'horreur de cette situation, elle soit exemplaire de franchise, de générosité, d'humilité.
• Qu'elle se réconcilie avec son passé, parfois peu brillant, et qu'elle n'en oublie pas pour autant toutes les pages de lumière que, peuple de pécheurs, elle a pu écrire avec la grâce de Dieu. Qu'elle ne perde pas la foi en la beauté de son message, l'Évangile de Jésus, dont le monde a tant besoin.
• Que, tournant le dos à ses rêves de grandeur auxquels elle a trop souvent cédé - comme chacun de nous, sans doute - elle se souvienne des paraboles de Jésus qui évoquaient une petite graine, un peu de levain et la semence qui tombe quand même dans la bonne terre. Qu'elle n'oublie jamais le geste du lavement des pieds.
• Qu'elle relève la tête et que, tout en prenant conscience des formes qui sont dépassées, elle découvre les lieux où, dans la petitesse et l'humilité de notre existence, elle est plus vivante que jamais. Qu'elle accepte d'en revenir à l'origine où, dans l'immense Empire romain, il n'y avait que quelques communautés qui ont su garder précieusement le trésor qui ne révélerait sa force que des siècles plus tard...
• Que le pardon à ceux qui la font tant souffrir, à l'intérieur comme à l'extérieur, ait toujours le dernier mot et que, surtout, elle retrouve son unité.
Charles DELHEZ, SJ.

domingo, diciembre 26, 2010

Motivación de un voluntario del Servicio Jesuita a Refugiados

 

 



Danilo Giannese: "No olvidaré nunca los rostros y los ojos de “mis” refugiados, en los que puedo percibir con claridad el rostro de Jesús, el Humilde entre los humildes, que acompaña mis días de trabajo en la fría redacción de un periódico."
Danilo Giannese is a 27-year old Italian journalist and Communications professional. He began his internship with the Center of Concern after he realized, about one year ago, that his real passion is for using his communication skills in organizations committed to improving human conditions.
“I was tired to work in the sector of classical journalism. I wanted to do something useful for other people. Particularly, I realized it after discovering a deep faith in God,” Danilo said.
One year ago he had his first experience in an NGO spending 4 months in the largest coalition of Italian Christian NGOs, “Volunteers in the World – FOCSIV”, in Rome. Later, he worked in Niger for the community radio of a local human rights organization, Alternative Espace Citoyens. “Thank to this experience I had the opportunity to see with my eyes the reality of one of the poorest countries in Africa for the first time in my life.” After these experiences, Danilo thought of working with an NGO in the United States in order to improve his English. For this reason, he interned at InterAction, the largest alliance of U.S.-based international non-governmental organizations.
Finally, he contacted the Center of Concern, where he’s now focused on outreach and communications. “Working for Center of Concern for me means to link my interest for global social justice to my spirituality. It’s like having a job with which you can do something for other people and feel the constant presence of God. It’s just an internship, for the moment. But I do hope that in the future I can find a job like that”.
YOUNG PROFESSIONALS FOR SOCIAL JUSTICE, de Center of Concern, el miércoles, 28 de julio de 2010 a las 16:52
The Center of Concern is a faith-based organization working in collaboration with ecumenical and interfaith networks to bring a prophetic voice for global social and economic justice.
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Narrativa jesuita: Motivación de un voluntario del Servicio Jesuita a Refugiados
por Danilo Giannese, agente del “Centro Arrupe”, Servicio Jesuita a Refugiados, Italia

Soy periodista de profesión, pero en lugar de pasar mi tiempo en la redacción de un periódico o de una televisión, paso mis días así: rellenando saquitos de fruta y hortalizas, entregando medicamentos, ayudando a niños a hacer los deberes. Dicho de otro modo, trato de responder a todas las exigencias cotidianas de las quince familias de refugiados políticos y demandantes de asilo que viven en el Centro “Padre Arrupe”, una estructura de acogida del Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Roma.
Desde hace dos años, más o menos, soñaba con esto: hacer un trabajo que me permitiera estar en contacto directo con la ‘humanidad’; desde hace dos años añoraba pasar gran parte de mis días haciendo algo inherente a mi fe, que representara de forma concreta, en el vivir de cada día, el mensaje de Jesucristo, de Aquél que habla al corazón.
El objetivo principal del Centro Arrupe, y del JRS a nivel internacional, consiste en acompañar a los refugiados a lo largo de un recorrido que los vuelva autónomos. El sueño de todos aquellos que trabajan en esta realidad es verlos salir de los centros de acogida con un trabajo, una casa y la posibilidad de “rehacerse” una vida después de un pasado de violencia y de persecuciones en su país de origen.
Es evidente que en una ciudad como Roma esto no es sencillo: el trabajo no abunda, los alquileres son altos y me parece poder afirmar que en Italia ser refugiado es, de alguna manera, más difícil que en otros países, como por ejemplo Alemania, Reino Unido o los países escandinavos, cuyos gobiernos logran asistir mejor y más eficazmente a estas personas.
Así que muchas veces mi trabajo y el de otros colegas consiste en compartir las frustraciones y el sufrimiento de “nuestros” refugiados quienes, después del calvario de la huida de su tierra, tienen que recorrer la tortuosa senda de un empleo en Italia.
Y, sin embargo, a pesar de las dificultades, la relación humana que se crea con los refugiados, día tras día, es muy especial. Es una relación que se alimenta de pequeños gestos, de sonrisas, de una palabra de consuelo en un momento de sufrimiento. Y luego hay toda la alegría que se desencadena cuando un padre de familia consigue por fin obtener un contrato de trabajo.
Desde que me dedico a este servicio, estoy aprendiendo muchísimo y cada tarde vuelvo a casa habiendo aprendido una lección nueva y siendo más consciente de muchas cosas. Porque esta gente tiene mucho que enseñarnos.
Una de las familias del centro, que está dejando una huella profunda en mi vida, viene de Kosovo. La constituyen padre, madre e hijo de un año. Han huido del país de los Balcanes porque la familia de ella, musulmana, no aceptaba su boda con un católico y amenazaba con matar al niño, en cuanto naciera. Por amor, los dos han huido a Italia y son padres de un niño precioso. Todavía no pueden permitirse el lujo de pagar un alquiler. Y, sin embargo, son felices. Lo peor pasó, las nubes están lejos y ante sus ojos va despuntando el sol.
Cada día, historias como éstas me ayudan a comprender que muy a menudo nuestros problemas son mínimos, y no merecen toda la atención que les damos.
Es posible que un día yo vuelva a trabajar en la comunicación. Si fuera posible, me gustaría hacerlo en una organización humanitaria. Pero lo haré con una visión más amplia. Y no olvidaré nunca los rostros y los ojos de “mis” refugiados, en los que puedo percibir con claridad el rostro de Jesús, el Humilde entre los humildes, que acompaña mis días de trabajo en la fría redacción de un periódico.
Danilo Giannese
Centro Arrupe
Roma, Italia
d.giannese@gmail.com
Fernando Franco SJ, Director Responsable
Uta Sievers, Redactora
Suguna Ramanathan, Redactora Asociada
Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, Borgo S. Spirito 4, 00193 Roma, Italia
+39 06689 77380 (fax)

miércoles, diciembre 01, 2010

Testimonio jesuita sobre Zimbabue en 2008



Testimonio del Padre Gibson Munyoro SJ, Zimbabue.
El año 2009 me lo pasé estudiando {en la Universidad de Glasgow}(*), pero quisiera hablar del 2008, y reflexionar sobre mis experiencias en ese periodo de convulsión política en Zimbabue durante el cual trabajé en Silveira House (SH), el principal centro de apostolado social que los jesuitas tenemos en Zimbabue. Yo era vice director del centro y coordinador del departamento Peace Building (construcción de paz) y vice párroco de la Misión de Chishawasha.
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(*) Foto del P. Gibson Munyoro en 2009: Fr Munyoro is currently in Glasgow, Scotland where he is studying for a master's degree in Development Studies. He has been at Silveira House in Chishawasha as the Director of Works for the social centre. (1)
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El 29 marzo del 2008 tuvimos elecciones en el país, que fueron razonablemente pacíficas. El partido de la oposición ganó, pero la comisión electoral declaró que el líder de la oposición no había podido ganar la mayoría de “50% más uno”. Algunos ‘leones heridos’ (del partido derrotado) empezaron a movilizar a sus seguidores para que castigaran a ciudadanos inocentes por haber ‘votado el partido equivocado’.
Se crearon bloqueos de carretera para intimidar a la gente a que votara por Mugabe en la segunda vuelta de elección contra el líder del partido de la oposición. Los meses de abril a junio se mancharon de sangre de ciudadanos inocentes y algunos de ellos fueron asesinados. El director del centro se encontraba por tres meses en el Reino Unido, como ocurría todos los años. Así que tuve que actuar yo como director. Al mismo tiempo, acababa de empezar un nuevo proyecto de trabajo con la Policía de la República de Zimbabue. Y llevaba sólo nueve meses como sacerdote: ¡era como un niño pequeño!
Muchas personas sin nombre murieron de una muerte invisible, y otras desaparecieron para volver a aparecer sólo con labios rotos; otras vieron cómo eran destruidas sus propiedades. Y en mi trabajo en 2008 encontré a algunas de estas personas. Visité algunas víctimas en dispensarios secretos y escuché el relato de sus terribles experiencias. Tuve asimismo la posibilidad de hablar con algunos matones políticos cuyas voces estaban cargadas de rabia. A pesar de que me moviera solo la mayoría de las veces, algunas iba con un colega de SH.
En mayo de 2008 el SH acogió temporáneamente a 88 desplazados víctimas de violencia política (59 mujeres y 38 niños). Inevitablemente nos hicimos enemigos de los matones políticos por acoger a sus enemigos. En algún momento sus líderes enviaron a un grupo de jóvenes para ‘invitarme’ (como director en función del SH) a que no participara en una manifestación durante la cual se me iba a pedir cuenta por acoger a víctimas y movilizar a la gente en contra ‘del partido’. No queriendo morir joven, ¡no fui!
Al recordar mis experiencias, veo la mano de Dios actuando en mi vida. Porque ¿de dónde iba yo a sacar valor para ir a visitar a las víctimas de violencia política que se encontraban en dispensarios secretos y en hospitales y ser capaz de mirar a la cara a los matones políticos? Algunos sacerdotes y colaboradores laicos me llamaban, a veces en medio de la noche, para informarme sobre ataques organizados por esta gente. Yo no tenía poderes mágicos para tratar estos casos, lo único que podía hacer era informar a la policía o ir a hablar con los matones.
Lo que he experimentado es doloroso de recordar, pero el lado positivo de la historia es que cada vez que veía a gente que había sido masacrada, me llenaba de valor para hablar y predicar la justicia y condenar las injusticias, la violencia política y la intolerancia. ¡La muerte había dejado de darme miedo! Mis sermones se volvieron cada vez más un grito de esperanza y de justicia y no meras exhortaciones espirituales para los fieles.
Lo que me daba fuerza en estas situaciones horribles y desafiantes eran las palabras de las víctimas: ‘Seguiremos votando por el hombre que queremos, aunque sigan masacrándonos’. Estas palabras de libertad y valor resuenan en mi mente mientras me sigo preguntando cómo vamos a sanar las heridas psicológicas y sociales de la gente de Zimbabue. Hasta este momento mis oraciones y reflexiones están repletas de esos interrogantes y preocupaciones para ver cómo sanar y reconciliar.
F. Gibson Munyoro SJ
Zimbabue
fgmunyoro@hotmail.com
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Choléra au Zimbabwe, 2008. Image de l'espoir :
Precious Tafumani est au chevet de sa fille Kimberley Chiwara, âgée de sept mois, traitée contre le choléra au centre Katanga Utano de Norton. Kimberley, qui a été perfusée par le personnel infirmier, répond bien au traitement.
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Organisation mondiale de la santé : L’OMS et ses partenaires tentent d’endiguer l’épidémie de choléra au Zimbabwe
12 décembre 2008 -- Une importante épidémie de choléra et un accès insuffisant à une eau de boisson saine et à l’hygiène menacent la santé de milliers de Zimbabwéens. Le manque de médicaments, de matériel et de personnel dans les établissements de santé de tout le pays complique encore le problème sanitaire.
Selon une estimation du groupe Santé zimbabwéen, coordonné par l’OMS et composé de soignants, d’organisations non gouvernementales et du ministère de la Santé et de la protection de l’enfance, l’épidémie pourrait provoquer plus de 60 000 cas.
L’OMS met actuellement sur pied un centre d’opérations et de lutte contre le choléra, en collaboration avec le ministère de la santé et de la protection de l’enfance et d’autres partenaires du secteur de la santé. Ce reportage illustre leur action au Zimbabwe.

Fuente: http://www.who.int/features/galleries/zimbabwe_cholera_photogallery/fr/index.html
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(1) Economics student views 2009/10. University of Glasgow: We asked our current students to tell us what they think about studying and living in Glasgow...
'Studying at the University of Glasgow is very enriching…learning with friends from almost all the continents of the world. Diverse cultural and national backgrounds provide for a great wealth of experience that has enriched our academic and social discussions. Glasgow city is great with rich historical features and hospitable people. During my spare time, I enjoy taking long walks enjoying the trees and plants and, of course, the beautiful historical buildings.'
Gibson Munyoro, MSc Development Studies
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Noticias del Apostolado Social Jesuita
Fernando Franco SJ, Director Responsable
Uta Sievers, Redactora
Suguna Ramanathan, Redactora Asociada
Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, Borgo S. Spirito 4, 00193 Roma, Italia
+39 06689 77380 (fax)