miércoles, noviembre 21, 2007

Pero Pérez, el cura del Quijote

Pero Pérez, el cura del Quijote

Permalink 21.11.07 @ 19:18:41. Archivado en El Quijote, Semántica, Pragmática, España, Sociogenética, Novela

Pero Pérez, el Cura de su lugar y gran amigo de don Quijote.

La asociación del hipocorístico (1) arcaico Pero con el patronímico Pérez es muy antigua y muy frecuente en nuestra lengua. Está documentada desde 1244. En el momento en que escribíamos estas líneas, el 05.07.05, el motor de búsqueda Google encontraba 1200 páginas en español para "Pero Pérez". Al reeditarlas hoy, 21.11.07, el motor de búsqueda Google encuentra 15.900 páginas.

Uno de los más famosos trabalenguas que circulan por los manuales de dicción, en los centros de formación de locutores y en las clases de lengua española para extranjeros, desde hace muchos años, ha escogido como protagonista a un homónimo del cura del Quijote: -Pedro Pero Pérez Crespo, ¿Dónde moras? / -¿Por qué Pedro Pero Pérez Crespo preguntáis? / Porque en este lugar hay tres Pedros Pero Pérez Crespo: / Pedro Pero Pérez Crespo de arriba, / Pedro Pero Pérez Crespo de abajo, / Pedro Pero Pérez Crespo del rincón. / Estos tres Pedros Pero Pérez Crespo son.

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cur-: cura: 317: [dijo el cura: 62; el cura: 247: [el cura y el barbero: 27]; respondió el cura: 13; replicó el cura: 5; señor cura: 14]; curaba: 2; curaban: 2; curad: 1; curadillo: 1; curado: 7; Curambro: 1; curan: 3; curándome: 1; curándose: 2; curar: 10; curara: 2; curaremos: 1; curaría: 1; curarle: 4; curarme: 2; curaron: 1; curarse: 4; curase: 3

cura 1 ('asistencia que se presta a un enfermo' «la cura de la qual emfermedat» y antiguamente 'cuidado', doc. 1220-50, del lat. cura 'cuidado, solicitud') f. 'cuidado, solicitud'

|| la cura de su locura: «dieron orden para que,… con la invención de la libertad de la reina Micomicona, pudiesen el cura y el barbero llevársele como deseaban, y procurar la cura de su locura en su tierra.», I.46.30. • Notable paronomasia, reveladora del placer que procura la escritura, al modelar la forma como se modela la cera, con un poco de calor y una suave presión de los dedos: «el cura… procura la cura de su locura»

cura 2 (doc. 1396: «el cura del dicho lugar», de cura 1, por metáfora y metonimia 'párroco', se aplicó esta denominación al párroco, por tener a su cargo la cura de almas o cuidado espiritual de sus feligreses) m. «El párroco y el rector que tiene a su cargo el administrar lo sacramentos y dotrinar los feligreses de su parroquia; y así se pudo dezir del cuidado que debe tener en velar, como buen pastor, sobre aquellas ovejas que están a su cargo.», Cov. 388.a.18

El imitador Avellaneda evoca en su detalle el conjunto de la jerarquía eclesiástica de la época, en una de sus frecuentes enumeraciones exhaustivas, razón por la cual más de un crítico piensa que él mismo pertenecía a esta jerarquía como hombre de iglesia: «estoy por volver al lugar y desafiar a singular batalla, no solamente al cura, sino a cuantos curas, vicarios, sacristanes, canónigos, arcedianos, deanes, chantres, racioneros y beneficiados tiene toda la Iglesia romana, griega y latina», DQA, 4 § 4.

|| —¡Ah, señor cura, señor cura!: ® señor

|| el cura de su lugar [de don Quijote]: El hidalgo tuvo muchas veces «competencia con el cura de su lugar—que era hombre docto, graduado en Sigüenza—, sobre cuál había sido mejor caballero», I.1.3.

En ningún momento se nos da la prosopografía de este personaje central «al natural», aunque sí disponemos de la descripción del disfraz que toma para sacar a Don Quijote de Sierra Morena, como si el autor prefiriera que nos centráramos sobre su etopeya de tracista. De ella derivan no sólo sus acciones sino el mismo disfraz que adopta para realizar la más importante de ellas: «la ventera vistió al cura de modo que no había más que ver: púsole una saya de paño, llena de fajas de terciopelo negro de un palmo en ancho, todas acuchilladas, y unos corpiños de terciopelo verde, guarnecidos con unos ribetes de raso blanco, que se debieron de hacer, ellos y la saya, en tiempo del rey Bamba. No consintió el cura que le tocasen, sino púsose en la cabeza un birretillo de lienzo colchado que llevaba para dormir de noche, y ciñóse por la frente una liga de tafetán negro, y con otra liga hizo un antifaz, con que se cubrió muy bien las barbas y el rostro; encasquetóse su sombrero, que era tan grande que le podía servir de quitasol, y cubriéndose su herreruelo, subió en su mula a mujeriegas», I.27.1.

El cura se llama Pero Pérez. Nótese bien que el apellido Pérez es derivado del nombre Pero y que este nombre, forma arcaica e hipocorístico de Pedro, es, por antonomasia, el del primer Papa, no como ciudadano privado, sino como pastor supremo de la iglesia. Es una manera de apuntar al lector, mediante el superlativo por repetición, que este personaje es dos veces lo que su nombre significa. Conviene notar igualmente que esta asociación del hipocorístico Pero con el patronímico Pérez es muy frecuente desde 1244.

Pero Pérez es el Cura del lugar de don Quijote, con el cual y con cuya familia tiene una relación de amistad y de responsabilidad pastoral tan fuerte, que se siente obligado a correr tras don Quijote para hacerlo volver a la aldea, reaccionando así, en amigo leal de la familia y en celoso cura de pueblo, a la intención implícita de la pregunta del ama, que equivale a una orden de misión: «—¿Que le parece a vuestra merced, señor licenciado Pero Pérez —que así se llamaba el cura—, de la desgracia de mi señor? Tres días ha que no parecen él, ni el rocín, ni la adarga, ni la lanza, ni las armas.», I.5.15.

Su función en el Quijote es indisociable de la del barbero, con el cual forma una pareja comparable con la de don Quijote y Sancho, de cuya pareja de andantes son antagonistas, aunque bajo la apariencia de colaboración, para obtener la del propio interesado. Cabe decir que son enviados a la búsqueda de don Quijote por la pareja familiar formada por la sobrina y el ama de don Quijote, que funcionan en la novela como el poder social que les encarga de esta misión, si no de héroes sí heroica, por tratarse de hacer volver al pueblo a un loco. (® parejas en el Quijote.).

Él y el barbero frecuentan la casa de don Quijote por ser sus grandes amigos, de manera que allí los encuentra Pedro Alonso cuando trae de vuelta de su primera salida a don Quijote: «estaban en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de don Quijote», I.5.14.

A juzgar por la minuciosidad con que examina la biblioteca de su amigo durante el gran escrutinio, I.6, el cura del pueblo de don Quijote conoce al detalle los más populares libros de caballerías.

Intentando destruir la causa del mal, dirige el escrutinio de la librería: «Del donoso y grande escrutinio que el cura y el barbero hicieron en la librería de nuestro ingenioso hidalgo», I.6.Epígr.

Se disfraza y sale en busca de don Quijote, para hacerlo volver al pueblo: «El cura le contó en breves razones la locura de don Quijote, y cómo convenía aquel disfraz para sacarle de la montaña, donde a la sazón estaba.», I.27.2.

Cuando encuentra a don Quijote, se ingenia para presentarse a él sin alarmarle. Se dice del cura que «era un gran tracista», antes de explicar lo que imaginó para que Don Quijote no reconociera a Cardenio como el loco de Sierra Morena, con quien anteriormente se había peleado: «Todo esto miraban de entre unas breñas Cardenio y el cura, y no sabían qué hacerse para juntarse con ellos; pero el cura, que era gran tracista, imaginó luego lo que harían para conseguir lo que deseaban, y fue que con unas tijeras que traía en un estuche quitó con mucha presteza la barba a Cardenio, y vistióle un capotillo pardo que él traía», I.29.39.

No pierde el norte en su propósito principal, que consiste en hacer volver a Don Quijote a su aldea. Así pués, cuando Don Quijote se dice dispuesto a irse hacia el Micomicón, el Cura replica: «por la mitad de mi pueblo hemos de pasar», I.29.57. Cuando Don Quijote expresa al Cura su extrañeza por encontrarle en aquellas partes tan solo, el Cura replica que yendo a Sevilla con el Barbero a cobrar unos dineros, les atacaron y robaron hasta las barbas unos galeotes que liberó un hombre valiente, pero que debía estar falto de juicio, etc, a Don Quijote «se le mudaba el color a cada palabra, y no osaba decir que él había sido el libertador de aquella buena gente», I.29.61.

Cuando Sancho Panza dice que el que hizo esta hazaña fue su amo, aunque le avisó que era pecado darles libertad, Don Quijote lo llama majadero y dice que «a los caballeros andantes no les toca ni atañe averiguar si lo afligidos… van de aquella manera… por sus culpas o por sus gracias; sólo le toca ayudarles como a menesterosos, poniendo los ojos en sus penas y no en sus bellaquerías.», I.30.3.

Don Quijote está dispuesto a hacer conocer con su espada que hizo con los galeotes lo que su religión le pedía.

Para ayudar al auténtico Cautivo a hacerse reconocer por el oidor como su hermano, asume el papel de excautivo, pretendiendo que fue capturado en la Goleta mientras que un amigo suyo llamado Ruy Pérez de Viedma lo fue en la batalla de Lepanto: «—Del mesmo nombre de vuestra merced, señor oidor, tuve yo una camarada en Costantinopla, donde estuve cautivo algunos años», I.42.18.

Dialoga con el canónigo sobre libros de caballerías y comedias, I.47.30 y ss.

Regresa a la aldea trayéndose a don Quijote encerrado en una jaula: «Don Quijote iba sentado en la jaula, las manos atadas, tendidos los pies, y arrimado a las verjas, con tanto silencio y tanta paciencia como si no fuera hombre de carne, sino estatua de piedra.», I.47.13.

Visitas a don Quijote en su casa, para informarse de su salud, II.1.1 y ss.

Asiste a don Quijote moribundo: «Acabóse la confesión, y salió el cura, diciendo: —Verdaderamente se muere, y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno; bien podemos entrar para que haga su testamento.», II.74 § 15-16.

Deseando que nadie repita ni las locuras de don Quijote ni las falsedades del autor apócrifo, se preocupa tanto como el autor verdadero y el editor de que conste oficialmente por escribano público la muerte de su amigo: «Viendo lo cual el cura, pidió al escribano le diese por testimonio cómo Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, había pasado desta presente vida, y muerto naturalmente», II.74.27. ® Pérez: Pero Pérez

|| ® barbero: el cura y el barbero: como lo muestra el refranero, la asociación de un cura y de un barbero, en pareja de personajes, es proverbial: ««El kura i el sakristán, el barvero i su vezino, todos muelen en un molino; ¡i ké buena harina harán!» El sakristán es: el barvero; el kura: el vezino; kon ke, pareziendo kuatro no son más de dos.», Corr. 106.a.

Vuelta de don Quijote a su lugar, conducido por su vecino Pedro Alonso sobre un jumento: «entró en el pueblo, y en la casa de don Quijote, la cual halló toda alborotada; y estaban en ella el cura y el barbero del lugar, que eran grandes amigos de don Quijote», I.5.14.

Sin embargo en el Quijote esta asociación no va tan lejos como en el refrán que acabamos de recordar, puesto que en ningún momento podemos concluir que maeses Nicolás sea al mismo tiempo el sacristán de Pero Pérez, cura del lugar de don Quijote. La asociación de un cura con un sacristán aparece solamente en el caso del Toboso, adonde Don Quijote llega por la noche para visitar a Dulcinea: «en esa casa frontera viven el cura y el sacristán del lugar; entrambos o cualquier dellos sabrá dar a vuestra merced razón desa señora princesa, porque tienen la lista de todos los vecinos del Toboso», II.9.26.

(1) ‘designación cariñosa o familiar’

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Fuente: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid. Este artículo apareció el 05.07.05.

XC Asamblea Plenaria de la conferencia episcopal

XC Asamblea Plenaria de la conferencia episcopal

Permalink 20.11.07 @ 23:58:26. Archivado en España, Sociogenética, Religiones, Educación

Recogemos aquí los pasajes esenciales del discurso del Excmo. y Rvmo. Sr. D. Ricardo Blázquez Pérez, Obispo de Bilbao y Presidente de la Conferencia Episcopal Española, discurso pronunciado durante la inuguración de la XC Asamblea Plenaria de la conferencia episcopal, celebrada en Madrid, del 19 al 22 de noviembre de 2007.

0. Nuevos cardenales y nuevo obispo españoles

El día 17 de octubre nombró el Papa Cardenales al Sr. Arzobispo de Valencia, Mons. Agustín García-Gasco, y al Sr. Arzobispo de Barcelona, Mons. Lluís Martínez Sistach; la elección es un reconocimiento de sus personas y de sus diócesis. Fue elegido también Cardenal el padre Urbano Navarrete, nacido en Camarena de la Sierra (Teruel); excelente profesor de Derecho Canónico y reconocido maestro de canonistas en la Pontificia Universidad Gregoriana, de la que fue también Rector; la designación muestra la gratitud del Papa a su largo, cualificado y fiel servicio a la Iglesia.
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Felicito al P. Martínez Camino, que ha sido nombrado anteayer Obispo Auxiliar de Madrid.

1.- Beatificación de 498 mártires.

Los historiadores españoles y extranjeros han estudiado mucho y previsiblemente continuarán estudiando lo que aconteció en España en el decenio de los treinta; la bibliografía es abundantísima. Fue un periodo agitado y doloroso de nuestra historia; la convivencia social se rompió hasta tal punto que en guerra fratricida lucharon unos contra otros. Con sus conclusiones los investigadores nos ayudan a comprender hechos y datos, causas y consecuencias; sus interpretaciones, debidamente contrastadas, nos acercan con la mayor objetividad posible a la realidad muy compleja. Deseamos que se haga plena luz sobre nuestro pasado: Qué ocurrió, cómo ocurrió, por qué ocurrió, qué consecuencias trajo. Esta aproximación abierta, objetiva y científica evita la pretensión de imponer a la sociedad entera una determinada perspectiva en la comprensión de la historia. La memoria colectiva no se puede fijar selectivamente; es posible que sobre los mismos acontecimientos existan apreciaciones diferentes, que se irán acercando si existe el deseo auténtico de comprender la realidad.

Cada grupo humano –una sociedad concreta, la Iglesia católica en un espacio geográfico, una congregación religiosa, un partido político, un sindicato, una institución académica- tienen derecho a rememorar su historia, a cultivar su memoria colectiva, ya que de esta manera profundizan también en su identidad. La Iglesia católica, por ejemplo, en el Concilio Vaticano II buscó su reforma y renovación volviendo a las fuentes. Este conocimiento que actualiza el pasado, además de ensanchar la conciencia compartida por el grupo, puede sugerir actuaciones de cara al futuro, ya que memoria y esperanza están íntimamente unidas. Pero no es acertado volver al pasado para reabrir heridas, atizar rencores y alimentar desavenencias. Miramos al pasado con el deseo de purificar la memoria, de corregir posibles fallos, de buscar la paz. Recordamos sin ira las etapas anteriores de nuestra historia, sin ánimo de revancha, sino con la disponibilidad de afirmar lo propio y de fomentar al mismo tiempo el respeto a lo diferente, ya que nadie tiene derecho a sofocar los legítimos sentimientos de otro ni a imponerle los propios. La búsqueda de la convivencia en la verdad, la justicia y la libertad debe guiar el ejercicio de la memoria. Con las siguientes palabras expresó lo que venimos diciendo Mons. Antonio Montero, Arzobispo emérito de Mérida-Badajoz, en su extraordinaria obra presentada en su momento como tesis doctoral en la Universidad Pontificia de Salamanca: “Que los hechos se conozcan bien, pero desprovistos en todo lo posible de cualquier fermento pasional” (Historia de la persecución religiosa en España 1936-1939, Madrid 1961, p. VIII). Y alguien, que perdió a sus padres profundamente católicos en aquella persecución, ha afirmado en manifestaciones recientes: “Un cristiano no puede dejarse llevar del odio, aunque sea en nombre de la justicia”.
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La Conferencia Episcopal Española, sintonizando con el espíritu de Juan Pablo II, hizo público poco antes de cruzar el umbral del año 2000 un documento titulado La fidelidad de Dios dura siempre. Mirada de fe al siglo XX (20 de noviembre de 1999), en que se unían pasado, presente y futuro como en el canto del Magníficat de la Virgen María. Acción de gracias por los dones recibidos, reconocimiento de nuestros pecados y petición de perdón, y confianza en las promesas de Dios. De aquel documento son las siguientes palabras que pertenecen a la segunda parte: “También España se vio arrastrada a la guerra civil más destructiva de su historia. No queremos señalar culpas de nadie en esta trágica ruptura de la convivencia entre los españoles. Deseamos más bien pedir el perdón de Dios para todos los que se vieron implicados en acciones que el Evangelio reprueba, estuvieran en uno u otro lado de los frentes trazados por la guerra. La sangre de tantos conciudadanos nuestros derramada como consecuencia de odios y venganzas, siempre injustificables, y en el caso de muchos hermanos y hermanas como ofrenda martirial de la fe, sigue clamando al Cielo para pedir la reconciliación y la paz. Que esta petición de perdón nos obtenga del Dios de la paz la luz y la fuerza necesarias para saber rechazar siempre la violencia y la muerte como medio de resolución de las diferencias políticas y sociales” (n. 14). Debemos estudiar la historia para conocerla siempre mejor; y una vez leídas sus páginas, aprendamos sus principales lecciones: La convivencia de todos en las diversidades legítimas, la afirmación de la propia identidad de manera no agresiva sino respetuosa de otras, la colaboración entre todos los ciudadanos para construir la casa común sobre los cimientos de la justicia, de la libertad y de la paz. Recordamos la historia no para enfrentarnos sino para recibir de ella o la corrección por lo que hicimos mal o el ánimo para proseguir en la senda acertada.

La palabra mártir tiene varias acepciones en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. De las diferentes acepciones recuerdo ahora dos: 1) “Persona que padece muerte por amor de Jesucristo y en defensa de la religión cristiana”, y 2) “Persona que muere o padece mucho en defensa de otras creencias, convicciones y causas”. Aunque nosotros nos referimos a los mártires cristianos, mostramos nuestro respeto a las personas que han mantenido sus convicciones y han servido a sus causas hasta afrontar las últimas consecuencias. La beatificación de los mártires por la autoridad apostólica de la Iglesia no supone desconocimiento ni minusvaloración del comportamiento moral de otras personas, sostenido con sacrificios y radicalidad. Ante toda persona que lucha honradamente por la libertad de los oprimidos, por la defensa de los pobres y por la solidaridad entre todos los hombres inclinamos nuestra cabeza, remitiendo a Dios el juicio último de su vida y de la nuestra.

2.- “Iglesia en España y Pastoral de las migraciones”

Por lo que se refiere a nuestro país, el fenómeno migratorio ha cambiado de signo en los últimos años. Hemos pasado de ser país de emigración a ser uno de los países de Europa con más elevado número de inmigrantes; esta inversión, además, se ha realizado en poco tiempo. Las cifras son elocuentes: En diez años el número de extranjeros ha pasado de 542.314 en 1996 a 4.144.166 en 2006. En los últimos cinco años se ha dado una media de crecimiento de 500.000 por año. La experiencia de haber sido pueblo de emigración debe recordarnos aquellas palabras del Éxodo: “Forasteros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto” (22,20); y particularmente las de Jesús en el Evangelio: “Fui forastero y me hospedasteis” (Mt 25,35).
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Un inmigrante no es sólo mano de obra para producir; es, ante todo, una persona, miembro de la familia humana, hermano nuestro, hijo de Dios. La visión humana y cristiana del hombre nos impulsa a promover la acogida, el respeto, la ayuda, la comprensión, la solidaridad. La integración de los inmigrantes exige, tanto por parte del país de acogida como por parte de los trabajadores y de sus familias, un esfuerzo paciente y sostenido; los inmigrantes deben ser reconocidos en sus derechos humanos y laborales y ellos a su vez deben respetar las leyes y tradiciones legítimas del país que los recibe. Si unos y otros trabajan en la búsqueda de la integración de los inmigrantes, los posibles brotes de rechazo y exclusión serán sofocados fácilmente. Con estas reflexiones teóricas y prácticas, surgidas de una experiencia larga y eficaz, presta la Conferencia Episcopal -así confiamos y deseamos-, una ayuda valiosa a nuestras diócesis e incluso a toda la sociedad española.
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3.- Centenario del nacimiento del Cardenal Tarancón

El día 14 de mayo de 1907 nació en Burriana (Castellón de la Plana) el Cardenal Vicente Enrique y Tarancón. En la apertura de la presente Asamblea Plenaria lo recordamos con profunda gratitud. Nuestra memoria es homenaje y reconocimiento de su persona y de su obra. Fue, en una coyuntura crucial, un don de Dios para la Iglesia y la sociedad española. Evocamos hoy al Cardenal Tarancón, conscientes de que forma parte relevante de nuestra historia.
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En una mirada retrospectiva, recapitulando el Cardenal Tarancón el decenio en que presidió la Conferencia Episcopal Española, manifestó la intención que le había guiado. “Me propuse dos objetivos: Aplicar a España las enseñanzas del Concilio Vaticano II en lo referente a la independencia de la Iglesia de todo poder político y económico, y procurar que la comunidad cristiana se convirtiese en instrumento eficaz de reconciliación para superar el enfrentamiento entre los españoles que había culminado en la guerra civil”. La Iglesia en el Concilio no sólo promovió una renovación profunda de sus actitudes y estructuras internas, sino también orientó de manera distinta las relaciones con el mundo, con la sociedad y con el hombre. Estos cambios eran más delicados, en nuestra Iglesia por la riqueza de la vida cristiana que estaba en cambio, y en la sociedad, a la que se debían evitar traumas innecesarios en la transición de un régimen personal a un régimen democrático con los numerosos y profundos cambios implicados. Fueron directrices para Tarancón tanto el amor a la Iglesia como el servicio a nuestro pueblo; fue consciente de la situación singular y de la alta responsabilidad que se le confiaba cuando pensó en él Pablo VI para liderar a la Iglesia en aquella delicada situación y cuando la Conferencia Episcopal lo eligió y reeligió como su Presidente.

Actuando en sintonía con las directrices del Papa Pablo VI y expresando, además, lo que las nuevas generaciones de Obispos, sacerdotes, religiosos y seglares anhelaban, pudo cumplir el encargo con dedicación y acierto. Sus dotes humanas y experiencia pastoral lo hicieron apto para recibir tal misión en aquella hora histórica; con la desenvoltura que le caracterizó diría de sí mismo que era un hombre a quien pusieron en un puesto difícil en un momento difícil. De alguna manera era Don Vicente memoria viva de nuestra Iglesia y de nuestra sociedad; hombre de espíritu abierto, avizor del futuro, sensible como un sismógrafo a los movimientos subterráneos de la sociedad, de natural optimista y decidido, hábil y sagaz. Fue una persona que, asumiendo el encargo otorgado y la responsabilidad real y simbólica que se le reconoció, contribuyó poderosamente a que nuestra Iglesia acometiera los cambios necesarios. Imprimió a la Iglesia un dinamismo que le permitió acompañar a la sociedad en una encrucijada de gran trascendencia para ambas, ya que debían tomar decisiones de largo alcance. El Cardenal Enrique y Tarancón buscó siempre la concordia, respetando la pluralidad y fomentando el diálogo; con buen instinto supo rodearse de valiosos colaboradores. Sin olvidar el pasado miraba al futuro, y por ello confiaba en las nuevas generaciones y les daba la palabra. Afirmaba abiertamente que la Iglesia veía con buenos ojos la llegada de la democracia y el pluralismo que le es inherente.

Texto completo del discurso

lunes, noviembre 19, 2007

Eclesiásticos en El Quijote

Eclesiásticos en El Quijote

Permalink 19.11.07 @ 15:30:51. Archivado en El Quijote, Pragmática, Poética, Religiones, Novela

He aquí cómo critica los abusos de sus colegas eclesiásticos el lexicógrafo por antonomasia de nuestra edad de oro, Don Sebastián de Covarrubias Horozco (1539-1613), cuyo Tesoro de la lengua (1611) es imprescindible para comprender El Quijote (de 1605, y sobre todo de 1615):

«La vanidad del mundo ha introducido que los señores, y aun los que no lo son, y las señoras reciban clérigos en su servicio, y los llamen sus capellanes, y quieran que los acompañen y se ocupen en ministerios incompatibles con la dignidad sacerdotal… Cosa lastimosa, que los tengan delante de sí en pie y desbonetados, y los llamen de vos, o los rodeen la merced, y los padreen con llamarles: Padre acá, padre acullá.», Covarrubias, 297.a.1.

Covarrubias era capellán de Su Majestad (1578), canónigo de Cuenca (1579) y maestrescuela de su catedral (1601). Como lexicógrafo le cabe el mérito de haber redactado el primer esbozo de nuestro diccionario académico actual, con el sobremérito de haber comprendido mejor que muchos lexicógrafos posteriores, incluídos los actuales, la estrecha aunque sutil relación existente entre el diccionario (semántica) y la enciclopedia (pragmática).

Imagen: El Quijote, Serrano II. Foto: SGB. Grandes formatos

eclesiast-: eclesiástica: 1; eclesiástico: 7: [El eclesiástico: 5 = un grave eclesiástico: 1]; eclesiásticos: 2; √ iglesia

eclesiástico (doc. ±1280, del lat. ecclesiasticus , del gr. ekklesiastikós der. de ekklesía 'asamblea convocada' der. de ekkaléo 'yo convoco') adj. y m. 'relativo a la iglesia': 'clérigo'

Los eclesiásticos disfrutaban de un tratamiento particular en la España de Felipe II. He aquí lo que Fray José de Sigüenza explica del ejemplo que daba el rey en su fundación del Escorial:

«Diré también otro particular en esta materia: en todos los actos públicos que se hacían en la iglesia mostraba tanto respeto y guardaba tan puntualmente el derecho que se debe a las cosas eclesiásticas y a las personas de ella, que siempre ponía el postrero dondequiera que concurrían. Y porque los niños del Seminario tienen sobrepellices en tanto que asisten al oficio divino en estos actos eclesiásticos, iban delante y los anteponía: si tomaban la ceniza, los niños primero; si los ramos, las candelas, adoraban la Cruz y otras cosas semejantes, los adelantaba siempre, pareciéndole que era de más alto género todo lo que tenía resabio de orden eclesiástico. § Cuando había misas nuevas, iba a besar la mano al misacantano, y le ofrecía como si fuera otro hombre particular, y otros cien ejemplos bastantes a confundir, no digo a los herejes ni a otros cristianos llenos de pundonores de vanidad, sino aun a los muy aventajados religiosos.», Fundación del Monasterio, p. 110 § 4 y 5.

|| el eclesiástico del Castillo del duque: «Según una tradición que mencionó don Vicente de los Ríos en la Vida de Cervantes, se quiso en este pasaje sindicar a un eclesiástico comensal del Duque de Béjar, que es a quien está dedicada la primera parte del QUIJOTE… el calor y animosidad que en este pasaje muestra el autor, pueden ser indicio de que la persona del eclesiástico de quien se trata no era imaginaria, sino real y verdadera.», Clem. 1697.a.

Entre los eclesiásticos del Quijote es el único que aparece como resuelto antagonista de don Quijote, sin que sea posible percibir su deseo de ayudar desinteresamente a Alonso Quijano el Bueno, para que desistiera de su locura quijotesca. Su presentación por el narrador no deja lugar a dudas. Nos encontramos ante un personaje cuyo deseo fundamental no es ayudar sino condenar, al estilo de los personajes de Avellaneda:

«destos que quieren que la grandeza de los grandes se mida con la estrecheza de sus ánimos; destos que, queriendo mostrar a los que ellos gobiernan a ser limitados, les hacen ser miserables», II.31.34.

Identifica a Don Quijote como tal y lo condena, al mismo tiempo que condena al duque en cuanto asiduo lector de su historia:

«El Eclesiástico que oyó decir de gigantes, de follones y de encantos, cayó en la cuenta de que aquél debía de ser Don Quijote de la Mancha, cuya historia leía el Duque de ordinario, y él se lo había reprehendido muchas veces, diciéndole que era disparate leer tales disparates; y enterándose ser verdad lo que sospechara, con mucha cólera, hablando con el duque, le dijo: —Vuestra excelencia, señor mío, tiene que dar cuenta a nuestro Señor de lo que hace este buen hombre. Este Don Quijote, o Don Tonto, o como se llama, imagino yo que no debe de ser tan mentecado como vuestra excelencia quiere que sea, dándole ocasiones a la mano para que lleve adelante sus sandeces y vaciedades. § Y volviendo la plática a don Quijote, le dijo: —Y a vos, alma de cántaro, ¿quién os ha encajado en el celebro que sois caballero andante y que vencéis gigantes y prendéis malandrines?…», II.31 § 62-64.

La confrontación se termina con una dura reprensión al Duque y la partida del Eclesiástico:

«—Por el hábito que tengo, que estoy por decir que es tan sandio vuestra excelencia como estos pecadores. ¡Mirad si no han de ser ellos locos, pues los cuerdos canonizan sus locuras! Quédese vuestra excelencia con ellos; que en tanto que estuvieren en casa, me estaré yo en la mía, y me excusaré de reprehender lo que no puedo remediar.», II.32.8.

El duque frena la ira de don Quijote tras las rudas declaraciones del eclesiástico:

«—Vuesa merced, señor Caballero de los Leones, ha respondido por sí tan altamente, que no le queda cosa por satisfacer deste que aunque parece agravio, no lo es en ninguna manera; porque así como no agravian las mujeres, no agravian los eclesiásticos, como vuesa merced mejor sabe. —Así es—respondió don Quijote—; y la causa es que el que no puede ser agraviado no puede agraviar a nadie. Las mujeres, los niños y los eclesiásticos, como no pueden defenderse aunque sean ofendidos, no pueden ser afrentados.», II.32 § 9-10.

Los otros eclesiásticos del Quijote son: el Cura del lugar de DQ, el Canónigo de Toledo, el beneficiado de las Bodas de Camacho y el Vicario de la historia de la Trifaldi.

El tema de la pobreza da lugar a un pullazo de don Quijote al beneficiado de las Bodas de Camacho: «un beneficiado de aquel pueblo, que tenía gentil caletre para semejantes invenciones, había compuesto y ordenado las danzas de las bodas de Camacho.» Don Quijote dice de él:

«—Yo apostaré -dijo Don Quijote- que debe de ser más amigo de Camacho que de Basilio el tal beneficiado, y que debe de tener más de satírico que de vísperas. ¡Bien ha encajado en la danza las habilidades de Basilio y las riquezas de Camacho!», II.20.45. ® Vicente de la Rosa

domingo, noviembre 18, 2007

El arzobispo de Granada ante el juez

El arzobispo de Granada ante el juez

Permalink 18.11.07 @ 11:40:12. Archivado en Escritura bloguera, Universidades, España, Sociogenética, Antropología, Ética, Religiones, Educación, Pro justitia et libertate

Este dossier de prensa, creado el 17 de noviembre 2007, intenta responder al justo deseo de muchos de nuestros Amigos universitarios, que no querrían juzgar a la ligera los gravísimos hechos que están sucediendo en la archidiócesis de Granada. En este dossier nos limitamos a esclarecer los antecedentes y concomitantes del juicio que tiene lugar estos días en Granada. Nuestro propósito es que sirva de complemento a nuestro artículo Los derechos humanos de los curas del 16.11.07.

Es la primera vez que un obispo español se sienta en el banquillo de los acusados. El cura universitario que le acusa mantiene en el juicio que el arzobispo de Granada le amenazó. Este sacerdote ha sido gravemente penalizado ya, fuera de todo proceso, por su arzobispo, que no solamente lo ha destituido de sus funciones de archivero de la catedral, de canónigo y de catedrático de la facultad de teología, sino que lo ha suspendido "a divinis", lo que significa que le ha retirado toda posibilidad de ejercer sus funciones sacerdotales.

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AGENCIAS - 14-11-2007, Nota difundida por la cadena SER

El sacerdote Javier Martínez Medina, que denunció al arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, por injurias, calumnias, acoso moral, lesiones y coacciones, por lo que hoy es juzgado, mantuvo que el prelado le amenazó y que la causa del cese de todos sus cargos fue su relación con CajaSur, situación que le ha causado además de problemas laborales, problemas de salud.

Martínez Medina señaló ante el titular del Juzgado número 5, Miguel Ángel Torres, que ha tenido "nula relación personal" con el arzobispo, que se ha negado a recibirlo en reiteradas ocasiones. Explicó que actuó de intermediario en el conflicto que mantuvo CajaSur con el prelado -cuando éste era arzobispo de Córdoba-, cuestión que consideró importante por ser la causa de su destitución.

El cura afirmó que en el primer encuentro que mantuvo con el arzobispo a su llegada a la Diócesis granadina se dirigió a él con tono "amenazante" y le dijo que la situación no iba a ser la misma que con el anterior arzobispo, Antonio Cañizares, y que "su clero no se iba a relacionar con actividades de la caja".

En octubre de 2005 fue, según el querellante, que declaró en calidad de testigo, cuando el arzobispo le comunicó el cese de todos sus cargos, hecho que el sacerdote pidió le fuera transmitida por escrito. Martínez Medina recibió una llamada en la que monseñor Francisco Javier Martínez le señaló que le destituía por su relación con los órganos de gobierno de Cajasur.

Para el cura "fue una vejación muy grande", por la que se ha sentido "francamente dolido y dañado". En otro de los encuentros que mantuvo con el arzobispo, según manifestó Martínez Medina, el primero le dijo: "Tú no mandas aquí. Te has creído que esto es tuyo y eres un mal sacerdote y desobediente. Te voy a enseñar yo a obedecer con el látigo", extremo éste que el prelado ha negado tajantemente al ser preguntado.

Martínez Medina señaló que cuando el arzobispo le destituyó volvió a su despacho, donde realizaba su trabajo como archivero de la Catedral, a recoger sus efectos personales con la presencia de un notario, "vigilado" por si se llevaba algo, después de que le hubieran cambiado la cerradura.

El arzobispo niega las acusaciones

El cura negó las acusaciones de "apropiación indebida" que el arzobispo le hizo en una carta y dijo que se sintió entonces humillado porque "intentaba hundirme profesionalmente, cuando yo he intentado reunir todo lo que estaba perdido".

Por todo, dijo padecer una fuerte depresión y otros problemas de salud, como arritmia y estrés, por la "persecución" a la que ha sido sometido. Además apuntó que en el momento en el que acudió a un abogado y le comunicó al Nuncio Apostólico que iba a acudir a la justicia ordinaria, éste le dijo "tomo nota", que "en ningún momento" se lo prohibió, porque de ser así, no hubiera continuado con el proceso.

El arzobispo, que mantuvo que desde que llegó a la Diócesis granadina se ha visto sometido a un "acoso mediático", es el primer prelado que se sienta en el banquillo de los acusados en la jurisdicción ordinaria por estos motivos.

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El Observatorio para la Libertad Religiosa denuncia una campaña de acoso mediático al arzobispo de Granada
Madrid, 16/11/2007 - Nota difundida y comentada por VERITAS

El Observatorio para la Libertad Religiosa y de Conciencia denuncia una campaña de acoso mediático al arzobispo de Granada, monseñor Javier Martínez, “que transforma un grave desencuentro entre un obispo y un sacerdote, en un arma arrojadiza más, pero de muy escaso recorrido, contra la Iglesia Católica”.

Según el comunicado del Observatorio: “Diversos medios de comunicación han reflejado la noticia de que un arzobispo se sienta en el banquillo de los acusados, acusado de vejaciones, injurias y acoso laboral por un sacerdote de su diócesis, que ha sido suspendido a divinis, el fiscal solicita la libre absolución”.

El Observatorio recuerda la solicitud del fiscal de la libre absolución,que “parece confirmar la postura del arzobispado de Granada, que considera falsas todas las acusaciones”, así como “una clara ausencia de pruebas de la existencia del hecho penal”.

Finalmente el comunicado destaca que “la relación entre los ministros de culto y sus fieles y otros ministros, están amparados por la normativa vigente, como una relación protegida por el sigilo profesional, que a su vez está fundamentada, y forma parte indispensable, de la libertad religiosa”.

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«Me humilló, castigó y atacó mi dignidad»
Ideal Digital - 14 Nov 2007
FIRME. Martínez Medina, asediado por los medios, habló claro de sus sentimientos en la vista. /RLP Hechos idénticos. Distintas interpretaciones. ...

«¿Le han traído 'esposao'
Ideal Digital - 14 Nov 2007
El juicio al arzobispo de Granada sólo excitó a los medios de comunicación Las declaraciones de 'los Martínez' fueron densas, prolijas, tupidas, aburridas. ...

El fiscal pide la absolución del arzobispo de Granada
ABC - 14 Nov 2007
MADRID. La fiscalía de Granada ha solicitado la libre absolución del arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, quien ayer se convertía en el primer ...

El arzobispo de Granada niega haber injuriado al cura al que destituyó
La Rioja - 14 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, negó ayer en el juicio que se sigue contra él que amenazara al sacerdote Francisco Javier Martínez ...

El arzobispo asegura que nunca quiso dañar al cura que le acusa de ...
Terra España - 14 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, ha asegurado hoy que nunca quiso dañar al sacerdote Francisco Javier Martínez Medina, que le denunció ...

Afluencia fieles a Catedral lleva a celebrar misas espontáneas por ...
Terra España - 14 Nov 2007
La afluencia de fieles y sacerdotes a la Catedral de Granada a lo largo de esta mañana ha llevado a celebrar cuatro eucaristías, dos de ellas espontáneas y ...

El arzobispo de Granada defiende que en sus actuaciones "no hubo ...
Ideal Digital - 14 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, ha declarado ya en el juicio que se sigue contra él durante dos horas. Cuando ha terminado, el juez ha ...

El sacerdote acusa al arzobispo de Granada de humillarle y vejarle
Terra España - 14 Nov 2007
El sacerdote Francisco Javier Martínez Medina, que denunció al arzobispo de Granada por injurias, calumnias, acoso moral, lesiones y coacciones, ...

Tribunales.- El arzobispo niega haber amenazado al sacerdote y ...
Terra España - 14 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, ha negado haber amenazado al sacerdote Javier Martínez Medina, que lo denunció por injurias, calumnias, ...

El arzobispo defiende libre ejercicio de su cargo y denuncia acoso ...
Terra España - 14 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, ha defendido hoy su libertad de actuación como responsable de la Diócesis y ha afirmado que se siente ...

Empieza el juicio contra arzobispo de Granada ante más periodistas ...
Terra España - 14 Nov 2007
El juicio contra el arzobispo de Granada, el primer prelado español que se sienta en el banquillo de los acusados tras ser denunciado por un cura por ...

El arzobispo de Granada será juzgado hoy por calumnias, coacciones ...
Terra España - 13 Nov 2007
El arzobispo de Granada, monseñor Francisco Javier Martínez, será juzgado hoy en Penal número 5 por la posible comisión de un delito de calumnias o de forma ...

El arzobispo de Granada será juzgado hoy por injurias y acoso ...
Terra España - 13 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, se convertirá hoy en el primer prelado que se siente en el banquillo de los acusados para responder de ...

El arzobispo irá hoy al juicio aunque la ley le permite eludir la ...
Ideal Digital - 13 Nov 2007
El arzobispo de Granada podía ahorrarse la 'pena de banquillo' que afrontará hoy. Cuando la petición de condena es leve, como es el caso, la ley contempla ...

Un acto de contrición incompleto
Granada Hoy - 15 Nov 2007
La jornada fue dura, tensa y, sobre todo, larga. El juez Torres no dio por finalizada la sesión hasta las ocho de la tarde, lo que quiere decir once horas ...

El primer Arzobispo español a juicio
Diario Signo - 15 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, fue el primer prelado español en sentarse en el banquillo de los acusados en un proceso judicial, ...

Autores del libro que paralizó el Arzobispo se sienten "moralmente ...
Granada digital - 15 Nov 2007
Autores del libro sobre la Catedral de Granada que paralizó el arzobispo de la ciudad, Francisco Javier Martínez, se han quejado hoy de que su trabajo de ...

El arzobispo de Granada responde a las acusaciones de acoso a un ...
Información - 14 Nov 2007
EFE. GRANADA El arzobispo de Granada, monseñor Francisco Javier Martínez, se sentó ayer en el banquillo de los acusados en el juzgado de lo Penal número 5 ...

El arzobispo de Granada, en el banquillo de los acusados
La Opinión de Málaga - 14 Nov 2007
EFE. GRANADA Ayer fue el día. El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, inició ayer su particular ´via crucis´ judicial: comenzó el juicio por ...

El arzobispo de Granada niega las graves coacciones ante el juez
El País (España) - 14 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, rechazó ayer las graves amenazas y coacciones hacia un sacerdote y apeló a su libertad de gobierno ...

El arzobispo de Granada niega haber injuriado al sacerdote que lo ...
ABC Córdoba - 14 Nov 2007
SEVILLA. El juez Miguel Ángel Torres, que fuera instructor de la «operación Malaya», se hacía cargo ayer de otro caso sin precedentes por las partes que ...

Un arzobispo se somete por primera vez a la justicia terrenal
Público - 14 Nov 2007
Una silla forrada de pana verde con reposabrazos de madera. Así era el banquillo en el que por primera vez se sentó un arzobispo para ser juzgado por los ...

El arzobispo de Granada gasta 1.940 euros en publicitar su homilía
El País (España) - 13 Nov 2007
Inocente o culpable, el arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, hará hoy historia al convertirse en el primer prelado juzgado en España. ...

El arzobispo de Granada, en el banquillo
El País (España) - 14 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, rechazó ayer las graves amenazas y coacciones hacia un sacerdote de las que está acusado, ...

El arzobispo de Granada será juzgado hoy por injurias y acoso ...
Público - 13 Nov 2007
El arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez, se convertirá hoy en el primer prelado que se siente en el banquillo de los acusados para responder de ...

El arzobispo de Granada dice que no debe dar 'explicaciones' sobre los cargos de confianza
http://www.elmundo.es/
El Mundo - 14/11/2007 14:23

viernes, noviembre 16, 2007

Los derechos humanos de los curas

Los derechos humanos de los curas

Permalink 16.11.07 @ 11:30:30. Archivado en Escritura bloguera, Universidades, Sociogenética, Antropología, Ética, Religiones, Educación, Pro justitia et libertate

Durante mi recién estrenada juventud -yo era casi un adolescente- tuve la suerte de compartir mis primeros años de estudios superiores y universitarios con los seminaristas de la archidiócesis de Granada. Estos seminarisas granadinos tenían el privilegio de disfrutar de la enseñanza de la Facultad de Teología de Cartuja, compartiendo su buena suerte, única en Andalucía, Extremadura, Murcia, Islas Canarias y Castilla la Nueva, con los propios estudiantes teólogos de los padres jesuitas, mucho más maduros y preparados que ellos.

En aquél entonces las aulas de esta Facultad eran las más prestigiosas de la Iglesia española para la mayor parte del territorio español, puesto que en ellas ultimaban su larguísima formación de quince años todos los jesuitas españoles, excepto los dependientes de Castilla-León, del País Vasco y de Cataluña, que tenían sus propias facultades de teología.

Entre las muchas voces humildes y extremadamente discretas de los sacerdotes granadinos que expresan actualmente su incomodidad ante la manera de ejercer la autoridad su Arzobispo, procesado estos días ante la justicia civil, acusado por uno de sus curas universitarios, reconozco las de algunos de mis entrañables compañeros de entonces. Su actitud de discreción y respetuoso silencio ante los desmanes de su Arzobispo, me impulsó a escribir mi artículo "Nos duele nuestra iglesia" del 03.09.07, que concebí como una presentación del artículo "EL CURA DE ALBUÑOL Y SUS FIELES" de mi colega y amigo José M. Castillo.

En ambos artículos, tanto el uno como el otro observábamos que algunos miembros de la jerarquía católica española actual, entre los cuales destaca de manera particularmente notoria el Arzobispo de Granada, están provocando el desconcierto entre los fieles, que no comprenden, a pesar de su más que probada buena fe, el estilo sorprendentemente autoritario de algunas de las decisiones disciplinarias y pastorales que les conciernen. Tanto el uno como el otro constatábamos como razón de este desconcierto de los fieles el que la concepción y el ejercicio de la autoridad de estos jerarcas está en franca contradicción con la manera de funcionar la autoridad en la iglesia primitiva, manera que inspiró a los padres conciliares de Vaticano II las reformas introducidas por este Concilio, hoy completamente olvidadas en las curias de España.

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La Iglesia y los derechos humanos
por José Mª Castillo

12-Noviembre-2007

La editorial Desclée de Brouwer ha publicado recientemente un libro que he preparado con interés y esmero durante varios años. Se titula La Iglesia y los derechos humanos (193 pgs.). Este asunto me ha interesado tanto porque creo que contiene una de las claves que mejor explican muchas de las cosas que están ocurriendo en la sociedad y en la Iglesia.

El hecho es que a estas alturas, cuando han pasado cerca de 60 años de la Declaración de los derechos humanos (10. XII. 1948), la Iglesia católica no ha aceptado los contenidos fundamentales de esa declaración. Y no los ha aceptado ni como Estado (el Estado de la Ciudad del Vaticano), ni en cuanto que es una de las confesiones religiosas más importantes del mundo. Los católicos deben saber que el Vaticano, como Estado asociado a Naciones unidas, no ha firmado todavía ni el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, aprobado en la Asamblea General de la ONU el 16 de diciembre de 1966. Como tampoco ha firmado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, aprobado en la ONU en la misma fecha. Con estos dos Pactos la Declaración de 1948 se convirtió en cuerpo legal, obligatorio para los Estados firmantes. Esto quiere decir que la Iglesia católica, como Estado, no ha aceptado aún los derechos humanos, uno de los logros más grandes de la humanidad en el s. XX.

Pero no se trata sólo de eso. Además, la Iglesia tampoco ha admitido los derechos de las personas en su organización interna. Es verdad que la Iglesia se rige por el Código de Derecho Canónico, en el que se habla de derechos y deberes de los fieles. Pero si todo eso se mira desde una mentalidad propiamente jurídica, en realidad es letra muerta. Los juristas insisten en que un derecho es verdaderamente tal cuando su obtención no depende de la buena voluntad de los demás, sino de que el sujeto de ese derecho pueda demandar judicialmente a quien lo incumple. Sólo tiene derecho a algo el que, si se ve privado de aquello a lo que tiene derecho, puede poner una denuncia ante un juzgado, con garantías de obtener éxito en su demanda. Ahora bien, en la Iglesia no existe esto. Porque todo el poder está concentrado en un solo hombre, el papa, cosa que aparece claramente dicha en los cánones 331, 333, 1404 y 1372. La Iglesia católica es la última monarquía absoluta que queda en Europa. Lo cual quiere decir dos cosas:

1) El Estado de la Ciudad del Vaticano no reconoce ni acepta los derechos humanos, por más que los papas, desde Juan XXIII, vengan exhortando a los demás a su fiel cumplimiento.

2) La Iglesia no reconoce derechos, en sentido propio, a su fieles, lo que quiere decir que los católicos somos “creyentes sin papeles”, es decir, si nos vemos agredidos en nuestros derechos por la Institución Eclesiástica y sus autoridades no tenemos ni a dónde ni a quién recurrir para exigir derecho alguno.

Ahora bien, este hecho nos enfrenta a un problema jurídico de primera importancia. Porque esto nos viene a decir, entre otras cosas, que los Estados que tienen su embajada ante el Estado de la Ciudad del Vaticano deben ser conscientes de que mantienen relaciones diplomáticas con un Estado que no es, en sentido propio, un Estado de derecho. Un Estado que, como es patente, no tiene poder económico y militar determinante en las relaciones internacionales, pero que sigue teniendo un poder sobre las conciencias de muchos ciudadanos y, por tanto, un poder ético y mediático que muchos gobiernos siguen considerando de primera importancia. Por eso parece razonable pedir a los estudiosos del derecho internacional y constitucional que presten más atención a los frecuentes problemas que suelen plantear las religiones (concretamente la Iglesia católica) en no pocos asuntos relacionados con el derecho.

Sin embargo, no es esto lo más importante en este asunto. Lo más serio que se plantea a partir de lo dicho es el problema teológico. La creciente importancia que van logrando los derechos humanos en la opinión pública está poniendo en evidencia que la teología católica, especialmente la eclesiología, no ha querido o no ha sabido afrontar el problema quizá más grave y más urgente que tiene planteado en este momento. Se trata del problema de cómo se puede y se debe ejercer el poder en la Iglesia. A la teología católica le ha interesado, durante siglos, quién puede y debe ejercer el poder en la Iglesia. Pero no le ha interesado en la misma medida precisar cómo se debe ejercer ese poder, si es que pensamos este asunto desde el Evangelio. Porque sabemos que Jesús prohibió a sus apóstoles ejercer el poder como lo ejercen los poderosos y gobernantes de este mundo (Mc 10, 43-45). Pero hoy nos encontramos con la curiosa contradicción de que los poderes democráticos de este mundo respetan los derechos de los seres humanos como no los respeta el sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la tierra. En consecuencia, hay que decir con toda claridad que el papa no tiene poder para actuar de manera que, de hecho, prive a los fieles católicos de sus derechos más fundamentales. No es, por tanto, ni una falsedad ni una exageración afirmar que el papado está cometiendo un abuso de poder para el que no está legitimado.

Pero hay más. Lo que acabo de explicar nos lleva derechamente al problema de fondo que se oculta en todo este asunto: ¿En nombre de qué Dios y con qué autoridad presuntamente divina se puede privar a los seres humanos de sus derechos más fundamentales? Mientras la Iglesia no responda a esta pregunta y mientras no resuelva este problema no tendrá credibilidad ni, por tanto, podrá cumplir con su misión y su razón de ser en este mundo.

Este libro, argumentado desde la documentación histórica y jurídica pertinente, pretende ser una introducción al estudio de cuestiones que obligan a la teología católica a repensar seriamente algunos de sus planteamientos más tradicionales, considerados como intocables.

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Teólogos sin teología universitaria

Los monjes con el pueblo

Teología sin teólogos

Facultad teológica granadina 2/2

Apoyo a la Facultad de Teología de Granada y de Andalucía

Facultad teológica granadina 1/2

jueves, noviembre 15, 2007

Los jesuitas de hoy y de mañana

Los jesuitas de hoy y de mañana

Permalink 14.11.07 @ 23:58:00. Archivado en Universidades, Sociogenética, Ética, Religiones, Educación, Pro justitia et libertate

Bajo el título El optimismo solidario de Arrupe, escribía yo el 20.03.07: En el contexto del siglo que ha hecho posible la autodestrucción física de la humanidad por la energía nuclear, al mismo tiempo que su mayor envilecimiento, al negar sus derechos más sagrados a las personas y a pueblos enteros, considero a Pedro Arrupe, en cuanto general emblemático de los jesuitas posconciliares, como el mejor intérprete del espíritu ignaciano. Uno de sus méritos incontestables ha consistido en llevar la obra educativa y promocional de los jesuitas a los medios más olvidados y menos favorecidos de la familia humana actual.

Los jesuitas de hoy y de mañana siguen fieles a este espíritu ignaciano, que Pedro Arrupe tuvo el coraje y el mérito de interpretar y aplicar con todas sus consecuencias, a la luz del Concilio Vaticano II y de su extraordinaria experiencia personal.

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Momento y sentido del pos-arrupismo
por Norberto ALCOVER S.J.
Profesor de Comunicación en la Universidad Pontificia Comillas

CIEN años atrás y tal día como hoy, nacía en Bilbao quien refundaría la Compañía de Jesús. Ni más ni menos. Porque Pedro Arrupe, como Superior General de los jesuitas desde 1965 hasta ese 1981 en que sufre la trombosis que le deja inutilizado para el cargo y es sustituido por el P. Paolo Dezza en su calidad de Delegado del Papa, este recio creyente vasco llevará el cuerpo entero de la Compañía de Jesús desde la seguridad a la utopía, es decir, desde una fidelidad desleída al pasado a un compromiso radical con el futuro. Ésta fue su gestión histórica, jurídicamente cerrada cuando en 1983 y reunida la Congregación General de la Compañía como máximo órgano legislativo, elegiría al holandés Peter Hans Kolvenbach como nuevo Superior General. Hasta hoy mismo.

Arrupe vivió en la enfermería de la curia romana de los jesuitas toda una década, desde 1981 a 1991, cuando fallecía entre la admiración y la reticencia de la sociedad eclesial, de la sociedad civil y, por supuesto, de la sociedad jesuítica, tras diez años de sufrimiento y de una degradación progresiva de sus capacidades intelectivas pero también emocionales. Mientras tanto, la Compañía de Jesús experimentaba su propia travesía del desierto, en un intento permanente por demostrar su incondicional vinculación a la Santa Sede, en función de su vinculación específica al Sucesor de Pedro. Hay que reconocerle al Superior General Kolvenbach una capacidad de perseverancia inquebrantable en esta tarea nada fácil, en medio de problemas sin cuento. Ésta es la verdad y de nada sirve evitarla, entre otras razones porque, llegado Joseph Ratzinger al Papado como Benedicto XVI, la relación ha alcanzado de nuevo cotas de normalidad efectiva y afectiva. No en vano, el Papa teólogo concedía recién llegado al Vaticano permiso al Superior General Kolvenbach para convocar una próxima Congregación General a comienzos del ya inmediato 2008, en la que presentaría su inusual renuncia tras 25 años de gobierno y, en consecuencia, se elegiría a su sucesor. Todo un detalle de confianza con este holandés de rito armenio, experto en silencios discutidos y en vinculaciones exigentes.

Quiere decirse que, con esta convocatoria, la Compañía de Jesús se enfrenta de verdad al post-arrupismo, pues probablemente la gobernará un jesuita mucho menos determinado por la persona del líder carismático que fuera el bilbaíno Arrupe. El centenario de su nacimiento, así, coincide con una alternativa jesuítica de gran calado, de la misma manera que el mundo se ha transformado en esta centuria y la Iglesia experimentaba fluctuaciones profundas a lo largo del pontificado de Juan Pablo II: ya no es el mismo contexto que presionó la acción de Arrupe, y quien resulte elegido como Superior General de los jesuitas tendrá que enfrentarse a desafíos diferentes a los que viviera aquel hombre de nariz aguileña y ojos desafiantes. Tras los años intermedios de Kolvenbach, habrá llegado el momento de organizar la refundación arrupista como respuesta selectiva de las posibles acciones evangelizadoras, pero también como revisión de las articulaciones intrajesuíticas para alcanzar el dinamismo exigido por el momento histórico.

Entonces, ¿qué aporta Pedro Arrupe a esta cita histórica que quienes fueron sus jesuitas deben enfrentar con decisión y generosidad? En una reciente carta escrita por Jon Sobrino a Ignacio Ellacuría, como si éste permaneciera entre nosotros una vez muerto, le dirige estas palabras: «De la profundidad subjetiva de esa fe, nada puedo decir argumentativamente. Creo que el Padre Arrupe se puso siempre ante un Dios siempre mayor y siempre nuevo, y le dejó ser Dios». Probablemente, es lo mejor que el vasco tozudo y sencillo haya legado a sus sucesores: una fe en Dios tan radical que siempre esté por encima de todo, de todas las personas y de todas las eventualidades, como último argumento para hacer lo que se haga en la sociedad y en la Iglesia. Porque tal fe en Dios será, como ya sucediera con el mismo Arrupe, motivo de fidelidad al hombre en su ponerse histórico, sin evitar las complicaciones que la historia conlleve en todas las dimensiones de la vida: la fe en Dios es el trabajo por el ser humano donde esté y como esté, como ámbito donde refulge el rostro de un Dios hecho carne humana en Jesucristo.

Quienes solicitan de los jesuitas un permanente compromiso histórico, harían bien en desear para ellos un correlativo compromiso metahistórico. Cuando ellos, en un desmedido afán de modernidad, se desvinculen de Dios, también lo harán de los hombres y de las mujeres del momento. Ahí, precisamente, radicaba el misterio de un Arrupe que, creyente radical, dejaba a Dios ser Dios, siempre, en cada instante de su vida como individuo y como gobernante.

¿Dónde quedaba, entonces, la Iglesia en cuanto tal en el imaginario de Arrupe? ¿Dónde situaba este intuitivo histórico las relaciones que vinculan a la Compañía de Jesús con el Sucesor de Pedro como signo de la unidad eclesial? Arrupe siempre declaró ser «fiel hijo de la Iglesia» e insistía a sus jesuitas para que lo fueran con absoluta transparencia en su vida y en sus actuaciones. Más todavía, si Pedro Arrupe pasó lo que pasó, que fue muchísimo, se debió a una profundísima vinculación a la Iglesia, a la que intentó servir desde una obediencia tan leal como inteligente, tan adherida como objetivante, tan filial como fraternal: un conjunto de matices que, más tarde, Kolvenbach definirá como fidelidad creativa. Y si pecó de ingenuidad, que muy probablemente pecó, se debió a que nuestro hombre pensaba que los demás vivían, procedían y deseaban con la misma puridad con que lo hacía él. Tal ingenuidad puede que le provocara actitudes y soluciones imprudentes desde un punto de vista político, pero precisamente este hecho obliga a reflexionar muy seriamente sobre la naturaleza evangélica de una posible ingenuidad cristiana. Se trata de entenderlo o no entenderlo.

Y desembocamos en la utopía, donde siempre se movió Pedro Arrupe como pez en el agua. Una utopía cristiana, de sabor muy tehilardiano y todavía más ignaciano, que le llevó a desear siempre más en el servicio de Dios en los demás, pero también que le condujo, como hemos intentado significar, a una vinculación eclesial cada vez más profunda desde la libertad. Pero vivir así, desde la utopía, exige una puridad interior tremenda, la puridad de los grandes santos, incluso de esos santos laicos con quienes tantas veces nos cruzamos los creyentes. Los jesuitas del futuro, como decía el gran Kart Rahner, serán místicos o no serán. Estarán tan afincados en lo nuclear de Dios, estarán tan relacionados con él que, sin poder evitarlo, optarán por las causas aquellas en que Dios se juega más y más en la historia humana, es decir, en las causas donde la urgencia de com-pasión adquieran dimensiones más fuertes. Una utopía creyente que produce compromiso con la justicia.

Este hombre tan baqueteado por unos y por otros alcanza los cien años cuando su Compañía de Jesús, según escribíamos antes, se encuentra ante un instante decisivo: la Congregación General que comenzará cuando 2008 despunte. Con ella verá la luz el pos-arrupismo histórico, según decíamos. Pero una cosa es que los jesuitas asuman este novedoso momento de su historia, y otra muy diferente que pasen página del legado espiritual y cristiano heredado de forma providencial: legado de divina utopía, con los pies del todo en la tierra de todos, camino de una sociedad y de una Iglesia más auténticas en el servicio y en la libertad. O tal vez, en el servicio de la libertad. Es decir, en fe de Jesucristo.

Norbero ALCOVER S.J.
Profesor de Comunicación en la Universidad Pontificia Comillas

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Ver también mis artículos precedentes:

El optimismo solidario de Arrupe

Facultad teológica granadina 1/2

Sabiduría vasca

Jesuitas solidarios

2006, año jesuítico