miércoles, agosto 22, 2007

Conjeturar no es ni obligar ni aconsejar

Conjeturar no es ni obligar ni aconsejar

Permalink 22.08.07 @ 09:25:12. Archivado en Semántica, Pragmática, Morfosintaxis, Periodismo

Con mucha frecuencia se confunde en la prensa la expresión de la ‘conjetura’ con la expresión de la ‘obligación’. En ambas expresiones se emplea el verbo deber, pero en el caso de la ‘conjetura’ el verbo deber cumple el oficio de auxiliar dentro de la perífrasis deber de. Si privamos esta perífrasis de la preposición de, la expresión de ‘conjetura’ se transforma en expresión de ‘obligación’.

Como este solecismo (1) es muy corriente en el lenguaje periodístico, me ha parecido útil reproducir actualizándolo un artículo mío de hace más de un año y medio, que apareció en la prensa virtual el 12.02.06 bajo el título: "Conjeturar vs. Obligar"

Cuando un médico dice a su paciente: Usted debe comer menos, lo dice para imponerle la obligación dietética de que coma menos que lo que suele hacer. Si, por el contrario, le dice: Usted debe de comer menos, lo que hace es conjeturar, por los síntomas que descubre en su paciente, por ejemplo, por su peso, que le parece que come menos que antes.

El resultado de esta transformación es con frecuencia fatal para el sentido que el locutor ha deseado dar a su enunciado, ya que su interlocutor lo interpretará con la fuerza vinculante de la ‘obligación’, cuando el locutor se mantenía en la fuerza no vinculante de la ‘conjetura’. Con lo cual se interpreta como imposición lo que es solamente una sugerencia.

Entendemos por ‘conjetura’ el ‘juicio que se forma de las cosas o acaecimientos por indicios y observaciones’, DRAE.

Entendemos por ‘obligación’ el ‘vínculo que sujeta a hacer o abstenerse de hacer algo, establecido por precepto de ley, por voluntario otorgamiento o por derivación recta de ciertos actos.’, DRAE.

Para expresar la ‘conjetura’ disponemos en castellano de la perífrasis deber de. En esta perífrasis el verbo transitivo deber funciona como auxiliar, añadiendo una nota de inseguridad o probabilidad al verbo principal. Si decimos: Debe de hacer frío, queremos dar a entender: ‘no estoy seguro de lo que digo, pero tengo la impresión de que hace frío’. Si decimos: Debieron de salir a pelear, queremos dar a entender: ‘no estoy seguro de lo que digo, pero tengo la impresión de que salieron a pelear’.

En las frases que siguen, el autor ha querido expresar la conjetura, pero de hecho, al olvidar o suprimir la preposición de, lo que ha expresado es la obligación:

«Alguien debe saber sobre el terrorismo etarra lo que los demás ignoramos. Alguien debe tener unas claves decisivas que, en su día, explicarán los comentarios del jefe del Gobierno respecto al hipotético final de la violencia.»

Paradigma morfosintáctico:

Debes de saber que... + INFINITIVO {Conjetura}.
Debes saber que... + INFINITIVO {Obligación, Consejo}.

En las frase que sigue, el autor ha querido expresar la obligación, pero de hecho, al añadir la preposición de, lo que ha expresado es la conjetura:

"El programa de vuelos de los transbordadores es muy apretado debido a que deben de finalizar la construcción de la estación antes de su retirada en 2010". Malen RUIZ DE ELVIRA. El 'Endeavour' vuelve hoy a la Tierra sin haber reparado su cubierta térmica - El País. Madrid - 21/08/2007.

Pablo Sebastián titulaba el 05.03.07 en ABC: "Rajoy debe de pasar el Rubicón hacia la moción de censura". La sintaxis de esta frase expresa la 'conjetura'. Sin embargo, al leer el cuerpo del artículo, comprendemos inmediatamente que su Autor no ha tenido la intención de expresar una 'conjetura', sino más bien un 'consejo', que es la manera educada y repetuosa de recordarle a un adulto una 'obligación'. La correcta morfosintaxis del título que corresponde a la semántica y a la pragmática de esta intención es: "Rajoy debe pasar el Rubicón hacia la moción de censura".

El resultado de esta transformación es fatal para el sentido que el escritor ha deseado dar a su enunciado, ya que su lector lo interpretará con la fuerza no vinculante de la ‘conjetura’ cuando el escritor pretendía imprimirle la fuerza vinculante de la ‘obligación’. Con lo cual se interpreta solamente como una 'sugerencia' lo que es un 'consejo' o una 'obligación moral' formulada educadamente.

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(1) solecismo (Del lat. soloecismus, y este del gr. soloikismós).

1. m. Gram. Falta de sintaxis; error cometido contra las normas de algún idioma.

lunes, agosto 20, 2007

Aun vs. aún

Aun vs. aún

Permalink 20.08.07 @ 15:35:00. Archivado en Semántica, Pragmática, Morfosintaxis, Didáctica

Muchos periodistas, incluso los más brillantes, confunden el adverbio temporal "aún", cuyo signo diacrítico, representativo de su acentuación intensiva, es la tilde, con los adverbios modales y con las conjunciones, expresados atónicamente por "aun", que no llevan tilde, justamente por no acentuarse. Estos adverbios y conjunciones cumplen funciones morfosintácticas adversativas, concesivas o ponderativas, según el contexto y la situación.

Como la tilde del adverbio temporal "aún" representa no solamente su fonética acentuada sino su valor semántico propio, frente a los valores semánticos del adverbio modal "aun", cabe considerar esta distinción como fonológica, es decir: como distintiva de sentido. Lo cual significa que la Real Academia debería distinguir más claramente estos dos adverbios, cuyo origen común remoto no justifica su confusión actual, consagrándoles dos entradas diferentes en el DRAE.

He aquí un buen ejemplo del uso ortográfico correcto, por señalar mediante la tilde el valor temporal del adverbio "aún" :

"Aún tengo rosas en mi jardín, aunque ya es el 19.08.07 y hace demasiado frío, aquí en Valonia, para ser el verano".

Fotografía: Esta rosa, fografiada ayer en mi jardín valón, ilustra mi artículo de hoy sobre el empleo del adverbio temporal "aún". © "Aún tengo rosas", SaGa Bardon, 18.08.07.

Grandes formatos:

He aquí el mal ejemplo de un buen periodista, al confundir el valor temporal del adverbio "aún" con el valor concesivo de la conjunción "aun":

"Pero aún siendo inquietante que Chávez pueda estar otros 10 años en el palacio de Miraflores, son bastante más preocupantes otros varios artículos de la reforma, que debilitan las propias instituciones del Estado y contemplan una nueva organización social, económica y territorial con innegable tufillo castrista".

EDITORIAL Chávez supremo. El País-20/08/2007.

La voz átona "aun" se emplea como conjunción concesiva, en vez de "aunque" con el verbo en gerundio: "Aun siendo jubilado, madruga más que muchos trabajadores". También se emplea en expresiones sin verbo que equivalen a oraciones sintetizadas: "Se pasea sin paraguas aun en pleno chaparrón".

Las recomendaciones, un poco confusas, de la Real Academia de la Lengua, probablemente responsables de la confusión reinante:

aun.

(Del lat. adhuc).

1. adv. t. todavía ( ‖ hasta un momento determinado).

2. adv. m. todavía ( ‖ no obstante, sin embargo).

3. adv. m. todavía ( ‖ en sentido concesivo).

4. adv. m. todavía ( ‖ en sentido de encarecimiento o ponderación).

5. adv. m. Denota a veces idea de encarecimiento en sentido afirmativo o negativo.

ORTOGR. Escr. con acento cuando pueda sustituirse por todavía. Aún ('todavía') está enfermo. En los demás casos, se escribirá sin tilde. Te daré 100 duros, y aun ('hasta') 200, si los necesitas. No tengo yo tanto, ni aun ('ni siquiera') la mitad.

aun cuando.

1. loc. conjunt. advers. aunque.

DRAE

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Un buen ejemplo poético del adverbio temporal"aún"

Aún no estoy preparado para perderte...
No estoy preparado para que me dejes solo.
Aún no estoy preparado para crecer
y aceptar que es natural,
para reconocer que todo
tiene un principio y tiene un final.

Aún no estoy preparado para no tenerte
y sólo recordarte...
Aún no estoy preparado para no poder oírte
o no poder hablarte,
no estoy preparado para que no me abraces
y para no poder abrazarte.

Aún te necesito
y aún no estoy preparado para caminar
por el mundo preguntándome ¿por qué?
No estoy preparado hoy ni nunca lo estaré.

Te necesito.

Pablo Neruda

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aun / aún / aunque

- aun = 'sin embargo' / 'incluso si' / 'incluso más que'
- aún = 'todavía ahora' 'todavía entonces' Expresa persistencia de cierta acción o estado con respecto al momento en que se habla (referencia absoluta de presente) o del que se habla (referencia relativa de pasado o de futuro). Se emplea mucho en correlación morfosintáctica con el adverbio temporal "cuando".
- aunque = 'a pesar de que'; en inglés: "although"; en francés: "malgré que"

El buen ejemplo: Aunque es el otoño, aún hay rosas en mi jardín, aun estando privado de sol. Semántica: 'A pesar de que es el otoño, todavía hay rosas en mi jardín, incluso si está privado de sol'

Nota sobre la acepción ponderativa del adverbio temporal "aún"

La voz tónica "aún", igualmente en función adverbial temporal, equivale a "todavía" en su acepción ponderativa: "Si vinieras de vacaciones con nosotros, lo pasaríamos juntos aún mejor". Interpretación semántica: 'Si vinieras de vacaciones con nosotros, lo pasaríamos juntos aún mejor'.

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Nota sobre el empleo del operador "vs." en español como equivalente de "/"

versus. Esta preposición, que en latín significaba ‘hacia’, adquirió en el lenguaje jurídico inglés, ya en el siglo xv, el valor de ‘contra’, y con este sentido se usa frecuentemente en el español de hoy: «Kaspárov ‘versus’ Deep Blue: ¿quién ganará la partida?» (País [Esp.] 21.5.97); «Odiosas dicotomías: habla popular versus lengua de cultura, lenguas primitivas versus lenguas avanzadas» (Ninyoles Idiomas [Esp. 1977]). Aparece a menudo en la forma abreviada vs.: «Para hoy se prevé igualmente la confirmación de los escenarios de los partidos Colegiales vs. Olimpia y San Lorenzo vs. Guaraní» (Abc [Par.] 7.11.00). Aunque no es censurable su empleo —pues palabras españolas como adversario, procedentes en latín de la misma raíz que versus, presentan el rasgo semántico de confrontación—, se recomienda sustituir este latinismo anglicado por la preposición española contra o por la locución preposicional frente a.

Diccionario panhispánico de dudas
© Real Academia Española, 2005.

domingo, agosto 19, 2007

Las mujeres en El Quijote

Las mujeres en El Quijote

Permalink 19.08.07 @ 19:50:00. Archivado en El Quijote, Sociogenética, Antropología conyugal, Educación, Novela

Madrid es con frecuencia escenario de encuentros o congresos, donde mujeres venidas de los cuatro puntos cardinales nos recuerdan a los hombres la injusticia del machismo y la obligatoriedad de tratarlas no sólo sin violencia, sino como nuestras iguales en dignidad y en derecho. A Madrid le ha cabido de nuevo este honor hace muy pocos días. He aquí mi modesta contribución como cervantista a esta lucha por la dignidad femenina. Se trata de un artículo sacado del Diccionario enciclopédico de mi Taller cervantino del Quijote, artículo que publiqué, en una circunstancia análoga, el 08.06.05.

¿Era Cervantes misógino o filógino?

Cabe concluir de un estudio detenido de las mujeres en el Quijote, que si es innegable la filoginia quijotesca, mucho más innegable e incluso sistemática es la denuncia por el Autor del Quijote de la misoginia ambiente. Disculpándonos por el anacronismo léxico, podemos afirmar que Miguel de Cervantes, particularmente en el Quijote, es uno de los más distinguidos valedores del feminismo occidental actual.

* * *

En el Quijote encontramos una serie de personajes femeninos caracterizados por su voluntad de rebelarse contra las limitaciones de las convenciones sociales y por el deseo de mostrar y desarrollar su propia individualidad: Dorotea, Marcela, Claudia Jerónima, Ana Félix.

En esto sigue el camino trazado por Joanot Martorell en su Tirante el Blanco. Así, por ejemplo, la infanta de Sicilia declara a Tirante, a propósito del príncipe Felipe, su pretendiente francés:

«Por amor de mí, no me digáys tal razón, que para mi plazer querría hombre que fuese entendido y discreto, e antes sufriría que no fuese de estado y linaje que no que fuese grossero y escaso… Mas no penséys que soy muger que creo de ligero, antes si ha de ser algo, he de meter las manos hasta los codos para sintir y saber su plática, su estado y condición si será tal que pueda dar consuelo a mi ánima en este mundo… —Si yo hallo alguna falta de grosería y escaseza en Felipe, nunca jamás le tomaré por marido; y de aquí adelante no quiero pensar en otra cosa sino cómo sabré la verdad… Si yo tomo por marido a Felipe y no me sale tal qual yo deseo, abré de ser omecida de mi persona, porque de fuerça haré cosas de desesperación; y assí me paresce que vale más estar sola que mal acompañada.», cap. C, ed. de Martín de Riquer, 1990, pp. 222, 223, 257 y 261.

En cambio, la época del Quijote. no sólo era resueltamente antifeminista sino que invocaba razones científicas para serlo, como lo prueba, en el Examen de ingenios para las ciencias del doctor Huarte de San Juan de 1574, la parte consagrada a las diligencias que los padres han de hacer al engendrar, para que salgan varones y no hembras:

«Los padres que quisiesen gozar de hijos sabios y que tengan habilidad para letras han de procurar que nazcan varones; porque las hembras, por razón de la frialdad y humidad de su sexo, no pueden alcanzar ingenio profundo. Sólo vemos que hablan con alguna apariencia de habilidad en materias livianas y fáciles, con términos comunes y muy estudiados; pero, metidas en letras, no pueden aprender más que un poco latín, y esto por ser obra de la memoria. De la cual rudeza no tienen ellas la culpa; sino que la frialdad y humidad que las hizo hembras, esas mesmas calidades hemos probado atrás que contradicen al ingenio y habilidad.», Huarte de San Juan, Examen de ingenios para las ciencias, p. 627-628.

¿Era don Quijote filógino o misógino? Ciertamente no era misógino, pero parece que era un filógino pesimista, puesto que pensaba que la mujer buena era muy difícil de encontrar. Ésta es al menos la impresión que tenemos, cuando intentando reconfortar a Basilio, con ocasión de su problemática boda con Quiteria, tras las suspendidas bodas de Camacho, le recuerda que un sabio opinaba que

«no había en todo el mundo sino una sola mujer buena, y daba por consejo que cada uno pensase y creyese que aquella sola buena era la suya, y así viviría contento.», II.22.4.

La relativa filoginia quijotesca contrasta vivamente con la absoluta misoginia ambiente, muy bien representada por diferentes personajes de su historia (tema de la misoginia ambiente). Así, por ejemplo, Sancho Panza quiere a las mujeres obedientes a sus maridos; don Fernando las hace objeto de fuerza y falsas promesas; el curioso impertinente las somete a pruebas, porque duda de su virtud; el pastor Eugenio las considera a todas de condición desasosegada como las cabras, simplemente por ser hembras; el Duque, hablando con Sancho Panza, pone en relación la cortesía debida a una mujer con el talle que tiene (presupuesto: ser corteses con las hermosas y descorteses con las feas):

«veremos el talle de la Condesa y por él tantearemos la cortesía que se le debe», II.37.15; etc.

Traicionado en su amor por Leandra, el Cabrero Eugenio no sólo desbarra a propósito de las mujeres, sino de todas las hembras, cuya condición estima desasosegada:

«Mas ¿qué puede ser sino que sois hembra, y no podéis estar sosegada; que mal haya vuestra condición y la de todas aquellas a quien imitáis?… », I.50.11.

Este punto de vista coincide con el de la opinión pública:

«los que conocían su discreción y mucho entendimiento (de Leandra) no atribuyeron a ignorancia su pecado, sino a su desenvoltura y a la natural inclinación de las mujeres, que por la mayor parte suele ser desatinada y mal compuesta.», I.51.3.

El punto de vista de Eugenio resume la misoginia ambiente:

«Yo sigo otro camino más fácil y, a mi parecer, el más acertado, que es decir mal de la ligereza de las mujeres, de su inconstancia, de su doble trato, de sus promesas muertas, de su fe rompida, y finalmente, del poco discurso que tienen en saber colocar sus pensamientos e intenciones, y esta fue la ocasión, señores, de las palabras y razones que dije a esta cabra cuando aquí llegué, que por ser hembra la tengo en poco, aunque es la mejor de todo mi apero.», I.51.3

En la Novela del curioso impertinente asistimos a una acumulación de pruebas impertinentes de la mujer por el hombre:

«Porque yo tengo para mí, ¡oh amigo!, que no es una mujer más buena que cuanto es, o no es, solicitada, y que aquella sola es fuerte que no se dobla a las promesas, a las dádivas, a las lágrimas y a las continuas oportunidades de los solícitos amantes», I.33.9.

«Conténtate, Anselmo, y no quieras hacer más pruebas de las hechas, y pues a pie enjuto has pasado el mar de las dificultades y sospechas que de las mujeres suelen y pueden tenerse, no quieras entrar de nuevo en el profundo piélago de nuevos inconvenientes», I.34.7.

Un poco antes encontramos el mismo tipo de actitud en la historia de Cardenio (tema de la misoginia ambiente):

«Conocióme Luscinda luego, y conocíla yo; mas no como debía ella conocerme y yo conocerla. Pero, ¿quién hay en el mundo que se pueda alabar que ha penetrado y sabido el confuso pensamiento y condición mudable de una mujer?», I.27.28.

Uno de los testimonios más conmovedores de la parcialidad social frente a las mujeres es el que nos aporta Claudia Jerónima, acusando a su propia naturaleza de mujer del drama que vive. El testimonio es conmovedor, porque por su boca habla una sociedad que le ha enseñado a menospreciarse en cuanto mujer (tema de la misoginia ambiente):

«Viome, requebróme, escuchéle, enamoréme, a hurto de mi padre; porque no hay mujer, por retirada que esté y recatada que sea, a quien no le sobre tiempo para poner en ejecución y efecto sus atropellados deseos.», II.60.24.

Cabe concluir que si es innegable la filoginia quijotesca mucho más innegable e incluso sistemática es la denuncia por el Autor del Quijote de la misoginia ambiente. Disculpándonos por el anacronismo léxico, podemos afirmar que Miguel de Cervantes, particularmente en el Quijote, es uno de los más distinguidos valedores del feminismo occidental actual. La intensidad de esta actitud explica la presencia de la Novela del curioso impertinente como lectura en común de los personajes más significativos de la primera parte. No se olvide que el tema de la lectura, que da lugar a la inserción de esta novela como objeto de lectura por los personajes en la venta, es uno de los temas mayores del Quijote.

Podemos añadir que la Novela del Curioso impertinente es para nosotros, como lo hemos probado ampliamente en otro lugar, la historia de la relación de un antiquijote con las mujeres; la impertinencia estriba en creer que las mujeres deben ser sometidas a pruebas, para que aparezca la verdad de su virtud (tema de la misoginia ambiente vs filoginia quijotesca). La impertinencia de Anselmo, el Curioso impertinente, consiste en querer someter a prueba la virtud de Camila, su mujer, como si el valor de esta virtud no consistiera en ella misma, en su verdad de conciencia, sino en la experiencia que hacen de ella los otros, en su apariencia:

«el deseo que me fatiga es pensar si Camila, mi esposa, es tan buena y tan perfeta como yo pienso, y no puedo enterarme en esta verdad, si no es probándola de manera que la prueba manifieste los quilates de su bondad, como el fuego muestra los del oro.», I.33.9.

Curiosidad impertinente que su amigo Lotario rechaza al preguntarle una y otra vez: «¿qué mejores títulos piensas darle después que los que ahora tiene, o qué será más después de lo que es ahora?… si es tan buena como crees, impertinente cosa será hacer experiencia de la mesma verdad», I.33.14;

y más adelante: «¿para qué quieres poner esta verdad en duda?», I.33.16.

Citas del Quijote: Salvador GARCIA BARDON, El Quijote para citarlo

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Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, aparecerá en 2005.

sábado, agosto 18, 2007

Perú en El Quijote y El Quijote en Perú

Perú en El Quijote y El Quijote en Perú

Permalink 17.08.07 @ 12:40:10. Archivado en Las Américas, El Quijote, España, Sociogenética, Pro amicitia universale, Arte

En estos momentos de duelo y de congoja de los Peruanos, sentimientos que compartimos con ellos, los Españoles debemos recordar los lazos particularmente estrechos y tradicionales que nos unen con este pueblo hermano.

Uno de los testimonios más antiguos y más explícitos de que disponemos de estos lazos, en el plano de nuestro imaginario, es la propia filosofía que sustenta la obra quijotesca como fermento sociogenético que la ha hecho posible. Esta tesis aparece en filigrana en numerosos artículos de colegas peruanos, que han estudiado magistralmente el tema, siguiendo la hipótesis con la que Unamuno enlazaba el Quijote y América: «Hay un quijotismo filosófico, sin duda, pero también, una filosofía quijotesca. ¿Es acaso otra, en el fondo, la de los conquistadores...?». Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida, Espasa-Calpe, Madrid, 1993, pág. 308.

Tras una indicación somera de la presencia del Perú en El Quijote, ofrecemos una serie de vínculos que permiten navegar a los artículos de mis colegas peruanos, que han estudiado magistralmente el tema del Quijote en Perú.

Pirú (en el s. XVII alterna con Perú, así, p.e., Covarrubias dice: «río Marañón en el Pirú», Cov. 788.b.34.) m. arc. La forma Pirú, ya arcaica en el siglo XVII, es adecuada en boca del oidor, hombre ya anciano, y hermano del cautivo, cuyo relato nos retrotrae al último tercio del siglo XVI (Gaos).

Tanto fuera como dentro del Quijote, el Perú es por antonomasia, en el imaginario de los siglos XVI y XVII, lugar de riqueza, especialmente en metales preciosos:

«PERÚ. Provincia famosísima en la India Occidental, conquistada y señoreada de los Católicos Reyes de España [nota: Francisco Pizarro lo conquista para ellos en 1533], de donde se han traido tantos millones de oro y plata. Y en cambio desto se les ha comunicado a la santa fe católica, tan asentada en aquellas partes, como en las demás donde se ha predicado el Evangelio.», Cov. 866.b.49.

«PERULERO. El que ha venido rico de las Indias del Perú.», Cov. 867.a.23; así lo vemos en el contexto del relato del Cautivo, en boca de su hermano el Oidor:

«Mi menor hermano está en el Pirú, tan rico, que con lo que ha enviado a mi padre y a mi ha satisfecho bien la parte que él se llevó». I.42.23.

Citas del Quijote: Salvador GARCIA BARDON, El Quijote para citarlo.

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El Quijote en Perú

Introducción
Por Eva M.ª Valero Juan

El Perú en Cervantes
por Aurelio Miró Quesada

Don Quijote en la fiesta de Pausa
por Aurelio Miró Quesada

Dualidad en Cervantes y en El Quijote
Por Óscar Miró Quesada

Sobre El Quijote en América
Por Ricardo Palma

Cervantes y el Perú
Por Raúl Porras Barrenechea

Cervantes y El Quijote
Por Javier Prado

Cervantes
Por José de La Riva-Agüero

Preludio cervantino
Por Luis Alberto Sánchez

Cervantes, síntesis de la cultura española
Por Augusto Tamayo Vargas

Relación de las fiestas que se celebraron en la corte de Pausa

Citar El Quijote

Citar El Quijote

Permalink 18.08.07 @ 14:10:00. Archivado en Escritura bloguera, El Quijote, Lingüística, Hispanobelgas

Este fue mi Regalo de fin del año cervantino 2005, que he renovado al comienzo de este año, para celebrar dignamente con mis amigos blogueros, durante el año 2007, el cuarto centenario de la proyección europea e internacional de El Quijote.

El hecho histórico que nos incita a celebrar de manera especial este nuevo año conmemorativo es que en 1607 apareció en Bruselas la cuidadísima edición de Velpius, que los estudiosos universitarios consideramos unánimemente como la primera edición crítica de El Quijote.

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Citar El Quijote

Durante toda mi vida me he dicho que la manera habitual de citar los textos del Quijote no era nada práctica. Dispuesto a resolver este problema, decidí y prometí hace más de quince años, cuando escribía una Gramática intencional (Lovaina, 1989) y una Semántica lexicológica (Lovaina, 1990) del español, que iba a proponer una nueva lectura crítica de los textos cervantinos, dotando mi edición de un sistema simple, preciso y rápido de referencias textuales. Las referencias a los textos del Quijote no se harían en adelante ni a la inmensidad de los capítulos, en los que es fácil perderse, ni a la extrema diversidad de las páginas, consecuencia de las diferentes ediciones empleadas, sino a las réplicas dialogísticas y a los párrafos, ambos editorialmente establecidos y numerados.

Como es sabido, tanto las ediciones príncipes de 1605 y de 1615 de los textos cervantinos como todas las ediciones posteriores, hasta mediados del siglo diecinueve, carecían de divisiones en párrafos y en réplicas dialogales, con la excepción de las poesías. Juan Eugenio Hartzenbusch fue el primero en establecer este tipo de divisiones, en su edición del Quijote de mediados del siglo diecinueve. Una vez iniciado este proceso de clarificación editorial moderna de los textos cervantinos, cupo el honor de continuarlo al insigne cervantista osunense don Francisco Rodríguez Marín. La división en párrafos y réplicas, adoptada en su edición del Quijote de 1911, para la colección de los «Clásicos castellanos», es la que mayor influencia ha ejercido sobre ediciones posteriores, al ser empleada por otros editores como texto original para la imprenta. El mismo deseo de clarificación editorial presidió los trabajos del inolvidable investigador valenciano Vicente Gaos y de los dos grandes maestros catalanes del cervantismo crítico actual Martín de Riquer y Francisco Rico Manrique, fieles continuadores de la ingente obra hispanista de la escuela filológica de Barcelona. Aceptando básicamente las divisiones de Hartzenbusch y de Rodríguez Marín, las han aumentado en cantidad y en calidad.

Mi trabajo ha consistido en dar un paso más en esta misma dirección, intentando mejorar la eficacia del sistema adoptado, no sólo como ayuda para la lectura, sino como instrumento para citar con precisión cualquier lugar del Quijote. Para ello, he añadido algunas divisiones, he hecho desaparecer los saltos de línea de las poesías, para citarlas fácilmente en mi diccionario enciclopédico, sin ocupar demasiado espacio, reemplazando los saltos con un signo convencional de pausa, y he dotado a cada una de las divisiones establecidas de un número compuesto de identificación, que nos permitirá a todos, de aquí en adelante, el citar los textos del Quijote con precisión, claridad y facilidad. Estos números se componen de tres partes separadas por puntos; por ejemplo: II.25.20. La primera parte, en cifras romanas, se refiere al volumen del Quijote; la segunda y la tercera, en cifras árabes, se refieren respectivamente al capítulo y al párrafo o réplica citados. En nuestro ejemplo tenemos el número compuesto que nos conduce directamente a la réplica de maese Pedro, respondiendo a don Quijote a propósito del mono adivino: «—Señor, este animal no responde ni da noticia de las cosas que están por venir; de las pasadas sabe algo, y de las presentes, algún tanto.», II.25.20. Se añade a esta tríada un cuarto miembro, cuando nos ha parecido oportuno introducir subdivisiones dentro de un párrafo excesivamente largo.

Este fue el texto de presentación de mi Regalo de fin del año cervantino 2005.

Citas del Quijote: Salvador GARCIA BARDON, El Quijote para citarlo

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© Salvador García Bardón, Taller cervantino del “Quijote”, Textos originales de 1605 y 1615 con Diccionario enciclopédico, Academia de lexicología española, Trabajos de ingeniería lingüística, Bruselas, Lovaina la Nueva y Madrid, 2005.

viernes, agosto 17, 2007

Bloguear para testimoniar, no para bromear

Bloguear para testimoniar, no para bromear

Permalink 16.08.07 @ 13:45:45. Archivado en Escritura bloguera, Europa, España, Sociogenética, Ética, Educación, Pro justitia et libertate

"Bloguear no es bromear. Quien bloguea no bromea. No es bueno bromear si se quiere bloguear".

La cantilena de estas frases sinónimas, reunidas por mí en copla deontológica, resuena en mi memoria con la armonía fresca de un manantial, de cuya agua bebemos en la alta montaña.

Concretamente me veo con la boca pegada al pecho materno de un manantial generoso, un poco más abajo del puerto de Roncesvalles.

Tanto me sedujo el placer que me produjo la primera vez que mamé a este pecho, que varios años después volví a él con el deseo de revivir el mismo placer. Y así fue, lo reencontré.

Ahora que de pasada lo recuerdo, la sinestesia del placer de revivir lo vivido me habita, hasta el punto de comenzar a sentirlo como por si por la tercera vez estuviera mamando de aquél pecho el agua cristalina que me dio su vida gratuita.

El 12.05.06, dirigiéndome a una madre, que comparte su trabajo materno con su trabajo de educadora, escribía yo el siguiente posteo, bajo el título "Bloguear para testimoniar":

Estimada y querida Alicia: Te repito aquí lo que ya te he escrito en tu propio blog.

Tú tienes el mérito de haber comprendido que bloguear debe ser ante todo testimoniar.

Nunca se te ha ocurrido ni jugar ni bromear con este formidable instrumento de conciencia que son los blogs, como lo hacen irresponsablemente muchos de los inconscientes que degradan este medio.

Tanto en Andalucía, que es tu mayor preocupación, como en España y en Europa te agradecemos todo lo que haces en favor de la democracia social auténtica, que echamos de menos.

Tu testimonio es irremplazable, porque tú sí que conoces, por haberlos vivido en primera persona, compartiéndolos cada vez que ha sido necesario, los sufrimientos de quienes viven en la pobreza, que en el mundo como en Europa, en España como en Andalucía siguen siendo mayoría.

Tú sabes que el voto de pobreza es necesario, entendido como una actitud sincera de desprendimiento, para garantizar la pureza de una entrega leal al servicio del Bien Común, que es la única herencia de los pobres.

Quien no hace esta promesa firme, al entrar en religión o en política, demuestra que pretende ocuparse del Bien Común tergiversando, sin saber lo que es vivir la pobreza como la viven los pobres, es decir: compartiéndola.

Quien no comparte la pobreza, es evidente que no sabe lo que es esperar en una cola para pagar la luz o el agua cortadas; tampoco sabe lo que es la vergüenza de pedir dinero prestado, para pagar los colegios; ignora lo que es no tener vivienda y vivir en riesgo de tener que salir cualquier día de la que tiene alquilada; no tiene ni idea del dolor que produce el tener que decir no a cosas cuasi necesarias de los hijos; etc.