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viernes, septiembre 14, 2007
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jueves, septiembre 13, 2007
Sociogenética de Sancho Panza
Sociogenética de Sancho Panza
13.09.07 @ 08:40:00. Archivado en Escritura bloguera, El Quijote, Semántica, Pragmática, Poética, Sociogenética, Novela
Sociogenéticamente, la combinación genial de generosidad y cálculo, malicia y bondad, agudeza y estupidez, ingenio e ignorancia, con que Cervantes traza el perfil de su personaje Sancho Panza, es "el fruto de un ambiente social que obliga al hombre a recubrirse de un caparazón de recelo, bellaquería y agresividad, para poder subsistir". Aunque, al reeditar en 2007 este artículo mío de 2005, me mantenga fundamentalmente de acuerdo con la interpretación sociológica de J. Salazar Rincón, en El mundo social del Quijote, insisto en que el resultado poético no es simplemente el fruto de una acumulación anecdótica de factores sociales, sino que el talento creativo de Cervantes ha logrado engendrar un personaje vivo, más bien que un simple retrato, dando preferencia a la etopeya sobre la prosopografía, a la cinematografía sociogenética de un prototipo sobre el retrato estático.
No ha faltado quien observase que no se le ha ocurrido al hidalgo, tan amigo de cambiar los nombres, el cambiárselo a su futuro escudero:
[1]«Sancho Panza se llamaba el escudero, pero al Caballero no se le ocurrió mudarle el nombre en otro expresivo, altisonante. ¿Estuvo en ello intencionado Cervantes? Bien pudo ser».
Menéndez y Pelayo ha estudiado la ascendencia literaria de Sancho. El nombre Sancho era proverbial desde la Edad Media, y figuraba en varios refranes: «Hallado ha Sancho con su roçin» (356), glosado: «La ruyndad entendida: presto es confundida», Marqués de Santillana, (p. 108.); ««Allá va Sancho con su rocino»; dizen que éste era un hombre grazioso que tenía una aca, y dondequiera que entrava la metía consigo; usamos deste proverbio quando dos amigos andan siempre juntos.», Cov. 925.a.48; ««Al buen callar llaman Sancho», conviene a saber sancio y santo.», Cov. 925.a.46, también el Marqués de Santillana, y Corbacho, ed. Castalia. p. 195.
Al finalizar su libro en 1604 Cervantes recalcó la originalidad de su genial creación:
«en quien. a mi parecer, te doy cifradas todas las gracias escuderiles...». I.Pról.15.
«El héroe literario necesita del «otro al lado», que sea su confidente y cooperador. Sin alguien junto a él con quien hablar, las andanzas de un orate por la Mancha hubieran dado poco juego. Tanto en la comedia áurea como en el relato, hacen falta dos conciencias compenetradas, pero en oposición dialéctica, de modo que una rebote en la otra, y permita revelar el pensamiento del personaje principal, dado que, normalmente, las miras del amo han de ser altas, sus hazañas valerosas y sus sentimientos elevados y sutiles… es inicialmente tonto, porque sus pocas luces no deben impedir el desvarío del héroe. Sólo a medida que éste vaya mostrando admirable cordura fuera de lo caballeresco, podrá ir enriqueciendo Sancho su personalidad hasta adquirir volumen comparable a la del caballero. A esto debe atribuirse la famosa quijotización de Sancho, tan notada por la crítica..», F.L. Carreter, en Rico 1998 a, p. XXXVI.
El aspecto físico que le atribuimos es, principalmente, representación mental nuestra como lectores, ya que Cervantes apenas se preocupó de elaborar su prosopografía, limitándose a decirnos de manera impresionista y un poco burlona que tenía «la barriga grande, el talle corto y las zancas largas», I.10.9. «El traje, las barbas, la gordura y pequeñez del nuevo gobernador tenía admirada a toda la gente que el busilis del cuento no sabía, y aun a todos los que lo sabían que eran muchos.», II.45.3. El soneto del burlador académico argamasillesco añade: «Sancho Panza es aquéste, en cuerpo chico, | pero grande en valor, ¡milagro estraño!», II.70.70. Para imaginarlo nos basamos en algunos rasgos de su etopeya, que nos hacen deducir, en particular poniendo de relieve su comportamiento de tranquilo, bebedor y glotón, que era pequeño y gordo: «Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido.», I.7.22. Enseguida sabemos que era «hombre de bien..., pero de muy poca sal en la mollera», I.7.20.
Con ocasión del embuste de Sancho, para hacer creer al cabrero que no ha tocado la maleta del loco de Sierra Morena (I.23.50), comenta Clemencín: «Júntese este rasgo de bellaquería de Sancho con los otros de codicia, y de miedo que notamos arriba, y se irá formando idea del carácter que dio Cervantes a este personaje, en quien reunió los deseos ordinarios del pobre, las precauciones del ignorante, la cobardía del villano, y la malicia mal disimulada de la aldea. Si agrega el apetito perpetuo de hablar, y de ensartar refranes más o menos a propósito, resultará el Sancho Panza de Cervantes.», Clem. 1233.a. El mismo Clemencín completa esta etopeya al final de su comentario: «Esta especie de codicia desconfiada y rústica es el rasgo principal del carácter de Sancho, según ya observó Ríos. Cervantes siempre le tiene suspenso con alguna esperanza, o cebado con algún interés, como por ejemplo, con los escudos de Sierra Morena, los del Duque, la paga del desencanto de Dulcinea y el gobierno de la ínsula. Con el propio fin hace que Sancho desprecie la honra de comer al lado de su amo, pidiéndole la conmute en otra cosa de más provecho y comodidad, y con el mismo finge también que salió de la venta contento y alegre por haberse excusado de pagar la posada a costa del manteamiento (Análisis, número 64).», Clem. 1909.b.
Sancho Panza, amalgama cómica de tradiciones literarias y tipos populares, no resulta unidimensional porque su rusticidad alterna con la ternura y la astucia, sin ofrecer exactamente una evolución psicológica gradual y coherente, sorprendiendo al lector con los variables matices de su personalidad (A. Rey).
Aunque nunca se declara la edad de Sancho, cabe inducir que era más joven que don Quijote, ya que éste le dice: «está muy puesto en razón natural que primero llegue el día de mi muerte que el de la tuya», II.20.56.
Afortunadamente Cervantes prefirió seguir adelante con el capítulo I.7 más bien que poner fin a su obra con el escrutinio. En este capítulo, tras concluir rápidamente su crítica literaria, hace aparecer la figura de Sancho Panza, con lo cual crea la inmortal pareja y con ella el constante y sabroso diálogo, uno de los mayores aciertos del escritor (M. de Riquer).
«Con Sancho el dialogismo puede ir convirtiéndose en el principio estructural constante de la novela, al que se sumarán otras no sólo personas sino mentes humanas independientes: contrastes dialécticos entre pareceres, que van superponiéndose y -en última instancia-, puesto que el narrador no nos da el código o clave de los mensajes, sólo pueden resolverse en la mente, abierta en potencia a todos estos, del lector.», Claudio Guillén, en Rico 1998 b, p. 32. Este recurso evita el tener que utilizar a cada paso un narrador omnisciente.
Si en un plano puramente formal observamos la frecuencia de las principales fórmulas narrativas que introducen las réplicas dialogísticas de cada uno de los dos personajes, notamos que don Quijote pregunta y replica [2] más que Sancho, mientras que las razones dialogísticas de ambos se equilibran: preguntó Sancho: 18; preguntó don Quijote: 27; razones de Sancho: 8 razones de don Quijote: 8; replicó Sancho: 58; replicó don Quijote: 71. Sin embargo, las respuestas [3] de Sancho Panza parecen ser más frecuentes que las de don Quijote, lo cual parece indicarnos que el escudero dialoga más que su señor, cuya tendencia al monólogo está condicionada por su manía discursiva: respondió Sancho: 304 respondió don Quijote: 254.
La entrada de Sancho en el relato coincide con el fin de las alucinaciones de impersonalismo de Don Quijote: «En el mismo capítulo VII [«De la segunda salida…»], en que acaban estas alucinaciones de impersonalismo (DQ se toma todavía por Reinaldos de Montalbán), entra en escena Sancho: «En este tiempo solicitó don Quijote a un labrador vecino suyo…», I.7.20.
[La figura de Sancho] Viene también de la literatura popular; un refrán decía: "Allá va Sancho con su rocino": y allá entró en su rucio el villano, decidor inagotable de refranes, como un tipo escuderil arcaico, que aparece en el siglo XIV en el más antiguo libro de caballerías conocido, El caballero Cifar… El amo y el escudero irán progresivamente completándose el uno al otro, de tal modo, "que las locuras del señor sin las necedades del criado no valdrían un ardite"» [4]
Esa combinación genial de agudeza y estupidez, malicia y bondad, ingenio e ignorancia, con que Cervantes traza el perfil de su personaje (Sancho Panza), es el fruto de un ambiente social que obliga al hombre a recubrirse de un caparazón de recelo, bellaquería y agresividad para poder subsistir. El labriego está condenado a sufrir la pobreza, la arbitrariedad de propietarios y señores, y el menosprecio de las demás categorías sociales; no es capaz de analizar y comprender su situación dentro del conjunto social, y carece de medios para defenderse en este mundo hostil. La socarronería, la malicia y el recelo son su único escudo protector frente a un orden social injusto, el fruto de un resentimiento acumulado durante toda una vida de esclavitud y de resignada sumisión.[5]
Esa mezcla de bobería y agudeza, que da a Sancho su verosimilitud y originalidad, procede de una imagen colectiva del campesino comúnmente aceptada por las gentes y fijada en una tradición oral [6].
La situación socio-económica de Sancho es conocida por sus convecinos, muy en particular por el morisco Ricote, su tendero y amigo, que le propondrá parte de su tesoro enterrado, si le ayuda a recuperarlo: «si tú, Sancho, quieres venir conmigo y ayudarme a sacarlo y a encubrirlo, yo te daré docientos escudos, con que podrás remediar tus necesidades, que ya sabes que sé yo que las tienes muchas.», II.54.25.
Es un Antiguo servidor del padre del Bachiller Sansón Carrasco, lo cual explica tanto que se refiera a lo que ganaba en aquél trabajo a la hora de acordar un salario con don Quijote como que introduzca a Sansón en la intimidad de don Quijote, tema este capital para la composición de la segunda parte: 1) Salario «—Cuando yo servía -respondió Sancho- a Tomé Carrasco, el padre del Bachiller Sansón Carrasco, que vuesa merced bien conoce, dos ducados ganaba cada mes, amén de la comida; con vuesa merced no sé lo que puedo ganar, puesto que sé que tiene más trabajo el escudero andante que el que sirve a un labrador; que, en resolución, los que servimos a labradores, por mucho que trabajemos de día, por mal que suceda, a la noche cenamos olla y dormimos en cama, en la cual no he dormido después que ha que sirvo a vuestra merced.», II.28.9. 2) Intoducción de Sansón: «mas si vuestra merced gusta que yo le haga venir aquí, iré por él en volandas.», II.2.36.
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[1] Pi y Molist, Cortejón; ver Murillo, I, p. 125-126.
[2] «REPLICAR. Comúnmente significa argüir segunda vez contra la respuesta del argumento, latine replico, as, quod interdum significat saepius inculco; y de allí réplica», Cov. 905.a.50.
[3] «RESPONDER. Dar satisfacción de palabra al que nos ha preguntado alguna cosa… De allí, respuesta, lo que se responde», Cov. 907.b.1.
[4] Ramón Menéndez Pidal, De Cervantes y Lope de Vega,Espasa-Calpe, Madrid, 1940, 29-30.
[5] J. Salazar Rincón, El mundo social del Quijote, p. 181, Gredos, Madrid, 1986.
[6] Maxime Chevalier, «Literatura oral y ficción cervantina», página 195; y Mauricio Molho, op. cit., pags. 217 y sigs, Ibíd, nota 70, p. 181.
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Fuente: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid. Este artículo apareció en cuatro periódicos virtuales, el 12.04.2005, con ocasión del año cervantino nacional.
martes, septiembre 11, 2007
Tomate "corazón de buey"
Tomate "corazón de buey" |
lunes, septiembre 10, 2007
Sancho Panza, gobernador codicioso
Sancho Panza, gobernador codicioso
10.09.07 @ 12:20:00. Archivado en Escritura bloguera, El Quijote, España, Sociogenética, Ética, Educación, Pro justitia et libertate
Numerosos amigos me piden que vuelva a publicar, en el seno de esta comunidad bloguera, el artículo que dedico en mi Diccionario enciclopédico del Quijote a "Sancho Panza, gobernador codicioso". Lo vuelvo a hacer con el mismo sentimiento que tuve de escribir sobre la actualidad cuando apareció por la primera vez en cuatro periódicos virtuales, durante el "año cervantino nacional", el 15.12.05. Digo "sentimiento de actualidad" en el doble sentido de la expresión: porque nos encontramos en el año "cervantino internacional" y porque la realidad humana del abuso del poder sigue siendo la misma. Me complazco en constatar que muchos admiradores de Cervantes y de la profesión de escritor ven en el uno la gran cualidad de su humanismo comprometido, y en la otra el principio más capital de su deontología.
Sancho Panza escribe a Teresa Panza: «De aquí a pocos días me partiré al gobierno, adonde voy con grandísimo deseo de hacer dineros, porque me han dicho que todos los gobernadores nuevos van con este mesmo deseo», II.36.14.
En repetidas ocasiones don Quijote estigmatiza la codicia de Sancho Panza. Ahora bien, quien sabe que la obra cervantina es una parodia, no se detiene en este primer nivel de la interpretación, sino que sube más arriba. Si la codicia de Sancho Panza se apoya en las promesas que don Quijote le ha hecho para que le siga y le hace continuamente para que no le abandone, el responsable de su codicia es el propio don Quijote.
Al leer estos reproches, no nos cabe duda que Cervantes hubiera luchado hoy con su obra paródica no solamente contra la corrupción de los mandatarios políticos, sino contra la irresponsabilidad de quienes les confiamos nuestra propia suerte mediante nuestro voto poco o nada responsable. Procediendo así cometemos la peor de las quijotadas.
Podemos estar seguros de que Cervantes escribió El Quijote más como un manual práctico de las quijotadas que debemos evitar, si queremos preservar nuestra libertad, que como una suma de lecciones morales, que nunca tuvo la intención de propinarnos.
gobern-: gobernaba: 2; gobernado: 4; gobernador: 174: [buen gobernador: 5; desgobernado gobernador: 1; gran gobernador: 3; gobernador de una ínsula: 6; señor gobernador: 37; ser gobernador: 15]; gobernadora: 2; gobernadores: 24; gobernadoresco: 1; gobernamos: 1; gobernando: 1; gobernar: 28; gobernarás: 1; gobernare: 1; gobernaré: 3; gobernares: 1; gobernarla: 1; gobernarle: 1; gobernarlos: 1; gobernarse: 1; gobernase: 1; gobernases: 1; goberné: 1; gobiern-: gobierna: 5; gobiernan: 6; gobiernas: 2; gobierne: 2; gobiernito: 1; gobierno: 117; gobiernos: 12
gobernador (doc. ±1230, de gobernar ) m. 'corregidor encargado de administrar justicia': «Asistente, el que asiste y el que preside, como asistente de Sevilla, corregidor o gobernador que asiste por el Rey.», Cov. 160.a.64; «de ordinario significa el que tiene en un lugar la preeminencia de administrar justicia, que en unas partes se llama corregidor y en otras gobernador, y su oficio se llama gobernación y gobierno.», Cov. 652.a.27.
|•| Es sabido que el 21 de mayo de 1590 Cervantes había solicitado al Consejo de Indias que se le hiciera la «merced de un oficio en las Indias, de los tres o cuatro que al presente están vacos, que es el uno la contaduría del nuevo reino de Granada; o la gobernación de la provincia de Soconusco, en Guatimala; o contador de las galeras de Cartagena; o corregidor de la ciudad de La Paz». La respuesta del Consejo, expedida el 6 de junio de 1590, fue además de negativa lacónica en extremo: «busque por acá en qué se le haga merced».
Cervantes ha sabido transformar el normal despecho por su experiencia de candidato frustrado en humor crítico, cuando hace decir a don Quijote: «ya por muchas experiencias sabemos que no es menester ni mucha habilidad ni muchas letras para ser uno gobernador, pues hay por ahí ciento que apenas saben leer, y gobiernan como unos girifaltes», II.32.41. La misma crítica aparece en el entremés de La elección de los alcaldes de Daganzo. Es sabido que la nobleza de la época, preferida para esto cargos, presumía de no saber de letras.
|| desgobernado… gobernador: ® desgobernado
|| gobernador codicioso: (tema del gobierno) Sancho Panza escribe a Teresa Panza: «De aquí a pocos días me partiré al gobierno, adonde voy con grandísimo deseo de hacer dineros, porque me han dicho que todos los gobernadores nuevos van con este mesmo deseo», II.36.14.
A Teresa Panza no debe darle pena el que SP no haya encontrado de nuevo una maleta con otros cien escudos, como la del loco de Sierra Morena, porque «en salvo está el que repica y todo saldrá en la colada del gobierno», II.36.14.
La Duquesa, al leer la carta de Sancho Panza a Teresa Panza, le reprocha el que diga que le han dado el gobierno por los azotes que se ha de dar, y el que se muestre en ella muy codicioso «porque la codicia rompe el saco, y el gobernador codicioso hace la justicia desgobernada.», II.36.18.
«Con el felice y gracioso suceso de la aventura de la Dolorida quedaron tan contentos los Duques, que determinaron pasar con las burlas adelante… otro día, que fue el que sucedió al vuelo de Clavileño, dijo el Duque a Sancho que se adeliñase y compusiese para ir a ser gobernador», II.42.1.
Sancho Panza parece burlarse del duque, cuando replica: «—Después que bajé del cielo, y después que desde su alta cumbre miré la tierra y la vi tan pequeña, se templó en parte en mí la gana que tenía de ser gobernador… Si vuestra señoría fuese servido de darme una tantica parte del cielo,II.42 § 2
El duque replica a su vez con un lugar común de quienes confunden la creencia con el chalaneo: —… si vos os sabéis dar maña podéis con las riquezas de la tierra granjear las del cielo.», II.42 § 3.
Sancho Panza al Duque: «yo pugnaré por ser tal gobernador, que… me vaya al cielo; y esto no es por codicia… de levantarme a mayores, sino por el deseo que tengo de probar a qué sabe el ser gobernador», II.42.4.
El Duque, viendo las menguadas reticencias y las muchas ganas de ser gobernador de Sancho Panza, canta las dulzuras del poder, tanto de gobernador, poder de Sancho Panza, como de emperador, poder de don Quijote: «comeros heis las manos tras el gobierno, por ser dulcísima cosa el mandar y ser obedecido… cuando vuestro dueño llegue a ser emperador… que le duela y le pese en la mitad del alma el tiempo que hubiere dejado de serlo.», II.42.5.
Don Quijote pudiera excusar que Sancho Panza ponga la ínsula que va a gobernar patas arriba con descubrir al Duque quién es: «un costal lleno de refranes y de malicias.» (opinión del Cura sobre el linaje de los Panza), II.43.19.
A pesar de todo, no piensa hacerlo, puesto que pide a Dios que gobierne a SP en su gobierno: «Dios te guíe, Sancho, y te gobierne en tu gobierno.», II.43.19.
Sancho Panza replica a los escrúpulos de su amo sobre su incapacidad para gobernar, diciendo que está dispuesto a renunciar, que lo mismo se sustentará con pan y cebolla que con perdices y capones; y que mientras los humanos duermen, todos son iguales, los grandes y los menores (de linaje o naturaleza), los pobres y los ricos (de fortuna); y que el asunto de gobernar ha sido promesa de Don Quijote, que en cuanto a él, más se quiere «ir Sancho al cielo que gobernador al infierno», II.43.20.
Don Quijote juzga que Sancho Panza merece ser gobernador de mil ínsulas, por las razones que ha dado para no serlo (¡formidable inconsecuencia!), cuando Sancho Panza le expresaba sus escrúpulos por su falta de preparación: «buen natural tienes, sin el cual no hay ciencia que valga; encomiéndate a Dios y procura no errar en la primera intención», II.43.21.
Instalación de Sancho Panza en su gobierno de la ínsula Barataria: «le llevaron a la iglesia mayor a dar gracias a Dios… con algunas ridículas ceremonias, le entregaron (a Sancho Panza) las llaves del pueblo y le admitieron por perpetuo gobernador de la ínsula Barataria.», II.45.2.
Sancho, caído en la sima con el rucio, se considera: «un desdichado desgobernado gobernador», II.55.11.
Teresa Panza a Sancho Panza, a su vuelta definitiva a la aldea, sorprendida de no verlo vestido de gobernador: «más traéis semejanza de desgobernado que de gobernador», II.73.16. ® gobernar
gobernar (doc. fin s. X., del lat. gubernare 'gobernar [una nave]' ^ 'conducir, gobernar [cualquier cosa]', y éste del gr. kybernáo, Cor.) v.tr. e intr «Del verbo latino guberno, as, proprie navem rego; por translación se dice gobernar, por regir, encaminar y administrar, o la república o personas y negocios particulares, su casa y su persona. En esta mesma significación se toma gobernador; verdad es que, de ordinario significa el que tiene en un lugar la preeminencia de administrar justicia, que en unas partes se llama corregidor y en otras gobernador, y su oficio se llama gobernación y gobierno.», Cov. 652.a.27.
|| gobernar como un girifalte: loc.verb. Don Quijote dice que «Sancho Panza… se saldría con cualquiera gobierno, como el rey con sus alcabalas; y más que ya por muchas experiencias sabemos que no es menester ni mucha habilidad ni muchas letras para ser un gobernador, pues hay por ahí ciento que apenas saben leer, y gobiernan como unos girifaltes», II.32.41. • La fr. es elíptica; los eds. la explican de diversas maneras: «gobiernan con la agilidad de unos gerifaltes», Rgz Marín; «sin duda quiere decir que gobiernan con agudeza»'; «con la precipitación de...», (Mendizábal); otros: 'con la rapacidad de' (Américo Castro), 'con la excelencia de'. ® gerifalte
|| gobernar y regir: metábola. Sancho replica al ama, que lo trata de golozazo, sobre qué cosa sean ínsulas: «—No es de comer—replicó Sancho—, sino de gobernar y regir mejor que cuatro ciudades y que cuatro alcaldes de corte», II.2.6. Rgz Marín y Murillo glosan: «que él (Sancho Panza) la gobernará y regirá... no ya mejor que la gobernaría una ciudad (Ayuntamiento) y que la regiría un alcalde de Corte, sino mejor aún que cuatro ciudades (ayuntamientos) y que cuatro alcaldes». ® gobernador ® gobierno
gobierno (doc. ±1330. de gobernar) m. 'acción y efecto de gobernar' µn 'empleo, ministerio y dignidad de gobernador'.
|•| Don Antonio Moreno se sorprende al oír de boca de don Quijote que Sancho Panza ha sido gobernador: «—Sí -respondió Sancho-, y de una ínsula llamada Barataria. Diez días la goberné a pedir de boca; en ellos perdí el sosiego y aprendí a despreciar todos los gobiernos del mundo», II.62.7.
Grandes eran los discursos que don Quijote hacía sobre la respuesta de la encantada cabeza a propósito del desencanto de Dulcinea, mientras que «Sancho, aunque aborrecía el ser gobernador, como queda dicho, todavía deseaba volver a mandar y ser obedecido; que esta malaventura trae consigo el mando, aunque sea de burlas», II.63.1.
|| buen gobierno: 'buen juicio' «sepa que, aunque zafio y villano, todavía se me alcanza algo desto que llaman buen gobierno», I.23.5.
|| se saldría con cualquiera gobierno: 'saldría adelante con su intento de gobernar cualquier gobierno' :: 'conseguiría gobernar cualquier gobierno' • Según don Quijote, «Sancho Panza… se saldría con cualquiera gobierno, como el rey con sus alcabalas», II.32.41.
|| sin gobierno: doble sentido: 1. 'sin juicio' 2. 'sin el poder de gobernar'; esta disemia anima la perorata de Teresa Panza, que se resiste a ver partir a su marido de nuevo: «vivid vos, y llévese el diablo cuantos gobiernos hay en el mundo; sin gobierno salistes del vientre de vuestra madre, sin gobierno habéis vivido hasta ahora, y sin gobierno os iréis, o os llevarán, a la sepultura cuando Dios fuere servido.», II.5.12
|| su gobierno, que con otro de brocado de tres altos lo deseche: ® brocado
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Fuente: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005. Este artículo apareció en cuatro periódicos el 15.12.05.
sábado, septiembre 08, 2007
Temática bloguera “cervantina”
Temática bloguera “cervantina”
08.09.07 @ 13:15:33. Archivado en Escritura bloguera, El Quijote, Poética, España, Educación, Novela
Estimado y querido César: Es tan copioso el menú que me propones, en correpondencia de reciprocidad con la frugal cena que yo he ofrecido sobre la mesa de nuestra comunidad bloguera, que me das programa para una serie de intervenciones.
Imagen: CANDIDO PORTINARI, Dom Quixote e Sancho Pança Saindo para Suas Aventuras (Don Quijote y Sancho Panza saliendo para sus aventuras),1956
Lápiz de color s/ cartón, 28,5 x 21,5 cm.
Col. Museus Castro Maya, Brasil.
He aquí, a modo de respuesta telegráfica, algunos de los títulos de esta serie, que iré desgranando en alternancia con otros temas que la actualidad nos impone:
1) Incógnitas claves del Quijote: Hay muchas, la más importante es la decepción de Cervantes por los servicios rendidos a España como héroe militar, cuya recompensa no llegó nunca. La parodia del gobernador de la Ínsula Barataria es la genial respuesta de un escritor a un miope poder Real, que a veces confiaba los gobiernos de las Indias Occidentales a iletrados y analfabetos, menospreciando su propia oferta “quijotesca” de servir a la corona allende la Mar Océana.
2) Cervantes, los Jesuitas y El Quijote: Cervantes, que siendo niño y adolescente fue alumno de los jesuitas en Córdoba, fue toda su vida un gran entusiasta de su pedagogía y de su ejemplar disponibilidad. De ellos recibió su amor por la escritura y la lectura, su magnífica formación humanista y su proverbial espíritu crítico con el poder.
3) Opus, Jesuitas y Camino: Para salvar al catolicismo de sus "enemigos", el fundador del Opus creyó poder repetir, en los años treinta, la hazaña ignaciana de los tiempos de Carlos V. Para ello tomó como director espiritual a un jesuita y adoptó en sus reglas de la Obra una cantidad importante de las reglas ancestrales de los jesuitas. Cabe señalar entre estas reglas su servicio incondicional al Papado. El Opus actual, cuyo prestigio y buena fe no pongo en duda, ha aprovechado valores innegables de los jesuitas que han resistido al tiempo, pero sin comprender a veces que los jesuitas han recorrido mucha historia entre Ignacio de Loyola y Pedro Arrupe.
4) José Mª. Sánchez de Muniain consideraba que El Quijote, en razón de sus situaciones y personajes, era un texto para leer al final de la vida. Mi padre pensaba exactamente lo contrario, así que mis hermanos y yo lo leíamos con él durante las siestas, que no dormíamos, e incluso nos dictaba sus pasajes más divertidos, riendo él y haciéndonos reír a nosotros. Era nuestro apetecible descanso, para él de su consulta y para nosotros de nuestros profesores particulares de matemáticas.
5) Los Rusos y El Quijote: El pueblo ruso tiene la misma tendencia que el nuestro a cometer quijotadas. Tanto los zares como los bolcheviques desearon exaltar la ejemplaridad del Quijote, fomentando sus traducciones.
6) Realidad y poesía en El Quijote: El respeto de Cervantes por la realidad le impulsa a transfigurarla, mediante la sutil herramienta de la ironía, empleada con la misericordia de su generosidad, para darnos una visión más universal de las auténticas realidades humanas, que se esconden tras nuestra diferencias más aparentes.
7) Rocinante es uno de los personajes más importantes de la fábula. Don Quijote le soltó las riendas para que marcara la ruta, cuando él mismo no sabía a qué aventuras salía. Cuando fue necesario defendió su honor como se defiende el honor ofendido de una persona.
Amigo y colega César, con tus generosos comentarios tienes el mérito de revitalizar el género epistolar, poniéndolo al servicio de este nuevo género literario que es la escritura bloguera. Es una manera concreta de realizar la condición de interactividad que a ti como a mí nos parece indisociable del nuevo género, si quiere ser, junto a la ficción, un digno heredero de la escritura desatada “cervantina”, enriqueciéndola con las posibilidades actuales de la intertextualidad en tiempo real.
Cordialmente,
Salvador.
jueves, septiembre 06, 2007
Cide Hamete Benengeli, autor del Quijote
Cide Hamete Benengeli, autor del Quijote
06.09.07 @ 20:15:46. Archivado en Escritura bloguera, El Quijote, Poética, Sociogenética, Novela
Cide Hamete Benengeli es la última instancia, la más radical, de la FICCIÓN DE AUTORÍA DEL QUIJOTE, hasta el punto que el propio Cervantes, que lógicamente habría que situar en el cero del sistema como su punto de partida, queda obstinadamente neutralizado, por no decir evacuado, en favor de «su primer autor Cide Hamete Benengeli», II.24.1.
Ofrezco esta reflexión narratológica a mis colegas blogueros seducidos por la ficción, como un botón de muestra del interés que puso Cervantes como Autor del Quijote en elegir un "punto de vista" particularmente alejado del narcisismo autodiegético y lo más cercano posible de la escritura polifacética de la interactividad plural que pretendemos los blogueros. De haber disfrutado de los privilegios de la interactividad y de la intertextualidad que nos ofrecen los blogues, podríamos considerarlo como el más interactivo, intertextual y polifacético de los blogueros. En todo caso, y sin incurrir en anacronismos, tenemos argumentos suficientes para declararlo el protobloguero por antonomasia. Con el elemento compositivo prefijo proto-, del gr. proto-, 'primero', indicamos 'prioridad, preeminencia o superioridad'. Protomártir, protomédico, prototipo. DRAE
Benengeli: 19: [Cide Hamete Benengeli: 13: [cuenta Cide Hamete Benengeli: 3; cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli: 1]; dice Benengeli: 3]
Benengeli (arabismo cervantino en 1605, del árabe 'hijo del Ciervo'): Benengeli significa, según el orientalista José Antonio Conde, 'hijo del Ciervo, cerval o cervanteño', etimología que hace pensar a algunos cervantistas que Benengeli podría ser la arabización del apellido Cervantes, una de cuyas etimologías lo hace derivar del signum visigótico Cervantius, derivado a su vez del lat. cervus 'ciervo'. • Otra etimología, propuesta por Bencheneb y Marcilly: Ben-engeli 'hijo del Evangelio' y, como tal, no musulmán sino cristiano.
|| Cide Hamete Benengelise sitúa en el centro de una constelación de calificaciones minuciosamente articuladas, mediante las cuales se pretende hacernos sentir la importancia que da Cervantes a su FICCIÓN DE AUTORÍA DEL QUIJOTE:
[[autor: autor arábigo y manchego; autor desta historia; autor desta grande historia; su primer autor; su autor primero]; coronista desta grande historia; filósofo mahomético; [historiador: flor de los historiadores; historiador arábigo; historiador muy curioso y muy puntual]; puntualísimo escudriñador de los átomos desta verdadera historia; [sabio: sabio; sabio y atentado historiador]].
He aquí, por su orden de aparición en la novela, los pasajes donde se atribuyen estas calificaciones a Cide Hamete Benengeli: • «Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo», I.9.9. • «el sabio Cide Hamete Benengeli», I.15.1. • «Cide Mahamate Benengeli fue historiador muy curioso y muy puntual en todas las cosas», I.16.18. • «Cide Hamete Benengeli, autor arábigo y manchego», I.22.1. • «el sabio y atentado historiador Cide Hamete Benengeli», I.27.31. • «su primer autor Cide Hamete Benengeli», II.24.1. • «Cide Hamete, coronista desta grande historia», II.27.1. • «Cide Hamete, su autor primero», II.40.1. • «Cide Hamete, puntualísimo escudriñador de los átomos desta verdadera historia», II.50.1. • «Cide Hamete, filósofo mahomético», II.53.1. • «Cide Hamete su primer autor», I.59.53. • «Cide Hamete Benengeli, flor de los historiadores», II.61.5. • «Cide Hamete, autor desta grande historia», II.70.7. • «Cide Hamete, su primer autor», II.70.20. • «el prudentísimo Cide Hamete», II.74.32.
Cide Hamete Benengeli es la última instancia, la más radical, de la FICCIÓN DE AUTORÍA DEL QUIJOTE, hasta el punto que el propio Cervantes, que lógicamente habría que situar en el cero del sistema como su punto de partida, queda obstinadamente neutralizado, por no decir evacuado, en favor de «su primer autor Cide Hamete Benengeli», II.24.1.
Digamos ante todo que mediante esta ficción se trata de parodiar un aspecto del estilo de los libros de caballerías, en los cuales es muy frecuente que los autores finjan que no son ellos mismos los autores primeros del libro que presentan a sus lectores, sino sus editores o traductores. La ficción consiste en pretender que han hallado el original en condiciones misteriosas, que este original estaba en una lengua extranjera, de preferencia exótica, y que ellos se han limitado a traducirlo o a editarlo.
Cervantes disociará al máximo estas funciones e inventará algunas más, como la de buscador de manuscritos. También añadirá, como nota muy propia suya, el permitir que ciertas calificaciones con las que decora a su autor primero, cuya característica retórica más visible es la hipérbole humorística, sean puestas en duda sea por el editor, sea por cualquiera de los otros personajes, comenzando por el propio don Quijote, los cuales, tras leer la historia u oír comentarios de lectores sobre ella, critican el trabajo de autoría. La más dura de estas críticas es la que formula el editor al tratar de mentiroso y de perro al autor primero. No queremos esquivarla porque en ella se pasa de la pura autocrítica literaria al nivel propiamente ideológico de la animosidad interétnica, muy en carne viva por aquellos años. Hay que pensar que en este pasaje como en el de la expulsión de los moriscos, Cervantes deja entrar en su novela, sin criticarlos pero sí ridiculizando su exageración, sentimientos que se movían libremente por la calle como lugares comunes de los cristianos viejos:
«Si a ésta se le puede poner alguna objeción cerca de su verdad, no podrá ser otra sino haber sido su autor arábigo, siendo muy propio de los de aquella nación ser mentirosos, aunque, por ser tan nuestros enemigos, antes se puede entender haber quedado falto en ella que demasiado. Y ansí me parece a mí, pues cuando pudiera y debiera extender la pluma en las alabanzas de tan buen caballero, parece que de industria las pasa en silencio: cosa mal hecha y peor pensada, habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rancor ni la afición no les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir… si algo bueno en ella faltare, para mí tengo que fue por culpa del galgo de su autor, antes que por falta del sujeto.» I.9.11.
Estas críticas aparecen entremezcladas con alabanzas, en otra constelación de calificaciones que gravitan alrededor del término autor, cuando éste está disociado del hombre propio de Cide Hamete Benengeli, aunque con referencia inequívoca a él:
[autor: arábigo; celebérrimo; fidedigno; Cide Hamete Berenjena; galgo; moro: 2; [sabio: no sabio; sabio; sabio encantador; sabio mi enemigo]]
He aquí, por su orden de aparición en la novela, los pasajes donde se atribuyen estas calificaciones al autor primero: • «tu sabio autor», I.Versos prelim.21. • «autor arábigo», I.9.11. • «fidedigno autor desta nueva y jamás vista historia», I.52.44. • «algún sabio encantador el autor de nuestra historia», II.2.31. • «desconsolóle pensar que su autor era moro», II.3.2. • Sansón a don Quijote y Sancho: «el autor de la historia se llama Cide Hamete Berenjena», II.2.32. • «no ha sido sabio el autor de mi historia», II.3.41. • «si por ventura ha sido su autor algún sabio mi enemigo, habrá puesto unas cosas por otras, mezclando con una verdad mil mentiras, divertiéndose a contar otras acciones fuera de lo que requiere la continuación de una verdadera historia.», II.8.9. • «¡Oh autor celebérrimo!», II.40.1.
Un indicio de la vigencia de esta ficción de autoría en tiempos del Quijote es que una novela de carácter totalmente diferente al de los libros de caballerías se publicó en 1595 con esta explicación en la portada:
«agora nuevamente sacada de un libro arábigo, cuyo autor de vista fue un moro llamado Abén Hamín, natural de Granada».
Se trataba de las Guerras civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita.
«Muestra característica de este fenómeno es la forma en que va evolucionando, a partir del Amadís, la atribución a dos autores sucesivos, un redactor antiguo y un traductor moderno, del libro que se está leyendo, desdoblamiento iniciado por Montalvo y tan sutilmente aprovechado después por Cervantes en su creación de Cide Hamete Benengeli: en el Caballero de la Cruz (1521) los autores son un cronista moro y un cautivo cristiano capaz de verter al castellano el texto árabe; en el Amadís de Grecia (1530) coexisten dos responsables cuyos prólogos se oponen y contradicen; en el Palmerin de Inglaterra (1547) Francisco de Moraes finge que la biografía de su protagonista no es sino un extracto, vertido al portugués, de las viejas crónicas de Gran Bretaña conservadas en la biblioteca de un erudito parisino; y en el Felixmarte de Hircania (1556) aparecen nada menos que cuatro personajes: el griego Philosio, cuyo texto, supuestamente traducido al latín por Plutarco y retraducido por Petrarca al idioma toscano, pasa finalmente al castellano en la versión del oscuro Melchor Ortega.», S. Roubaud, en Rico 1998 a, p. CXVI.
Cabe añadir con Clemencín que «entre el libro del Caballero de la Cruz y el QUIJOTE hay una semejanza muy particular, «que es la del origen arábigo, tan verdadero en el uno como en el otro, pero acomodado a la opinión de los que creyeron que esta clase de libros nos vino de los árabes. Opinión contradicha, no sólo por los datos de la historia, sino también por la comparación entre las costumbres mahometanas y las que describen los libros caballerescos; entre el desprecio esencial que los musulmanes hacen de las mujeres y la especie de idolatría que los andantes profesaban a sus damas; entre las cadenas y sujeción del harem y la desenvoltura y vagancia de Angélica y demás doncellas andantes o guerreras. El caballero andante es el esclavo de la que ama; el musulmán es su tirano. Ningún musulmán llamó jamás mi Dios ni mi Diosa a su querida, como lo hicieron los caballeros; ni caballero alguno puso la suya bajo la custodia y férula de un eunuco. Las ideas y costumbres caballerescas tienen mucha más conexión con las de los pueblos antiguos del Norte, que, según el testimonio de Tácito, atribuían al bello sexo un carácter sagrado que, sin llegar a divino, sobrepujaba al común humano (Germán, cap. VIII).», Clem. 1064.a.
Sin perder de vista esta perspectiva intertextual, que ciertamente ha inspirado formalmente a nuestro autor, también hay que tener en cuenta que el desdoblamiento de la perspectiva narrativa era uno de los juegos favoritos de Cervantes.
No nos cabe duda que Cervantes tuvo muy en cuenta a este respecto los consejos del Pinciano en su Poética de 1596:
«Del narrar la cosa por persona agena del poeta nacen muchas cosas buenas a la acción; primeramente que, hablando assí, le es más honesto el alabar o vituperar las cosas que [pág. 486] ama y aborrece, y dar su sentencia y parecer más libre; lo otro, que, dichas por vna y otra persona, varía la lección y no cansa tanto como si él solo fuesse el que narrasse; lo otro, para el mouimiento de los affectos es importantíssimo, porque, si otro que Vlyses contara sus errores y miserias, y otro que Eneas contara sus trabajos y desuenturas, no fuera la narración tan miserable, y, como el deleyte de la épica, ansí como el de la trágica, viene parte mayor de la compassión y misericordia, faltara mucho al deleyte de la tal acción», Ph.A.Poética, Epístola vndécima, § 163.
El nuevo recurso narrativo introducido por el Quijote no es tanto la narración en tercera persona cuanto la ficción de autoría bastante enriquecida y la superposición de mundos: un buscador de manuscritos; Cide Hamete Benengeli, como autor verdadero; un traductor, un editor, y la interacción entre apariencia y realidad, entre historia inventada e historia verdadera, cuyo momento culminante será el de la entrada de los lectores de la Primera parte como personajes de la fábula en la Segunda parte. Para decirlo con una fórmula feliz, acuñada por Gilman en un libro sobre Galdós: «the fictionality of fiction pretending to be non fiction».
En el conjunto del texto del Q. funcionan por los menos los niveles siguientes de autoría y lectoría, presentados en su orden genético:
0) Cervantes,
1) Cide Hamete = coronista = autor verdadero,
2) traductor,
3) editor (¿Cervantes?),
4) lector personaje de la historia,
5) desocupado lector.
6) El tema de la verdad aparece bajo múltiples formas (® verdad): como una preocupación central del protagonista, que sabe quien es él en I, y que no permite que otro don Quijote lo reemplace en II; como una garantía permanente de la autentididad de los sucesos narrados, ofrecida por el autor verdadero; y como un criterio de selección del autor y de edición del editor, para contar fielmente la historia de don Quijote, evitando incoherencias y prolijidades.
Llaman la atención, en II.24, las reflexiones de Cide Hamete Benengeli sobre la verosimilitud del relato de don Quijote acerca de lo ocurrido en la cueva de Montesinos:
«La intervención directa del primer autor del Quijote en la narración, invitando al lector a que intervenga en el proceso de estructuración de la novela, como si fuera el juez del comportamiento de los personajes y el que hubiese de sopesar la autenticidad de la historia narrada, revela la misma esencia estética del naciente género narrativo. Es la cumbre del movimiento de la narración cervantina hacia el autoconocimiento.», S. Piskunova, en Rico 1998 b, p. 152.
En el Persiles , donde los niveles de autoría y lectoría son mucho más simples, hay sin embargo un tardío recuerdo de este juego del Quijote en el primer párrafo del libro II:
«Parece que el autor de esta historia sabía más de enamorado que de historiador, porque casi este primer capítulo de la entrada del segundo libro le gasta todo en una definición de celos ocasionados de los que mostró tener Auristela por lo que le contó el capitán del navío; pero en esta traducción, que lo es, se quita por prolija, y por cosa en muchas partes referida y ventilada, y se viene a la verdad del caso, que fue que, cambiándose el viento y enmarañándose las nubes, cerró la noche oscura y tenebrosa», Persiles , II, c. 1, § 1.
En esta forma simplificada de la ficción de autoría cabe distinguir:
1) autor,
2) traductor (¿= editor?),
3) editor (¿= traductor?),
4) lector;
5) el tema de la verdad aparece como un criterio de edición para evitar prolijidades.
Terminemos sugiriendo con L. Spitzer la razón profunda de esta ficción de autoría:
«Cervantes destruye a sabiendas la ilusión artística: él, que mueve los títeres, nos permite ver los hilos con que los mueve, como diciéndonos: 'mira, lector, esto no es la vida; esto es sólo ficción, novela, en una palabra, arte: reconoce el poder vivificador del artista como algo distinto de la vida.».
® arriero ® cartapacios ® traducir ® traductor
Fuente: Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005.
