miércoles, noviembre 21, 2007

Pero Pérez, el cura del Quijote

Pero Pérez, el cura del Quijote

Permalink 21.11.07 @ 19:18:41. Archivado en El Quijote, Semántica, Pragmática, España, Sociogenética, Novela

Pero Pérez, el Cura de su lugar y gran amigo de don Quijote.

La asociación del hipocorístico (1) arcaico Pero con el patronímico Pérez es muy antigua y muy frecuente en nuestra lengua. Está documentada desde 1244. En el momento en que escribíamos estas líneas, el 05.07.05, el motor de búsqueda Google encontraba 1200 páginas en español para "Pero Pérez". Al reeditarlas hoy, 21.11.07, el motor de búsqueda Google encuentra 15.900 páginas.

Uno de los más famosos trabalenguas que circulan por los manuales de dicción, en los centros de formación de locutores y en las clases de lengua española para extranjeros, desde hace muchos años, ha escogido como protagonista a un homónimo del cura del Quijote: -Pedro Pero Pérez Crespo, ¿Dónde moras? / -¿Por qué Pedro Pero Pérez Crespo preguntáis? / Porque en este lugar hay tres Pedros Pero Pérez Crespo: / Pedro Pero Pérez Crespo de arriba, / Pedro Pero Pérez Crespo de abajo, / Pedro Pero Pérez Crespo del rincón. / Estos tres Pedros Pero Pérez Crespo son.

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cur-: cura: 317: [dijo el cura: 62; el cura: 247: [el cura y el barbero: 27]; respondió el cura: 13; replicó el cura: 5; señor cura: 14]; curaba: 2; curaban: 2; curad: 1; curadillo: 1; curado: 7; Curambro: 1; curan: 3; curándome: 1; curándose: 2; curar: 10; curara: 2; curaremos: 1; curaría: 1; curarle: 4; curarme: 2; curaron: 1; curarse: 4; curase: 3

cura 1 ('asistencia que se presta a un enfermo' «la cura de la qual emfermedat» y antiguamente 'cuidado', doc. 1220-50, del lat. cura 'cuidado, solicitud') f. 'cuidado, solicitud'

|| la cura de su locura: «dieron orden para que,… con la invención de la libertad de la reina Micomicona, pudiesen el cura y el barbero llevársele como deseaban, y procurar la cura de su locura en su tierra.», I.46.30. • Notable paronomasia, reveladora del placer que procura la escritura, al modelar la forma como se modela la cera, con un poco de calor y una suave presión de los dedos: «el cura… procura la cura de su locura»

cura 2 (doc. 1396: «el cura del dicho lugar», de cura 1, por metáfora y metonimia 'párroco', se aplicó esta denominación al párroco, por tener a su cargo la cura de almas o cuidado espiritual de sus feligreses) m. «El párroco y el rector que tiene a su cargo el administrar lo sacramentos y dotrinar los feligreses de su parroquia; y así se pudo dezir del cuidado que debe tener en velar, como buen pastor, sobre aquellas ovejas que están a su cargo.», Cov. 388.a.18

El imitador Avellaneda evoca en su detalle el conjunto de la jerarquía eclesiástica de la época, en una de sus frecuentes enumeraciones exhaustivas, razón por la cual más de un crítico piensa que él mismo pertenecía a esta jerarquía como hombre de iglesia: «estoy por volver al lugar y desafiar a singular batalla, no solamente al cura, sino a cuantos curas, vicarios, sacristanes, canónigos, arcedianos, deanes, chantres, racioneros y beneficiados tiene toda la Iglesia romana, griega y latina», DQA, 4 § 4.

|| —¡Ah, señor cura, señor cura!: ® señor

|| el cura de su lugar [de don Quijote]: El hidalgo tuvo muchas veces «competencia con el cura de su lugar—que era hombre docto, graduado en Sigüenza—, sobre cuál había sido mejor caballero», I.1.3.

En ningún momento se nos da la prosopografía de este personaje central «al natural», aunque sí disponemos de la descripción del disfraz que toma para sacar a Don Quijote de Sierra Morena, como si el autor prefiriera que nos centráramos sobre su etopeya de tracista. De ella derivan no sólo sus acciones sino el mismo disfraz que adopta para realizar la más importante de ellas: «la ventera vistió al cura de modo que no había más que ver: púsole una saya de paño, llena de fajas de terciopelo negro de un palmo en ancho, todas acuchilladas, y unos corpiños de terciopelo verde, guarnecidos con unos ribetes de raso blanco, que se debieron de hacer, ellos y la saya, en tiempo del rey Bamba. No consintió el cura que le tocasen, sino púsose en la cabeza un birretillo de lienzo colchado que llevaba para dormir de noche, y ciñóse por la frente una liga de tafetán negro, y con otra liga hizo un antifaz, con que se cubrió muy bien las barbas y el rostro; encasquetóse su sombrero, que era tan grande que le podía servir de quitasol, y cubriéndose su herreruelo, subió en su mula a mujeriegas», I.27.1.

El cura se llama Pero Pérez. Nótese bien que el apellido Pérez es derivado del nombre Pero y que este nombre, forma arcaica e hipocorístico de Pedro, es, por antonomasia, el del primer Papa, no como ciudadano privado, sino como pastor supremo de la iglesia. Es una manera de apuntar al lector, mediante el superlativo por repetición, que este personaje es dos veces lo que su nombre significa. Conviene notar igualmente que esta asociación del hipocorístico Pero con el patronímico Pérez es muy frecuente desde 1244.

Pero Pérez es el Cura del lugar de don Quijote, con el cual y con cuya familia tiene una relación de amistad y de responsabilidad pastoral tan fuerte, que se siente obligado a correr tras don Quijote para hacerlo volver a la aldea, reaccionando así, en amigo leal de la familia y en celoso cura de pueblo, a la intención implícita de la pregunta del ama, que equivale a una orden de misión: «—¿Que le parece a vuestra merced, señor licenciado Pero Pérez —que así se llamaba el cura—, de la desgracia de mi señor? Tres días ha que no parecen él, ni el rocín, ni la adarga, ni la lanza, ni las armas.», I.5.15.

Su función en el Quijote es indisociable de la del barbero, con el cual forma una pareja comparable con la de don Quijote y Sancho, de cuya pareja de andantes son antagonistas, aunque bajo la apariencia de colaboración, para obtener la del propio interesado. Cabe decir que son enviados a la búsqueda de don Quijote por la pareja familiar formada por la sobrina y el ama de don Quijote, que funcionan en la novela como el poder social que les encarga de esta misión, si no de héroes sí heroica, por tratarse de hacer volver al pueblo a un loco. (® parejas en el Quijote.).

Él y el barbero frecuentan la casa de don Quijote por ser sus grandes amigos, de manera que allí los encuentra Pedro Alonso cuando trae de vuelta de su primera salida a don Quijote: «estaban en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de don Quijote», I.5.14.

A juzgar por la minuciosidad con que examina la biblioteca de su amigo durante el gran escrutinio, I.6, el cura del pueblo de don Quijote conoce al detalle los más populares libros de caballerías.

Intentando destruir la causa del mal, dirige el escrutinio de la librería: «Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo», I.6.Epígr.

Se disfraza y sale en busca de don Quijote, para hacerlo volver al pueblo: «El cura le contó en breves razones la locura de don Quijote, y cómo convenía aquel disfraz para sacarle de la montaña, donde a la sazón estaba.», I.27.2.

Cuando encuentra a don Quijote, se ingenia para presentarse a él sin alarmarle. Se dice del cura que «era un gran tracista», antes de explicar lo que imaginó para que Don Quijote no reconociera a Cardenio como el loco de Sierra Morena, con quien anteriormente se había peleado: «Todo esto miraban de entre unas breñas Cardenio y el cura, y no sabían qué hacerse para juntarse con ellos; pero el cura, que era gran tracista, imaginó luego lo que harían para conseguir lo que deseaban, y fue que con unas tijeras que traía en un estuche quitó con mucha presteza la barba a Cardenio, y vistióle un capotillo pardo que él traía», I.29.39.

No pierde el norte en su propósito principal, que consiste en hacer volver a Don Quijote a su aldea. Así pués, cuando Don Quijote se dice dispuesto a irse hacia el Micomicón, el Cura replica: «por la mitad de mi pueblo hemos de pasar», I.29.57. Cuando Don Quijote expresa al Cura su extrañeza por encontrarle en aquellas partes tan solo, el Cura replica que yendo a Sevilla con el Barbero a cobrar unos dineros, les atacaron y robaron hasta las barbas unos galeotes que liberó un hombre valiente, pero que debía estar falto de juicio, etc, a Don Quijote «se le mudaba el color a cada palabra, y no osaba decir que él había sido el libertador de aquella buena gente», I.29.61.

Cuando Sancho Panza dice que el que hizo esta hazaña fue su amo, aunque le avisó que era pecado darles libertad, Don Quijote lo llama majadero y dice que «a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar si lo afligidos… van de aquella manera… por sus culpas o por sus gracias; sólo le toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los ojos en sus penas y no en sus bellaquerías.», I.30.3.

Don Quijote está dispuesto a hacer conocer con su espada que hizo con los galeotes lo que su religión le pedía.

Para ayudar al auténtico Cautivo a hacerse reconocer por el oidor como su hermano, asume el papel de excautivo, pretendiendo que fue capturado en la Goleta mientras que un amigo suyo llamado Ruy Pérez de Viedma lo fue en la batalla de Lepanto: «—Del mesmo nombre de vuestra merced, señor oidor, tuve yo una camarada en Costantinopla, donde estuve cautivo algunos años», I.42.18.

Dialoga con el canónigo sobre libros de caballerías y comedias, I.47.30 y ss.

Regresa a la aldea trayéndose a don Quijote encerrado en una jaula: «Don Quijote iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos los pies, y arrimado a las verjas, con tanto silencio y tanta paciencia como si no fuera hombre de carne, sino estatua de piedra.», I.47.13.

Visitas a don Quijote en su casa, para informarse de su salud, II.1.1 y ss.

Asiste a don Quijote moribundo: «Acabóse la confesión, y salió el cura, diciendo: —Verdaderamente se muere, y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos entrar para que haga su testamento.», II.74 § 15-16.

Deseando que nadie repita ni las locuras de don Quijote ni las falsedades del autor apócrifo, se preocupa tanto como el autor verdadero y el editor de que conste oficialmente por escribano público la muerte de su amigo: «Viendo lo cual el cura, pidió al escribano le diese por testimonio cómo Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, había pasado desta presente vida, y muerto naturalmente», II.74.27. ® Pérez: Pero Pérez

|| ® barbero: el cura y el barbero: como lo muestra el refranero, la asociación de un cura y de un barbero, en pareja de personajes, es proverbial: ««El kura i el sakristán, el barvero i su vezino, todos muelen en un molino; ¡i ké buena harina harán!» El sakristán es: el barvero; el kura: el vezino; kon ke, pareziendo kuatro no son más de dos.», Corr. 106.a.

Vuelta de don Quijote a su lugar, conducido por su vecino Pedro Alonso sobre un jumento: «entró en el pueblo, y en la casa de don Quijote, la cual halló toda alborotada; y estaban en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de don Quijote», I.5.14.

Sin embargo en el Quijote esta asociación no va tan lejos como en el refrán que acabamos de recordar, puesto que en ningún momento podemos concluir que maeses Nicolás sea al mismo tiempo el sacristán de Pero Pérez, cura del lugar de don Quijote. La asociación de un cura con un sacristán aparece solamente en el caso del Toboso, adonde Don Quijote llega por la noche para visitar a Dulcinea: «en esa casa frontera viven el cura y el sacristán del lugar; entrambos o cualquier dellos sabrá dar a vuestra merced razón desa señora princesa, porque tienen la lista de todos los vecinos del Toboso», II.9.26.

(1) ‘designación cariñosa o familiar’

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Fuente: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid. Este artículo apareció el 05.07.05.

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