domingo, junio 19, 2011

Olegario González de Cardedal, ‘Premio J.Ratzinger-Benedicto XVI’

 

Dios y el hombre, comprendidos desde la persona de Cristo, son el centro de la luminosa teología cristológica de Olegario González de Cardedal.
Hay un pasaje, en la Cristologia de este eminente maestro salmanticense, que me parece esencial para comprender el extraordinario dinamismo exegético de su interpretación de la autoconciencia de Jesús.
Me resulta sorprendente que algún que otro teólogo, criticando a la ligera la Cristología de nuestro colega salmanticense, haya pasado de largo este pasaje sin reparar en su importancia dentro de una tradición exegética solidamente establecida, ya que remonta a la ya clásica época denominada moderna de los estudios sobre la constitución psicológica de Cristo (Conciencia). Esta época, de la que yo puedo testimoniar, en cuanto a su plena vigencia, como colaborador del seminario de Nuevo Testamento lovaniense de Albert Decamps y Jean Giblet durante bastantes años, se ha interesado muy particularmente por la autoconciencia de Jesús, por el “Yo” de Jesucristo. (1)
Ciertos signos se convierten en la clave de interpretación de la autoconciencia de Jesús, porque son reveladores de una cristología en realización.
“La expulsión de los mercaderes del templo es el gesto simbólico de Cristo mediante el cual expresa su actitud ante lo anterior, declarándolo caduco. La última cena, en cambio, es el gesto simbólico, también en la línea de los profetas del AT, mediante el cual instituye una realidad nueva que, surgiendo de su vida entregada en libertad, determinará el futuro. A la forma anterior de la alianza de Dios con el pueblo de Israel, realizada en el templo por los sacrificios de animales muertos, sucederá una “alianza nueva” realizada en la sangre de Cristo como don de su vida para el perdón de los pecados de todos los hombres. Ambos signos constituyen la conclusión de la actividad pública y de la manifestación verbal de Jesús. A partir de ahora el silencio y la pasión suceden a la palabra y a la acción. En adelante, los gestos son más elocuentes que las declaraciones formales. Ellos arrastraban consigo unas connotaciones profundas, que remitían los espectadores y actores de unos y otros a las experiencias, tradiciones y realidades fundamentales de la historia de la salvación. Jesús se confronta con ellas, heredándolas en un sentido y reemplazándolas en otro. Donde antes estaba la autoridad de esa historia e instituciones, ahora están su palabra y su persona. Tales signos se convierten en la clave de interpretación de la autoconciencia de Jesús, porque son reveladores de una cristología en realización. Jesús no enuncia una cristología teórica; ejerce una cristología en acto. No proclama con palabras un programa de salvación sino que la realiza con su vida. La soteriología va implícita en sus actos.”
Fuentes: Cristología, por Olegario González de Cardedal, BAC, Madrid, 2001, C.2. Pasión, 4. Última Cena, p. 85.
Ver también: III. La constitución psicológica de Cristo (Conciencia). 4. Época moderna: la autoconciencia. El “Yo” de Cristo.
http://www.scribd.com/doc/24605797/gonzalez-de-cardenal-o...
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Olegario González de Cardedal, paisaje exterior y mundo interior
Publicado el 14.06.2011
Perfil del nuevo ‘Premio Ratzinger’ firmado por su discípulo Cordovilla para Vida Nueva
ÁNGEL CORDOVILLA, teólogo, profesor de Teología en la Universidad Pontificia Comillas |
La trayectoria biográfica y la figura personal de Olegario González de Cardedal (1934) como hombre, cristiano, sacerdote y teólogo se pueden descifrar desde el símbolo que representan cuatro ciudades que tienen que ver con su biografía: Ávila, Munich, Salamanca y Madrid.
La primera ciudad es Ávila, donde el joven seminarista forja su primera formación intelectual y adquiere la base de su formación espiritual en el seminario diocesano bajo la guía de Baldomero Jiménez Duque y Alfonso Querejazu. En la persona de Olegario hay un realismo de la vida humana y una reciedumbre de la vida sacerdotal que nacen de este enclave geográfico y espiritual que está simbolizado en la ciudad de Ávila.
La segunda es Munich, capital de Baviera, que en 1960 representaba el culmen de la cultura universitaria. Para el joven sacerdote, esta ciudad alemana siempre ha significado la necesidad que tiene el teólogo de salir de sus fronteras y abrirse al horizonte de la mejor teología, para así poder realizar un ejercicio riguroso del quehacer teológico a la altura de la conciencia contemporánea.
Munich representa el lugar de encuentro con los grandes de la teología del siglo XX, como el famoso teólogo K. Rahner o el joven profesor J. Ratzinger, donde de alguna forma se fraguará la posterior colaboración y amistad personal en el trabajo de la Comisión Teológica Internacional (1969-1978).
La tarea sagrada, en Salamanca
La tercera ciudad es Salamanca, lugar donde el teólogo ha vivido cotidianamente su misión teológica en la Universidad Pontificia (1966-2005), ejercida a través de la docencia en cursos, conferencias, seminarios; en la dirección y acompañamiento de innumerables alumnos en tesinas y tesis doctorales; en la investigación expresada en más de 500 títulos publicados; y en la gestión desarrollada dentro de la Facultad de Teología en momentos delicados de necesaria reforma institucional.
A lo largo de cuarenta años, esta ha sido su tarea sagrada y su lugar de implantación real. Como si de un monje benedictino se tratara, Olegario hizo “voto” implícito de permanencia en esta ciudad y en esta tarea. Ella es signo de su fidelidad a la teología, de su consagración a la verdad, desde la profunda convicción de que toda revolución social o renovación eclesial tienen sus raíces en la labor callada y paciente de los que escondidos en su laboratorio buscan afanosamente la verdad; y de que ambas siempre han de ser acompañadas para su verdadero desarrollo desde su vinculación a la palabra de la verdad.
La cuarta ciudad es Madrid, lugar donde Olegario ha dado testimonio público de la fe a través de una ciudadanía responsable y una cristianía razonable. La Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas, de la que Olegario es miembro desde 1986, es para él un símbolo y lugar concreto de realización de la intrínseca dimensión cultural, moral y social de la fe y de la teología en diálogo con el mundo secular.
Ávila o la reciedumbre espiritual; Munich o el rigor intelectual; Salamanca o la fidelidad a una misión; Madrid o el testimonio público de la fe son el paisaje exterior y el mundo interior que forman el semblante personal de Olegario González de Cardedal.
Dios, hombre y Cristo
Si cuatro ciudades nos revelan a la persona y su misión, tres conceptos nos ayudan a descifrar el núcleo de su teología: Dios, hombre y Cristo.
Aunque su obra teológica no ha respondido a un esquema previo o a una estructura preconcebida, podemos decir que el centro de su teología es Dios y el hombre comprendidos desde la persona de Cristo. Él ha ido afrontando los temas centrales de la teología (Dios, Cristo, Hombre, Salvación, Iglesia, Destino) en el curso del tiempo que le ha tocado vivir. En ella ha tenido un lugar destacado la reflexión sobre la persona de Cristo, como camino, verdad y vida para el hombre en su encuentro definitivo con Dios; la contemplación del misterio trinitario de Dios, como fuente y cumbre de la vida del hombre; y, finalmente, el análisis de la vida del hombre concreto, en su quehacer moral, su educación cívica, su capacidad creativa, su fidelidad creadora y su muerte esperanzada abierta a un destino definitivo.
De todo ello, hay una palabra y realidad permanente hacia la cual Olegario siempre ha tendido y pensado con pasión, profundidad y belleza: el misterio de Dios.
Fuente: http://www.vidanueva.es/2011/06/14/olegario-gonzalez-card...
(1) Note bibliographique: Genèse et structure d'un texte du Nouveau Testament
Étude interdisciplinaire du chapitre 11 de l'évangile de Jean,
Collaborations : Albert Descamps- Salvador Garcia-Bardon- Jules Gritti- Jean Ladrière- Guy Lafon- Jean-François Malherbe- Pierre Mourlon-Beernaert- Joseph Ponthot- Michel Renaud- Claude Selis, Paru aux éditions Le Cerf en 1981, 298 pages, Collection « Lectio Divina » N° 104.
http://www.editionsducerf.fr/html/fiche/fichelivre.asp?n_...
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jueves, junio 02, 2011

Pascua jesuita en el corredor de la muerte

 

Our Vision of Prison Ministry:
God’s mercy transcends our human judgment and understanding. Every human being is created in the image of God and each is endowed with unique personal value and human dignity.
The call of service to those imprisoned does not exclude anyone through this ministry: the prisoner, the persons victimized by crime, or the officers and staff of the prison system. All are to be served with the same love and mercy, forgiveness, value and dignity that we have experienced in Jesus Christ.
http://www.jpminc.org/
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Pascua en el corredor de la muerte
George Williams SJ, Narrativa jesuita.
La prisión de San Quintín, en Estados Unidos, es una prisión americana icónica. En sus más de 150 años de existencia, miles de presos han pasado por sus puertas de hierro. Como en todas las prisiones, también entre sus muros se ha desarrollado un espíritu de opresión y de crueldad. En las últimas décadas ha sido testigo del mayor aumento de encarcelaciones en la historia americana. En Estados Unidos, desde el final de los años ’70, la penología se ha alejado firmemente de tener esperanza en el poder de la rehabilitación y de la reforma, adoptando una ideología de incapacitación y de venganza. Frente a ese cinismo e indiferencia respecto a la horrible situación en la que se encuentran los presos (y sus familias), la pastoral carcelaria católica invita, más que nunca, a los jesuitas americanos a que se involucren en lo que algunos han denominado “el complejo industrial carcelario.”
En esta oscuridad veo despuntar cada día la luz de Dios. Desde mis primeras experiencias en la pastoral carcelaria, siendo novicio, he aprendido una y otra vez a ver el rostro de Cristo en los presos así como en los guardias. Esta Pascua es un buen ejemplo de ello. He estado trabajando con un hombre en el corredor de la muerte (en este momento, en San Quintín, hay más de 750 hombres en este corredor). Se trata de un preso que ha estado estudiando la religión católica en su celda y que deseaba recibir el bautismo. Del director de la cárcel obtuve el permiso de bautizarle el Lunes de Pascua.
El corredor de la muerte de la cárcel de San Quintín es una zona de máxima seguridad. Todos los que entran tienen que ponerse un chaleco a prueba de arma blanca antes de encontrarse con los presos encerrados bajo llave, totalmente separados del personal, dicho con otras palabras sin ningún contacto humano. Todo el tiempo que están fuera de su celda, los reclusos están esposados y llevan grilletes en los pies y cadena a la cintura.
El bautizo de Bobby tenía que hacerse bajo estas medidas de seguridad. Con sus manos esposadas, una cadena alrededor de la cintura, fue escoltado desde su celda hasta la entrada del edificio en el que se encuentran los reclusos “Condenados”. Seis miembros del equipo médico y de la administración respondieron a su invitación a acompañarle en este momento. Se hizo silencio y se percibía paz en el vestíbulo, habitualmente lugar de mucho ruido. Bobby leyó el pasaje de Romanos 6,3 : “¿No saben que todos nosotros, al ser bautizados en Cristo Jesús, hemos sido sumergidos en su muerte?” Yo tenía que sostener el libro ya que él tenía las manos esposadas detrás de la espalda. Las palabras del ritual resonaron poderosamente en el vestíbulo, mientras estábamos de pie ante la pared pintada de negro, una pared que ocultaba a nuestra vista la antigua Cámara de Gas, que estaba detrás. “Si la comunión en su muerte, nos injertó en él, también compartiremos su resurrección.” Las palabras de San Pablo ponían en tela de juicio toda la maquinaria de muerte a nuestro alrededor.
Las palabras para bendecir el agua indicaban un rechazo total al poder de la muerte, de la violencia y de la venganza: Luz, Esperanza, Sanación, Vida nueva, Gozo, Paz, Amor eran mazazos contra lo que prometía sólo desesperación, sólo muerte. Los que estábamos reunidos aquella mañana en ese lugar sombrío, en ese edificio de muerte, fuimos testigos de un claro signo de la gracia de Dios que, por medio del bautismo, iluminaba uno de los rincones más oscuros de nuestro mundo. “¿Renuncias a Satanás? Sí, renuncio. ¿Y a todas sus obras? Sí, renuncio. ¿Y a todas sus seducciones? Sí, renuncio.”
Por esto me gusta ser un sacerdote.
Mientras me preparaba a ungir a Bobby con el crisma, con una última señal estremecedora, dijo: ¿Puede bendecir también mis manos?. Para que yo lo hiciera, tuvo que darse la vuelta para mostrarme sus manos esposadas, detrás de la espalda. Las mismas manos que arrebataron vidas, recibieron la unción con el crisma de la salvación. La promesa de la liberación de esas ataduras me produjo lágrimas.
George Williams SJ
Capellán católico de la Prisión de San Quintín
Berkeley, California
gwilliams@sjnen.org
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Patxi Álvarez SJ, Director Responsable
Uta Sievers, Redactora
Secretariado para la Justicia Social y la Ecología, Borgo S. Spirito 4, 00193 Roma, Italia
+39 06689 77380 (fax)
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01.06.11 | 15:30. Archivado en Las Américas, Ética, Religiones, Pro justitia et libertate, Jesuitas

martes, mayo 31, 2011

La Iglesia belga indemnizará a las víctimas de los sacerdotes pedófilos

 

Los obispos y superiores religiosos belgas se comprometen a compensar a las víctimas de los sacerdotes pedófilos.
30 de mayo de 2011
Los obispos belgas se han expresado inequívocamente en su respuesta a los trabajos de una comisión parlamentaria creada a finales de 2010, después de la revelación de centenares de casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes en Bélgica.
Una declaración de la Conferencia Episcopal anuncia que los obispos y los superiores religiosos aceptan, como lo había propuesto la Comisión Parlamentaria sobre "abusos sexuales", el cooperar con los expertos del Comité de seguimiento, con el fin de establecer una forma multidisciplinar de arbitraje, para los hechos prescritos de los que las cortes de justicia y los tribunales ya no pueden legalmente realizar un seguimiento.
Los obispos y los superiores religiosos se declaran “profundamente afectados y expresan su consternación ante los graves hechos que han sido cometidos por miembros del clero y de las comunidades religiosas”.
“Reconocen sin rodeos que estos hechos son tanto más dolorosos cuanto que sus autores son miembros de la Iglesia que, al estar revestidos de una autoridad moral, habrían debido ser ejemplares, por respeto de la confianza depositada en ellos”.
El comunicado añade: “Conscientes de su responsabilidad moral y de las expectativas de la sociedad con respecto a ellos, los Obispos y los Superiores religiosos se comprometen a garantizar un reconocimiento de las víctimas y a adoptar medidas reparadoras de su sufrimiento. Consecuentemente expresan su determinación a restablecer a las víctimas en su dignidad y a procurarles indemnizaciones financieras en relación con sus necesidades”.
Los obispos y los superiores religiosos aceptan por lo tanto, como lo propone la Comisión especial, cooperar con los expertos de la Comisión de seguimiento a la instauración de una forma pluridisciplinar de procedimiento de arbitraje, para los hechos prescritos, que por ser tales no pueden ya ser tratados por las cortes penales y los tribunales.
El comunicado añade que les parece deseable que los árbitros tengan además la facultad de orientar a las partes hacia una mediación.
El comunicado concluye afirmando que los responsables de la iglesia “se comprometen unánimemente a adoptar todas las medidas de las que disponen para evitar que puedan reproducirse en el futuro graves hechos como los del pasado, que toda nuestra sociedad deplora con razón”.
Los responsables de la iglesia han tomado esta decisión después de haber examinado “muy atentamente” las conclusiones de la Comisión especial relativa al tratamiento de los abusos sexuales y hechos de pedofilia en una relación de autoridad, en particular en la Iglesia, al tiempo que “saludan la importancia del trabajo realizado”.
Karine Lalieux: Cambio de tono por parte de la iglesia
Para Karin Lalieux (PS), que presidió la Comisión Especial de "abusos sexuales", "este lunes es un día importante para las víctimas, porque finalmente son reconocidas". Destaca también un “cambio de tono” de la iglesia en relación con el discurso que tenía hasta ahora. “Pienso en primer lugar a las víctimas. Para ellas, es un día importante. La Sra. Lalieux comentó a la agencia BELGA, en reacción al anuncio por la Conferencia episcopal de que acepta un procedimiento de arbitraje: “La posición adoptada por los obispos y los superiores religiosos señala una ruptura con el discurso que mantenía la iglesia hasta ahora. Las cosas se dicen por fin sin rodeos. La iglesia reconoce su responsabilidad moral, reconoce a las víctimas y acepta reparar sus sufrimientos”.
La Sra. Karin Lalieux añadió: “Bien es verdad que será necesario juzgar sopesando los actos pero, mediante la adopción de esta actitud, la Conferencia episcopal responde plenamente a las exigencias formuladas por la Comisión parlamentaria”.
La Sra. Lalieux destacó también que el Parlamento ya había designado a sus propios expertos y que éstos podrán trabajar con los expertos designados por la iglesia para hacer avanzar las cosas lo antes posible.
Fuente: Agencia Belga: http://www.lalibre.be/actu/belgique/article/664082/les-ev...
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Comisión especial: Los obispos conscientes de su responsabilidad moral
30 de mayo de 2011
A raíz del informe votado por la Comisión especial sobre los abusos sexuales cometidos en la Iglesia, los obispos y los superiores religiosos publican su respuesta a la propuesta de esta Comisión en un comunicado, cuyo texto presentamos aquí.
“Los Obispos y los Superiores religiosos han examinado con gran atención el informe votado por unanimidad por la Comisión especial relativa al tratamiento de abusos sexuales y hechos de pedofilia en una relación de autoridad, en particular en la Iglesia. Saludan la importancia del trabajo realizado por esta Comisión parlamentaria presidida por la Sra. Karine Lalieux.
Están profundamente afectados y expresan su consternación ante los graves hechos que han sido cometidos por miembros del clero y de comunidades religiosas. Estos actos han producido sufrimientos y traumatismos para las víctimas, a menudo durante muchos años. Lo deploran muy sinceramente, saludando al mismo tiempo el valor de las víctimas que han testificado sobre estos hechos dolorosos.
Los Obispos y los Superiores religiosos reconocen sin rodeo que estos hechos son tanto más dolorosos cuanto que sus autores son miembros de la Iglesia, revestidos de una autoridad moral, que habrían debido ser ejemplares, por respeto de la confianza depositada en ellos. Conscientes de su responsabilidad moral y de las expectativas de la sociedad con respecto a ellos, los Obispos y los Superiores religiosos se comprometen a garantizar un reconocimiento de las víctimas y a adoptar medidas reparadoras de su sufrimiento.
Consecuentemente expresan su determinación a restablecer a las víctimas en su dignidad y a procurarles indemnizaciones financieras en relación con sus necesidades.
En este espíritu y en esta perspectiva, siguiendo la propuesta de la Comisión parlamentaria presidida por la Sra. Lalieux, los Obispos y los Superiores religiosos aceptan cooperar con los expertos de la Comisión de seguimiento a la instauración de una forma pluridisciplinar de procedimiento de arbitraje, para los hechos prescritos, que por ser tales no pueden ya ser tratados por las cortes penales y los tribunales. Les parece deseable que los árbitros tengan, además, la facultad de orientar a las partes hacia una mediación.
Los Obispos y los Superiores religiosos se comprometen por unanimidad a adoptar todas las medidas de las que disponen para evitar que puedan reproducirse en el futuro graves hechos como los del pasado, que toda nuestra sociedad deplora con razón".
Recuérdese que, Mgr Harpigny es el obispo refrendario para la comisión interdiocesana para los abusos sexuales en la relación pastoral.
Fuente: DESPACHOS CATHOBEL - BÉLGICA - Bruselas
http://www.catho.be/index.php?id=155&id_news=9420&...
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30.05.11 | 23:53. Archivado en Sociogenética, Ética, Religiones, Pro justitia et libertate, Bélgica

sábado, mayo 14, 2011

Jose María Castillo, teólogo de la humanización de Dios

 

"Cuando la teología afirma que Jesús es la encarnación de Dios, lo que en realidad está diciendo es que Jesús es la humanización de Dios. Por eso el "Señor de la Gloria", tal como se humanizó en Jesús, pudo decir y dejó como sentencia la afirmación decisiva: "Lo que hicisteis por uno de éstos, a mí me lo hicisteis" (Mt 25, 31-46). En esa sentencia definitiva, ya no se tendrá en cuenta ni la fe, ni la religión. Sólo quedará en pie lo humano, lo que cada ser humano haya hecho con los demás seres humanos.
La consecuencia que, en sana lógica, se sigue de lo que acabo de decir es que el proyecto cristiano no puede ser un proyecto religioso o sagrado de divinización, sino un proyecto profano y laico de humanización. Dios no se encarnó en lo sagrado y sus privilegios, ni en lo religioso y sus poderes. Dios se ha fundido con lo humano. Por tanto, a Dios lo encontramos, ante todo, en lo profano, en lo laico, en lo secular, en lo que es común a todos los humanos y lo que nos une a los demás seres humanos, sean cuales sean sus creencias y sus tradiciones religiosas. Porque lo determinante, para encontrar a Dios, no es la fe, sino la ética, que se traduce en respeto, tolerancia, estima y misericordia."
José María Castillo, 1) Hablar de Dios en la Universidad. 2. Pensar al Trascendente desde la inmanencia. 3. El futuro de la Iglesia y de la teología, Lección pública durante el acto de Investidura como Doctor Honoris Causa de la Universidad de Granada, 13/05/2011.
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Como hoy comparto la alegría de quienes consideramos a José María Castillo como nuestro hermano mayor en la fe, en múltiples ocasiones he compartido su pena al contemplar los dolores que provocaba en nuestra Iglesia la confiscación de la corresponsalidad eclesial, en perjuicio tanto de los fieles como de sus ministros.
Reproduzco a continuación uno de los múltiples artículos en los que he expresado nuestro dolor compartido.
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Nos duele nuestra Iglesia
Salvador García Bardón
03.09.07 | 12:25.
Confieso que me ha costado mucho el decidirme a escribir y a publicar este artículo. He dudado, al ponerle título, entre el singular y el plural del pronombre personal y del adjetivo posesivo. Mi primer impulso fue el poner ambas funciones gramaticales en primera persona del singular, pero al llegar a mis manos el artículo de mi colega y amigo José María Castillo, decidí optar por el plural, porque pensé inmediatamente que la mejor manera de expresar mi dolor era el asociarme al suyo, ofreciendo como plato fuerte de nuestra reflexión común su artículo, reservándome yo la tarea de modesto introductor de un portavoz teológico más calificado y casi diez años mayor que yo mismo.
José María Castillo y yo tenemos en común el que ambos llevamos en nuestro corazón a nuestros hermanos jesuitas, habiendo solicitado nuestra salida de la Compañía para afrontar en plena libertad personal tareas de investigación y enseñanza, para las que deseábamos asumir nuestra total responsabilidad sin comprometer en nada a nuestra Orden. En su caso, como teólogo, se trata de opciones teológicas. En el mío, como filósofo y lingüista, se trata de opciones antropológicas y éticas. En ambos casos reconocemos nuestra inmensa deuda a la Compañía, que nos formó y nos confió misiones de gran prestigio intelectual siendo aún muy jóvenes. La diferencia entre su trayectoria y la mía es que él perseveró dentro de la Compañía hasta los setenta y ocho años, mientras que yo abandoné la Compañía y España poco antes de cumplir los veinticinco. En ninguno de los dos casos hemos abandonado la Iglesia católica, sino que el uno y el otro hemos seguido trabajando como investigadores y profesores en su seno: él en la facultad de Teología de Granada y yo en la Universidad católica de Lovaina. Creo que tanto sus colegas, alumnos y amigos como los míos pueden testimoniar de nuestra lealtad y de nuestro sincero amor a nuestra Iglesia en las múltiples tareas que hemos emprendido a su servicio.
Ahora bien, el uno y el otro observamos que algunos miembros de la jerarquía católica española actual están provocando el desconcierto entre los fieles, que no comprenden, a pesar de su más que probada buena fe, el estilo sorprendentemente autoritario de algunas de las decisiones disciplinarias y pastorales que les conciernen. Tanto el uno como el otro constatamos como razón de este desconcierto de los fieles el que la concepción y el ejercicio de la autoridad de estos jerarcas está en franca contradicción con la manera de funcionar la autoridad en la iglesia primitiva, manera que inspiró a los padres conciliares de Vaticano II las reformas introducidas por este Concilio.
Una imagen reciente del primado de España, oficiando ordenaciones sacerdotales en Italia, hace unos días, revestido de ropajes del pasado, considerados hoy como litúrgicamente inadecuados, por no decir reaccionarios, parece ilustrar emblemáticamente la peligrosa vuelta a un pasado preconciliar de distante autoritarismo y vanidad clerical que creíamos superado.
Para que no se nos pueda malinterpretar, atribuyéndonos generalizaciones indebidas, precisaremos que nos estamos refiriendo por el momento a hechos sintomátios muy precisos, pero que, por su extrema gravedad, merecen la puesta a punto de un diagnóstico urgente y de un tratamiento eficaz, para evitar que el mal descubierto produzca metástesis generalizadas.
Tanto el diagnóstico del mal como su tratamiento eficaz, que propone como teólogo José Mª Castillo, cuentan con el apoyo del concilio Vaticano II, que ha visto en la Iglesia primitiva el modelo de autoridad que había que restablecer en la Iglesia contemporanea. He aquí en palabras de José Mª Castillo lo esencial de este diagnóstico y de este tratamiento.
"En la Iglesia primitiva, los obispos no habían acaparado todo el poder, como ocurre ahora. El centro de la Iglesia no estaba en el clero, sino en la comunidad de los fieles. Por eso los feligreses no eran la clientela de los clérigos. Todos los cristianos se sentían responsables y participaban en la toma de decisiones. No aceptaban, sin más, las decisiones que se tomaban sin contar con la comunidad. El valor supremo de aquellos cristianos no era la sumisión, sino la responsabilidad".
José Mª Castillo presenta en el portal Atrio su artículo "El Cura de Albuñol y sus fieles", publicado el 17-8-2007 en El Ideal de Granada, diciendo que es una reflexión teológica sobre cómo funcionaba la autoridad en la iglesia primitiva.
Sociogenéticamente es la manera más correcta de señalar la ruptura de una tradición, mediante la puesta en evidencia del contraste entre su época más auténtica, que es la fundadora, y la época actual, ilustrada por los casos tristemente significativos de Albuñol y de San Carlos Borromeo.
José Mª Castillo nos recuerda a todos, a los católicos como a nuestros amigos cristianos y no cristianos, que tanto en la iglesia cristiana primitiva como en las iglesias que durante muchos siglos fueron fieles a su ejemplo, la autoridad funcionaba con la corresponsabilidad y colegialidad de todo el pueblo de Dios, es decir con la participación de toda la asamblea y no solamente de una de sus partes. Recuérdese que la palabra iglesia viene del latín ecclesia, y esta del griego ekklesía, que signitica asamblea. Estos y no otros son los principios que inspiraron al Vaticano II, principios que están siendo conculcados e incluso sepultados hoy por algunos, con una vuelta a errores de un pasado no lejano de triste memoria.
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EL CURA DE ALBUÑOL Y SUS FIELES
por José M. Castillo

Desconozco los motivos por los que el arzobispo de Granada ha trasladado al párroco de Albuñol a otra parroquia. Como tampoco sé las razones que aducen los feligreses de Albuñol que se han encerrado en la iglesia del pueblo o incluso han hecho una huelga de hambre para impedir que se lleven al cura. No pretendo aquí, por tanto, ni defender ni atacar a nadie. En cualquier caso y sea lo que sea de todo este asunto, el arzobispo de Granada, al trasladar al párroco, no ha hecho sino lo que suelen hacer casi todos los obispos cuando deciden cambiar a sus curas. Es la práctica habitual de la Iglesia con los párrocos, con los sacerdotes en general y también con los obispos. Cada obispo con sus sacerdotes, y más el papa con cualquier clérigo (ya sea cura, obispo o cardenal), pueden quitar y poner, traer y llevar, sin consultar a los interesados ni contar con los fieles cristianos, que se suelen enterar de los cambios y traslados el día que menos lo esperan.
Insisto en que el arzobispo de Granada ha procedido en este caso de acuerdo con las normas que establece el Código de Derecho Canónico. Lo que yo me pregunto es si esta legislación es lo mejor para la Iglesia. Me planteo esta pregunta no sólo por el caso de Albuñol. También me la formulé cuando, hace unos meses, mucha gente protestó en Madrid por la decisión del cardenal Rouco al cerrar la parroquia de san Carlos Borromeo. El problema está en que la Iglesia funciona como una gran empresa en la que sus gestores (los clérigos) son los que mandan, mientras que los fieles no tienen más misión que ser buenos y obedecer. El papa Pío X lo dijo con toda precisión:
“En la sola jerarquía residen el derecho y la autoridad necesaria para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y dócilmente seguir a sus pastores” (Enc. Vehementer Nos, 2.II.1906).
En los primeros tiempos del cristianismo, la Iglesia no funcionaba así. Cuando Judas se suicidó, Pedro reunió a la comunidad para nombrar un sustituto y fue la comunidad quien decidió el procedimiento para designar a Matías (Hech. 1, 15-26). Cuando en la comunidad de Jerusalén hubo problemas, se reunieron todos y entre todos eligieron a siete colaboradores para atender a los de origen griego (Hech. 6, 1-6). Algo después, Pablo y Bernabé designaban en las comunidades, por votación a mano alzada (tal es el sentido del verbo griego jeirotonéo), a los presbíteros (Hech. 14, 23; también 2 Cor. 8, 19; Didaché 15, 1; Ignacio de Antioquía, Pol. 7, 2). Esta práctica se mantuvo en los siglos siguientes. A mediados del s. III, Cipriano, obispo de Cartago, escribía a los presbíteros de su diócesis:
“Desde el principio de mi episcopado determiné no tomar ninguna resolución por mi cuenta sin vuestro consejo y el consentimiento de mi pueblo” (Epist. 14, 4).
Es más, esta misma práctica se observaba para el nombramiento de obispos y papas. San León Magno (s. V) lo dijo con precisión:
“El que debe ser puesto a la cabeza de todos, debe ser elegido por todos” (Epist. X, 6).
De forma más tajante, el papa Celestino I estableció la norma (Epist. IV, 5) que en el s. XI vuelve a recoger el Decreto de Graciano:
“No se imponga ningún obispo a quienes no lo aceptan; se debe requerir el consentimiento del clero y del pueblo” (c. 13, D. LXI).
Más aún, cuando en la persecución de Decio (año 250), los obispos de León, Astorga y Mérida no dieron el debido ejemplo de fe, las comunidades de esas diócesis se reunieron y los destituyeron. La situación llegó a ser tan grave, que san Cipriano convocó un concilio en Cartago. Los 37 obispos allí reunidos redactaron un documento que conocemos por la carta 67 de Cipriano. En este documento se dicen tres cosas:
1) el pueblo tiene poder, por derecho divino, para elegir a sus obispos;
2) el pueblo tiene también poder para quitar a los ministros de la Iglesia cuando son indignos;
3) ni el recurso al obispo de Roma debe cambiar la decisión comunitaria cuando tal recurso no se basa en la verdad (Epist. 67, 3, 4 y 5).
La Iglesia era, en aquellos siglos, tan Iglesia de Cristo como la actual. Pero se parecía más a lo que quiso Jesús que lo que se parece la Iglesia que ahora tenemos. Porque, en la Iglesia primitiva, los obispos no habían acaparado todo el poder, como ocurre ahora. El centro de la Iglesia no estaba en el clero, sino en la comunidad de los fieles. Por eso los feligreses no eran la clientela de los clérigos. Todos los cristianos se sentían responsables y participaban en la toma de decisiones. No aceptaban, sin más, las decisiones que se tomaban sin contar con la comunidad. El valor supremo de aquellos cristianos no era la sumisión, sino la responsabilidad.
Sin entrar en los motivos concretos de lo ocurrido en Albuñol o en Vallecas, es evidente que ambos episodios han puesto de manifiesto que en la Iglesia se habla mucho de amor y de comunión, pero lo que importa es afirmar y hacer notar el poder de los obispos, su autoridad intocable y la sumisión a sus decisiones. Por más que eso tenga el elevado coste de la resistencia de algunos, el escándalo de otros y el daño que sufrimos todos. El resultado está a la vista: cada día las iglesias están más vacías, los cristianos más desilusionados y bastantes clérigos desconcertados, sin saber qué hacer. Y según parece, con poco entusiasmo para emprender caminos de renovación y puesta al día. La concentración del poder produce sumisión y orden. La sumisión y el orden generan miedo. Y el miedo, parálisis o incluso marcha atrás.
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Blogs y portal asociados, bajo el signo de la Amistad Europea Universitaria por y para la Amistad Mundial:
España: Semántica, Sintaxis, Pragmática
España: Amistad Europea Universitaria
España: Quijote, Andalucía, España, Europa
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EE.UU: Taller cervantino del Quijote
Bélgica: Amicitia Europaea Universitaria
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viernes, abril 29, 2011

Carta del profesor Francis Delperée al Primado de Bélgica

 

"Monseñor, su discurso suena falso, es inadecuado y va contra el mensaje evangélico. Resitúese. Hable como un pastor y no como un “mánager”...
Me veo obligado a decirles – a usted, Monseñor, así como a sus colegas en el episcopado - tres cosas. Uno: el discurso que la Iglesia dirige hoy a los fieles y, más ampliamente, a Bélgica y al mundo, suena falso. Dos: dista mucho de responder a la expectativa legítima del común de los mortales. Tres: más grave aún, y peso mis palabras, no se inscribe en la perspectiva de una transmisión correcta del mensaje evangélico."

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Francis Delperée, un líder intergeneracional para Europa

Repito aquí, para los lectores hispanohablantes, un resumen de la semblanza del profesor Francis Delperée, que publiqué el 05.06.09 con ocasión de unas elecciones europeas.

Ver Filme: Traité Constitution européenne

Tengo la íntima convicción de que mi Colega y Amigo el profesor Francis Delpérée es indispensable en el Parlamento Europeo como Constitucionalista, como pedagogo del derecho, como mediador intergeneracional y como líder político.

Me gusta decir de él que si hubiera sido adulto en el momento del nacimiento de las Comunidades Europeas (en 1950 Francis sólo tenía ocho años) habría sido uno de los Padres de Europa al triple título de Constitucionalista, de Político y de Pedagogo.

Con él en funciones, la Unión Europea no habría entrado en el callejón sin salida constitucional y pedagógico en el cual se encuentra desde hace ya demasiado tiempo.

Desde 1961 soy testigo de su Humanismo universalista, de su valor, de su dedicación, de su competencia y de sus calidades de líder:

Es miembro de la Academia real de Bélgica y del Instituto de Francia (Academia de ciencias morales y políticas); es también doctor honoris causa de las Universidades de Aix-en-Provence, Atenas, Ginebra, Ottawa, y Szeged.

Francis Delpérée es abogado honorario del Colegio de Abogados de Bruselas y fue asesor en la sección de legislación del Consejo de Estado de 1985 a 2004; ejerció numerosas responsabilidades y constituye, desde hace años, una de las figuras emblemáticas del derecho público belga. “La lista de sus títulos y funciones lo ilustra ampliamente: Francis Delpérée, cuyo acceso al emeritado celebró nuestra universidad el viernes 5 de octubre del 2007, es una personalidad fuera de norma”.

Es profesor emérito de la Facultad de derecho de la Universidad católica de Lovaina (UCL) y antiguo decano de esta Facultad. Pedagogo fuera de serie, ha dejado huella en varias generaciones de estudiantes y ha contribuido de manera excepcional a hacer progresar la ciencia del derecho constitucional, tanto en Bélgica como en el extranjero. Viajero científico infatigable, es iniciador y animador de múltiples proyectos jurídicos innovadores.

Es el autor de un Tratado sobre “El derecho constitucional de Bélgica”, de varias obras – entre ellas: Crónicas de crisis, Los derechos políticos de los extranjeros, El contencioso electoral, El planteamiento ciudadano, El federalismo en Europa, Cuaderno de campaña, La Constitución de 1830 a nuestros días, e incluso más allá - y de numerosos artículos sobre los problemas de organización y funcionamiento del Estado.

Además de las numerosas obras y artículos de las que es Autor, el profesor Francis Delpérée se aplicó, con el talento pedagógico que lo caracteriza, a ilustrar a sus conciudadanos sobre las cuestiones institucionales de actualidad. Lo hizo y lo sigue haciendo tanto a través de la radio, de la prensa escrita, de la télévisión y de las conferencias, “que no se ha negado nunca a dar”, como a través del lenguaje audiovisual de Internet.

Con ocasión de su emeritado en la UCL, en 2007, fueron muy numerosas las personalidades de los mundos jurídico, político y periodístico que respondieron a la invitación y que le rindieron homenaje en Lovaina-la-Nueva, al término de la rica carrera universitaria que fue la suya. La espléndida obra de homenaje (Ediciones Bruylant) que le ofrecieron sus colegas y amigos fue presentada durante esta fiesta, que tuvo lugar el viernes 05/10/2007.

El Miércoles 25 de marzo pasado, la República Francesa lo nombró “Comendador de la orden de las Palmas académicas”

En 1993, el Rey Balduino, que admiraba los talentos pedagógicos del profesor Francis Delpérée y le había confiado la formación jurídica del príncipe heredero, le otorgó concesión de nobleza y el título personal de barón.

Film: Tratado Constitución Europea.

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Carta a mi obispo
Francis Delperée


Monseñor, su discurso suena falso, es inadecuado y va contra el mensaje evangélico. Resitúese. Hable como un pastor y no como un “mánager”.

Una opinión de Francis DELPÉRÉE, Senador y profesor emérito de la UCL, que se expresa aquí individualmente.
La libre Belgique, Mis en ligne le 27/04/2011.

Monseñor,

No está en nuestras costumbres el escribirnos. Desde hace cuarenta años, nuestros caminos se han cruzado. En la facultad de derecho de Lovaina o con ocasión de innumerables acontecimientos que salpican la vida política, cultural o social de nuestro país. Sin olvidar las emisiones de radio o de televisión de las cuales uno y otro somos aficionados.
Mi sorpresa fue inmensa. Lo que me incitó a tomar la pluma. ¡Es más fuerte que yo! ¡Debo escribírselo! Me veo obligado a decirles – a usted, Monseñor, así como a sus colegas en el episcopado - tres cosas. Uno: el discurso que la Iglesia dirige hoy a los fieles y, más ampliamente, a Bélgica y al mundo, suena falso. Dos: dista mucho de responder a la expectativa legítima del común de los mortales. Tres: más grave aún, y peso mis palabras, no se inscribe en la perspectiva de una transmisión correcta del mensaje evangélico.

Como puede constatarlo, no me pongo guantes. Pero lo hago sabiendo que le gusta el debate, incluso rudo. Si el exordio no le ha movido a ignorar el resto de mi carta, permítame que desarrolle los argumentos.

1. El discurso suena falso

El domingo de Ramos, usted se había negado a todo comentario sobre el asunto Vangheluwe. No tenía en cuenta la presión mediática que llovía sobre sus espaldas. Hablaría, precisó usted, en el momento que elegiría usted mismo. Es decir: después del oficio pascual.

Algunos Maquiavelos, entre los cuales - lo confieso – me encuentro, se imaginaron inmediatamente que, ocho días más tarde, usted iba a ejecutar el “golpe infalible”. Y reducir así al silencio a los inoportunos. Se podía suponer que el Vaticano se habría expresado entretanto. Y que usted iba a poder referirse a decisiones sabias al mismo tiempo que firmes. Su silencio se explicaría después del golpe. A la justicia romana le era necesario un tiempo para deliberar con conocimiento de causa.

En realidad, absolutamente nada de esto sucedió. La entrevista de este domingo hace “paf”. Nada de nuevo, ni de Roma ni de otra parte. Su mutismo durante la Semana santa aparece como un capricho.

Añado que el método de argumentación que ha utilizado en ese momento no es digno de usted. “No he visto el conjunto de la entrevista. Tengo otras quehaceres.” Lo cual me hace pensar en las respuestas apuradas de los centenares de estudiantes que usted ha interrogado en Lovaina-la-Nueva y que creen salir de un aprieto pretextando no haber revisado una parte de la materia. ¿No hay ni magnetoscopios, ni ordenadores en Malinas? ¿Y no consulta nunca Youtube?

Y además, es doloroso decirlo así, ¿se ha dado cuenta usted, el favorito de los medios de comunicación, que la entrevista del 24, en la RTBF, se parecía, hasta en su puesta en escena, a la del 14, en la VT4? Un eclesiástico a la defensiva ante un periodista. El escenario sólo podía terminar mal.

2. El discurso es inadecuado

Le escribo también, Monseñor, para decirle que, en las circunstancias del momento, los católicos, y los no católicos, no esperan solamente palabras, bien o mal elegidas. En total franqueza, me atrevo a recordarle que el propio Verbo {divino} se hizo carne. Que, durante su vida terrestre, realizó actos. Y que éstos guardan sentido aún hoy.

Es necesario efectuar gestos, no por el placer de perderse en demostraciones, sino con el fin de hacerse comprender. Gestos proféticos. En el “Pequeño abecedario político” que publico estos días, me permito recordar este episodio. “Cuando en 1970, en Varsovia, Willy Brandt pone una rodilla, e incluso las dos, en tierra, delante del monumento creado en recuerdo de las víctimas del nazismo, no tiene que pronunciar un discurso. Su cuerpo y su espíritu hablan por él y por el país del que es el representante eminente.”

Con esta pregunta {sobre los gestos esperados}: ¿La Iglesia de Bélgica no está en condiciones de encontrar los comportamientos adecuados? Se me dirá “Eso es fácil, es cómodo. Yo digo solamente una palabra, mejor: hago solamente un gesto y seré curado, como se dice en el oficio”. Para tener en cuenta la pobreza de nuestras palabras y para expresar respeto por la amplitud del desastre, deberían efectuarse gestos particulares de arrepentimiento. Serían testimonio de los valores evangélicos que los cristianos, incluidos los de la base, persisten en compartir.

Es necesario también efectuar gestos humanos. Son los de la solidaridad, incluida la solidaridad financiera – hay que ser claro. La comisión constituida en la Cámara de Representantes les ha enviado sugerencias precisas y concretas. Deben ser examinadas con la debida serenidad. ¿Pero sus expertos no podrían adoptar el ritmo de los tiempos modernos y no dar la impresión de que tienen ante ellos la eternidad? En el medio de los juristas especializados, el consejero que pide dos meses antes de dar una opinión sobre un tema delicado es marginado de la profesión por incompetencia.

3. El discurso va en contra del mensaje evangélico

Como usted, seguramente, yo oigo a las puertas de algunas iglesias un mensaje asombroso. “Compasional”. No por las víctimas sino por los abusones. ¡A todo pecador misericordia! ¡Que el que nunca haya pecado le lance la primera piedra!

Supongo que usted no acredita semejantes discursos. El Evangelio de Mateo no tiene palabras bastante duras para los escribas y los fariseos. Les promete nada menos que el fuego de la gehena. No es una cuestión ni de derecho penal, ni de derecho canónico. Es un problema moral. Trátelo como tal. Con todas sus consecuencias, incluidas - lo repito - : las financieras. “El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, dice la Biblia. No soy uno de sus exégetas más informados. Constato que, en un reflejo de realismo, Mateo deja entender que el hombre, en particular el hombre herido, vive también “de pan”, es decir, de las ayudas materiales y morales que los miembros de la comunidad deben garantizarle. Sin reserva.

No querría encontrarme en su lugar. Usted accede al cargo supremo en el seno del episcopado en un momento en que la Iglesia de Bélgica está prisionera en la tormenta. Y es sólo un eufemismo. Resitúese. Hable como Pastor y no como un “mánager”. Exprésese simplemente, sin dejarse tentar por el placer de la dialéctica. No haga derecho sino moral - es un jurista quien se lo dice.

Conjeturo que los días que vienen no serán de los más cómodos y que el hombre de Brujas atormentará aún algunas de sus noches. No dispongo de consejo que pueda darle. Pero me parece, al margen de toda consideración canónica, que dos normas de conducta se imponen: la firmeza frente a los descarriados y la solidaridad en favor de las víctimas.

Este domingo 24 de abril de 2011

Texto original en francés

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miércoles, abril 27, 2011

El Primado de Bélgica pide paciencia

 

Toda traducción es difícil, si el traductor se empeña en ser fiel a las intenciones del Autor del texto traducido, sin hacer violencia ni al sentido ni a la forma de ninguna de las dos lenguas en presencia.
En el caso del texto que presentamos aquí, se añaden a la dificultad habitual de toda traducción, la presencia en el mismo texto a traducir de tres niveles textuales: el del brillante periodista Christian Laporte, a mi entender el mejor comentarista del catolicismo belga; el del propio Primado de Bélgica entrevistado, el arzobispo André-Joseph Léonard, con su idiolecto ideológico propio, marcadamente alejado del lenguaje común de la mayoría de los católicos belgas, sobre todo de los flamencos; y el de una cultura general "belgohablante" difícilmente transferible al español sin la ayuda de un buen diccionario enciclopédico, rico en locuciones idiomáticas, por el momento inexistente.
A estos tres niveles textuales hay que añadir el mecanismo de embrague pragmático que haga comprender al lector de la traducción todos los presupuestos del texto, que son innumerables, y todas sus referencias, tanto intradiegéticas como extradiegéticas.
Confío en que las soluciones propuestas sean las más adecuadas, para que el Lector hispanohablante pueda interpretar lo mejor posible, sin traicionarlas,las intenciones de Christian Laporte y las del arzobispo André-Joseph Léonard.
Como es corriente en la mejor práctica de la traducción de los traductores hermeneutas actuales, he encarnado en el texto final el máximo de información posible, incluida la retórica y poética, evitando las notas y limitándome a completar la información pragmática mediante explicitaciones entre llaves tipográficas.
Ni que decir tiene que una dificultad añadida de comprensión es la crisis excepcional que atraviesa desde hace muchos años el catolicismo belga, por lo menos desde la expulsión de los francohablantes de Lovaina.
Esta crisis de fondo, nunca superada por el conjunto del país, a pesar de las apariencias puramente nominalistas, se ha visto trágicamente exacerbada, hace ahora un año, por la revelación de los crímenes de pederastia cometidos por uno de sus obispos, seguida por las revelaciones de centenares de otros casos del mismo tipo de crímenes, cometidos por sacerdotes y religiosos en el ejercicio de sus responsabilidades religiosas.
La punta visible de este iceberg del abuso flagrante de poder, limitado a primera vista de miope al plano sexual, no nos permite deontológicamente el dejar de advertir que la “Comisión Abusos” y la justicia deben escrutar la masa enorme, por descubrir, del abuso sistemático del poder administrativo, en el que necesariamente han incurrido quienes han empleado los poderes de la Iglesia en su beneficio propio y en el de su clientela, en detrimento de innumerables víctimas.
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Mons. Léonard: “¡Aún un poco de paciencia!
por Christian Laporte.
El original francés de este texto fue publicado en "La Libre Belgique" el 26/04/2011
El arzobispo decepciona al mundo político, a las víctimas y a los cristianos. Interpelado por “la Libre {Belgique}”, mantiene contra viento y marea el rumbo de la Iglesia.
Si no hubiera habido la entrevista concedida a la RTBF, (registrada el pasado miércoles) en su palacio arzobispal en Malinas, y algunas reacciones “en caliente”, después de la misa del día de Pascuas en la catedral Saints-Michel-et-Gudule, para otros medios audiovisuales de comunicación, parece evidente que Mons. André-Joseph Léonard no habría vuelto de nuevo el domingo a hablar sobre la increíble entrevista de Roger Vangheluwe {ex obispo de Brujas} y tampoco hubiera dicho ni pío de las consecuencias prácticas que hay que sacar de la comisión Lalieux.
Como cabe leerlo en otro lugar, en su homilía tan esperada por la opinión pública, él se limitó a recordar que había mencionado estas cuestiones en las oficios de la Semana santa. Como “la Libre” lo precisaba ya el sábado, de hecho el arzobispo había invitado a sus sacerdotes a renovar su promesa {de celibato} haciendo a la vez penitencia por sus colegas descarriados. Al mismo tiempo, rezó igualmente en diferentes ocasiones por las víctimas, pero estos mensajes, sin ninguna duda sinceros, iban dirigidos solamente a los fieles presentes.
Consecuentemente no tiene nada de extraño el que las reacciones que siguieron a su vuelta sobre la escena de la información estuvieran marcadas con el sello de la decepción e incluso de la cólera.
Comenzando por la reacción de la Presidenta de la comisión {Abusos} de la Cámara, Karine Lalieux (PS), que habló de una intervención mediática “chocante y escandalosa”.
La diputada ha anunciado que la próxima semana reuniría de nuevo a su comisión, para examinar el seguimiento de sus conclusiones. Para la Sra. Lalieux, “es chocante el constatar que las víctimas siguen estando completamente ausentes del discurso de Mgr Léonard. Él alega que todo se ha dicho ya, ignorando las llamadas al reconocimiento, por el jefe de la Iglesia, de una responsabilidad moral de la institución”, indicó, enfadada, la diputada.
Por eso Karine Lalieux ha invitado la institución a que reaccione cuanto antes. “Entiendo que reflexionen sobre la instauración del tribunal arbitral, pero ya hace un año que se espera, desde la aparición del informe Adriaenssens. El Parlamento y la sociedad no esperarán más meses”, y si el asunto no avanza bastante rápidamente, “habrá que prever otras sanciones, por ejemplo: financieras”, advirtió.
Mgr Léonard, interpelado el domingo por la tarde por “La Libre”, dice que no comprende el que se acuse a la Iglesia de no actuar aún más.
“Este reproche no es exacto. A lo largo de la Semana santa, mencionamos el drama de la pederastia y era normal que, a pesar de todo, en este día de Pascuas, habláramos más que nada del acontecimiento mayor para la humanidad que fue la Resurrección de Cristo. Como usted lo escribió, uno de los gestos fuertes fue el hecho de pedir que durante la renovación de la promesa {del celibato} de los sacerdotes hicieran acto de penitencia por sus colegas.”
Mgr Léonard refuta también la acusación recurrente de falta de simpatía por las víctimas: “También ahí, tanto en el comunicado común de los obispos como en las distintas celebraciones, se ha expresado con el respeto que conviene.”
El arzobispo dice igualmente “haber querido romper la imagen de que solamente el arzobispo puede hablar de la Iglesia. Los dos obispos de referencia, Mons. Harpigny y Mons. Bonny, ya tomaron la palabra frecuentemente. Nos situamos en esta colegialidad”.
Con respecto al silencio de la Iglesia sobre el informe de la comisión Lalieux, Mons. Léonard reacciona, igualmente sorprendido: “Los dos obispos antes citados trabajan sobre este expediente de una manera que me inspira respeto. Asistidos por distintos especialistas de diferentes disciplinas, preparan la señal necesaria, destinada a las víctimas y a la sociedad. El mundo político no debe dejarse llevar por la impaciencia: el expediente es demasiado delicado para reaccionar a la ligera. Recordaré también que el informe sólo ha sido votado por la Cámara el 7 de abril, cuyos Comisarios, pienso yo, han tomado también cierto tiempo para concertarse. Sólo hace de esto poco más de dos semanas. Lo cual es poco comparado con {el tiempo que han empleado} quienes desde hace meses y meses deben reinstalar un nuevo Gobierno para nuestro país”.
Mons. Léonard rechaza por lo tanto todas las acusaciones de bloqueo: la Iglesia reaccionará según la expresión bien conocida del rey Balduino con respecto al Congo belga, “sin retrasos desastrosos, y sin precipitación inconsiderada”.
Por fin, mal que le pese a sus adversarios, André-Joseph Léonard no ve el futuro de manera necesariamente negativa para la Iglesia: “Se puede hacer un paralelo con lo que acabamos de vivir {durante la Semana santa}: hay la prueba de la Cruz y luego la Resurrección. Mi primer año a la cabeza del arzobispado se ha caracterizado a la vez por momentos terriblemente exigentes y por cosas muy bonitas. No olvidaré el fervor que acompañó mi instalación; me alegro también del fervor manifestado durante la ordenación de mis tres {obispos} auxiliares y la demostración de que los Belgas {tanto flamencos como valones y bruselenses} pueden y quieren aún hacer muchas cosas juntos. Luego, mis visitas a los decanatos fueron muy positivas también. Diré que la crisis puede a largo plazo resultar beneficiosa, porque desemboca en una purificación e incluso en una removilización, ya que los colegas me confirman que las asambleas no sólo están más concurridas, sino que también son más entusiastas”.
El arzobispo concluye la entrevista con una llamada, para que todos los cristianos belgas se encuentren el próximo fin de semana asociándose a la Iglesia universal en la memoria de Juan-Pablo II, que este 1 de mayo será beatificado en Roma.
Texto original en francés
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27.04.11 | 09:00. Archivado en Semántica, Pragmática, Morfosintaxis, Poética, Hispanobelgas, España, Sociogenética, Periodismo, Epistemología, Religiones, Pro justitia et libertate, Bélgica