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lunes, junio 28, 2010

La alegría infinita de Díez-Alegría

Los días de duelo que compartimos a través del mundo los antiguos alumnos del padre José María Díez-Alegría, me brindan la ocasión de recordar mi deuda de reconocimiento por la orientación que tomó mi vida a causa de mi relación intelectual y académica con él.
Durante el año escolar 1959-60 tuve el privilegio de compartir muchos ratos de conversación con el padre José María Díez-Alegría, mi profesor de Ética en la Facultad filosófica complutense.
Explico las razones de este privilegio, tal como yo lo viví subjetivamente, con la seguridad de que cada uno de los antiguos alumnos del padre José María Díez-Alegría puede explicar el privilegio vivido en su caso propio. Lo mismo puedo decir de los muchos colegas y amigos que ha tenido durante toda su vida: el privilegio que les reservaba a todos y a cada uno derivaba de sus ilimitadas sencillez, bondad y generosidad. Estas virtudes suyas, compañeras inseparables de su excepcional inteligencia, las descubrimos muchos de sus discípulos de la facultad filosófica complutense tanto en sus clases como al lavar y secar los platos con él en la cocina de la comunidad jesuita.

Siguiendo una tradición ancestral de las facultades jesuitas, una de las disciplinas de cada curso del programa académico debía organizar el solemne acto público "mensualis". Éste acto consistía en la defensa de un importante conjunto de tesis por un estudiante-defensor, frente al ataque, lo más severo y formal posible de las tesis, en primer lugar por dos estudiantes-adversarios de la misma clase que el defensor, con facultad de atacar las tesis de su elección, y luego por los profesores de la facultad e invitados del exterior. La frecuencia de este acto solemne, a pesar de su nombre, no era de una vez al mes, sino de una vez al año.
Aquel año escolar 1959-60 la disciplina escogida para los cursos de licenciatura fue la Ética. El padre Díez-Alegría, responsable de la materia, me designó a mí como defensor de las tesis presentadas ya por él hasta ese momento del año. Nos encontrábamos hacia la mitad del año escolar. La preparación de mi defensa para el acto público, me ofreció la ocasión de trabajar en estrecha colaboración con él, motivando, estructurando, profundizando y argumentando las tesis a defender.
Recuerdo que al abordar la tesis sobre la propiedad privada me hizo observar el derecho que tenían los habitantes de las cuevas inhospitalarias, que había muy cerca de la facultad, de venir a ocupar las dependencias vacías de nuestro edificio... Su derecho de extrema necesidad era natural mientras que el nuestro era solamente positivo y limitado por el primero.
Imagino que me designó como defensor de sus tesis, preparando el paso siguiente de su atención por mi carrera académica como filósofo más bien que como electrónico -materia en que era conocida mi pasión tanto teórica como práctica-, puesto que unos meses después, recién obtenida mi licenciatura en filosofía, las autoridades de la provincia jesuita andaluza, informadas por mis profesores de la facultad complutense, me nombraron profesor de Ética y de Metafísica en el Seminario mayor de Córdoba, dependiente por aquél entonces de la Compañía.
Es muy posible que la investigación y la enseñanza de la electrónica me hubieran reservado una vida mucho más divertida y apacible que la de profesor de filosofía, que entre otras cosas me obligó a expatriarme y a asumir la dureza del exilio, pero siempre me ha consolado y servido de apoyo la reserva de infinita alegría que me procuraron mis maestros de Alcalá, entre los cuales destacaron para mí los padres Hellín, Caffarena y Díez-Alegría.

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José María Díez-Alegría ha sido al mismo tiempo valiente y sencillo, creyente y crítico, rebelde y fiel, cordial y contundente, afable y molesto, demoledor y constructivo, anti-institucional y eclesial, poeta e intelectual, humorista y comprometido, no marxista y "anti-anti-marxista", obediente y desobediente, intelectual y asequible, erudito y popular, maduro y enfant terrible, jesuita y jesuita (aunque sin papeles), y sobre todo y en una palabra, un hombre bueno.
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La alegría infinita de Díez-Alegría
por Pedro Miguel lamet

Publicado en Junio 25th, 2010

Esta madrugada se nos ha ido a punto de cumplir los 99 años de edad José María Díez-Alegria, un hombre libre, un gran cristiano, un personaje singular y un referente de la Iglesia española del siglo XX. Tuve la suerte de escribir su biografía, lo que me permtió largas horas de sabrosa charla con aquel conversador genial y ameno que era y aprender de él grandes lecciones vivas de cristianismo. En ese libro, "Un jesuita sin papeles", está cuanto sé de él. Aquí, a vuelapluma, una síntesis de su personalidad:
Decía, el genio de nuestra Literatura Baltasar Gracián, jesuita que tuvo problemas con la censura que “No hay en el mundo señorío como la libertad de corazón”. Algo en que curiosamente viene a coincidir el Concilio Vaticano II, cuando define la conciencia como “ese núcleo más secreto y sagrado del hombre en que está a solas con su Dios y cuya voz resuena en la intimidad” para poder elegir.
Su peripecia humana se puede dividir en tres partes. Como de la Virgen María se habla de antes del parto, en el parto y después del parto, la vida de Díez-Alegría podemos hablar de alguna manera antes del libro, en el libro y después del libro. Y cuando me refiero al libro hablo de "Yo creo en la esperanza", la obra que provocó el famoso escándalo en 1973.
1. Antes del libro. Es el periodo que va de su nacimiento al momento en que Alegría sufre una operación que le hace sentirse en peligro de muerte. Dentro de este periodo otros tres: su infancia y juventud, su formación en la Compañía de Jesús y su etapa de profesor.
22 de octubre de 1911, nace en Gijón, lo que quiere decir que José María es asturiano, lo cual ya es decir mucho.
“Yo nací en un banco”. La sucursal del Banco de España en Gijón. Familia católica tradicional. Excelentes padres, sencillos, cultos y buenos. Cuatro hermanos. Manuel y Luis llegarían a ser tenientes generales. Calle Santa Elena. Instituto Jovellanos. Gerardo Diego y congregante mariano.
Excelente estudiante de Derecho en Madrid y joven católico de derechas. Después de unos Ejercicios siente la vocación más al seguimiento del Jesús del Evangelio que al sacerdocio como tal. Ingresa en la Compañía y cuando estaba en el noviciado de Aranjuez en 1931 se produce la quema de conventos. Exiliado a Bélgica estudia filosofía junto a su gran amigo José María de Llanos. Allí comienza su crisis de fe los 25 años a partir de la duda filosófica de si el hombre puede tener certezas absolutas. Descubre que la fe es una gracia.
En 1937, destinado como maestrillo al Colegio de Villafranca, donde falto de paz duda de si debe dejar la Compañía, pero decide esperar. La luz se producirá en Granada donde con la lectura de San Juan de la Cruz y el estudio de la teología recupera la paz. Los superiores le destinan a profesor de Filosofía. Viaja a Oña y Portugal para preparar su tesis sobre la Ley Natural en Luís de Molina y los maestros de la Universidad de Evora. Que defiende en Roma en la Gregoriana en 1946.
De regreso a España hará otro doctorado en Derecho civil y ejercerá como profesor en la facultad de filosofía de los jesuitas de Chamartín en Madrid. Será un profesor modelo, cercano, humano y humorista que irá descubriendo el sentido social de los Padres de la Iglesia y un rector diferente. Tanto que a los tres años de superior es destituido y enviado a completar estudios durante un semestre sabático en Alemania. Aires nuevos. A su vuelta el contacto con el P. Llanos y el Pozo del Tío Raimundo será un revulsivo importante en su evolución posterior. Comienza a pronunciar conferencias de contenido social osada para aquellos años de franquismo y a convertirle en un posconciliar antes del Concilio. Durante el Vaticano II tendrá aportaciones importantes sobre la libertad de conciencia y la no violencia. En 1961 destinado a Roma. Su postura ante la ley del divorcio y otros problemas de la Iglesia italiana crean escándalo.
2. El libro: En 1971 mientras daba una conferencia en Lisboa cae enfermo. Mielopatía por espondelosis vertical. Operado en Madrid y convencido de que puede morirse decide escribir un libro en el que exponer sin rodeos todo lo que piensa sobre la fe, la Iglesia, el celibato, el marxismo. etc. Se lo comunica al general P.Arrupe, haciendo de objeción de conciencia a la censura. Al final el libro aparece en España y se convierte en un escándalo internacional. En nuestro país el escándalo es doble por la situación política y por sus dos hermanos, jefe del Estado Mayor y de la Casa Militar de Franco. Destituido como profesor de la Universidad Groriana vuelve exclaustrado a Madrid y se aloja en el Pozo del Tío Raimundo.
3. Después del libro. Junto con Llanos se convierte en un referente de la lucha por las libertades y el compromiso con los más pobres. En 1975 termina su periodo de exclaustración y dadas las circunstancias decide abandonar la SJ. Pero Arrupe le ofrece vivir de por vida en casas de la Compañía.
Tras esta azarosa vida cabe hacerse dos preguntas. ¿Quién es realmente Alegría? Y ¿qué significado tiene su figura para el mundo de hoy?
El día que recibió la medalla del trabajo, entre su amigo el hermano Burguillos (que le prestó el traje de su cuñado para el evento) y el autor de este blog.
I. ¿Quién era Díez-Alegría?
1. Todos los amigos de Alegría coincidimos en que tratar con él era además de un placer relacionarse con una rara avis en los tiempos que vivimos. Frente a los clichés preestablecidos de intelectual petulante, “cura comunista” y enfant terrible, el padre Díez-Alegría es un hombre sencillo, que como buen profesor matiza con exquisitez académica y al que además ni los más finos inquisidores han conseguido hallarle ni la más mínima herejía o heterodoxia en sus escritos. Pero sobre todo que es un hombre de fe, que se ha identificado con los pobres y marginados del Evangelio de Jesús. Un creyente que yo diría paradigmático, catalizador de una forma de entender la fe en nuestro tiempo. Es incluso un hombre piadoso, devoto de María de Nazaret, a la que sigue rezando el rosario diariamente. Y sobre todo es un hombre de esperanza.
2. Humanamente hablando era un hombre cercano, excelente conversador, amigo de sus amigos y que nunca ha perdido el sentido del humor. Hoy más que nunca nos conviene no olvidar que el humor es una forma de amor, un sonreír entre lágrimas que permitió a Cervantes encumbrar un loco y a Charles Chaplin convertir en héroe a un vagabundo marginal.
3. Es un hombre de Iglesia, a la que quiere en su sentido más original de koinonía, comunidad que pretende seguir a Jesus, pero no infantilmente, sino como hijo adulto y crítico, purificándola de la ganga que arrastra por los siglos. Una Iglesia “semper reformandam”, una Iglesia madre y santa pero también “casta meretrix”, como la llamaban los antiguos, que necesita hijos rompedores y críticos como José María.
4. Es un profesor y un pedagogo, dimensión que han mantenido siempre, no sólo cuando enseñaba Ética y Ciencias Sociales, sino cuando escribe sus libros o incluso artículos en los periódicos. Ha sabido expresar claramente su pensamiento sin pelos en la lengua y sin miedo, pero al mismo tiempo con tolerancia, respetando el pluralismo y el modo de pensar de los demás, con rigor de pensamiento y coherencia absoluta entre lo que ha dicho y lo que ha puesto en práctica toda su vida.
5 Alegría era un gran jesuita. Quiero subrayar esto porque es verdad. Él está jurídicamente fuera de la Compañía de Jesús, como sabéis, pero ha seguido viviendo como tal. Con un concepto dinámico de su pertenencia, donde los hombres y el amor hacia ellos es algo más importante que la institución. Paradójicamente, el P.Arrupe, antagonista en un periodo muy a pesar de ambos, también ponía a la persona por encima de lo institucional. De aquí que me haya resultado apasionante seguir el obligado enfrentamiento entre ellos –como biógrafo de los dos-, cuando en el fondo estaban mucho más cerca de lo que parece.
6. Y por último Alegría fue un hombre que se adelantó a su tiempo. Por eso Alegría nunca ha dejado de ser joven, porque ha perforado siempre los acontecimientos hasta tocar lo más nuclear de la vida, aunque esto le costara aparecer como inconformista y revolucionario. Esa valentía le permitió convertirse en uno de esos hombres “bisagra” que contribuyeron a que las puertas de este país y más en concreto los creyentes se abrieran a la transición democrática. De mano del gran P. Llanos, del que el año pasado celebrabamos sus cincuenta años de su desembarco en el Pozo del Tío Raimundo.
Por todo ello escribir su biografia ha sido una gran experiencia, pues nadie puede negar que José María Díez-Alegría ha sido al mismo tiempo valiente y sencillo, creyente y crítico, rebelde y fiel, cordial y contundente, afable y molesto, demoledor y constructivo, anti-institucional y eclesial, poeta e intelectual, humorista y comprometido, no marxista y anti-anti-marxista, obediente y desobediente, intelectual y asequible, erudito y popular, maduro y enfant terrible, jesuita y jesuita (aunque sin papeles), y sobre todo y en una palabra, un hombre bueno
II. ¿Qué significado tiene la vida de Díez-Alegría en el momento que estamos viviendo en el mundo y en nuestro paìs?
1. En tiempos tumultuosos de crisis de valores y con la libertad muy diezmada por los condicionamientos económicos, mediáticos y sociopolíticos es defender que la libertad es un derecho de la persona que nos hace superar las ataduras de la economía de mercado, el consumo, la publicidad, el pensamiento único e incluso la propia religión.
2. En tiempos de enfrentamientos políticos partidistas, donde parece que lo único importante es el provecho de tal o cual partido, más que la justicia social; cuando ponemos nuestro bienestar por encima de la justicia, el hambre de los pobres, y nuestra sociedad del confort frente a los inmigrantes de las pateras, el éxito del mercado y las audiencia más que el respeto a la verdad y la honradez, necesitamos un baño de coherencia. Y eso es Alegría, coherencia con el mensaje troncal del Evangelio.
3. Cuando la guerra y la violencia deterioran la convivencia internacional en la medida en que todos sabemos, el pensamiento ético antiviolento de Díez-Alegría sigue siendo una bocanada de aire fresco.
4. Cuando nuestra Iglesia vive un poco a la defensiva y como refugiada en los castillos de la ortodoxia hacen falta hombres de frontera y diálogo que den credibilidad al cristianismo en esa tierra común y difícil donde agnósticos e increyentes encuentren al menos una mínima zona de diálogo.
5. Y (como se ha dicho), en un momento en que algunos parecen querer hacer resucitar las dos Españas, identificando de nuevo la fe y el compromiso social con la derecha o con la izquierda, vale la pena dar vueltas a la moviola para intentar regresar a los intentos de reconciliación y superación del clericalismo y el anticlericalismo de la transición, porque nadie tiene la exclusiva del Evangelio, el Espíritu sopla donde quiere y la Iglesia debe ser al mismo tiempo crítica, libre y alejada de todas las formas de poder.
6. Y sobre todo necesitamos ese optimismo, el talante de humor y el distanciamiento que Díez-Alegría aportó en tiempos de radicales enfrentamientos.
Quizás por eso uno de los textos bíblicos preferidos de José María es el que nos narra el momento en que Elías sube a la montaña en que Dios se había manifestado a Moisés. Allí se va a hacer presente el Dios de Abraham. Vino un huracán violento, pero no estaba Dios en el viento. Después vino un terremoto, pero Dios no estaba en el terremoto. Después un fuego, pero no estaba Dios en el fuego. Después del fuego se oyó una brisa tenue. Allí estaba Dios.
Yo veo a Alegría como una brisa tenue entre tanto huracán, fuego ira, dogmatismo y terremoto. Ni siquiera quiso ser enterrado, sino que dio su cuerpo a la Facultad de Medicina. Como si quisiera decirnos con ese gesto que ahora goza de la libertad y alegría infinitas sobre las que tanto predicó. Gracías por ser, José María. Ruega por nosotros a Dios, buen amigo.
Pedro Miguel Lamet
Publicado en Junio 25th, 2010.


“Yo siento que lo más supremo de lo humano es el verdadero amor”
“El cristianismo histórico es lo contrario de lo que fue Jesús.”
“Reafirmo que mi fe en la resurrección se refiere con toda rotundidad y con íntimo gozo a Jesús. Se refiere también con fuerza a los pobres y marginados injustamente oprimidos.”
J.M. Díez-Alegría


28.06.10 @ 12:30:00. Archivado en Sobre el autor, Europa, Universidades, Amistad Europea Universitaria, Hispanobelgas, España, Sociogenética, Ética, Religiones, Ecumenismo, Bélgica

sábado, septiembre 05, 2009

Javier y Masiá, el mismo deseo por trascender fronteras 2/2

Javier y Masiá, el mismo deseo por trascender fronteras 2/2

Uno de los aspectos más preocupantes de las crisis globales que padecemos, es que al sumarse unas a otras como ríos caudalosos al borde de un precipicio común, han producido una gigantesca catarata de desconfianza mundial, cuya violencia es imposible de contener mediante la afanosa construcción de una presa autoritaria común. Por mucho material que se acumule bajo el ímpetu de la catarata, sus aguas lo dispersarán, acrecentando con su peso añadido el peligro de la inercia propia de la catarata.

La única manera de contener el ímpetu de esta catarata es el subir ríos arriba hasta las fuentes primitivas de los afluentes enloquecidos que constituyen el sistema arterial de la misma catarata.

Nuestros antepasados descubrieron, al afrontar situaciones parecidas a la que sufrimos nosotros, con nuestra catarata mundial de desconfiaza generalizada, que las fuentes primitivas de cada uno de los riachuelos y ríos que engendran los temibles afluentes que componen las incontenibles cataratas de la desconfianza, son las libertades de todos y de cada uno de los seres humanos aún no reunidos en una sociedad concertada.

Su remedio para el mal descubierto consistió en inventar una asociación social donde existiera un equilibrio estable entre el bien universal de todos sus componentes y el bien particular de cada uno de ellos.

Con el paso del tiempo los garantes de este equilibrio serían llamados universitarios, y la comunidad ejemplar que ellos mismos formarían, llamada a su vez Universidad, se regiría por dos principios fundamentales, a saber: en el polo de lo privado, el respeto de la libertad individual de cada uno, garantizado por el reconocimiento de la soberanía de su conciencia; y, en el polo universal, el encauzamiento hacia el bien común de todos y de cada uno de sus componentes libres, mediante el principio de la libertad académica. Este principio hace posible la cooperación espontánea y plena de las libertades individuales, garantizando a todos y a cada uno de los universitarios que el ejercicio de su propia libertad no será obstaculizado por el freno de ninguna autoridad impositiva, cualquiera que ella sea.

La tradición de estas reglas de funcionamiento ha llegado hasta nosotros articulada en los principios y valores claves de la cultura académica, principios y valores ampliamente recogidos en diversos documentos internacionales; en particular, todo lo relativo a la autonomía, responsabilidad social y libertad académica de las instituciones universitarias, tal como ha sido condensado por la Asociación Internacional de Universidades. Asimismo, estos principios y valores inspiran la Carta Magna de las Universidades Europeas, suscrita en Bolonia el año 1988.

En la Carta Magna de las Universidades Europeas, suscrita en Bolonia, se afirman los siguientes Principios fundamentales

1. La Universidad, en el seno de sociedades organizadas de forma diversa debido a las diferentes condiciones geográficas e históricas, es una institución autónoma que, de manera crítica, produce y transmite la cultura por medio de la investigación y la enseñanza.

Para abrirse a las necesidades del mundo contemporáneo, debe lograr, en su esfuerzo de investigación y enseñanza, una independencia moral y científica de todo poder político y económico.

2. En las Universidades, la actividad docente es indisociable de la actividad investigadora, a fin de que la enseñanza siga tanto la evolución de las necesidades como las exigencias de la sociedad y de los conocimientos científicos.

3. La libertad de investigación, de enseñanza y de formación son el principio fundamental de la vida de las Universidades; los poderes públicos y las Universidades, cada uno en su esfera de competencias, deben garantizar y promover el respeto a esta exigencia fundamental.

El rechazo de la intolerancia y el diálogo permanente hacen de la Universidad un lugar de encuentro privilegiado entre profesores, que tienen la capacidad de transmitir el saber y los medios de desarrollarlo mediante la investigación y la innovación, y estudiantes que tienen el derecho, la voluntad y la capacidad de enriquecerse con ello.

4. Depositaria de la tradición del humanismo europeo, pero con la constante preocupación de atender al saber universal, la Universidad, para asumir su misión, ignora toda frontera geográfica o política y afirma la necesidad imperiosa del conocimiento recíproco y de la interacción de las culturas.

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Un poco menos joven que Juan Masiá, no coincidí con él en la Facultad filosófica complutense S.J. (hoy integrada en la Universidad Comillas), que nos formó a ambos y a ambos nos orientó hacia la investigación y la enseñanza de la Ética, con un enrraizamiento muy fuerte tanto en la Metafísica y en la Antropología filosófica como en las disciplinas lingüísticas auxiliares. Ambos nos beneficiamos de las enseñanzas de una pléyade de grandes maestros, cuyo signo distintivo era el diálogo tanto con la gran tradición filosófica como con las corrientes más prometedoras de la filosofía y de la ciencia contemporáneas. Entre estas últimas destacaba la atención a la Semántica y a la Hermenéutica, materias que me valdrían una invitación como profesor en enero de 1973, siéndolo ya en Lovaina, para codirigir un Seminario en la Universidad Comillas con nuestro maestro complutense José Gómez Caffarena. Fue la circunstancia en que tuve el placer de conocer a Juan Masiá, que aquél mismo año sería ordenado sacerdote en Tokyo. Desde entonces he admirado la calidad y la cantidad de su trabajo universitario así como su excepcional itinerario fronterizo, que en más de una ocasión me ha hecho pensar en el de San Francisco Javier, figura emblemática del misionero universitario.

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Curriculum abreviado de Juan Masiá Clavel

1941 Nacido en Murcia, España

1958 Ingreso en la Compañía de Jesús

1965 Licenciatura en Filosofía

1966 Enviado a Japón

1970-1988: Profesor de Antropología filosófica en la Facultad de Letras de la Universidad Sophia (Tokyo)

1973 Ordenación sacerdotal en la Catedral de Tokyo

1975 Doctor en Filosofía por la Universidad de Comillas con una tesis sobre Unamuno.

1975 Profesor invitado de la Facultad de Letras de la Universidad de Osaka para cursos de doctorado en el Instituto de Japonología durante el semestre de otoño.

1978 Profesor de Propedéutica filosófica de la Moral Fundamental y de Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad Sophia (Tokyo).

1980-1987 Profesor de Bioética en el Instituto de Ciencias de la Vida y en la Facultad de Teología de la misma Universidad.

Director del Departamento de Bioética en el Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Sophia, de 1983 a 1988

Asesor teológico de la Asociación de Médicos Católicos de Japón, de 1983 a 1988

Profesor invitado en la Universidad de Sta.Catalina (en Hojo, Shikoku, Japón) para el curso intensivo del semestre de verano, sobre Bioética y Cultura, desde 1986

1988: Enviado desde la Universidad Sophia para colaborar con la Universidad Pontificia Comillas (Madrid), como Profesor invitado. Dirige un seminario sobre la hermenéutica de P. Ricoeur en la Facultad de Filosofía y otro sobre la Culpabilidad en la Facultad de Teología.

1990: Profesor colaborador de Filosofía e invitado de Teología en la Universidad Comillas. Desde este año, encargado de la Antropología filosófica (sucediendo a A.Tornos)

1991: Profesor propio ordinario en la Facultad de Filosofía, U.P.Comillas. Docencia de Antropología filosófica y Cursos de Filosofía contemporánea en segundo y tercer ciclo. Dirección de dos tesis doctorales sobre la filosofía hermenéutica de P.Ricoeur. Dirección de seminarios para doctorandos sobre P.Ricoeur y M. de Unamuno

1998 Retorno a la Universidad Sophia como Profesor de Bioética en la Facultad de Teología y Director de la Cátedra de Bioética del Instituto de Ciencias de la Vida de la misma Universidad.

1998-2002 Asesor del Grupo de Estudio sobre Ética de la Vida de la Conferencia episcopal japonesa.

2004 Enviado a la Universidad de Comillas como Director de la Cátedra de Bioética y Profesor de Antropología filosófica en la Facultad de Filosofía.

2007 Profesor invitado de Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad Sophia.

A partir del 2008, profesor invitado de Bioética en la Universidad Sto. Tomás de Osaka y en la Universidad Sta. Catalina, de Matsuyama.

MI ITINERARIO FRONTERIZO
por Juan Masiá

Construir puentes para la promoción de la vida, la justicia y la paz ha sido un tema central a lo largo de mi trayectoria vital, en el campo académico y en el de la evangelización. Lo ilustraré con la anécdota de un simposio sobre el valor de la vida y dignidad humanas, en Tokyo, hace seis años. El profesor que moderaba el diálogo había buscado en internet el curriculum de los participantes; el mío le desconcertó, porque le extrañaba encontrar en mi bibliografía escritos sobre temas que le parecían muy diversos. “Perdone, dijo, que le pregunte por qué ha cambiado tanto el foco de sus estudios a lo largo de su vida académica. En los años 70 presentaba usted la obra de Unamuno y la de Ricoeur en Japón. En el 83 se le conoce por sus publicaciones de bioética. Pero en el 85 escribe sobre ética y teología de la liberación. Recientemente veo que ha traducido clásicos budistas religiosos. ¿Con qué etiqueta quiere que le presentemos?”

La respuesta, como la de Unamuno, mitad broma y mitad enfado, habría sido: “Sin ninguna etiqueta, por favor, no me clasifiquen”. Tomando en serio la pregunta, los cuatro ejemplos aducidos por el moderador reflejan la preocupación central de mi trayectoria humana, académica y espiritual: vivir en la frontera, que es el título elegido pasra mi blog en Religión Digital.

El prefijo “Inter-“ sería la clave: Estar entre dos polos, viviendo la tension entre ambos, sin dejar de tender puentes, a pesar de las dificultades.

El prefijo “Inter-“ aparece en los cuatro temas siguientes, a que me he dedicado: La interpretación de textos, el diálogo interdisciplinar, la comunicación intercultural en favor de la justicia y la cooperación interreligiosa.

No es una mera enumeración de términos abstractos, sino algo que brota de la experiencia cotidiana de vivir entre dos culturas muy diferentes, confrontando a diario el problema de los malentendidos. Se vive la experiencia de tener que traducir, interpretar y deshacer equívocos, construyendo puentes de entendimiento y comprensión. Justamente porque abundan las malas interpretaciones, se percibe la urgencia de interpretar, poniendo en práctica el arte de leer y dialogar. De esto se ocupa la filosofía hermenéutica, al establecer diálogos entre textos y lecturas. Ahí está también la clave para los otros tres campos de dedicación mencionados: la bioética, la ética de la liberación y los encuentros interreligiosos.

Mis escritos en estos cuatro campos están muy relacionados entre sí. Todos tienen que ver con la tarea de construir puentes para promover tanto la vida como la paz. La hermenéutica construye puentes entre los respectivos contextos de autoría y de lectura. La bioética usa la metodología interdisciplinar para establecer puentes entre ciencias de la vida y valores vitales y humanos. A la ética de la liberación le preocupa la construcción del puente que globalice la justicia y salve el hiato entre la opresión y sus víctimas. En los encuentros interreligiosos buscamos superar todo exclusivismo o fanatismo fundamentalista para cooperar juntas las religiones en una misión común de pacificación interior y paz mundial justa, a partir de la esperanza y el sentido recibido desde un misterio último que ninguna de ellas monopoliza.

Se comprende así por qué elegí para mi última lección en la Universidad Pontificia Comillas, con motivo de mi jubilación, el texto titulado “Caminar, tender puentes y vivir en la frontera”, que reproduzco a continuación.

Elegí en aquella ocasión, para despedirme, tres textos bíblicos: 1. Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan (Lc 24, 35). 2. Según el Camino, que ellos llaman secta, doy culto al Dios de mis padres (Hechos 24, 14). 3. Y he aquí que yo estoy con vosotros/as todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).

El primer texto está tomado del camino de Emaús. Invita a encontrar a Jesús en el camino, en el pan y en la palabra; es decir, en la vida cotidiana, el compartir fraternal y el repartir justo, así como en la comunicación alegre y esperanzadora de su Buena Noticia.

En el segundo texto, Pablo opta por el Camino y rechaza las estrecheces del grupo exclusivista (“secta”) y de la institución inmovilista (“ellos”).

En el tercer texto convergen los diversos lenguajes sobre la presencia del Crucificado, Vivo para siempre. A la pregunta “¿Dónde está?” se responde de cinco maneras: A) Está arriba: es el lenguaje de la Ascensión en clave apocalíptica de victoria. (Lc 24, 51) B) Está a la derecha del Dios Padre/Madre: es el lenguaje escatológico de recapitulación definitiva. (cfr. Heb 10, 12-13). C) Está delante: es el lenguaje de la praxis y la cotidianidad. (Mc 16, 15). D) Está en todo: es el lenguaje místico-cósmico. (Ef 4, 10; Jn 20, 17). E) Está al lado: es el lenguaje de la comunidad en misión ad extra para tender puentes y vivir en la frontera. En este lenguaje se concentran los otros cuatro, es paradigma para pensar la iglesia, la comunidad y la misión. (Mt 28, 20).

La comunidad que camina, practicando el mensaje de Emaús, confronta tres tentaciones: A) Reducirse a ser una institución y vivir para mantener la institución. B) Convertirse, en el extremo opuesto, en secta, rechazando lo de fuera con exclusivismo e idolatrando a fundadores con culto a la personalidad. C) Mantener un equilibrio diplomático entre ambos extremos, sacrificando la honradez en aras del logro de cotas de poder, mediante el recurso a dobles estándares o dobles vidas, callar lo que se piensa y silenciar a quien se atreva a destapar el fraude.

Estas tentaciones se superan mediante la “cuarta vía”, mostrada en el citado texto de los Hechos: el Camino, la conversión, cambio y reforma continuos, la renuncia a instalarse en instituciones o encerrarse en sectas y el ánimo para conjugar mística y política, reconciliación y profecía.

Ignacio de Loyola lo captó bien. Quienes hemos heredado su pedagogía espiritual a través de los Ejercicios espirituales sentimos la vocación para vivir caminando, tendiendo puentes y haciendo equilibrios en la frontera. A veces habrá que hacer malabarismos de cuerda floja para estar en la frontera: entre la investigación y la divulgación, entre la investigación y la educación, entre estar presente en los medios y no dejarse manipular por ellos, entre la pastoral y la labor en tierras de marginación, entre la espiritualidad y la moral, entre Oriente y Occidente, entre Roma y Jerusalén, entre ciencias y creencias, entre la fidelidad y la creatividad, entre la pastoral ad intra, y la misión ad extra, entre sentirse iglesia y disentir “en” (no “de”) la iglesia….

Para vivir con optimismo y alegría bailando en esa cuerda floja nos anima la esperanza, “segura y sólida ancla del alma” (Heb. 6, 19 ; texto elegido, en 1973, para mi primera misa).

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Fuente japonesa: Vivir en la frontera

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jueves, junio 25, 2009

Anna et Vicente Ferrer, un pacte d’Amour

Anna et Vicente Ferrer, un pacte d’Amour


L’Amour entre Anna et Vicente est un des exemples les plus éloquents de la fertilité universelle de l’anthropologie conjugale.

La complémentarité essentielle de cette anthropologie, source irremplaçable de la sociabilité et de la créativité humaines, la rend indispensable dans les causes humanitaires, dépassant tout type de frontières.

En Inde, elle a eu le pouvoir de dépasser les frontières des castes, des religions, de la discrimination sexuelle, de la pauvreté, de la maladie, du handicap, de la solitude, de l’ignorance, etc.

Le moment du passage de Vicente, pendant qu’Anna pleure discrètement la mort de son mari tout en consolant avec sa force de caractère ceux qui pleurent pour la même raison qu’elle, est l’occasion de rendre hommage à l’Amour conjugal de cet homme et de cette femme qui, en couple amoureux, ont su faire autant de bien dans un des lieux les plus oubliés de la Terre.

Ana et ses enfants se consoleront en lisant ces mots, écrits par un des compagons jésuites de leur mari et père qui les admire comme couple, ces mots que si souvent Vicente a répétés à Anna : « Anna, sans toi il aurait été impossible d’entreprendre et de réussir ce que nous avons fait. Merci pour notre pacte d’amour, qui nous a donné ensemble une force supérieure à celle de chacun de nous si nous ne nous étions pas rencontrés et unis pour la vie ».

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Imagen: Anna Ferrer publica
Un pacto de amor.
Mi vida junto a Vicente Ferrer

La directora de Programas de la Fundación Vicente Ferrer en la India y esposa del fundador de esta ONG relata su vida en Anantapur. Un libro inédito que constituye el testimonio de 40 años de compromiso con las comunidades más discriminadas de la región y con Vicente Ferrer, uno de los personajes más relevantes de nuestro siglo.

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martes, junio 23, 2009

Anna y Vicente Ferrer, un pacto de Amor

Anna y Vicente Ferrer, un pacto de Amor


El Amor de Anna y Vicente es uno de los ejemplos más elocuentes de la fertilidad universal de la antropología conyugal.

Su esencial complementariedad, fuente insustituible de la sociabilidad y de la creatividad humanas, la hace irreemplazable en las causas humanitarias, superando todo tipo de fronteras.

En la India ha tenido el poder de superar las fronteras de las castas, de las religiones, de la discriminación sexual, de la pobreza, de la enfermedad, de la minusvalidez, de la soledad, de la ignorancia, etc.

El momento del tránsito de Vicente, cuando Anna llora discretamente la muerte de su marido, consolando al mismo tiempo con entereza a quienes lloran por la misma causa que ella, es la ocasión de rendir homenaje al Amor Conyugal de este hombre y de esta mujer que tanto bien han sabido hacer como pareja enamorada en uno de los lugares más olvidados de la Tierra.

Anna y sus hijos tendrán el consuelo de leer, escrito por uno de los compañeros jesuitas de su marido y padre, que los admira como pareja, lo que tantas veces le repitió Vicente en vida: "Anna, sin ti hubiera sido imposible el emprender y lograr lo que hemos hecho. Gracias por nuestro pacto de amor, que nos ha dado una fuerza juntos superior a la de cada uno de nosotros si no nos hubiéramos encontrado y vinculado de por vida".

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Imagen: Anna Ferrer publica
Un pacto de amor.
Mi vida junto a Vicente Ferrer

La directora de Programas de la Fundación Vicente Ferrer en la India y esposa del fundador de esta ONG relata su vida en Anantapur. Un libro inédito que constituye el testimonio de 40 años de compromiso con las comunidades más discriminadas de la región y con Vicente Ferrer, uno de los personajes más relevantes de nuestro siglo.

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sábado, abril 25, 2009

Confidencias de un bloguero

Confidencias de un bloguero

Colegas y Amigos de las tres redes sociales en las que ingresé recientemente, me piden que repita para ellos la confesión general sobre mi ingreso, experiencia y perseverancia en el mundo bloguero, confesión que publiqué al terminar el año Cervantino que los hispanohablantes celebramos en 2005, con ocasión del cuarto centenario de la publicación de "El Quijote".

Comprendiendo que, en la perspectiva de la Sociogenética lovaniense de mi colega y entrañable amigo Albert d'Haenens, esta confesión puede ser interesante para más de un profesor universitario, que todavía se pregunta si debe o no debe adoptar este nuevo tipo de escritura, eminentemente interactiva y multimediática, me limito a reproducir tal cual el mismo documento que puse en la red hace ya más de cuatro años.

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Durante todo el año 2005, consagrado a celebrar El Quijote, he alimentado en España un blog, cuyo primer objetivo ha sido el hacer ver a mis compañeros blogueros la actualidad de esta obra, cuya originalidad más destacada es la interactividad.

Yo escribía hace unos días en este blog, con ocasión de la visita simbólica de don Quijote al ‘Nacimiento’ de Europa, en la plaza mayor de Bruselas:

«En cierta manera don Quijote nos preparó la entrada en la Europa solidaria actual, no poniendo una pica en Flandes, sino saludando amistosamente con mano franca y abierta, a la manera del entrañable Cervantes.

Esto es muy importante tanto para mí, como gran amigo de Cervantes, autor del Quijote, como para todos vosotros, a quienes he intentado explicar, durante todo este año quijotesco 2005, que la suprema genialidad de Cervantes, en cuanto creador del Quijote, es el habernos invitado a todos a ser autores de nuestra propia escritura, participando creativamente en la suya, a título de ensayo de la nuestra propia de cada uno.

Si yo he participado quijotescamente en esta aventura de bloguero, y pienso seguir participando, es porque la considero como una de las mejores posibilidades que el ser humano haya tenido en la historia de escribir leyendo y de leer escribiendo la aventura de su propia vida, inseparable de la aventura arriesgada y diaria del vivir de todos sus hermanos humanos.» http://www.quediario.com/blogs/705/

En mi blog belga “El Quijote de Bruselas” me cabe el honor de recordar a mis compatriotas hispano-belgas que en 1607 se hizo en Bruselas la mejor edición del Quijote recién nacido, incluso mejor que la princeps, pues esta primera edición, que tuvo lugar en Madrid en 1605, estaba lejos de ser perfecta. Así que el año que viene podríamos celebrar aquí, en Bruselas, donde yo vivo, capital ahora de la Unión Europea y entonces de los Países Bajos, nuestro propio cuarto centenario de este trabajo crítico, como el año pasado celebramos en todos los países de lengua española un justo centenario popular. Entonces, a comienzos del segundo siglo de oro de la literatura española, como ahora, al comienzo de la literatura global bloguera, el Quijote fue y es una obra cuyo vitalismo interactivo revoluciona la literatura, transformándola en lugar privilegiado de la libertad de conciencia y de expresión.

Mi gran entusiasmo por Cervantes lo he heredado de mi padre, que me enseñó a escribir saboreando ‘El Quijote’, al tiempo que me hacía ver la justeza, la belleza y la admirable generosidad de la escritura cervantina. El secreto de su eficacia, tanto en la forma como en el fondo, es el respeto tan profundo y la compasión tan sincera de Cervantes por todo ser humano y muy en particular por los débiles, entre los cuales él privilegió a las mujeres, a cuya liberación contribuyó como nadie en su época.

Probablemente por esta razón, la lectura del Quijote, repetida múltiples veces, me ha incitado a escribir durante toda mi vida, levantando los ojos hacia los seres humanos que conviven conmigo y muy en particular hacia las mujeres, cuya liberación ha sido una de las mayores preocupaciones de mi labor intelectual. Fruto de esta escritura son los miles de páginas que me he decidido a reunir, como eco fiel del generoso humanismo cervantino, en un Taller cervantino del “Quijote”, que contiene mi lectura crítica de los textos originales de 1605 y 1615, acompañada de un Diccionario enciclopédico que justifica punto por punto esta lectura.

Atraído por los valores antropológicos de la mujer y disconforme con el machismo, me hubiera gustado comenzar mi carrera científica defendiendo una tesis de filosofía sobre 'Antropología conyugal'. Sin embargo, no queriendo aceptar las limitaciones ideológicas que se me imponían en la facultad lovaniense de la época, poco dispuesta en los años sesenta a escuchar los argumentos del feminismo, de la psicosomática y de la fenomenología modernas, orienté mi investigación hacia la metodología y la historia de la Ética, haciendo mi tesis doctoral en Filosofía sobre la 'Contribución de la semántica lingüística al quehacer filosófico' y limitando las aplicaciones a textos latinos del siglo XIII. Con mi tesis parisina de Lingüística, tanto estructural como transformacional, profundicé en el mismo tema, haciendo ver que la semántica lingüística, al igual que la ética, era metodológicamente inseparable de la sintaxis y de la pragmática.

Incansable militante por los derechos humanos, fui profesor de Ética, con veinticuatro años, en un centro superior de filosofía. La imposibilidad de adaptarme al sistema sociopolítico de la época, me hizo salir de España, tras un año de enseñanza.

Europeísta convencido, animo desde 1961-62 la “Amistad europea universitaria para la amistad mundial”: http://users.skynet.be/AEU/ Este movimiento nació en el “Foyer des nations” (‘Hogar de las naciones’) de la universidad de Lovaina como una vacuna para protegernos de la xenofobia, que en aquél entonces era muy fuerte en Bélgica, debido a la mala coexistencia entre valones y flamencos, al fin desastroso de la colonización Belgo-congolesa y al recuerdo, por entonces todavía muy vivo, de la segunda guerra mundial. También sirvió para prepararnos a trabajar fraternalmente en misiones internacionales, superando los chovinismos de nuestras diferentes nacionalidades. Este movimiento ha tenido el mérito de no haberse transformado nunca en una organización burocrática. Forma parte de él cualquier persona que vive su condición de universitario como un compromiso deontológico activo de su profesión con los valores universales de la humanidad.

Mis grandes ilusiones son la paz, la justicia, la familia, la educación, el bienestar compartido, la investigación científica, etc. Mi ilusión por la investigación científica brotó en mí cuando a los doce años contraje la pasión por la electrónica y tuve la suerte de disfrutar de una excelente enseñanza por correspondencia, en la cual se hermanaban la teoría con la práctica, de manera que no sólo podía comprender los montajes que hacía, sino que podía mejorarlos con mis conocimientos teóricos. Cuando unos años después se me confió un curso de complementos científicos para futuros estudiantes de filosofía, no dudé en darles como materia la electrónica, obteniendo que cada uno de ellos realizara su propia radio y se entusiasmara por la investigación en su doble faceta teórica y práctica.

Considero la escritura como el mejor medio de alimentar y de compartir mis ilusiones; creo que con ella contribuyo a la creación que da sentido a mi propia vida y a la vida de mis semejantes.

Si me intereso por la informatización de los diccionarios enciclopédicos, es porque creo que este tipo de herramientas hermanará todos nuestros saberes lingüísticos, al servicio de la comunicación y de la escritura. Mediante ellos nos será posible introducirnos en cualquier diálogo, beneficiando de todas las informaciones necesarias para hablar con pertinencia. En cierta manera este tipo de diccionarios será la ayuda más completa para mantener vivo nuestro humanismo, recordándonos lo que ya sabíamos por nuestra formación humanista y enseñándonos lo que todavía no sabemos.

Llevo treinta y cinco años casado y sigo enamorado de la misma mujer, lo cual no impide que disfrute de excelentes amistades femeninas, que me ayudan a ver el lado menos agresivo y más amable de la compleja y dura sociedad machista en que todavía vivimos. Tengo una hija investigadora en ingeniería mecánica y electrónica y un hijo historiador, especialista en historia del cine.

Me siento estrechamente ligado, además de a mi pequeña familia hispano-belga y a mi mucho más numerosa familia española, a mi gran familia jesuítica, cuya hermandad, generosidad y coraje sigo experimentando y disfrutando. Mi propia salud, sometida a ruda prueba por las complicadas circunstancias de la historia española que me tocó vivir como joven profesor de Ética, me hizo comprender, hace ahora más de cuarenta y cuatro años, que mi vida y mi combate en favor de los derechos de la mujer y de una antropología conyugal debían discurrir “extra muros” de las casas de la Compañía y fuera de España. Mi deseo era intentar realizarlas en el seno de una familia de naturaleza conyugal y parental, compartiéndolas con una mujer dispuesta a hacerme beneficiar de sus valores femeninos, sin que mi condición de “ex” pesara demasiado contra mi proyecto, lo cual era prácticamente imposible por aquél entonces en España.

No todo resultó como lo había previsto, porque si bien es verdad que encontré la mujer con la que he podido compartir mi proyecto vital, debo confesar que mi condición de “ex” ha pesado mucho, tanto sobre el trabajo universitario que se me ha confiado en la universidad católica como sobre el que no se me ha confiado. En efecto, a pesar de mis dos brillantes doctorados, que me preparaban tanto para la Semántica como para la Ética, debí renunciar a la enseñaza oficial de la Ética, reservada preferentemente, en aquél entonces, a profesores eclesiásticos, para ocuparme, durante treinta y ocho años, a título principal y en solitario, de la enseñanza intensiva del español para todos los públicos y, a título subsidiario, de la semántica para los lingüistas.

Entre tanto he tenido que deplorar la grave ausencia persistente de una antropología conyugal seria en la producción de mis colegas filósofos. La prueba de esta carencia filosófica es fácil de hacer hoy en día con la ayuda de Internet : si se lanza una búsqueda con las palabras ‘antropología conyugal’, el único título que se encuentra es: Reflexión sobre los datos sexológicos de la psicosomática y de la fenomenología modernas, ensayo de antropología conyugal, Salvador García-Bardon, Université Catholique de Louvain, Institut Superieur de Philosophie, 1963, Ciclostilato, 352 f.; 26,5 cm. Es bastante sintomático de la perfecta lealtad de mis hermanos jesuitas para conmigo, el que esta información aparezca en el fichero público de la biblioteca de su Pontificia Università Gregoriana de Roma. Estoy seguro de que con ellos no hubiera tenido que renunciar a mi proyecto de 'Antropología conyugal' de 1963, que me vi obligado a reemplazar, para obtener mi doctorado en filosofía, por una tesis histórica sobre el lenguaje de la Ética del siglo XIII, bajo el título: Contribution de la linguistique scientifique à la démarche philosophique.

Hoy me consuela el constatar que la Congregación para la doctrina de la fe considera que los datos fundamentales de la antropología bíblica son conyugales. Es decir, que los teólogos han logrado ver y hacer lo que los filósofos de las escuelas católicas de estricta observancia no han logrado ni hacer ni ver.

He aquí la prueba, que transcribo literalmente, sintiéndola como si fuera mía, de un documento publicado el año pasado por el Papa actual, bajo el título: “Sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y el mundo”:

«II. LOS DATOS FUNDAMENTALES DE LA ANTROPOLOGÍA BÍBLICA

5. Una primera serie de textos bíblicos a examinar está constituida por los primeros tres capítulos del Génesis. Ellos nos colocan «en el contexto de aquel ‘‘principio'' bíblico según el cual la verdad revelada sobre el hombre como ‘‘imagen y semejanza de Dios'' constituye la base inmutable de toda la antropología cristiana».(4)

En el primer texto (Gn 1,1-2,4), se describe la potencia creadora de la Palabra de Dios, que obra realizando distinciones en el caos primigenio. Aparecen así la luz y las tinieblas, el mar y la tierra firme, el día y la noche, las hierbas y los árboles, los peces y los pájaros, todos «según su especie». Surge un mundo ordenado a partir de diferencias, que, por otro lado, son otras tantas promesas de relaciones. He aquí, pues, bosquejado el cuadro general en el que se coloca la creación de la humanidad. «Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra... Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó» (Gn 1,26-27). La humanidad es descrita aquí como articulada, desde su primer origen, en la relación de lo masculino con lo femenino. Es esta humanidad sexuada la que se declara explícitamente «imagen de Dios».

6. La segunda narración de la creación (Gn 2,4-25) confirma de modo inequívoco la importancia de la diferencia sexual. Una vez plasmado por Dios y situado en el jardín del que recibe la gestión, aquel que es designado —todavía de manera genérica— como Adán experimenta una soledad, que la presencia de los animales no logra llenar. Necesita una ayuda que le sea adecuada. El término designa aquí no un papel de subalterno sino una ayuda vital. (5) El objetivo es, en efecto, permitir que la vida de Adán no se convierta en un enfrentarse estéril, y al cabo mortal, solamente consigo mismo. Es necesario que entre en relación con otro ser que se halle a su nivel. Solamente la mujer, creada de su misma «carne» y envuelta por su mismo misterio, ofrece a la vida del hombre un porvenir. Esto se verifica a nivel ontológico, en el sentido de que la creación de la mujer por parte de Dios caracteriza a la humanidad como realidad relacional. En este encuentro emerge también la palabra que por primera vez abre la boca del hombre, en una expresión de maravilla: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2,23).

En referencia a este texto genesíaco, el Santo Padre ha escrito: «La mujer es otro ‘‘yo'' en la humanidad común. Desde el principio aparecen [el hombre y la mujer] como ‘‘unidad de los dos'', y esto significa la superación de la soledad original, en la que el hombre no encontraba ‘‘una ayuda que fuese semejante a él'' (Gn 2,20). ¿Se trata aquí solamente de la ‘‘ayuda'' en orden a la acción, a ‘‘someter la tierra'' (cf Gn 1,28)? Ciertamente se trata de la compañera de la vida con la que el hombre se puede unir, como esposa, llegando a ser con ella ‘‘una sola carne'' y abandonando por esto a ‘‘su padre y a su madre” (cf Gn 2,24)». (6)

La diferencia vital está orientada a la comunión, y es vivida serenamente tal como expresa el tema de la desnudez: «Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro» (Gn 2, 25).

De este modo, el cuerpo humano, marcado por el sello de la masculinidad o la femineidad, «desde ‘‘el principio” tiene un carácter nupcial, lo que quiere decir que es capaz de expresar el amor con que el hombre-persona se hace don, verificando así el profundo sentido del propio ser y del propio existir». (7) Comentando estos versículos del Génesis, el Santo Padre continúa: «En esta peculiaridad suya, el cuerpo es la expresión del espíritu y está llamado, en el misterio mismo de la creación, a existir en la comunión de las personas ‘‘a imagen de Dios”. (8) »

He publicado numerosos trabajos científicos y literarios, por la mayor parte difundidos desde hace muchos años en los medios universitarios en edición electrónica, entre los cuales cabe destacar la reciente edición en PDF y en HTM de “El Quijote para citarlo”. Esta edición electrónica, preparada al abrigo de los ideales humanistas de la AEU, representa una nueva lectura crítica de los textos cervantinos, dotada de un sistema simple, preciso y rápido de referencias textuales. Se trata de la realización concreta de la edición de los Textos originales de 1605 y 1615 del Taller cervantino del “Quijote”, a la cual me he venido refiriendo en mis blogs conmemorativos durante todo el año cervantino 2005. La mayor originalidad de este taller consiste en haber reunido en un Diccionario enciclopédico la justificación precisa de todos los detalles de mi lectura crítica. El PDF lo puede obtener gratuitamente, desde el 29 de diciembre 2005 hasta el 28 de febrero 2006, como regalo de fin del año cervantino 2005, pulsando en la dirección electrónica:

http://users.skynet.be/AEU/QuijoteParaCitarlo.pdf

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(4) Juan Pablo II, Carta Apost. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 6: AAS 80 (1988), 1662; cf S. Ireneo, Adversus haereses, V, 6, 1; V, 16, 2-3: SC 153, 72-81; 216-221; S. Gregorio de Nisa, De hominis opificio, 16: PG 44, 180; In Canticum homilia, 2: PG 44, 805-808; S. Agustín, Enarratio in Psalmum, 4, 8: CCL 38, 17.

(5) La palabra hebrea ezer, traducida como ayuda, indica el auxilio que sólo una persona presta a otra persona. El término no tiene ninguna connotación de inferioridad o instrumentalización. De hecho también Dios es, a veces, llamado ezer respecto al hombre (cf Esd 18,4; Sal 9-10,35).

(6) Juan Pablo II, Carta Apost. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 6: AAS 80 (1988), 1664.

(7) Juan Pablo II, Catequesis El hombre-persona se hace don en la libertad del amor (16 de enero de 1980), 1: Enseñanzas III, 1 (1980), 148.

(8) Juan Pablo II, Catequesis La concupiscencia del cuerpo deforma las relaciones hombre-mujer (26 de julio de 1980), 1: Enseñanzas III, 2 (1980), 288.

http://www.conferenciaepiscopal.es/documentos/otros/HombreMujer.htm

viernes, noviembre 30, 2007

A la memoria de Ladrière, mi maestro belga

A la memoria de Ladrière, mi maestro belga

Permalink 29.11.07 @ 23:59:00. Archivado en Sobre el autor, Amistad Europea Universitaria, Hispanobelgas, Sociogenética, Filosofía

El filósofo belga Jean Ladrière murió el lunes pasado, 26 de noviembre 2007, a los 86 años. Profesor de la UCL, fue uno de los mayores espíritus de la posguerra.

Acabo de enterarme de la muerte de mi maestro, amigo y colega, el profesor Jean Ladrière, por una llamada de Alexandre von Sivers, mi primer camarada “de la Amistad Europea Universitaria”, doctor en derecho, actor, profesor y defensor de los derechos de los artistas, que representa por el momento en Mónaco “el Visitante” de Eric-Emmanuel Schmitt. Si pensó en hacerlo, en mitad de su trabajo, es porque sabe el gran afecto que siempre me unió con el profesor Ladrière, desde mi llegada a Bélgica en agosto de 1961.

Debo, en particular, al profesor Ladrière la dirección y codirección de mis tesis de doctorado, una de la cuales sostuve en Lovaina y la otra en la Sorbona; le debo igualmente el prólogo de mi obra sobre la Sémantique linguistique (“Semántica lingüística”), publicada en 1974 en los Cursos y documentos del Instituto de lingüística del UCL; le debo también un número incalculable de horas de conversaciones personales y seminarios compartidos.

Alexandre, yo mismo y todos nuestros camaradas “de la Amistad Europea Universitaria” le debemos el apoyo que nos prestó cuando lanzamos nuestro movimiento de solidaridad internacional contra la xenofobia en 1961-1962. Compartía con nosotros la convicción universalista que expresábamos con la frase que habíamos elegido como divisa de nuestro programa, tomada de Theilard de Chardin : “el futuro de los hombres depende del valor y de la destreza que empeñarán para superar las fuerzas de aislamiento”. Apreciaba también que nuestro movimiento no quisiera convertirse en una asociación burocrática, sino que se diera por tarea el despertar la conciencia de los universitarios sobre la responsabilidad universal de su vocación y su profesión al servicio de la Amistad Mundial, más allá de un europeismo narcisista, que corría el riesgo de convertirse en otra clase de xenofobia.

Así nació la AEU en el “Foyer des nations” (‘Hogar de las naciones’) de la universidad de Lovaina como una vacuna para protegernos de la xenofobia, que en aquél entonces era muy fuerte en Bélgica, debido a la mala coexistencia entre valones y flamencos, al fin desastroso de la colonización Belgo-congolesa y al recuerdo, por entonces todavía muy vivo, de la segunda guerra mundial.

La AEU sirvió también para prepararnos a trabajar fraternalmente en misiones internacionales, superando los chovinismos de nuestras diferentes nacionalidades. Este movimiento ha tenido el mérito, manteniéndose fiel al consejo del profesor Ladrière, de no haberse transformado nunca en una organización burocrática. Forma parte de él cualquier persona que vive su condición de universitario como un compromiso ético y deontológico activo de su persona y de su profesión con los valores universales de la humanidad.

Mi colega el filósofo Philippe Van Parijs, uno de sus “alumnos”, evoca la carrera del profesor Ladrière.

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Pensador de la esperanza
por Philippe Van Parijs
Profesor en la UCL, Cátedra Hoover de ética económica y social, y en el departamento de filosofía de la Universidad Harvard.

27/11/2007

Ayer 26 de noviembre, el filósofo Jean Ladrière se apagó pacíficamente en la Clínica Saint Pierre de Ottignies. Tenía 86 años. Tanto a nivel intelectual como a nivel humano, fue uno de los universitarios belgas más respetados del siglo pasado.

De origen armenio por su madre, era el hijo del arquitecto que renovó la colegiata de Nivelles, ciudad en la cual creció y a la cual volvió a vivir al llegar a su emeritado.

Después de los desórdenes de la guerra, durante la cual sirve en la Brigada Piron, prosigue en Lovaina los estudios de matemáticas y filosofía. Investigador FNRS, luego profesor en el Instituto superior de filosofía del UCL, consagra sus primeros grandes escritos a los fundamentos de la lógica formal y a la epistemología de las matemáticas. Pero sus publicaciones y sus enseñanzas se desarrollan rápidamente mucho más allá de estos ámbitos. Lovaina descubre por sus cursos a Wittgenstein y Popper, Chomsky y Habermas. Funda un centro de filosofía de las ciencias al cual ningún ámbito del conocimiento es extranjero. Sus míticos seminarios del viernes por la tarde exploran la cibernética y la teoría de las catástrofes, la teoría de la evolución y la teoría de la justicia, la metafísica de Whitehead y el marxismo contemporáneo.

Fe y razón

Bastante más allá de la simple apropiación crítica de una literatura científica y filosófica inmensa, Jean Ladrière es también el autor de una obra personal rica e influyente, que se expresó en una sucesión de obras redactadas con un gran cuidado y una gran elegancia, de las cuales las tres últimas (“La Fe cristiana y el destino de la razón”, “El tiempo de lo posible” y “la Esperanza de la razón”) aparecieron en 2004. En el centro de esta obra figura como tema mayor la relación entre la fe y la razón. “Lo que está en juego”, decía en una entrevista publicada por la revista Lovaina con motivo de su 80 aniversario, “no es una simple confrontación, es una relación justificable, a la vez reflejada y vivida, entre fe y razón. Es la perspectiva de esta relación lo que está, creo, subyacente en la gran mayoría de los textos que escribí, mientras que los otros son solamente intervenciones de circunstancia.”

Profesor y autor, Jean Ladrière fue también un miembro abnegado y eficaz de las numerosas instituciones de las que era uno de los pilares: el Instituto superior de filosofía de la UCL, que presidió mucho tiempo, en particular, durante la época del traslado de la UCL a Lovaina-la-Nueva; la Universidad católica de Lovaina en su conjunto, de la cual fue una de las grandes personalidades emblemáticas; la real Academia de Bélgica, donde fue elegido en 1977; el grupo Espíritu, que contribuyó a animar en los años 50; el CRISP, del cual fue uno de los fundadores; el Instituto internacional de filosofía; la Unión mundial de las sociedades católicas de filosofía; el Movimiento internacional de los intelectuales católicos; y muchos más. Por todas partes, dejará el recuerdo de una presencia modesta y competente, gozando de una autoridad moral e intelectual tan preciosa en el interior como en el exterior de la institución.

Católico comprometido, Jean Ladrière no era de los que consideraban deber imponer su fe a los otros o despreciar a los que no la compartían con él. Ofrecen testimonio de ello los fuertes lazos de amistad y de estima que ha mantenido, por ejemplo, con Chaim Perelman y Leo Apostel, con Jean Van Lierde y Jules Gérard-Libois. Para ellos como para todos los demás que lo conocieron, Jean Ladrière era de aquellos a propósito de los cuales era casi incorrecto hablar de tolerancia y de honestidad intelectual, por ser en él tan evidentes; era también de las personas cuya inmensa cultura no se acompañaba de ninguna necesidad de exhibirla. Poseía la extraordinaria capacidad de maravillarse de una anécdota como de un teorema y de hacer compartir esta admiración incluso por aquéllos que estaban lo menos predispuestos a hacerlo. Poseía también una facultad excepcional de escuchar atentamente a sus interlocutores, respetuosamente, generosamente, a los más modestos como a los más fanfarrones, de reformular más concretamente, a menudo con ilustraciones al apoyo, la parte fundamental de lo que intentaban expresar, a veces muy confusamente.

Ante la muerte

Jean Ladrière no ha tenio hijos, pero sus hijos espirituales, los innumerables candidatos doctores y licenciados a los cuales consagró miles de horas, han poblado las universidades de los cinco continentes, conscientes de lo que deben a sus consejos y a su inspiración. Y a los que hizo un favor de manera más limitada, aceptando dar una conferencia, de escribir un prólogo, de intervenir en un coloquio, de participar en un jurado, de apoyar una acción, son aún mucho más numerosos. Más allá de la muerte a la cual acaba de sucumbir, Jean Ladrière es de los que seguirán viviendo en aquéllos que guió y que sostuvo, que se codearon con él y que lo amaron.

Al final de la entrevista ya citada, expresa su actitud ante la muerte que se acerca: “He recibido este privilegio de vivir más allá de los ochenta años e incluso de poder aún proseguir un determinado trabajo, aunque fuera al ralentí. Podría decir que, desde este punto de vista, tuve una vida realizada. Pero guardo, hasta ahora en cualquier caso, el sentimiento de no haber podido realizar lo que creí deber realizar, y de tener siempre ante mí la perspectiva de una tarea a realizar… Por una parte, volviéndome hacia el pasado,… Veo sobre todo el carácter muy inadecuado, demasiado parcial y demasiado tímido de lo que pude expresar. Y por otra parte, al volverme hacia el futuro, lo veo como pidiéndome un trabajo que está aún por hacer, que de una determinada manera sería el sentido de lo que intenté hacer durante el tiempo pasado, y que sería un planteamiento último. [...] En cualquier caso, que haga lo que haga o que no lo haga, sé que no podrá haber adecuación entre lo que habré podido eventualmente hacer y lo que habría debido hacer. Esta es la razón por la que, desde ahora, confío enteramente en la misericordia de Dios.”

viernes, noviembre 23, 2007

Para que no olvidemos a Fernán-Gómez 1/2

Para que no olvidemos a Fernán-Gómez 1/2

Permalink 22.11.07 @ 23:58:59. Archivado en Sobre el autor, Semántica, Pragmática, Sociogenética, Antropología, Educación, Teatro, Novela, Cine

«Me gustaría ser recordado; hoy por hoy me parece que con que se me recordase estaría satisfecha mi vanidad» (FFG).

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Imagen: Fernando Fernán-Gómez trabajando con Patricia Ferreira su papel como protagonista en el filme "Para que no me olvides"

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Fernando Fernán-Gómez nació en el seno del teatro, en Lima, el 28 de agosto de 1921, durante una gira por América de la compañía de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, compañía en la que trabajaba su madre, la actriz Carola Fernán Gómez. Su partida de nacimiento fue expedida días más tarde en Buenos Aires, atribuyéndole, en virtud del derecho del suelo, la nacionalidad argentina, nacionalidad que conservaría hasta que le fuera otorgada la nacionalidad española en 1984.

Llegó a España cuando tenía tres años y fue su abuela quien se encargó de su educación, en Madrid, calle de Álvarez de Castro, en el barrio de Chamberí, que es el escenario y al mismo tiempo el microcosmos de la guerra civil española en su obra Las bicicletas son para el verano. Su vocación infantil fue doble: la interpretación y la escritura. Si públicamente se inclinó por la carrera de actor, nunca dejó de escribir y, desde luego de leer.

Estudió Filosofía y Letras en Madrid, pero su verdadera vocación lo condujo al teatro, donde debutó como profesional en 1938 en la compañía de Laura Pinillos, tras haber representado algún que otro papel como actor incluso durante su época escolar. En efecto, tenía nueve años cuando debutó en una obra de su colegio como camarero. Desde 1934 integró grupos de teatro aficionado y el estallido de la Guerra Civil interrumpió sus estudios de Filosofía y Letras. Sin obtener dinero a cambio, motivado sólo por su pasión, entró en dos compañías. En el montaje de la obra de una de ellas fue descubierto por el dramaturgo Jardiel Poncela, que le dio un papel en una pieza de 1940. Enrique Jardiel Poncela lo descubrió en la compañía de Laura Pinillos, dándole su primera oportunidad al ofrecerle, en 1940, un papel como actor de reparto en su obra Los ladrones somos gente honrada.

Tres años después, en 1943, lo contrató la productora cinematográfica Cifesa, irrumpiendo así en el cine con la película Cristina Guzmán, dirigida por Gonzalo Delgrás. Por su aspecto, lo suyo no era hacer de galán. Partió haciendo comedia, pero luego derivó en un actor de carácter respetado. Al año siguiente le ofrecieron su primer papel protagonista en Empezó en boda (1944), de Raffaello Matarazzo. Fue el inicio oficial de su carrera, que sería triunfal.

Sin embargo, desde el comienzo sintió que su vocación iba más allá de la interpretación. Su primera película fue la comedia "Manicomio", de 1954, y dirigió 27 películas en total. En paralelo, nunca descuidó el teatro, como dramaturgo, como director y como actor. En los 80 comenzó a desarrollar su faceta de literato: escribió novelas, ensayos, fue columnista para periódicos como "ABC", "Diario 16" y "El País".

No aceptaba que se metieran en su vida privada. Se casó y se divorció de la cantante María Dolores Pradera, con quien tuvo dos hijos, Helena y Fernando. En 2000 se casó con la actriz Emma Cohen, con quien tenía una relación desde los años 70.

Un recuerdo muy personal, aunque un poco confuso en cuanto a la fecha precisa: en 1942, siendo yo un crío que iba a cursar o cursaba ya, en 1943-44, la escuela preparatoria en Málaga, por amistad de mis padres con el obispo, tuve la ocasión de ver a Fernando Fernán-Gómez rodando "La mies es mucha" en los palmerales de la finca de San José de los hermanos de San Juan de Dios, que servía en aquél entonces de manicomio, más que probablemente de presos políticos. La película narraba los infortunios del Padre Santiago, interpretado por Fernando Fernán-Gómez, misionero que se traslada a la India para ejercer su labor apostólica. Allí debe enfrentarse a unas condiciones de vida atroces y es testigo de la extrema pobreza en la que viven los nativos. La situación se ve agravada por una epidemia que terminará costándole la vida al misionero. La mies es mucha es una película española dirigida por José Luis Sáenz de Heredia en 1948, típico ejemplo del cine religioso realizado en la época. El filme fue un enorme éxito de taquilla en su momento, y obtuvo los premios del Círculo de Escritores Cinematográficos y Nacional del Sindicato del Espectáculo (Wikipedia).

El 19 de noviembre de 2007, el actor, director, guionista, escritor y académico de la lengua Fernando Fernán-Gómez, fue ingresado en el área de Oncología del madrileño Hospital Universitario La Paz, para ser tratado de una neumonía. Fallecía ayer, 21 de noviembre de 2007, a los 86 años de edad. El parte médico consignó como momento del fallecimiento las 18:00 horas y como causa inmediata una insuficiencia cardiorrespiratoria.

Figura por antonomasia del séptimo arte español, había recibido cuatro premios Goya; era premio Príncipe de Asturias de las Artes, premio Nacional de Cine y Teatro, premio Mariano de Cavia y Medalla de Oro de la Academia de Cine.

Marisa Paredes, presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, lo describió a la perfección durante la entrega de la décima Medalla de Oro: «Por anarquista, por poeta, por cómico, por articulista, por académico, por novelista, por dramaturgo, por único y por consecuente».

Colaborador de ABC desde abril de 1972, este periódico publica hoy el último de los casi doscientos artículos que Fernando Fernán-Gómez le envió a lo largo de treinta y cinco años.

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El Campo de las Calaveras
por FERNANDO FERNÁN-GÓMEZ
De la Real Academia Española

NO fue producto del sueño profundo, pero casi, casi. Fue producto de la duermevela. («Duermevela, DRAE: Sueño ligero en que se halla el que está dormitando».)

Los jugadores de uno de los equipos iban de blanco; los del otro, a rayas azules y blancas. Alrededor del campo de fútbol, un centenar, más bien más que menos, de espectadores, presenciaban de pie el partido de fútbol. («Fútbol, DRAE: Juego entre dos equipos de once jugadores cada uno, cuya finalidad es hacer entrar un balón por una portería conforme a reglas determinadas, de las que la más característica es que no puede ser tocado con las manos ni con los brazos».)

Entre los jugadores, unos metros alejado de la pelota, de la jugada, no corría, pero andaba a buen paso, un joven algo menos joven que los demás, que vestía una camiseta o blusa amarilla. Debía de ser el árbitro.

Pero, entonces ¿quién era ese otro joven que, bien plantado sobre el verde césped y también vestido de amarillo, apuntaba algo en un cuadernito? ¿Un árbitro suplente? ¿O se jugaba el partido con dos árbitros? ¿Era esto posible?

¿Y quiénes eran aquellos dos mozalbetes, que, emparejados y también de amarillo, entre aspavientos y vociferando, corrían hacia el lugar de la jugada, donde ya dos futbolistas, uno de blanco y el otro de azul y blanco, habían llegado a las manos, y otros, de ambos equipos, intentaban en vano separarlos? Quizás fueran auxiliares del árbitro. Mejor dicho: de los árbitros, si, como yo me preguntaba, era posible que éstos fueran dos.

En lo que intentaba resolver esa duda, la pelea se había generalizado y sobre el césped luchaban los once de blanco con los once de azul y blanco más algunos espectadores, bastantes, muchísimos, que se habían sumado al conflicto por cuestiones de barrio -que si Trafalgar, que si Cuatro Caminos-, de lugar de trabajo -que si Moneda y Timbre, que si el Ayuntamiento- o, simplemente, por espíritu deportivo -que si boxeo, que si catch as catch can, especie de lucha libre muy de moda en aquellos tiempos. (En el DRAE no viene, no registra este término.)

Para considerar algo verosímil este relato, apoyado en recuerdos muy verídicos -aunque también puede considerarse divagación- debe saber el paciente lector, por si además de paciente es receloso y teme ser engañado, que los futbolistas que en él han aparecido no eran futbolistas profesionales, sino aficionados. Líbreme Dios, y sus comisionistas en la Tierra, de pensar que los profesionales hubieran sido capaces de semejante comportamiento, y líbrenme además de difundir tal calumnia. Y también debe saber, por lo tanto, el inteligente lector, que el partido no era de Liga ni de Copa. Y que no tuvo lugar en el campo de fútbol de Chamartín, el profesionalísimo y lujosísimo Estadio Bernabéu, ni en el algo más modesto de Vallehermoso, sino en el Campo de las Calaveras.

Este terrorífico nombre, siempre que surge está pidiendo una explicación sobre sus orígenes, una explicación con apariencia de veraz.

O, cuando menos, algún comentario. Por no faltar a la regla recordaré que en tiempos hoy ya muy remotos, desde mediados hasta finales del siglo XIX, hubo en Madrid, entre la parte trasera de los Jardines del Canal de Lozoya, en la calle de Bravo Murillo, y la Avenida de la Reina Victoria, varios cementerios: el de la sociedad La Patriarcal y los llamados de San Martín, San Luis y San Ginés. Su demolición, ya en el siglo XX, dio lugar a una extensa zona de solares edificables, utilizada por el vecindario, mientras les iba llegando su hora, como lugar de esparcimiento, («Esparcimiento, DRAE: Conjunto de actividades con que se llena el tiempo libre».) en la que, según el rumor popular, con frecuencia se encontraban restos de esqueletos humanos. Y de ahí lo de «Campo de las Calaveras».

En este campo pelean los dos equipos, olvidados del más allá, pendientes únicamente del más acá, el inmediato más acá. Tienen dos únicos objetivos, alejados de cualquier otro: meter el balón en la portería del equipo enemigo y cerrar la portería propia, sin faltar a las reglas, pero de manera que el enemigo no consiga traspasarla. No importa saber cuál de los dos equipos tiene razón. No es eso lo que se dirime. Tampoco importa el hecho de que la práctica de ese deporte contribuya a la mejoría de la salud o que sea perjudicial para el cuerpo. A veces puede surgir la belleza en alguna jugada, pero si esa belleza no contribuye a que el balón entre en la portería contraria será tiempo perdido.

Terminó la duermevela. Soy un hombre despierto. Más o menos despierto. Todo lo despierto que se puede ser, o estar, en este mundo y este tiempo tan poblados por amas de cría cuidadosas, por psicoanalistas vigilantes, por profesores licenciados en múltiples enseñanzas, por políticos laboriosísimos.

Dejo atrás el mundo de los dormidos, arropados en sus sueños. Estoy ya en el mundo de los despiertos. Somos muy trabajadores. Para nosotros el trabajo es un placer. Estamos bastante bien preparados, muy preparados. Empezó nuestra preparación en la lejana infancia y no la abandonamos ni en la adolescencia ni en la juventud. Casi podría decir que estaba prohibido abandonarla. Poco importaba la ética. Ni la caridad.

Y mucho menos importaba ese personaje fantasmal de nuestra infancia al que las abuelitas y algún que otro sacerdote solían llamar «el prójimo».

Lo que importaba era meter gol al equipo contrario. Y que no metieran gol a nuesro equipo. En tiempos remotos, cuando éramos unos chicos que jugábamos en la calle, aprendimos que todo consistía en una guerra de letras: CEDA, UGT, CNT, FET y de las JONS... Y así hasta cerca de cincuenta.

El hombre mayor que había en las familias, incluso en las familias que no parecían familias, como podía considerarse la mía, se creía obligado a adiestrar a los chicos en rudimentos de ciencia política. En mi caso, este empleo honorífico le correspondió a mi tío Carlos, y aún recuerdo al hombre esforzándose en explicarme la diferencia entre sindicalismo y socialismo. Y cómo yo debía ser anarco-sindicalista, la FAI, porque los socialistas, el PSOE, estaban vendidos al capitalismo.

Pero,en resumidas cuentas, lo que sacaba yo en conclusión de sus enseñanzas era lo mismo que sacaban de las enseñanzas de sus mayores los otros chicos del barrio que jugaban y cambiaban opiniones conmigo en la calle y en el colegio: que había que meter gol -o goles, muchos goles- al equipo contrario y procurar que en nuestra portería nadie metiera ningún gol.

La ética, la caridad, la historia, la convivencia, el amor al prójimo, la igualdad, la paz... eran asignaturas de adorno.