miércoles, septiembre 05, 2007

El lector que salvó a don Quijote

El lector que salvó a don Quijote

Permalink 05.09.07 @ 19:40:15. Archivado en Escritura bloguera, El Quijote, Poética, Novela

Dedico la reedición de este artículo mío del año cervantino (1) a mi colega y amigo, el profesor y novelista César Rodríguez Docampo, a quien le cupo el honor de dirigir los primeros tres años de navegación del Instituto de Bachillerato de Estepa, ayudando así en su tarea educativa como padres a mis inolvidables paisanos, algunos de ellos mis probables "hermanos de leche".

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Al bachiller salmantino Sansón Carrasco, prototipo del lector del Quijote, le cupo el honor de salvar a don Quijote, en nombre y lugar de todos los lectores que, como él, le quisieron y le quieren hasta el punto de meterse en su historia para intentar salvarlo.

Sansón: 77: [(el) bachiller Sansón Carrasco: 25]; Sansonino: 1

Sansón (del lat. Samson, -onis, -onem , del hebr. Shimshon 'pequeño sol' :: 'resplandeciente') m. Uno de los jueces de Israel (Jueces, cc. XIII-XV), conocido por su fuerza prodigiosa, de donde por antonomasia: 'hombre muy forzudo'

|| ¡Aquí morirás, Sansón y cuantos con él son: Versión personalizada de un refrán: ««Akí morirá Sansón, i kuantos kon él son.» Tómase de la istoria de los XUEZES (XVI,30)», Correas. 70.b. "Moriatur anima mea cum Philistiim"

Por el testimonio de Mateo Alemán sabemos que este refrán se empleaba en situaciones de gran sorpresa, que implican una fuerte emotividad:

«Veis aquí, cuando a mediodía estaba comiendo muy sin cuidado de cosa que me lo pudiera dar, donde veo entrar por mi aposento un alguacil de corte. «¡Ah cuerpo de tal! Aqui morirá Sansón y cuantos con él son. Mi fin es llegado», dije.», MA, Guzmán, p. 196-197.

Sancho grita en el momento de fingir coraje y determinación para azotarse, como si viniera a las manos con un enemigo, que no por casualidad se llama Sansón. En su grito hay referencia al gigante bíblico, terror de los filisteos, y más que probablemente al bachiller Sansón Carrasco, vencedor de don Quijote:

«—¡Aquí morirás, Sansón, y cuantos con él son! » II.71.22.

No hay por qué despersonalizar la réplica de Sancho, reproduciendo el refrán como aparece en los refraneros, que es lo que hace la mayoría de los editores llevados por una suerte de furor intertextual.

|| Sansón Carrasco: su nombre alude al héroe bíblico y a las fuerzas de Hércules. Arturo Marasso sugiere que el apellido alude por alegorismo al carrasco o encina, árbol que desmochado renace con más fuerza; ya que Sansón Carrasco, tras haber sido vencido una primera vez por don Quijote, volvió a la carga y logró a su vez vencerlo y obligarlo a volver a su lugar.

Si tomamos a la letra lo que dice de él Tomé Cecial, que le sirve de escudero en la aventura desventurada del Caballero del Bosque, se le conoce en su lugar como «el atrevido y mal aconsejado»:

«sin duda alguna es el atrevido y mal aconsejado, el bachiller Sansón Carrasco, nuestro compatrioto.», II.14.58.

Diferentes correcciones de este pasaje de la ed. pr. tienen como efecto el hacer perder su relieve a esta caracterización del personaje, que tal como está en ella no ofrece dudas. Hartzenbusch corrige: es el atrevido y mal aconsejado del bachiller, enmienda seguida por casi todos los editores posteriores a él, entre los cuales se encuentran Rgz Marín y los más recientes, excepto Cortazar-Lerner y Gaos, que respetan el texto. Unos cuantos prefieren emplear la goma de borrar quitando la coma y un artículo determinado: es el atrevido y mal aconsejado bachiller Sansón Carrasco. Fitzmaurice-Kelly: es atrevido y mal aconsejado el bachiller Sansón Carrasco.

He aquí la descripción que de él nos da el narrador, al comienzo de la segunda parte, para significarnos la importancia que va a tener en ella, puesto que, como bachiller recién cocido de Salamanca, II.2.30, va a reemplazar al cura y al barbero en la misión de hacer volver a don Quijote a la aldea de todos ellos:

«Era el bachiller, aunque se llamaba Sansón, no muy grande de cuerpo, aunque muy gran socarrón; de color macilenta, pero de muy buen entendimiento; tendría hasta veinte y cuatro años, carirredondo, de nariz chata y de boca grande, señales todas de ser de condición maliciosa y amigo de donaires y de burlas, como lo mostró en viendo a don Quijote, poniéndose delante dél de rodillas, diciéndole:…», II.3.3.

Confiesa su condición de clérigo:

«aunque no tengo otras órdenes que las cuatro primeras,», II.3.4.

Es introducido en el círculo de amigos de don Quijote por Sancho Panza, por ser éste un antiguo servidor del padre del Bachiller, lo cual explica tanto que Sancho se refiera a lo que ganaba en aquél trabajo, a la hora de acordar un salario con don Quijote, como que introduzca a Sansón en la intimidad de don Quijote:

«si vuestra merced gusta que yo le haga venir aquí, iré por él en volandas.», II.2.36.

Este gesto será capital para la composición de la segunda parte, puesto que Sansón es desde su comienzo el lector por antonomasia de la historia de don Quijote publicada ya, que se convertirá primeramente en el leal antagonista del caballero andante don Quijote de la Mancha, y en segundo lugar en el auténtico héroe salvador de Alonso Quijano, haciéndole renunciar definitivamente a sus quijotadas.

He aquí cómo lo percibe el propio don Quijote:

« —¿No te dije yo, Sancho, que me habían de sobrar escuderos? Mira quién se ofrece a serlo, sino el inaudito bachiller Sansón Carrasco, perpetuo trastulo y regocijador de los patios de las escuelas salmanticenses, sano de su persona, ágil de sus miembros, callado, sufridor así del calor como del frío, así de la hambre como de la sed, con todas aquellas partes que se requieren para ser escudero de un caballero andante.», II.7.38.

El ama, sabiendo que es bien hablado y amigo fresco de don Quijote, acude a él para que neutralice la influencia de Sancho Panza sobre su señor:

«Apenas vio el ama que Sancho Panza se encerraba con su señor, cuando dio en la cuenta de sus tratos, y, imaginando que de aquella consulta había de salir la resolución de su tercera salida, y tomando su manto, toda llena de congoja y pesadumbre se fue a buscar al bachiller Sansón Carrasco, pareciéndole que por ser bien hablado y amigo fresco de su señor, le podría persuadir a que dejase tan desvariado propósito.», II.7.1.

Lo que no sabe el ama es que si la tercera salida de don Quijote ha tenido lugar antes de su visita al bachiller y si ésta salida ya no es meramente manchega, sino aragonesa, se debe al consejo del lector por antonomasia de la obra de su autor verdadero, que es el propio Sansón Carrasco:

«determinó de hacer de allí a tres o cuatro días otra salida; y declarando su intento al bachiller, le pidió consejo por qué parte comenzaría su jornada; el cual le respondió que era su parecer que fuese al reino de Aragón y a la ciudad de Zaragoza, adonde de allí a pocos días se habían de hacer unas solemnísimas justas por la fiesta de San Jorge, en las cuales podría ganar fama sobre todos los caballeros aragoneses, que sería ganarla sobre todos los del mundo.», II.4.19.

El que Sansón Carrasco pusiese un epitafio a la sepultura de don Quijote, donde se declara su valentía, su inmortalidad y su desprecio del mundo, y el que Cide Hamete y el editor lo conservasen (ficción de autoría), manifiesta una intención muy particular: Sansón Carrasco fue el único que, como Caballero de la Blanca Luna, lo venció y lo hizo volver a su aldea de manera digna, II.74 § 29-31. ® epitafios. Convendría apuntar aquí que si fue capaz de hacerlo es porque siendo como lo era bachiller por Salamanca, era al mismo tiempo el primero y mejor lector de la historia publicada de don Quijote:

«Admirado quedó el bachiller de oír el término y modo de hablar de Sancho Panza; que puesto que había leído la primera historia de su señor, nunca creyó que era tan gracioso como allí le pintan», II.7.40.

Por eso le cupo el honor de salvar a don Quijote en nombre y lugar de todos los lectores que, como él, le quisieron y le quieren hasta el punto de meterse en su historia para intentar salvarlo. Lo cual no fue fácil, porque en apariencia tuvo que comenzar por llevarle la corriente:

«Finalmente, don Quijote y Sancho se abrazaron y quedaron amigos, y con parecer y beneplácito del gran Carrasco, que por entonces era su oráculo, se ordenó que de allí a tres días fuese su partida», II.7.41.

Sansón Carrasco extremó su complicidad con don Quijote procurándole la celada de encaje que le faltaba, y que, en la segunda parte, equivale al yelmo de Mambrino de la primera:

«en los cuales [tres días] habría lugar de aderezar lo necesario para el viaje, y de buscar una celada de encaje, que en todas maneras dijo don Quijote que la había de llevar. Ofreciósela Sansón, porque sabía no se la negaría un amigo suyo que la tenía, puesto que estaba más escura por el orín y el moho que clara y limpia por el terso acero», II.7.41.

No conviene olvidar la explicación que da Sansón Carrasco del sentido de su acción, una vez que la ha concluido felizmente, lo cual hace replicando a una pregunta de don Antonio Moreno, el huésped barcelonés de don Quijote:

«Sabed, señor, que a mí me llaman el bachiller Sansón Carrasco; soy del mesmo lugar de don Quijote de la Mancha, cuya locura y sandez mueve a que le tengamos lástima todos cuantos le conocemos, y entre los que más se la han tenido he sido yo; y creyendo que está su salud en su reposo, y en que se esté en su tierra y en su casa, di traza para hacerle estar en ella…», II.65.2.

Don Quijote confirma en su Testamento la importancia del bachiller Sansón Carrasco, poniéndole por encima del barbero, a quien retira así de la pareja de sus dos mejores amigos:

«Dejo por mis albaceas al señor cura y al señor bachiller Sansón Carrasco, que están presentes.», II.74.24.

Hatzfeld ha explicado perfectamente el papel que desempeña este personaje en la composición de la segunda parte del Quijote:

«En la segunda parte hay una persona que representa particularmente el papel de elemento de unión compositiva: Sansón Carrasco. El Bachiller tiende el puente a la primera parte con su crítica de esta misma parte. Se convierte en el spiritus rector de la segunda. Con gran asombro del Ama y la Sobrina que, según costumbre, quieren retener a su señor por medio de persuasiones o por medio de la fuerza, Sansón Carrasco no impide la salida de Don Quijote, e incluso se ofrece a acompañarle como escudero. Comunica al Cura y al Barbero el plan de ir en busca de Don Quijote para traerlo de nuevo (II, 7). Después intenta, como Caballero de los Espejos, hacerse con Don Quijote (II, 12), pero es vencido en la batalla. Su "victoria" hace a Don Quijote más emprendedor, mientras que el vencido Sansón Carrasco ahora le busca no tanto por humildad, sino por rabia. La segunda vez —la primera había Sansón simplemente seguido a Don Quijote—encuentra las huellas del hidalgo merced a la embajada de los Duques a Teresa Panza (II, 50). Del paje aprende la existencia del palacio de los Duques. De los Duques, Sansón recibe las nuevas del rumbo de Don Quijote. Así se hace capaz, como Caballero de la Blanca Luna, de vencer a Don Quijote en Barcelona (II, 64). Con su verdadera figura está rezando el breviario con el Cura, según costumbre, cuando Don Quijote vuelve a su patria y le cuenta su vencimiento como una novedad (II, 73).», Hatzfeld, p. 115-116.

® Grisóstomo

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(1) Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005. Este artículo apareció el 28.06.05.

lunes, septiembre 03, 2007

Nos duele nuestra iglesia

Nos duele nuestra iglesia

Permalink 03.09.07 @ 12:25:25. Archivado en Escritura bloguera, Universidades, España, Sociogenética, Antropología, Religiones, Educación, Pro justitia et libertate

Confieso que me ha costado mucho el decidirme a escribir y a publicar este artículo. He dudado, al ponerle título, entre el singular y el plural del pronombre personal y del adjetivo posesivo. Mi primer impulso fue el poner ambas funciones gramaticales en primera persona del singular, pero al llegar a mis manos el artículo de mi colega y amigo José María Castillo, decidí optar por el plural, porque pensé inmediatamente que la mejor manera de expresar mi dolor era el asociarme al suyo, ofreciendo como plato fuerte de nuestra reflexión común su artículo, reservándome yo la tarea de modesto introductor de un portavoz teológico más calificado y casi diez años mayor que yo mismo.

José María Castillo y yo tenemos en común el que ambos llevamos en nuestro corazón a nuestros hermanos jesuitas, habiendo solicitado nuestra salida de la Compañía para afrontar en plena libertad personal tareas de investigación y enseñanza, para las que deseábamos asumir nuestra total responsabilidad sin comprometer en nada a nuestra Orden. En su caso, como teólogo, se trata de opciones teológicas. En el mío, como filósofo y lingüista, se trata de opciones antropológicas y éticas. En ambos casos reconocemos nuestra inmensa deuda a la Compañía, que nos formó y nos confió misiones de gran prestigio intelectual siendo aún muy jóvenes. La diferencia entre su trayectoria y la mía es que él perseveró dentro de la Compañía hasta los setenta y ocho años, mientras que yo abandoné la Compañía y España poco antes de cumplir los veinticinco. En ninguno de los dos casos hemos abandonado la Iglesia católica, sino que el uno y el otro hemos seguido trabajando como investigadores y profesores en su seno: él en la facultad de Teología de Granada y yo en la Universidad católica de Lovaina. Creo que tanto sus colegas, alumnos y amigos como los míos pueden testimoniar de nuestra lealtad y de nuestro sincero amor a nuestra Iglesia en las múltiples tareas que hemos emprendido a su servicio.

Ahora bien, el uno y el otro observamos que algunos miembros de la jerarquía católica española actual están provocando el desconcierto entre los fieles, que no comprenden, a pesar de su más que probada buena fe, el estilo sorprendentemente autoritario de algunas de las decisiones disciplinarias y pastorales que les conciernen. Tanto el uno como el otro constatamos como razón de este desconcierto de los fieles el que la concepción y el ejercicio de la autoridad de estos jerarcas está en franca contradicción con la manera de funcionar la autoridad en la iglesia primitiva, manera que inspiró a los padres conciliares de Vaticano II las reformas introducidas por este Concilio.

Una imagen reciente del primado de España, oficiando ordenaciones sacerdotales en Italia, hace unos días, revestido de ropajes del pasado, considerados hoy como litúrgicamente inadecuados, por no decir reaccionarios, parece ilustrar emblemáticamente la peligrosa vuelta a un pasado preconciliar de distante autoritarismo y vanidad clerical que creíamos superado.

Para que no se nos pueda malinterpretar, atribuyéndonos generalizaciones indebidas, precisaremos que nos estamos refiriendo por el momento a hechos sintomátios muy precisos, pero que, por su extrema gravedad, merecen la puesta a punto de un diagnóstico urgente y de un tratamiento eficaz, para evitar que el mal descubierto produzca metástesis generalizadas.

Tanto el diagnóstico del mal como su tratamiento eficaz, que propone como teólogo José Mª Castillo, cuentan con el apoyo del concilio Vaticano II, que ha visto en la Iglesia primitiva el modelo de autoridad que había que restablecer en la Iglesia contemporanea. He aquí en palabras de José Mª Castillo lo esencial de este diagnóstico y de este tratamiento.

"En la Iglesia primitiva, los obispos no habían acaparado todo el poder, como ocurre ahora. El centro de la Iglesia no estaba en el clero, sino en la comunidad de los fieles. Por eso los feligreses no eran la clientela de los clérigos. Todos los cristianos se sentían responsables y participaban en la toma de decisiones. No aceptaban, sin más, las decisiones que se tomaban sin contar con la comunidad. El valor supremo de aquellos cristianos no era la sumisión, sino la responsabilidad".

José Mª Castillo presenta en el portal Atrio su artículo "El Cura de Albuñol y sus fieles", publicado el 17-8-2007 en El Ideal de Granada, diciendo que es una reflexión teológica sobre cómo funcionaba la autoridad en la iglesia primitiva.

Sociogenéticamente es la manera más correcta de señalar la ruptura de una tradición, mediante la puesta en evidencia del contraste entre su época más auténtica, que es la fundadora, y la época actual, ilustrada por los casos tristemente significativos de Albuñol y de San Carlos Borromeo.

José Mª Castillo nos recuerda a todos, a los católicos como a nuestros amigos cristianos y no cristianos, que tanto en la iglesia cristiana primitiva como en las iglesias que durante muchos siglos fueron fieles a su ejemplo, la autoridad funcionaba con la corresponsabilidad y colegialidad de todo el pueblo de Dios, es decir con la participación de toda la asamblea y no solamente de una de sus partes. Recuérdese que la palabra iglesia viene del latín ecclesia, y esta del griego ekklesía, que signitica asamblea. Estos y no otros son los principios que inspiraron al Vaticano II, principios que están siendo conculcados e incluso sepultados hoy por algunos, con una vuelta a errores de un pasado no lejano de triste memoria.

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EL CURA DE ALBUÑOL Y SUS FIELES
por José M. Castillo

Desconozco los motivos por los que el arzobispo de Granada ha trasladado al párroco de Albuñol a otra parroquia. Como tampoco sé las razones que aducen los feligreses de Albuñol que se han encerrado en la iglesia del pueblo o incluso han hecho una huelga de hambre para impedir que se lleven al cura. No pretendo aquí, por tanto, ni defender ni atacar a nadie. En cualquier caso y sea lo que sea de todo este asunto, el arzobispo de Granada, al trasladar al párroco, no ha hecho sino lo que suelen hacer casi todos los obispos cuando deciden cambiar a sus curas. Es la práctica habitual de la Iglesia con los párrocos, con los sacerdotes en general y también con los obispos. Cada obispo con sus sacerdotes, y más el papa con cualquier clérigo (ya sea cura, obispo o cardenal), pueden quitar y poner, traer y llevar, sin consultar a los interesados ni contar con los fieles cristianos, que se suelen enterar de los cambios y traslados el día que menos lo esperan.

Insisto en que el arzobispo de Granada ha procedido en este caso de acuerdo con las normas que establece el Código de Derecho Canónico. Lo que yo me pregunto es si esta legislación es lo mejor para la Iglesia. Me planteo esta pregunta no sólo por el caso de Albuñol. También me la formulé cuando, hace unos meses, mucha gente protestó en Madrid por la decisión del cardenal Rouco al cerrar la parroquia de san Carlos Borromeo. El problema está en que la Iglesia funciona como una gran empresa en la que sus gestores (los clérigos) son los que mandan, mientras que los fieles no tienen más misión que ser buenos y obedecer. El papa Pío X lo dijo con toda precisión:

“En la sola jerarquía residen el derecho y la autoridad necesaria para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y dócilmente seguir a sus pastores” (Enc. Vehementer Nos, 2.II.1906).

En los primeros tiempos del cristianismo, la Iglesia no funcionaba así. Cuando Judas se suicidó, Pedro reunió a la comunidad para nombrar un sustituto y fue la comunidad quien decidió el procedimiento para designar a Matías (Hech. 1, 15-26). Cuando en la comunidad de Jerusalén hubo problemas, se reunieron todos y entre todos eligieron a siete colaboradores para atender a los de origen griego (Hech. 6, 1-6). Algo después, Pablo y Bernabé designaban en las comunidades, por votación a mano alzada (tal es el sentido del verbo griego jeirotonéo), a los presbíteros (Hech. 14, 23; también 2 Cor. 8, 19; Didaché 15, 1; Ignacio de Antioquía, Pol. 7, 2). Esta práctica se mantuvo en los siglos siguientes. A mediados del s. III, Cipriano, obispo de Cartago, escribía a los presbíteros de su diócesis:

“Desde el principio de mi episcopado determiné no tomar ninguna resolución por mi cuenta sin vuestro consejo y el consentimiento de mi pueblo” (Epist. 14, 4).

Es más, esta misma práctica se observaba para el nombramiento de obispos y papas. San León Magno (s. V) lo dijo con precisión:

“El que debe ser puesto a la cabeza de todos, debe ser elegido por todos” (Epist. X, 6).

De forma más tajante, el papa Celestino I estableció la norma (Epist. IV, 5) que en el s. XI vuelve a recoger el Decreto de Graciano:

“No se imponga ningún obispo a quienes no lo aceptan; se debe requerir el consentimiento del clero y del pueblo” (c. 13, D. LXI).

Más aún, cuando en la persecución de Decio (año 250), los obispos de León, Astorga y Mérida no dieron el debido ejemplo de fe, las comunidades de esas diócesis se reunieron y los destituyeron. La situación llegó a ser tan grave, que san Cipriano convocó un concilio en Cartago. Los 37 obispos allí reunidos redactaron un documento que conocemos por la carta 67 de Cipriano. En este documento se dicen tres cosas:

1) el pueblo tiene poder, por derecho divino, para elegir a sus obispos;
2) el pueblo tiene también poder para quitar a los ministros de la Iglesia cuando son indignos;
3) ni el recurso al obispo de Roma debe cambiar la decisión comunitaria cuando tal recurso no se basa en la verdad (Epist. 67, 3, 4 y 5).

La Iglesia era, en aquellos siglos, tan Iglesia de Cristo como la actual. Pero se parecía más a lo que quiso Jesús que lo que se parece la Iglesia que ahora tenemos. Porque, en la Iglesia primitiva, los obispos no habían acaparado todo el poder, como ocurre ahora. El centro de la Iglesia no estaba en el clero, sino en la comunidad de los fieles. Por eso los feligreses no eran la clientela de los clérigos. Todos los cristianos se sentían responsables y participaban en la toma de decisiones. No aceptaban, sin más, las decisiones que se tomaban sin contar con la comunidad. El valor supremo de aquellos cristianos no era la sumisión, sino la responsabilidad.

Sin entrar en los motivos concretos de lo ocurrido en Albuñol o en Vallecas, es evidente que ambos episodios han puesto de manifiesto que en la Iglesia se habla mucho de amor y de comunión, pero lo que importa es afirmar y hacer notar el poder de los obispos, su autoridad intocable y la sumisión a sus decisiones. Por más que eso tenga el elevado coste de la resistencia de algunos, el escándalo de otros y el daño que sufrimos todos. El resultado está a la vista: cada día las iglesias están más vacías, los cristianos más desilusionados y bastantes clérigos desconcertados, sin saber qué hacer. Y según parece, con poco entusiasmo para emprender caminos de renovación y puesta al día. La concentración del poder produce sumisión y orden. La sumisión y el orden generan miedo. Y el miedo, parálisis o incluso marcha atrás.

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viernes, agosto 31, 2007

Diagnóstico y cura de la partidocracia

Diagnóstico y cura de la partidocracia

Permalink 31.08.07 @ 11:15:00. Archivado en Escritura bloguera, El Quijote, Semántica, Pragmática, España, Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate

Ofrezco la reedición de este artículo mío del año cervantino (1) a quienes consideran que la salida de Rosa Díez del partido socialista, para incorporarse en un movimiento ciudadano, debe ser aprovechada por todos los partidos democráticos, para reflexionar sobre el peligro extremo al que la partidocracia, incluso practicada en alternancia, expone a la democracia auténtica, que es el Bien Común de todos los ciudadanos.

Es muy posible que la salida de Rosa del partido socialista sustraiga votos útiles tanto al PSOE como al PP, pero es seguro que reenforzará la visibilidad de los ciudadanos que estamos hartos de aguantar los intolerables excesos de la partidocracia, verdadero cáncer de nuestra democracia.

Diagnóstico y cura de la partidocracia

La partidocracia es una enfermedad degenerativa de la democracia. Probablemente es la más grave, porque su mal consiste en desposeer al pueblo de su soberanía. Como tal enfermedad presenta una serie de síntomas que el sociólogo está en condiciones de interpretar, mediante un diagnóstico de politólogo, que reúne estos síntomas en una síntesis coherente que los hace comprensibles y curables

Tanto la comprensión como la curación de la partidocracia, presuponen que el pueblo que sufre la enajenación de su soberanía por los partidos disfruta todavía de la lucidez y del sentido crítico necesarios, para comprender el diagnóstico y admitir la cura que se le propone. Estos presupuestos no se cumplen ni en los pueblos que se desentienden de la política, sea desconfiando visceralmente de los partidos y pasando de votar (los absentistas abstencionistas), sea confiando ciegamente en ellos y votando sus consignas como autómatas (los partidistas), ni en los que decretan como remedio su desaparición, confiando la cura de su mal a un dictador.

La única actitud que hace a un pueblo capaz de comprender el diagnóstico de esta enfermedad degenerativa de su democracia y aceptar el remedio que se le propone para curarla, es su voluntad de superar la partidocracia mediante la coalición de todas sus fuerzas democráticas vivas.

En cierta manera esto es lo que hicimos los españoles al apoyar unas cortes constituyentes cuyo mandato popular en 1978 era el redactar una constitución lo más cercana posible al ideal de nuestra reconciliación, precisamente mediante la coalición de todas nuestras fuerzas democráticas. Era la única forma de pasar sin conflicto armado de la autocracia monárquica heredada del franquismo, cuya única salida inteligente y pacífica era el renunciar en favor del pueblo como lo hizo don Juan Carlos, a la democracia coronada actual.

La paradoja que vivimos ahora consiste en que los partidos cometen el error que no cometió don Juan Carlos en 1975, queriendo arrogarse una soberanía que nos corresponde a todos como pueblo. Esto es precisamente la partidocracia, mal degenerativo mortal del que sufrimos actualmente.

Partidocracia vs. partitocracia

¿Por qué la llamo yo, con la mayoría universal de los sociólogos, partidocracia más bien que partitocracia? En primer lugar, precisamente porque esta es la denominación más universal. Verifique usted mismo: el buscador Google encuentra aproximadamente 47.000 casos de partidocracia en 0,16 segundos; mientras que sólo encuentra 11.600 de partitocracia en 0,18 segundos.

Partitocracia es un italianismo cometido en 1977 por un politólogo franquista, insensible a su cacofonía en castellano (del italiano partitocrazia), cuyo deseo era el defender lo que el franquismo llamaba la democracia orgánica: “Partitocracia es un procedimiento para intentar el ideal democrático, sólo eso, no puede ser ni un principio, ni un fin, sólo un sistema que ha venido demostrando fallos en cuantía muy considerable para que el hombre pueda identificarlo con su ideal definitivo de vida. La máxima concesión que puede hacerse a la partitocracia, es la de ser un sistema menos malo que otros. § Franco quiso la democracia, pero por vías diferentes a las partitocráticas. Consideró que la vía orgánica, desarrollada en el seno de las instituciones naturales, en las que el hombre sufre sus problemas y encuentra sus aspiraciones, era el procedimiento más adecuado para alcanzar una representatividad cierta.”, Eduardo González Ruiz, La misión del ejército en la sociedad contemporánea, Magisterio Español; Prensa Española (Madrid), 1977, p. 84.

Hoy mismo el buscador Google encuentra el término italiano partitocrazia aproximadamente 38.200 en 0,23 segundos. El Dizionario di historia define actualmente la partitocrazia como la degeneración del sistema democrático que consiste en la alteración de la naturaleza de los partidos políticos, al ocupar y usar las instituciones públicas para objetivos diversos de las finalidades para las cuales fueron creadas: “Degenerazione del sistema democratico, consistente in un'alterazione della natura dei partiti politici che da espressione della volontà dei gruppi sociali che compongono la popolazione divengono strumenti, di fatto solidali tra loro e quindi sottratti al controllo democratico, per l'occupazione delle istituzioni pubbliche e la loro utilizzazione a scopi diversi dalle finalità per cui sono sorte. Il fenomeno colpì la Repubblica italiana, fino a metterla a repentaglio, dagli anni settanta del Novecento. Le gravi distorsioni indotte dalla partitocrazia anche sul terreno economico (vedi Tangentopoli) portarono in Italia all'abrogazione referendaria della legge sul finanziamento pubblico dei partiti (1993)”.

Semántica histórica del término

partidocracia (doc. 1989, Panamá; partido + -cracia elem. compositivo que significa ‘dominio o poder’, del gr. –kratía, de la raíz de krátos ‘fuerza’) f. Denominación calificativa peyorativa y despectiva ‘fuerza, poder del partido’ ej. Bancocracia, fisiocracia. Esta denominación resulta del calco semántico del término político inglés “partyarchy”, de Michael Coppedge, 1994, derivándola de la concepción de “poliarquías” de Robert Dall, inspirado a su vez del alemán Spengler (Blankenburg 1880 - Munich 1936), autor de The Decline of the West. La traducción morfosemántica del inglés partyarchy hubiera debido ser: partidoarquía. El uso actual de partyarchy es menos frecuente que el de partycracy. Google encuentra aproximadamente 160 empleos en 0,24 segundos.

Los politólogos actuales caracterizan la partidocracia como una desviación del papel que corresponde a los partidos políticos en la democracia representativa, identificando cuatro síntomas distintivos que permiten definirla y diagnosticarla, desde el momento en que aparece. Estos mismos síntomas permiten también combatirla en sus propias raíces, cuando el pueblo que la sufre en su democracia enferma tiene la firme voluntad de curarla. Los cuatro síntomas son:

1. Monopolio de los nombramientos para cargos de elección popular

2. Control sobre los representantes electos

3. Patrimonialismo partidista

4. Partidización de la sociedad civil

A partir de aquí cedo la palabra al brillante politólogo y político salvadoreño Rubén Ignacio ZAMORA, cuya heroica lucha contra la partidocracia es bien conocida, tanto por los sociólogos como por todos los defensores de la democracia en el mundo entero. Su lectura nos advierte a todos de que este gravísimo peligro amenaza actualmente no sólo a El Salvador, a Latinoamérica, a España o a la Unión Europea, sino al mundo globalizado por entero, comenzando por la democracia hegemónica de los Estados Unidos de América, cuya partidocracia suicida amenaza con llevarnos a todos al apocalipsis.

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El concepto de partidocracia es muy poco usado por la literatura académica de ciencias políticas. En la literatura en inglés no encontramos uno equivalente al que ocupamos en castellano. Algunos teóricos alemanes han acuñado el término de “Parteienstaat” o “Estado de Partidos” que no puede asimilarse al de partidocracia, aún cuando tengan evidentes connotaciones comunes. Algún autor, concretamente Michael Coppedge (Coppedge, 1994) ha intentado acuñar la expresión “Partyarchy” derivándola de la concepción de poliarquías de Robert Dall, para caracterizar el fenómeno que estamos analizando.

Por el contrario, en el lenguaje periodístico y en las discusiones de políticos y comentaristas, especialmente en el mundo de habla hispana e italiana, el concepto tiene amplia circulación: partidocrazia en italiano y partidocracia en castellano son vocablos de uso creciente en el lenguaje político, por lo general con una connotación depreciativa y aludiendo a un estado de “enfermedad” del régimen democrático; en esto estriba una de las diferencias fundamentales con la concepción del Estado de partidos, pues para éstos se trata de la evolución del Estado moderno mientras que en el caso de partidocracia se usa para señalar una deformación de la democracia. El concepto surge en el contexto de la discusión de las relaciones entre sociedad civil y sociedad política y alude a una abusiva apropiación de espacios políticos por parte de los partidos políticos en una determinada sociedad.

En los regímenes de partido único, sean estos de corte socialista o simplemente autoritario, la preeminencia que el partido adquiere en la vida política es indiscutible y, como ya lo previó Rosa Luxemburgo en la famosa discusión que sostuvo con Lenin sobre el papel del partido, la predominancia absoluta que los bolcheviques acordaron al papel del partido en la conducción del Estado y la sociedad, llevaría inevitablemente a la muerte de la democracia socialista y a la “brutalización de la vida pública” (Luxemburgo, 1961, p.71). No hay duda que la crítica de Luxemburgo era certera, especialmente si se toma en cuenta lo que sucedió en la URSS y en el resto del “campo socialista” con el ascenso de Stalin al control del partido, sin embargo, la literatura política al analizar este fenómeno no lo caracteriza como partidocracia, sino simplemente de dictadura, autoritarismo o, en algunos autores, de partidolatría y el énfasis se ha puesto en la concepción verticalista del ejercicio del poder y en su carácter represivo, más que en la abusiva extensión del papel del partido. La discusión sobre partidocracia no está asociada a los regímenes de partido único, por más que ellos expresan el problema en forma paradigmática.

La discusión contemporánea se circunscribe al análisis de los regímenes democráticos, que cuentan con pluralidad de partidos, en los que las libertades públicas fundamentales tienen vigencia así como la separación de órganos del Estado. Es decir, donde la sociedad civil tiene posibilidades de constituirse en su multiplicidad y actuar, planteando así la disputa de espacios con los partidos políticos; no es pues, arbitrario, que el uso de partidocracia en su forma depreciativa provenga principalmente de las organizaciones de la sociedad civil.

Podemos calificar la partidocracia como una desviación del papel que corresponde a los partidos políticos en la democracia representativa e identificar cuatro características principales como los rasgos definitivos del fenómeno:

1. Monopolio de nominaciones: Si los partidos tienen la exclusividad –de hecho o legalizada– de las nominaciones para cargos de elección popular. La postulación de candidatos a cargos de elección popular es considerada como negocio exclusivo de los partidos políticos, una especie de “estanco político” que el Estado le confiere a los partidos y de esa manera no solo los dota de un enorme poder (la posibilidad de excluir a ciudadanos del derecho a ser electos), sino que le permite a los partidos garantizar sus intereses postulando a los cargos públicos a personas que no se convertirán en una amenaza a los mismos una vez adquieran el poder a través del voto popular. A lo anterior en varios países se añade que el sistema de emisión del voto es de voto por partido y no por candidato; el elector únicamente tiene la opción de marcar la bandera del partido y no puede expresar preferencias por determinados candidatos dentro de los propuestos por el partido; de esta manera se proyecta la imagen de que el elector está optando por partidos y no por personas y se refuerza el monopolio de nominaciones por parte de los partidos.

Un caso extremo es el de El Salvador, donde la Constitución Política de 1983, consagra explícitamente el monopolio partidario de la representación popular, así, el Art. 85 inciso 2º.: “El sistema político es pluralista y se expresa por medio de los partidos políticos, que son el único instrumento para el ejercicio de la representación del pueblo dentro del gobierno”. La disposición en cuestión tiene una trascendencia aún mayor, pues se encuentra ubicada en el único título de la Constitución que, según el Art. 248 inciso último de la misma, no puede reformarse.

Por el contrario, muchos otros países permiten, especialmente a nivel municipal, la presentación de candidaturas no provenientes de los partidos políticos mediante la constitución de comités cívicos. Se trata de un correctivo saludable a la tendencia de los partidos a monopolizar el acceso al puesto público; sin embargo, los resultados de este tipo de candidaturas no son concluyentes: en muchos casos, como Guatemala por ejemplo, los partidos se “adaptan” al sistema y una buena parte de los “comités cívicos municipales” son extensiones del partido con otro nombre. En Mozambique después de las elecciones municipales de junio de 1988, en las que participaron diversos Comités no partidarios, los movimientos cívicos iniciaron un proceso de confederación para participar en las elecciones legislativas del siguiente año. Precisamente porque en 1988 los candidatos independientes obtuvieron más del 80% de los puestos, la reacción de los dos partidos mayoritarios (FRELIMO y FRENAMO) fue modificar la Ley Electoral para conferir el monopolio legal de postulación a los partidos políticos.

2. Control sobre representantes electos: El nivel de disciplina partidaria al que son sometidos los representantes electos se convierte en otro indicador del nivel de partidocracia en un régimen político. La mayoría de las Constituciones de América Latina tienden a garantizar la independencia de los legisladores, haciendo honor a la teoría clásica del mandato libre; sin embargo, la práctica de la actividad legislativa, especialmente por la diversidad y complejidad de temas que llegan al conocimiento de cada diputado y sobre los cuales tiene que emitir voto, hacen que el agrupamiento de parlamentarios en grupos o fracciones legislativas sea un imperativo de la eficiencia; la constitución de las fracciones sigue, casi invariablemente, el agrupamiento partidario y es reforzada por el hecho que los parlamentarios hablan a “nombre del partido”. Estos dos factores empujan a un creciente control del partido sobre las temáticas legislativas o municipales. Los diputados de una fracción deben “seguir la línea” del partido ya no solo en las cuestiones planteadas en el programa legislativo que presentaron durante la campaña electoral, sino en prácticamente todas las decisiones que se deban tomar en el órgano Legislativo; de tal manera que la norma es acatar la disciplina partidaria y sólo por excepción y por decisión expresa los diputados de una fracción quedan en “libertad” de votar según su conciencia.

Una extensión extrema de este control es el caso de las legislaturas donde aquellos diputados que no se conforman a la línea de partido no sólo pueden ser expulsados del partido, sino, y por consecuencia de esta expulsión, privados de su curul en la legislatura. Esta situación en América Latina se da en la República de Panamá, y también en varios países del Sudeste Asiático y del Africa, determinando un grado de control del partido que le permite anular la voluntad de los electores y que correctamente puede calificarse como partidocracia. El Congreso de la India presenta una solución intermedia: si un parlamentario se revela contra el partido, es despojado de su curul, pero si se trata de un grupo de diputados éstos pueden conservar sus asientos como una fracción legislativa independiente del partido que los postuló.

3. Patrimonialismo partidarista: Una de las características más salientes y criticadas de los partidos políticos son sus prácticas patrimonialistas, entendidas estas como los diversos mecanismos mediante los cuales los partidos políticos hacen uso de su posición institucional para apropiarse y/o repartirse recursos o partes del gobierno. El patrimonialismo implica una percepción de la política en la que la distinción entre partido y Estado, entre actividad partidaria y actividad gubernamental queda desdibujada y el gobierno es percibido y tratado como una extensión del partido, o como un botín que se obtiene mediante la contienda electoral.

En los regímenes autoritarios es a través del dictador o del partido único que se produce este fenómeno; en los regímenes de democracia representativa es, principal pero no exclusivamente, a través de los partidos políticos que se desarrollan estas actividades. El grado de patrimonialismo partidista varía de país a país; desde aquellos en que el partido que gana las elecciones procede a despedir al mayor número posible de servidores públicos para sustituirlos por los militantes propios “que han sudado la camiseta”, hasta los “acuerdos” de fracciones legislativas de integrar una mayoría a cambio de trozos de instituciones estatales que pasan a ser cotos de empleo y manejo del partido que ha dado los votos en el Congreso ya sea para pasar una legislación o para elegir a un funcionario.

A esta actitud y práctica de los partidos corresponde una “cultura cívica” en la que la práctica política partidaria es percibida por los activistas como un medio para conseguir empleo o determinados beneficios por parte del Estado: se ingresa al partido “para conseguir algo”, el puesto público se merece como recompensa “porque sudé la camiseta”.

Los partidos políticos se convierten así en agencias de empleo y la posibilidad de construir una burocracia racional y eficiente queda relegada. Desde la perspectiva de la sociedad civil este tipo de prácticas partidarias son especialmente rechazadas, generan la percepción de la partidocracia como la enfermedad de la democracia e incitan a actitudes anti-partidos políticos.

4. Partidización de la sociedad civil: En la partidocracia el horizonte de la participación política esta circunscrito a los partidos políticos; esto quiere decir que la relación entre partidos y organizaciones de la sociedad civil se desarrolla como una relación asimétrica en que el partido es el polo dominante y tiende a partidizar las organizaciones sociales, de tal manera que éstas o quedan “alineadas” a un partido político o son el campo de batalla en el que los partidos luchan por controlarlas, produciendo graves divisiones en su interior. Por otro lado, para las organizaciones sociales la vinculación o adscripción a un partido político se convierte en requisito de eficacia y en algunos casos de sobrevivencia. En forma similar se produce esta tendencia de los partidos a “capturar a la sociedad civil” a nivel de los medios de comunicación social que se encuentran o controlados o profundamente orientados por las posiciones partidaristas. No se trata de la “uniformidad” de la información tan característica de los regímenes autoritarios, sino que, aceptando la existencia de un pluralismo de la información, los medios quedan vinculados o subordinados a los partidos políticos.

El resultado es que en regímenes democráticos con partidocracia el tejido social (sociedad civil) tiende a perder su autonomía y se ve enfrentado a un dilema negativo: o se adscribe a un determinado partido político o se abstiene de participar en la política; encerrándose en sus tareas “técnicas”. De esta manera el abuso de la función política por parte de los partidos políticos tiene como correctivo la tendencia a una despolitización extrema de organizaciones sociales. El resultado es que ambos trazos devalúan la calidad de la democracia.

Los cuatro indicadores de partidocracia aquí propuestos, constituyen un “tipo ideal” y no los vamos encontrar todos y al mismo tiempo en un sistema político específico; sin embargo, su utilidad estriba en permitirnos, a través de la comprobación empírica, determinar el grado de deformación partidocrática de que adolece un determinado sistema político y, sobre todo, su utilidad se puede calibrar por las posibilidades de inducir reformas en áreas determinadas para restaurar la sanidad democrática del sistema político.

En síntesis, la noción de partidocracia, tal y como la hemos tratado aquí, alude a la implicación de varias tendencias en el desarrollo de los regímenes políticos. Por un lado expresa claramente la evolución de las formas de clientelismo político tradicional que se mueven de la relación personal cara a cara (patrono-cliente) a formas más institucionalizadas e impersonales de dicha relación (partidos-ciudadanos); por otra parte expresan, en forma deformada, la tendencia de los partidos contemporáneos a apoyarse cada vez más en el Estado, a invadirlo, o para usar la expresión de Katz y Mair de constituir el “Partido-cartel” (Katz y Mair: 1995), tendencia que refuerza la ya existente en nuestras sociedades de utilizar canales no económicos para la obtención de recursos de subsistencia, dado que las posibilidades de hacerlo por las vías propiamente económicas son reducidas. Finalmente, la partidocracia expresa la debilidad de las instituciones políticas de nuestros procesos de democratización, ya sea en su versión restauradora o de incipiente construcción.

Rubén Ignacio ZAMORA
Bibliografía:

Coppedge, Michael: Strong parties and Lame ducks. Presidential partyarchy and factionalism in Venezuela. Stanford University Press, USA, 1994.

Katz, Richard y Mair, Peter: “Changing model of party organization and party democracy: The emergence of the cartel Party”, en Party Politics. Vol. I, No. 1, 1995.

Luxemburgo, Rosa: The Rusian Revolution. Ann Arbor, Mich., 1961.

Von Beyme, Klaus: La Clase Política en el Estado de Partidos. Alianza Editorial. Madrid, 1995.

(1) Apareció en cuatro periódicos el 26.11.2005. Ver copia en Periodista digital.

miércoles, agosto 29, 2007

"El curioso impertinente" en El Quijote

"El curioso impertinente" en El Quijote

Permalink 29.08.07 @ 08:57:23. Archivado en El Quijote, Poética, Ética, Educación, Novela

Cabe decir de La Novela del Curioso impertinente que es la historia de la relación de un antiquijote con las mujeres; la impertinencia consiste en creer que las mujeres deben ser sometidas a pruebas, para que aparezca la verdad de su virtud (tema de la misoginia ambiente vs filoginia quijotesca).

Imagen: "Ventana del Albaicín", de Arquímedes Artal.

No se olvide que el tema de la lectura, que da lugar a la inserción de esta novela como objeto de lectura por los personajes en la venta, es uno de los temas mayores del Quijote; lo cual no obsta para que desde su aparición en 1605 se haya discutido mucho sobre la oportunidad de esta inserción en la primera parte del Quijote, donde ocupa tres largos capítulos (I.33-I.35).

Cervantes mismo se refirió a ella por boca de Sansón Carrasco, que se hacía eco ante don Quijote de las críticas a la historia publicada de sus hazañas (nótese la transformación de la crítica en autocrítica y la entrada de los lectores del Quijote en el Quijote, dos características esenciales de la segunda parte):

« —Una de las tachas que ponen a la tal historia—dijo el bachiller— es que su autor puso en ella una novela intitulada El curioso impertinente: no por mala ni por mal razonada, sino por no ser de aquel lugar, ni tiene que ver con la historia de su merced del señor don Quijote.» II.3.39.

El editor, refiriéndose a las dudas respectivas del autor y del traductor en cuanto a la composición del texto, declara al comienzo del capítulo consagrado a la partida de Sancho Panza a su gobierno:

«el ir siempre atenido el entendimiento, la mano y la pluma a escribir de un solo sujeto y hablar por las bocas de pocas personas era un trabajo incomportable, cuyo fruto no redundaba en el de su autor, y que por huir deste inconveniente había usado en la primera parte del artificio de algunas novelas, como fueron la del Curioso impertinente y la del Capitán cautivo, que están como separadas de la historia…», II.44.1.

Personalmente compartimos el punto de vista de Hatzfeld en cuanto a la justificación interna de esta inserción.

Mediante esta novela Cervantes multiplica las perspectivas y presta una ilusión de profundidad insondable a la ya compleja realidad creada por las dos historias sinópticas de Dorotea y Cardenio:

«A la luz de los principios de la crítica moderna se podría bien justificar la inserción de esta novela corta. Es que la novela se lee por el Cura frente a Cardenio y Dorotea (I, 32) y es su historia: Cardenio es el curioso impertinente que mostró su novia Luscinda ligeramente vestida a su amigo Fernando a través la ventana de su habitación. Fernando se enamoró de Luscinda, abandonó a su propia desposada Dorotea y se huyó con Luscinda. Lo que junta la historia acaecida con la historia relatada es, de hecho, una curiosidad impertinente y ambas historias representan dos nuevas versiones de la leyenda de Giges y su anillo. Candaules hace ver su esposa en el momento de desvestirse al pastor Giges. Ella, ofendida, pide la muerte de su esposo y el matrimonio con Giges. He aquí un curioso impertinente típico legendario: Candaules, transformado dos veces según el gusto barroco en un curioso impertinente de la historia del Quijote: Fernando y el curioso impertinente de la novela: Anselmo .», Hatzfeld, 112-113.

Dos temas que mezcla y desarrolla Cervantes en su novela corresponden a dos de sus fuentes literarias: la Prueba del vaso, que en puridad remonta a la historia de Tristán, y el Cuento de los dos amigos. Las dos fuentes se encuentran separadas en dos cuentos del Orlando furioso de Ariosto.

«Ambos los tuvo presentes Cervantes, tomando del uno el arrepentimiento y las lágrimas; del otro, el nombre de Anselmo. y de ambos la moralidad de los daños que causa la codicia de las mujeres y la impertinente curiosidad de los hombres.», Clem. 1331.b. ® Luscinda.

Cabe pensar que otra fuente sean las Églogas de Garcilaso de la Vega, donde el único personaje femenino se llama igualmente Camila, cuyo enamorado trastornado es Albanio, de cuyas locuras se compadecen e intentan sacarlo sus amigos Salicio y Nemoroso:

«Camila es ésta que está aquí dormida; | no puede de otra ser su hermosura; | la razón está clara y conocida: | una obra sola quiso la natura | hacer como ésta, y rompió luego apriesa | la estampa do fue hecha tal figura.», p. 193, vv. 778-783.

También hay que pensar en algunos sonetos del mismo Garcilaso y en la explicación que dio del Celoso temor el poeta Sevillano Fernando de Herrera en 1580:

«¡Oh celoso temor! ¿a quién pareces?, | que la envidia, tu propia y fiera madre, | se espanta en ver el mostro que ha parido.», G. de la V., p. 122.

He aquí la explicación de Herrera: «Celoso temor. Traslación en el ayuntado. Es el celo una pasión que tiene alguno porque otro goza y posee aquello que él quería poseer y gozar solo; o es una sospecha que tiene el amante de la que ama, que ella no se enamore de otro; o una temerosa sospecha del amante con la que ama, que él querría que ella no fuese de otro, sino de él. Al fin es el celo un temor o sospecha que alguno (que no querríamos nosotros) no goce alguna belleza, o por gozalla solos nosotros, o porque aquel solo goza la que nosotros querríamos. Así, sin duda el celo es especie de envidia, y Platón dice que el celo es el que tiene envidia por sospecha amorosa.», Herrera, in G. de la V., p. 468.

Cabe decir de La Novela del Curioso impertinente que es la historia de la relación de un antiquijote con las mujeres; la impertinencia consiste en creer que las mujeres deben ser sometidas a pruebas, para que aparezca la verdad de su virtud (tema de la misoginia ambiente vs filoginia quijotesca).

La impertinencia de Anselmo, el Curioso impertinente, consiste en querer someter a prueba la virtud de Camila, su mujer, como si el valor de esta virtud no consistiera en ella misma, en su verdad de conciencia, sino en la experiencia que hacen de ella los otros, en su apariencia:

«el deseo que me fatiga es pensar si Camila, mi esposa, es tan buena y tan perfeta como yo pienso, y no puedo enterarme en esta verdad, si no es probándola de manera que la prueba manifieste los quilates de su bondad, como el fuego muestra los del oro.», I.33.9.

Curiosidad impertinente que su amigo Lotario rechaza al preguntarle una y otra vez: «¿qué mejores títulos piensas darle después que los que ahora tiene, o qué será más después de lo que es ahora?… si es tan buena como crees, impertinente cosa será hacer experiencia de la mesma verdad», I.33.14;

y más adelante:

«¿para qué quieres poner esta verdad en duda?», I.33.16.

En 1611 podía leerse en el Tesoro de Covarrubias:

«Los que en el siglo celan a sus mujeres indiscretamente, son hombres de poco valor, y el demonio los trae atormentados, y ellos atormentan sus mujeres; y algunas veces las ponen en condición de hacer lo que no les pasaba por pensamiento.», Cov. 400.a.64.

El Curioso impertinente explica a su amigo la causa enfermiza de su propia impertinencia:

«Prosupuesto esto, has de considerar que yo padezco ahora la enfermedad que suelen tener algunas mujeres, que se les antoja comer tierra, yeso, carbón y otras cosas peores», I.33.22.

Esta causa enfermiza lo impulsa a someter a su mujer a tres tipos de pruebas:

1) de palabras (hasta: «—Bien está—dijo Anselmo—. Hasta aquí ha resistido Camila a las palabras», I.33.30);
2) de obras (a partir de: «es menester ver cómo resiste a las obras: yo os daré mañana dos mil escudos de oro para que se los ofrezcáis…», I.33.30;
3) de celos (I.34.8). Trágico fin de la historia: El Curioso impertinente «dejó la vida en las manos del dolor que le causó su curiosidad impertinente.», I.35.41.

¿Moraleja de la historia? La apunta el narrador en uno de sus comentarios:

«el que busca lo imposible, es justo que lo posible se le niegue», I.33.36.

«Se descalifica el comportamiento de Anselmo, porque su experimento se basa en una curiosidad malsana y en un presupuesto quimérico: la perfección moral que él busca no existe, pues no está en la naturaleza humana (y no sólo en la femenina); por lo tanto exige de Camila algo imposible. Y al exigir lo imposible «es justo que lo posible se le niegue», como advierte el comentario del narrador. Es más: al no dejarla desenvolverse según sus posibilidades, impide que su mujer –que, en el fondo, presta una digna resistencia– pueda salir airosa… C. aboga aquí, lleno de escepticismo bondadoso, por una moral que cuenta con las posibilidades reales de la naturaleza humana en vez de las exigencias de un idealismo abstracto. Y al mismo tiempo concede –contrario al drama de honor– dignidad moral a una adúltera, condenando la soberbia de un hombre que, por exigir lo imposible, es el único culpable de la degradación de su mujer.», Hans-Jörg Neuschäfer, en Rico 1998 b, p. 79.

Hay un precedente del tema de esta novela en la primera obra cervantina:

«no son los celos señales de mucho amor, sino de mucha curiosidad impertinente», La Galatea, lib. III.

¿Ha visto Cervantes en Amadís un curioso impertinente? Una justificación externa menos invocada por la crítica, pero que nos parece digna de estudio, es el precedente del Amadís de Gaula de Garci-Rodríguez de Montalvo, ±1492, donde el propio Amadís pide a su futuro suegro el rey Lisuarte, enemigo suyo poco antes, por preferir para su hija la mano del emperador de Roma, que someta a Oriana a la prueba del arco encantado de los leales amadores y la cámara defendida. He aquí la situación resumida por A. Rosenblat:

«—Mandad, señor, que antes de comer, Oriana pruebe el arco encantado de los leales amadores y la cámara defendida. Yo confío en que podrá entrar, y que en esa cámara se hará la fiesta de nuestras bodas. § —Mi buen hijo—dijo el rey—, me es fácil cumplir lo que pedís, mas temo que pongamos turbación en esta fiesta, porque muchas veces acontece que el amor engaña a los ojos, y así podría acaeceros con mi hija Oriana.», Versión de A. Rosenblat, p. 318.

En el texto original el narrador se refiere a Oriana, hija del rey Lisuarte y mujer de Amadís:

«El Rey la levantó y la besó en el rostro, y dixo: —Hija, pues conviene que antes de comer sea por vos provado el arco de los leales amadores y la cámara defendida, que esto es lo que vuestro marido me pide. § Cuando esto fue oído de toda aquella gente, a muchos plugo de ver que la prueva se hiziesse, y a otras puso gran turbación, que como la cosa tan grave de acabar fuesse y tantas y tales en ella havían falleçido, bien pensavan que, la gloria que acabándola se alcançava, que assí en ella falleçiendo se aventurava menoscabo y verguença Mas pues que vieron qu'el Rey lo mandava y Amadís lo demandava, no quisieron dezir sino que se hiziesse.», AdG, l. IV, c. CXXV p.1620. ® zelador

Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005.

lunes, agosto 27, 2007

Evocando Estepa con mi colega Docampo

Evocando Estepa con mi colega Docampo

Permalink 27.08.07 @ 19:50:13. Archivado en Sobre el autor, Escritura bloguera, Sociogenética, Migraciones

Querido César: Me ha sucedido con tu sabroso comentario lo que pudo sucederme "in illo tempore ostipense" con los merengues y los tocinillos de cielo estepeños: que de buena gana me los hubiera zampado, si me lo hubiera permitido la confitera de La Estepeña, amiga y escrupulosa educadora dietética de mi banda de amigos. Para evitarnos la gula y el gasto, en tiempos del hambre, nos regalaba pequeños merengues, que parecían hostias infladas.

Imagen: La Torre de la Victoria es edificio emblemático, en lo alto de la ciudad y al pie del Cerro de San Cristóbal. Un poeta local dejó escrito: "Estepa está en alto, porque en alto debe estar, pero es más alta la torre, que tanta fama le da".

No tienes que preocuparte por los retrasos en nuestra correspondencia epistolar, porque esa palabra no existe en el léxico de mis relaciones de amistad.

Dices que no quieres hablarme sobre lo que tú supones que yo conozco mejor que tú. “Nego suppositum”. Tú eres ahora un mejor cicerone de Estepa que yo. Mis recuerdos de Estepa, de sus barrios y de sus generosos bandoleros son los de un niño y de un adolescente que paró poco tiempo en su pueblo, porque estudié como interno en Málaga a partir de los nueve años y porque durante los veranos viajaba a Toledo, a Valladolid y a la provincia de León, muy cerca de tu tierra gallega, donde tenía a mis tíos y a mis abuelos.

Te señalo que entre mis tíos abuelos tenía más de uno que se ocupaba, como informador para los lexicógrafos de la Real Academia de la Lengua, de ese hermoso dialecto leonés, que puede que tú conozcas, dialecto que navega con sabiduría de frontera entre el delicioso gallego y el fiero castellano.

Subiendo una generación más arriba cuento entre mis tíos bisabuelos al helenista Lázaro Bardón, cuyo recuerdo consta en mármol en el "Aula Magna" de la "Universitas Salmanticensis" y en la dinastía de rectores de la Complutense madrileña. Yo comenzaba un artículo que escribí sobre él con esta frase: “El vasco Miguel de Unamuno, el filipino José Rizal y el zamorano Leopoldo Alas "Clarín", discípulos del helenista Lázaro Bardón y Gómez, siempre que hablaron de su maestro lo hicieron con una gran admiración y un sincero cariño”. (Periodista digital, 27.09.06)

Me ha hecho reír el soneto que me ofreces sobre Estepa. En él subrayo una de las causas que tienen los estepeños para no apreciar al Adán que los Habsburgo le pusieron como padrastro en su paraíso terrenal particular, que es Estepa: "Que Adán compró para sus centuriones". Según testimonios recogidos por el "Memorial Ostipense", la nobleza estepeña, que había participado generosamente en la reconquista, al ver que se ponía en su lugar, como marqués de Estepa, a un banquero italiano apedillado Centurión (1), para pagar deudas del Emperador, cogió sus bártulos y se fue a vivir fuera de Estepa.

Los versos que siguen están cargados de sabiduría crítica sociogenética:

Todo está en cuesta, y todo cuesta afanes,
Dos parroquias, tres conventos o desvanes,
Las monjas pobres, y el convento rico

Te agradezco el que me hagas reír. Al hacerlo me prorrogas la vida. Tomo nota del libro "La Odisea Andaluza", de David D. Gregory, cuya existencia desconocía.

A las letrillas que me envías cabría añadir una que inventamos José Antonio Estefanía y yo, para ganarnos unas perras gordas transportando maletas entre la parada de los autobuses, en la carretera, y el Hotel Suizo, al lado de la parroquia de San Sebastián:

Ya llega el sevillano
con las luces encendidas
que parece un aeroplano

¡Hotel Suizo, gran confor
cuarto de baño y ascensor!

Las perras gordas o el real nos lo daban los clientes o el hotel, si no se hacían los distraídos.

Es posible que a este amigo mìo y a su hermano Casto los hayas conocido tú como profesores de la facultad de medicina de Sevilla. Su vocación de médicos les vino del prestigioso ejemplo de mi padre.

Tampoco yo considero herejía descender a minucias como éstas. En gallego como en castellano lo marginal encaja siempre en el folklore, que si no es metafísica, le procura a la metafísica su ontología, en el sentido actual de los semánticos.

Efectivamente el día 11 de Noviembre es San Martín de Dubio, no solamente patrón de Orense, sino también de Maguncia, ciudad donde Johannes Gutenberg (1400-1468) inventó la imprenta (1450), a unos pasos de la catedral, que tiene a este Santo cabalgando sobre ella y que ha consagrado el altar principal de su cripta catedralicia a San Bardón (2), arzobispo del siglo XI, al que la ciudad atribuye gran parte de su prestigio, visible en el conjunto arquitectónico que rodea la catedral, reconstruida por él tras un fuego como una coraza de solidaridad entre caritativa y comercial. Maguncia le atribuye igualmente su fidelidad proverbial a la Iglesia católica.

Figúrate que tanto mi familia materna española Bardón como sus ancestros franceses, con cuyos herederos más directos estudié yo el tema, en los archivos de su castillo de Segonzac, al salir de España, pretenden que nuestro origen conocido más remoto es este arzobispo alemán.

Para explicarme el origen de la rama española, los franceses me enseñaron una tumba junto a la iglesia del pueblo con la inscripción: Jean Bardon. Yo sabía, por mi tío notario de Aranjuez, que el Bardon llegado a España de Francia se llamaba así. Aparentemente la astucia de este pobre hombre, perseguido por los revolucionarios franceses, fue el hacerse pasar por muerto, cuando de hecho atravesó la frontera española para salvar su vida. Al hacerlo ponía en práctica la divisa de la familia, que aparece en el escudo de los Bardon de Segonzac: "letum quam lutum", que en romance paladino se traduce por "mejor muerto que vencido".

Curiosamente en Estepa, la marquesa de la Alguidilla, una amiga de mis padres con fama de marxista, empleó la misma astucia, para despistar a sus enemigos del régimen, que el Bardon francés refugiado en España. Ella en persona, vivita y coleando me enseñó su tumba en la capilla del sagrario de la iglesia de los Remedios, al entrar a la derecha.

Me alegra el haber nacido en el día del patrón de tu ciudad, Ourense, cuya visión como "Auria", en tu novela “Los valles del amanecer”, me gustaría conocer.

El gesto de San Martín de compartir con su prójimo me ha servido siempre como un principio ético fundamental. Quizás sepas que fui profesor de esta materia, en el Seminario Mayor de Córdoba, durante el año escolar 1960-1961. A lo largo de aquel año escolar, con la revolución cubana recién estrenada, tuve la ocasión de hablar y escribir como lo hizo en su tiempo otro neonato del 11 de Noviembre en Sevilla, que fue Bartolomé de las Casas. El tipo de doctrina que yo enseñaba, aprendida de estos santos, de la gran tradición española del “Derecho de gentes” y de mi gran maestro y amigo del alma José María Díez-Alegría, jurista y filósofo, me catapultó directamente fuera del nacional catolicismo español, aterrizando en Lovaina, donde encontré cobijo en el centro de investigaciones del heredero directo del recientemente fallecido entonces Jacques Leclerc.

Tomo nota de que soy dos años y unos meses más joven que tú. ¡Fíjate si tienes cosas que enseñarme, sobre todo si de niño eras maestro en diabluras! Yo tuve la mala suerte de que a mi madrina, esposa del alcalde de Estepa, don Salvador Moreno, cuyo nombre ostento, le diera por decir que yo era un santo; así que tuve que comportarme como tal; aunque reconozco que a partir de cierto momento hice todo lo que pude para quitarme esta fama, montando un teatro en los sótanos de mis amigo José Antonio y Casto Estefanía, cuya madre era mi maestra universal, incluido de piano y dibujo, y una de mis madres de leche. ¡Figúrate si yo la quería y ella a mí! Durante mucho tiempo fue para mí la encarnación más hermosa y atractiva de la ternura femenina.

Me hace ilusión el que me hables de tu hija Noelia, evocación que me hace pensar en mi hija María, actualmente doctoranda en la facultad de ciencias de Leuven, sobre todo que has hablado con ella del mejor de los alimentos, ese que tiene la virtud de inspirarnos el amor y de darnos la vida, saliendo directamente del corazón de cada mujer, transformada en madre universal. Espero que, dando tiempo al tiempo, me contarás esa infinidad de historias que tú conoces sobre ese "momento" tan franciscano que logra lanzarnos muy lejos de nuestro terruño, para implantar nuestras vidas de filósofos peripatéticos, tú bailando sevillanas en Andalucía y yo poniendo una pica en Flandes.

Me despido encaramándome contigo en lo alto de la torre del homenaje, a unos pasos de la Iglesia de Santa María de Estepa, lugar magistralmente nostálgico de la orden de Santiago, para releer contigo sobre la piedra lo que grabó su inteligente Maestre, a quien debieron inquietarle los peligros de las siestas, cuando se está de guardia en las fronteras:

Esta torre mandó facer
Lorenzo Suárez de Figueroa
Maestre de Santiago,
Quienquiera saber lo que
Costó faga otra como ella
y saberlo ha.

Otro abrazo, querido César, y hasta que tú quieras, “Deo volente”.

Salvador.

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He aquí una versión no estepeña sobre el Origen del apellido Centurión:

De ascendencia italiana, concretamente de Génova, siendo su jefe por aquel entonces don Adán Centurión. Adán y su hijo Marcos prestaron grandes servicios al emperador don Carlos V, así como al rey don Felipe II, quienes los colmaron de mercedes, erigiendo, el rey Felipe, en marquesado el estado de Estepa con el que el emperador había agraciado a Adán como premio por el valor con que había peleado en muchas batallas a su servicio. Por tanto, puede y debe considerarse a don Marcos, primer marqués de Estepa y tronco de tan esclarecido linaje en España, del cual proceden también los marqueses de Monasterio, a través de don Octavio Centurión.

Mi sabueso : Genealogía y Heráldica : Origenes Apellidos : Centurión

Escudo de Armas del Apellido Centurión

Escudo de oro y una banda compuesta de tres filas de escaques o jaqueles de plata y gules.

(2) San Bardón (982- +1053), "Archevêque de Mayence, il vivait dans une telle austérité que le Pape Léon IX, passant par là, lui recommanda de mieux veiller à sa santé pour le bien de l’Eglise. Ce qu’il fit par obéissance". Su fiesta se celebra el 10 de junio.

domingo, agosto 26, 2007

La "Maternidad" de Dora Puelma

La "Maternidad" de Dora Puelma

Permalink 26.08.07 @ 10:20:10. Archivado en Sociogenética, Antropología conyugal, Educación, Pintura

Estimada y querida Susana, digna heredera bloguera de la Dama de Elche: Deseando agradecerte tu espléndido regalo fotográfico, con el que contribuyes a la gran tradición iconográfica del tema de la "Maternidad", te ofrezco un resumen de la vida y obra de Dora Puelma, eligiendo como emblema de su obra la admirable "Maternidad", que se encuentra en el Museo de Arte Contemporáneo de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

Espero que este gesto fraternal de reciprocidad bloguera, venido de un Salvador tan sensible como tú a la "Maternidad", te anime a perseverar en tu escritura multimediática en este tema, que es uno de los más antiguos de la iconografía universal.

Reproducción: El Museo Nacional de Bellas Artes autoriza la reproducción parcial o total de los contenidos del sitio siempre que se mencione la fuente.

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Dora Puelma Francino de Fuenzalida. Nació en Antofagasta, Chile, el 22 de Marzo de 1898. Falleció en Santiago, el 1º de Abril de 1972.

Estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Fue alumna de Fernando Álvarez de Sotomayor, Valenzuela Llanos, Juan Francisco González y Pablo Burchard. Integró la llamada Generación del Trece.

Tambíen recibió lecciones de escultura con el profesor Virginio Arias. A su sólida formación académica en Chile siguió una estadía en Francia, donde fue alumna de André Lothe en la Ecole de Paris.

No sólo se dedicó a la pintura, también destacó como profesora de la cátedra de pintura de la Escuela de Bellas Artes, colaboró como columnista de los diarios La Nación y El Mercurio. Además impartió charlas sobre arte y dirigió una academia de pintura.

Viajes a España dan cuenta de su labor de difusión del arte chileno. Fue socia fundadora de la Sociedad de Nacional de Bellas Artes.

ESTRATEGIA VISUAL

Su trayectoria artística se caracterizó por su fidelidad a la tradición pictórica del paisaje y las técnicas de la representación que siempre defendió por sobre las tendencias abstractas que se impusieron en su época.

Pintó principalmente interiores, calles y paisajes, no solo chilenos sino de diversos paises que recorrió, entre ellos la selva amazónica, experiencia que realizó gracias a una invitación del gobierno peruano en 1950.

Prefiriendo lo simple, la artista solía destacar elementos inadvertidos del paisaje natural. Su dominio del dibujo y el pincel se evidencia en cuadros al óleo donde predominan tonos grises, azulados y ocres, un colorido manejado con gran austeridad, con el que lograba recrear atmósferas plácidas y equilibradas composiciones.

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Premios y Exposiciones

PREMIOS

1916 3ª. Medalla, Salón de 1916, Santiago.

1925 2ª. Medalla, Sección Pintura al óleo, Salón Oficial, Santiago

1930 Medalla de Bronce en Pintura, Exposición Internacional de Sevilla, España.

1935 Premio de Estímulo en Dibujo, III Salón de Verano de Viña del Mar, Chile.

1936 3ª. Medalla en Pintura, Exposición Nacional de Artes Plásticas del IV Centenario de Valparaíso, Chile.

1938 1er. Premio en Dibujo, II Salón de Otoño, Valparaíso, Chile.

1952 Primera Medalla, Salón Nacional, Santiago.

1957 Premio de Honor, Salón de la Sociedad Nacional de Bellas Artes, Santiago.

1959 Premio de Honor, Salón Nacional, Santiago.

1962 1ª. Medalla en Pintura, Salón Nacional, Santiago.

EXPOSICIONES INDIVIDUALES

1923 Exposición de 70 telas, Casa Rivas Y Calvo, Santiago.

1939 Exposición, Sala del Banco de Chile, Santiago.

1951 Óleos y Acuarelas de su Viaje a la Zona Amazónica, Valparaíso, Chile.

1954 Instituto de Cultura Hispánica, Madrid, España.

1977 Retrospectiva de Dora Puelma, Sala de Exposiciones del Ministerio de Educación, Santiago, Chile.

EXPOSICIONES COLECTIVAS

1914 Exposición de Arte Femenino de la Sociedad Artística Femenina, Salones de El Mercurio, Santiago.

1916 Salón Oficial, Santiago. Además participó el año 1919; 1925; 1927; 1938; 1942, 1943; 1947, 1948, 1949; 1952; 1954, 1955; 1957

1922 II Salón de Invierno, Santiago.

1925 V Salón de Invierno, Santiago.

1925 Salón de Viña del Mar, Chile.

1929 Exposición Internacional de Sevilla, España.

1930 Exposición del Cincuentenario del Museo Nacional de Bellas Artes 1880 - 1930, Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago.

1935 III Salón de Verano de Viña del Mar, Chile.

1936 Exposición Nacional de Artes Plásticas del IV Centenario de Valparaíso, Chile.

1936 IV Salón de Verano, Viña del Mar, Chile.

1938 II Salón de Otoño, Valparaíso, Chile.

1940 Exposición de Arte Chileno, Buenos Aires, Argentina. Organizada por la Municipalidad de Viña del Mar y la Comisión Nacional de Bellas Artes de Argentina.

1942 Chilean Contemporary Art Exhibition, The Toledo Museum of Art, Toledo, Estados Unidos.

1943 Salón Nacional, Santiago. Además participó el año 1944; 1948, 1949; 1951; 1959; 1965

1953 Grabados y Dibujos, Grupode Grabadores de Viña del Mar, Chile

1960 I Salón Oficial de Otoño, Valparaíso, Chile.

1961 Exposición de Dibujo y Grabado de la APECH, Museo de Arte Contemporáneo, Universidad de Chile, Santiago.

1973 Pintores de la Generación del 13, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago.

1976 Pintura Chilena, Casa de la Cultura del MINEDUC, Santiago, Chile.

1977 Exposición de Maestros de la Pintura Chilena, Floresta, Santiago.

1981 Rescate de Pintura Chilena, Instituto Cultural de Providencia, Santiago.

1987 Panorama de la Pintura Chilena, Instituto Cultural de Las Condes, Santiago.

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Obras

OBRAS EN COLECCIÓN DEL MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES

Mañana de Primavera, óleo sobre tela, 55 x 75 cm.

Paisaje, óleo sobre tela, 50 x 38 cm.

OBRAS EN COLECCIONES PUBLICAS

MUSEO DE ARTE Y ARTESANIA DE LINARES, CHILE.

MUSEO MUNICIPAL DE VALPARAÍSO,CHILE.

MINISTERIO DE RELACIONES EXTERIORES DE CHILE.

COLECCIÓN ROBERTO PALUMBO OSSA

Parque Forestal, óleo sobre tela, 48 x 36 cm.

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Bibliografía

ALVAREZ URQUIETA, LUIS. La Pintura en Chile Colección Luis Alvarez Urquieta. Santiago, 1928.

BIBLIOTECA Y CENTRO DE INFORMACIÓN. Archivo Documental de la Artista Dora Puelma.

MINISTERIO DE EDUCACIÓN / DEPARTAMENTO DE CULTURA. Dora Puelma. Texto de Víctor Carvacho Herrera. Santiago de Chile, 1977.

INSTITUTO CULTURAL DE LAS CONDES. Pintores de la Generación del 13. Texto de Antonio R. Romera. Santiago, 1973.

INSTITUTO CULTURAL DE LAS CONDES. Panorama de la Pintura chilena desde los Precursores hasta Montparnasse : Muestra Retrospectiva basada en Historia de la Pintura Chilena de Antonio R. Romera. Santiago, 1987.

INSTITUTO CULTURAL DE PROVIDENCIA. Rescate de Pintura Chilena. Texto de José María Palacios. Santiago, 1 al 27 de Septiembre, 1981.

MINISTERIO DE EDUCACIÓN / CASA DE LA CULTURA. Pintura Chilena. Texto de Luis Droguett Alfaro. Santiago de Chile, 1976.

MONTECINO M., SERGIO. Entre Músicos y Pintores. Santiago, Ed. Amadeus, 1985.

PALACIOS, JOSÉ MARIA. Pintura Chilena 1816-1957: Colección Roberto Palumbo Ossa. Santiago: Mario Fonseca, 1998

PATRONATO NACIONAL DE LA INFANCIA. Agenda 1989 Nuestra Pintura. Santiago

ROMERA, ANTONIO R. Historia de la Pintura Chilena, 4ª. Ed. Santiago: Eds. Andrés Bello, 1976. (Con la colaboración de Fernando Aránguiz, Director del Instituto Cultural de Las Condes).

THE TOLEDO MUSEUM OF ART. Chilean Contemporary Art Exhibition. Texts by Molly Ohl Godwin and Carlos Humeres Solar (translated by Rosario Floripe), and Eugenio Pereira Salas (translated by Y.A. Neal). Toledo (EE.UU.), The Ministry of Educacion of the Republic of Chile, 1942.