martes, mayo 15, 2007

Elecciones sin eufemismos

Elecciones sin eufemismos

Permalink 15.05.07 @ 17:05:15. Archivado en Semántica, Pragmática, España, Ética, Pro justitia et libertate

Las elecciones son la ocasión que nos ofrece la democracia de iniciar una vida nueva, cuando la vida que veníamos viviendo hasta ese momento no nos resulta satisfactoria. Tal es el caso, por ejemplo, cuando hemos sido víctimas del terrorismo o de la corrupción.

Por desgracia, ambas plagas nos tienen bajo sus garras a la mayoría de los electores que vamos a ejercer nuestro derecho al voto el próximo 27 de mayo de 2007.

Trece de las diecisiete comunidades autónomas españolas celebrarán elecciones autonómicas. De acuerdo con los correspondientes Decretos de 2 de abril de 2007, se convocan elecciones a las Cortes de Aragón, a la Junta General del Principado de Asturias, al Parlamento de las Islas Baleares, al Parlamento de Canarias, al Parlamento de Cantabria, a las Cortes de Castilla-La Mancha, a las Cortes de Castilla y León, a la Asamblea de Extremadura, a la Asamblea de Madrid, a la Asamblea Regional de Murcia, al Parlamento de Navarra, al Parlamento de La Rioja, y a las Cortes Valencianas. Sólo Andalucía, Cataluña, Galicia y País Vasco no celebrarán elecciones a sus parlamentos autonómicos este día.

En el Real Decreto 444/2007, de 2 de abril de 2007, se convocan elecciones para la constitución de las Asambleas de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla.

En el Real Decreto 444/2007, de 2 de abril de 2007, se convocan elecciones municipales para cubrir los siguientes puestos:

1. Concejales de los municipios con población igual o superior a 100 residentes (salvo aquellos municipios que tengan adoptado el régimen de Concejo Abierto).
2. Alcaldes de los municipios de menos de 100 residentes (y de aquéllos que tengan adoptado el régimen de Concejo Abierto).
3. Alcaldes Pedáneos (u órgano unipersonal) de las entidades de ámbito territorial inferior al municipal.

El Real Decreto también recoge la elección de los diputados de las Diputaciones Provinciales de Régimen Común, que se realizará una vez celebradas las elecciones municipales mediante elección indirecta.

En el Real Decreto 444/2007, de 2 de abril de 2007, se convocan elecciones para cubrir los puestos de Consejeros de los Cabildos Insulares del Archipiélago Canario.

En el País Vasco se celebran el 27 de mayo elecciones municipales y a Juntas Generales en las tres provincias de la Comunidad Autónoma. El Gobierno Vasco informa de las encuestas públicas realizadas para estos comicios. Como en el caso de Navarra ciertos factores pueden alterar la intención de voto de los ciudadanos como son : la política antiterrorista y el "proceso de paz", el efecto "Zapatero", las coaliciones electorales o la posible presencia de la denominada "izquierda abertzale".

Etc. Fuente: Wikipedia.

Justamente porque deseo que estas elecciones tengan lugar sin eufemismos, es decir, llamando a las cosas por su nombre y no amañándolas, para disimular su verdad o transformarlas en mentira, repito en lenguaje paladino que tanto el terrorismo como la corrupción nos tienen bajo sus garras a la mayoría de los electores que vamos a ejercer nuestro derecho al voto el próximo 27 de mayo de 2007. Digo a la mayoría de los electores, porque la realidad estatal de la que todos nos beneficiamos está herida gravemente por ambas plagas, que tienen en común el poner en peligro de muerte nuestra existencia colectiva como unidad de solidaridad, superior a nuestras comunidades autónomas e inferior a la Unión Europea.

Por esta razón me ha parecido que la mejor manera de prepararnos para cumplir dignamente con nuestro deber y derecho de elegir a nuestros representantes políticos, es prestando atención a la lección de lenguaje veraz que nos dan Javier Urquizu, hijo de José María Urquizu Goyogana, asesinado por ETA; Cristina Cuesta, hija de Enrique Cuesta Jiménez, asesinado por ETA; y Cristian Matías, nieto de Manuel Albizu Idiáquez, asesinado por ETA.

Recordemos que, desde el punto de vista pragmático, el eufemismo es el mecanismo léxico-retórico fundamental utilizado por la llamada "corrección política", cuyo objetivo principal es el no herir susceptibilidades de ciertos oyentes, sea para no inquietar el conformismo de los inmovilistas o sea para mantener frenado el criminal afán destructivo de los terroristas y de su partidarios exaltados. Sin ser inherentemente dañino, puesto que puede servir a atenuar la violencia de ciertas revelaciones, graduando su manifestación, el eufemismo puede convertirse en un arma de doble filo, cuando es utilizado sistemáticamente para evitar expresiones duras o malsonantes, ya que con la excusa de renombrar ciertas realidades con términos menos duros o malsonantes que los convencionalmente utilizados, puede acabar convirtiéndose en una cortina de humo verbal que oculta, enmascara o incluso falsifica dichas realidades.

Eufemismo.(Del lat. euphemismus, y este del gr. euphemismós, derivado de eupheméo 'decir palabras de buen agüero').1. sust. m. Manifestación suave o decorosa de ideas cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante. DRAE.

1. Palabra o expresión suave que sustituye a otra que resulta malsonante, de mal gusto o contextualmente inadecuada: "invidente" es un eufemismo de "ciego", como "prostituta" lo es de "puta".

Sinónimos: Eufonismo, antífrasis.

Antónimos: Tabú, disfemismo.

[Retórica] Figura lógica también llamada eufonismo, que consiste en evitar una expresión demasiado cruda o realista sustituyéndola por otra más agradable. Por ejemplo, pasar a mejor vida por morir. (Véase también antífrasis y disfemismo), Enciclopedia Universal DVD © Micronet S.A. 1995-2002

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Nuevo escenario, nuevo lenguaje (¡sin eufemismos!)
Por JAVIER URQUIZU, CRISTINA CUESTA Y CRISTIAN MATÍAS
(*)

EN este (relativamente) nuevo escenario que esperamos dé paso a un tiempo nuevo, desde Covite queremos aportar nuestro grano de arena para que esos nuevos tiempos sean, de verdad, mejores para todos... En este sentido, creemos que es fundamental llamar a las cosas por su nombre. Los eufemismos confunden y distorsionan la verdad, y sin la verdad, no vamos a ningún sitio... bueno. Desde la autoridad moral que nos da el saber muy bien de lo que hablamos (porque lo hemos vivido en toda su crudeza) y el haber llevado una trayectoria cívica intachable respetando siempre el Estado de Derecho, como víctimas del terrorismo queremos, de cara al bien común, hacer algunas aportaciones para un nuevo lenguaje claro y sin eufemismos:

No se dice «lucha armada»... Se dice «asesinatos de gente inocente e indefensa».

No se dice «conflicto entre vascos»... Se dice «cobarde exterminio de quien nos estorba».

No se dice «ekintza» [acción]... Se dice «asesinato fríamente calculado».

No se dice «kale borroka» [lucha callejera]... Se dice «vandalismo intolerable que pretende aterrorizar».

No se dice «normalización política»... Se dice «dejar de cometer aberraciones».

No se dice «radicales», pues ser radical es ir a la raíz de las cosas y por tanto algo eficaz, bueno y deseable... Se dice «neonazis».

No se dice «impuesto revolucionario»... Se dice «chantaje mafioso».

No se dice, o se piensa o se siente con complacencia y contemporizando, «son gudaris equivocados que simplemente hacen cosas feas que molestan estéticamente»... Se dice, y se piensa y se siente con indignación y determinación, que «son asesinos» o «terroristas».

No se dice «algo habrá hecho» [¡qué miseria y cobardía moral!]... Se dice «¡es indignante! Nadie tiene derecho a disponer de la vida ajena».

No se dice «nadie quiere más que nosotros a esta tierra» [¿cómo se atreven?]... Se dice «cualquier persona normal ama de un modo natural a su tierra (de nacimiento o de acogida, ¿qué más da?)».

No se dice «refugiado»... Se dice «delincuente huido».

No se dice «involuntariamente ausentes»... Se dice «cobardemente asesinados», siempre cobardemente, siempre por la espalda, siempre sin dar una oportunidad a la víctima.

No se dice «mesa de partidos extraparlamentaria»... Se dice «chanchullo para sacar ventajas inadmisibles».

No se dice «todos tendremos que ceder en algo» [¿es que estamos hablando de dos hermanitos a los que su madre regaña por alguna travesura infantil? ¿O acaso de vecinos de una comunidad que discuten sobre el color del que van a pintar la fachada de su edificio?]... Se dice «quien ha cometido horribles crímenes tendrá que responder por ellos ante la justicia».

No se emplean palabras bonitas como «paz», «generosidad», etcétera, de un modo genérico, hueco y demagógico. Las palabras se deben decir con un contenido concreto ajustado a una realidad concreta. Sólo ahí tienen su pleno y auténtico sentido.

No se dice alegremente «nosotros siempre hemos estado con las víctimas». A muchos podría crecerles la nariz más que a Pinocho. Como es natural, nosotros sabemos mejor que nadie quién ha estado a nuestro lado y quién no. Y lo diremos, para vergüenza de muchos, para que todos aprendan y nadie pase por lo que nosotros hemos tenido que pasar; para que no se repitan comportamientos innobles e indignos de quienes, teniendo que haber dado ejemplo a la hora de estar a nuestro lado, liderando la lucha moral y política contra la barbarie, han estado muy lejos de nosotros (ignorándonos) e incluso, a menudo, «contra» nosotros. Unas veces tomando medidas innecesariamente humillantes, crueles y ofensivas que nos han generado un dolor añadido; y otras, precisamente, dejando de tomar medidas eficaces y acordes con un elemental sentido de la decencia. Desde pequeños nos enseñaron que se ha de decir siempre la verdad.

La verdad es a veces, sí, muy dura, pero imprescindible para, asumiéndola, aprender y mejorar. Es tan dura, que hay quienes no la soportan. En ese sentido, el infierno existe y para algunos es simplemente un espejo en el que ver reflejada su propia miseria y falta de humanidad. No soportándolo, intentan distorsionar o maquillar la Historia con la mentira, con la negación de la realidad o con eufemismos (especialmente peligrosos y dañinos por la confusión que generan), que son los que han motivado este artículo. En lo que a las Víctimas del Terrorismo se refiere, no serán otros los que escriban nuestra historia falseándola. No lo permitiremos, por nuestro bien y por el de todos.

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(*) Javier Urquizu es hijo de José María Urquizu Goyogana, asesinado por ETA; Cristina Cuesta es hija de Enrique Cuesta Jiménez, asesinado por ETA; y Cristian Matías es nieto de Manuel Albizu Idiáquez, asesinado por ETA. Escriben en representación del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (Covite)

lunes, mayo 14, 2007

Centenario de Tarancón

Centenario de Tarancón

Permalink 14.05.07 @ 17:20:48. Archivado en España, Sociogenética, Religiones, Pro justitia et libertate

Hoy, 14 de mayo de 2007, Vicente Enrique y Tarancón, si viviera, habría cumplido los 100 años. Nació en Burriana (Castellón) el 14 de mayo de 1907 y falleció en Valencia el 17 de noviembre de 1994.

Su figura pasará a la historia como gran promotor de la reconciliación y de la paz.

Tarancón en la memoria y en la Historia.
Por Antonio MONTERO MORENO, Arzobispo emérito de Mérida-Badajoz

SERENA por terrenos llanos y agitada por pendientes escarpadas, como un riachuelo fecundo de largo recorrido, discurre apasionante la vida de Vicente Enrique y Tarancón, sincrónica casi con el siglo XX, desde su nacimiento en Burriana (Castellón) el 14 de mayo de 1907 hasta su fallecimiento en Valencia el 17 de noviembre de 1994. Hoy, si viviera, habría cumplido los 100 años.

Fue la suya una vocación de infancia al calor de una familia creyente de labradores acomodados. Estudió Humanidades en su diócesis nativa de Tortosa y los cursos superiores de licenciatura y doctorado en la Facultad Teológica de Valencia. Sacerdote desde 1929, su currículo pastoral discurrió sucesivamente en las parroquias castellonenses de Vinaroz y de Villarreal, como coadjutor-organista, párroco y arcipreste.

El tremendo paréntesis de la guerra le sorprendió curiosamente en Tuy, zona nacional, dando ejercicios espirituales al clero local, como miembro desde 1933 de la Casa del Consiliario de Madrid, cuyo selecto equipo de sacerdotes atendía en plena dedicación a la Acción Católica Nacional, viajando continuamente por las diócesis españolas. Permaneció en Tuy hasta mediados del año 37, y regresó fulminantemente a su familia y parroquia después de su ocupación por las fuerzas nacionales. Los ocho años posbélicos de su labor parroquial lo fueron para restañar heridas, apagar odios y socorrer necesidades, no sin malentendidos y rechazos por parte de los feligreses más resistentes a la pacificación.

Nombrado a sus 38 años obispo de Solsona, en diciembre de 1945, destacó siempre por la cercanía afectiva en el trato personal con sacerdotes y fieles, predicando el Evangelio a tiempo y a destiempo, de palabra y por escrito, y desplegando durante más de tres lustros en Solsona una asombrosa creatividad literaria, con medio centenar de cartas pastorales y una decena de libros importantes, que le acreditaron como el autor religioso más leído, en los años cincuenta-sesenta, por el clero joven y por personas con inquietudes espirituales y sociales. Llegó a decirse que Juan XXIII se interesó por el caso y preguntó: ¿Quién es ese obispo que escribe tanto?

En 1956 el cardenal Pla y Deniel, que siempre lo tuvo en gran estima, impulsó su nombramiento por la Junta de Metropolitanos de director de un secretariado general del Episcopado, para gestionar los asuntos comunes de las diócesis españolas. El cargo, compatible con su pastoreo en Solsona, ensanchó su visión panorámica de la Iglesia y de España, en incontables contactos con personas e Instituciones de los más diversos estamentos y niveles.

El Concilio abrió sus puertas en octubre del 62, Pablo VI sucedió a Juan XXIII en junio del 63 y firmó un año después su traslado a la sede arzobispal de Oviedo. El mandato pastoral de Tarancón en la importante y compleja Iglesia asturiana, en circunstancias de excepción: un trimestre anual de sesiones conciliares, más la preparación de las mismas en periodos intermedios, junto a los quehaceres de la Comisión de Liturgia en la Conferencia Episcopal, le impidieron desplegar un mayor programa diocesano.

Don Vicente vivió el Concilio en Roma con intensidad y entusiasmo, muy en contacto diario con Monseñor Casimiro Morcillo, uno de los subsecretarios de la Asamblea Ecuménica. Tuvo una intervención afortunada en el debate sobre el Ecumenismo y laboró tenazmente con otro grupo de obispos españoles por conseguir de todos ellos un consenso bien asumido de sus Constituciones y Decretos, como así se logró ejemplarmente en la votación final de los mismos.
Ya en España, en los últimos años sesenta, su figura episcopal fue agigantándose progresivamente en los medios eclesiásticos y en los círculos más representativos de la opinión pública del país, como líder previsible de la Iglesia en los años venideros; avalado esto, tácitamente, por los obispos españoles, al elegirlo vicepresidente de la Conferencia en febrero del 69; y, sobre todo, con su nombramiento por Pablo VI de arzobispo de Toledo, en marzo y, de cardenal de la Iglesia, el 1 de mayo de aquel mismo año.

La historia se precipitaba. Dos años más tarde, la muerte prematura de don Casimiro Morcillo, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia, volvió a moverle la silla a don Vicente, en un audaz e inesperado golpe del timón pontificio, con su nombramiento de arzobispo de la capital de España, en junio de 1971.

No menos audaz, pero sí presentida con expectación, fue su elección de presidente de la Conferencia Episcopal, por la plenaria de marzo del 72, con una votación muy holgada que tuvo todos los visos de un plebiscito, y que -añado- sería refrendada en los otros dos trienios reglamentarios.

Durante el primer quinquenio del periodo postconciliar, fue tomando cuerpo en el clero católico, hasta límites muy preocupantes, la triple crisis de identidad, autoestima y desafección jerárquica, agravada en España por el descontento con el Régimen de Franco. Los obispos, encabezados por los cardenales Tarancón, Quiroga y Tabera, hicieron frente al fenómeno, tras un serio discernimiento, convocando, en septiembre del 71, una asamblea conjunta obispos-sacerdotes que por su singularidad y audacia pastoral despertó suspicacias y rechazos en los círculos oficiales y grupos de Iglesia. Pero que, como experiencia eclesial y en sus resultados, fue considerada por una asamblea episcopal posterior, y por el mismo Santo Padre, como positiva y fecunda para el reencuentro afectivo y efectivo entre el Episcopado y el clero español.

«La Conjunta» fue un capítulo más en una sarta de situaciones o acontecimientos conflictivos, tales como la cárcel concordataria para sacerdotes en Segovia, los centenares de homilías multadas, el famoso y patético «caso Añoveros» y las tensiones permanentes entre clérigos radicalizados o politizados de uno y otro signo.

En tanto que en el campo civil, inseparable entonces del eclesiástico, se registraban tremendos seísmos, como el asesinato de Carrero Blanco el 23 de diciembre de 1973, (con el terrible calvario del cardenal en su entierro). No menos arriesgadas, aunque de diverso signo, serían las situaciones vividas por él en la muerte y exequias de Franco, en las que ofició como arzobispo de Madrid con suma dignidad y tacto exquisito.

Siguieron como un vértigo a partir de entonces la investidura del Rey Don Juan Carlos, con la histórica homilía del cardenal, clarificadora de conceptos sobre la Iglesia, el Estado democrático y la sociedad. Y a partir de entonces los mandatos sucesivos de Arias Navarro, Adolfo Suárez, Calvo Sotelo y los primeros compases del cambio socialista, encarnado por Felipe González. Y eventos tan determinantes del futuro de España como la Constitución Democrática y el Estado de las Autonomías, los Acuerdos España-Santa Sede y el terrible sobresalto del 23-F, -que coincidió extrañamente en fecha y hora con el final de su mandato presidencial en la Conferencia-, del que el Episcopado, por su medio, salió suficientemente airoso.

Dejo paso a la palabra autorizada y certera de su segundo sucesor, el cardenal Rouco Varela, en la homilía de sus exequias en la catedral de San Isidro el 29 de noviembre de 1994:
«Su figura pasará a la historia de la Iglesia y de España marcada por el encuentro mutuo de la Iglesia y el Estado, de la Iglesia y la cultura, de la Iglesia y del pueblo, como gran promotor de la reconciliación y de la paz. Todos hemos contraído una deuda histórica con él: los españoles protagonistas de las reformas constitucionales y las nuevas generaciones. Pero, sobre todo, le debemos gratitud los que formamos parte de la Iglesia».

A este hombre libre, recio y entrañable, cristiano viejo, buen pastor y hombre de su tiempo, le deseamos todos: ¡centenario feliz!

sábado, mayo 12, 2007

Plumillas acusadoras

Plumillas acusadoras

Permalink 12.05.07 @ 18:30:00. Archivado en Sociogenética, Pro justitia et libertate, Pintura

Tanto ayer como hoy, la guerra, negación suprema de la justicia y de la libertad, causa directamente la muerte, la enfermedad, la desigualdad, la orfandad, la deseperanza, la intolerancia y el odio de multitud de inocentes en todo el mundo.

La guerra es también, como proyecto continuo de quienes la preparan sin cesar, la causa indirecta de la persistencia del hambre en la mayor parte de las regiones de la tierra, incluidas las de nuestros propios países, que por su estatuto social llamamos cínicamente el cuarto mundo, reconociendo su peor suerte que la pésima suerte del tercero.

En efecto, desde hace muchísimos años, las naciones llamadas civilizadas gastan en preparar la guerra contra estas mismas regiones, cuya rebeldía temen, los medios con que podrían eliminar el hambre en todo el mundo. Con lo que ya han gastado en armas, las mal llamadas naciones civilizadas podrían haber eliminado varias veces el hambre de la faz de la tierra, pero no lo han hecho, porque, en vez de atender a la voz de su conciencia o a los gritos que les imploran, se han dejado vencer por el imperio del miedo.

La plumilla del maestro peruano Dionisio Torres ha ilustrado de manera magistral esta verdad.

Imagen: El hambre en el mundo, por Dionisio Torres. Grandes formatos.

EL HAMBRE EN EL MUNDO
UN RETO PARA TODOS: EL DESARROLLO SOLIDARIO

« La amplitud del fenómeno pone en tela de juicio las estructuras y los mecanismos financieros, monetarios, productivos y comerciales que, apoyados en diversas presiones políticas, rigen la economía mundial: ellos se revelan casi incapaces de absorber las injustas situaciones sociales heredadas del pasado y de enfrentarse a los urgentes desafíos y a las exigencias éticas. Sometiendo al hombre a las tensiones creadas por él mismo, dilapidando a ritmo acelerado los recursos materiales y energéticos, comprometiendo el ambiente geofísico, estas estructuras hacen extenderse continuamente las zonas de miseria y con ella la angustia, frustración y amargura... ». « No se avanzará en este camino difícil de las indispensables transformaciones de las estructuras de la vida económica, si no se realiza una verdadera conversión de las mentalidades y de los corazones. La tarea requiere el compromiso decidido de hombres y de pueblos libres y solidarios ».

(Juan Pablo II, Carta Encíclica Redemptor hominis, 1979, n. 16)

viernes, mayo 11, 2007

Dibujar a la plumilla como Doré

Dibujar a la plumilla como Doré

Permalink 11.05.07 @ 22:48:00. Archivado en El Quijote, Poética, Pintura

Mi vocación de dibujante a la plumilla se confunde con mi acceso al tintero escolar. Esta ceremonia solemnísima fue considerada por mí como la celebración de un acto iniciático que me permitía franquear la barrera de la desconfianza de los adultos, que me tenía confinado en los dominios del lapicero.

Como mis primeras lecturas se desarrollaban por las páginas de un Quijote ilustrado por Gustave Doré, siguiendo el imparable entusiasmo vallisoletano de mi padre, a la hora de la siesta andaluza, nunca dormida y siempre animada con nuestras francas risas castellano-cervantinas, uno de mis deseos más ardientes de aquella época era el imitar con mi pluma las excelentes ilustraciones de este autor.

Evocando este recuerdo, cae en mis manos la entrevista que el Faro diario hace al ilustrador Julián Redondo (Collado Villalba, 1954), icono en el arte de su localidad, con 40 años de carrera.

“No soy un bohemio, lo que sí soy es un desastre”

Un ejemplar del Quijote con grabados de Gustave Doré inoculó a los 12 años la pasión por el grabado y la plumilla en Julián Redondo (Collado Villalba, julio de 1954). Desde entonces, cientos de retratos, paisajes y escenas oníricas han salido de su estudio, sin mayores reconocimientos, “porque además no me gusta presentarme a concursos”. Aún así, en 1980 logró el Segundo Premio Nacional de Pintura Juvenil y con 19 años ganó el Villa de El Escorial con un espectacular óleo llamado El Sueño de Velázquez (1972), en homenaje a su admirado pintor sevillano. Aficionado en sus pocos ratos libres a los crucigramas y al bitter kas, Julián Redondo siempre fue alérgico a someterse al dominio público.

Imagen: Fin del gobierno de Sancho Panza. El Quijote de Gustave Doré. Grandes formatos.

¿Por qué es tan difícil entrevistarle?

Pues porque no tengo nada que decir, si es que lo que tengo que decir lo digo dibujando. No soy un orador.

Pero entenderá que la gente necesita conocer al artista que está detrás de los dibujos...

Sí, claro, pero superficialmente. Pocos saben quién hizo la catedral de Segovia, por ejemplo; pues esto es una cosa así. Soy tímido.

¿Cómo entró o quién hizo entrar la pintura en su vida?

Cuando era niño no había televisión, ni los juegos que hay ahora. Dibujaba en las tardes de invierno para entretenerme. Y no, no había antecedentes familiares.

Se le conoce por la plumilla, pero eso no fue siempre así. Sus inicios se asocian a otras técnicas...

Me encaminé a la plumilla porque me gusta la ilustración. He hecho y hago óleo, poco, pero algo hago. Pero es que en eso hay gente muy buena. Cuando vi la obra de Eduardo Naranjo, uno de los mejores pintores de España, que no muchos conocen, dije: “Si esto es adonde yo quería llegar”. Me desanimé y tiré a la plumilla. Además es más barata.

Ha dibujado Villalba sobre fotografías, pero en su carrera también hay un fuerte componente de imaginación, de creación propia...

Cuando rescato una fotografía antigua y quiero hacerla visible, la reproduzco fielmente, porque lo contrario sería traicionar a la gente. Pero luego tengo otras cosas mías, de las que me gustaría vivir, pero de las que no vendo nada (ríe).

¿Es dura la vida del artista?

Sí, hay pocos que viven de ello. Que yo conozca, sólo Soledad Fernández. Ahora tengo la suerte de trabajar para una empresa (Grupema) en la que dibujo, y eso es mucho mejor que andar por ahí pendiente del encargo.

¿Le hubiera venido mejor vivir en otra época, como en la de su admirado Velázquez?

Creo que no. Estamos en la mejor época. Y a mí en el fondo me ha ido bien. He estado casi 50 años malviviendo de lo que yo quería.

¿Siente que cuando entrega un encargo es como si se desprendiera de un hijo suyo?

Antes, sí. Ahora te alegra que se lleven al hijo tuyo, porque sabes que lo van a educar mejor que yo. Me gusta que se lo lleven y lo aprecien.

¿Lleva la cuenta de lo entregado?

No, para eso soy un desastre. Hay gente que me enseña dibujos de hace 20 años que no recuerdo.

¿Cuántas horas emplea de media en cada plumilla?

60 ó 70. Eso sí que lo apunto.

Acaba de dibujar varios parques de Villalba para su empresa que ha publicado el Ayuntamiento en un libro. ¿De qué manera ha cambiado eso su carrera?

Me ha venido Dios a ver con Grupema, gracias a gente como José López Aguado. Allí trabajo de dibujante, con proyectos no sólo de Villalba, sino para Toledo, Ciudad Real... Ahora, por ejemplo, estamos en El Paular. Son trabajos muy bonitos, de creación. Y como me pagan un sueldo, no tengo la preocupación de tener que vender, aunque en mis ratos libres sigo con los encargos.

¿Le gusta exponer?

Sí, pero me da un poco de miedo escénico. Y no me gusta aparentar. Me da miedo hasta que vea mucha gente esta entrevista.

¿Hubiese brillado más su trabajo en una ciudad más monumental que Villalba?

Como Villalba cambió tan deprisa, quise que la gente tuviera memoria, que se fijase más en los dibujos que en la fotografía. Ahora ya la gente mira más las fotos, pero hace 30 años estaban desperdigadas por ahí y quise recuperarlas. Yo creo que al contrario: si dibujas Segovia, es muy bonita, pero en cambio hay más competencia.

¿Para ser artista hay que ser bohemio? ¿Usted lo es?

No es necesario. Y yo me considero un desastre, no un bohemio.

jueves, mayo 10, 2007

Gustave Doré, ilustrador de El Quijote

Gustave Doré, ilustrador de El Quijote

Permalink 10.05.07 @ 19:42:00. Archivado en El Quijote, Pintura

Gustave Doré es un ilustrador, dibujante, grabador, pintor y escultor francés, nacido en Estrasburgo el 6 de enero de 1832, día de los Reyes Magos, en el número 5 de la Nuée-Bleue (la Nube-Azul), y muerto el 23 de enero de 1883 en París, en su hotel particular de la calle de Saint Dominique (San Domingo).

Fue reconocido internacionalmente por sus contemporáneos. Aunque su éxito como ilustrador fue inmenso y su renombre mundial, sin embargo no conoció el mismo éxito con sus pinturas. Le sucedió con su pintura lo que a Cervantes con su poesía, que a pesar de sus otros grandes méritos, no era apreciado como pintor por sus coetáneos. Este mismo desdén afectó a sus acuarelas, que sólo tendrán un cierto éxito al final de su vida.

Gustave Doré dejó a su muerte una obra considerable. Henri Leblanc, en su Catálogo de la Obra completa de Gustave Doré, publicado en 1931, contabilizó 9850 ilustraciones, 68 títulos de música, 5 carteles, 51 litografías originales, 54 agauadas, 526 dibujos, 283 acuarelas, 133 pinturas, 45 esculturas…

Donde más brilló Doré fue en la ilustración de obras literarias. Sus ilustraciones del Rabelais, en 1854, fueron un éxito extraordinario. El año siguiente, ilustró con 425 dibujos y etiquetas los Cuentos Droláticos de Balzac. En 1861, ilustró el Infierno de Dante. Siguió así, ilustrando con una imaginación fértil, más de 120 obras, entre las cuales figuran algunas de las obras maestras de la literatura: Los cuentos de Perrault (1862), Don Quijote (1863), El Paraíso perdido (1866), La Biblia (1866), Las Fábulas de la Fontaine (1867), otras dos partes de La Divina comedia de Dante.

Imagen: Don Quijote, por Gustave Doré, 1863. Grandes formatos.

Algunos trazos de su carrera de artista

Con 5 años, dibuja todo lo que ve y todo lo que oye. A los 8 años, compone su primera historia visual (un viaje a los infiernos). La familia Doré se divide a propósito de su porvenir: el padre, politécnico, sueña con estudios brillantes para sus hijos; la madre está en adoración ante el ingenio naciente de su hijo. Se llega a un compromiso: Gustave irá al colegio Charlemagne y dibujará.

Hijo de un ingeniero de Puentes y Calzadas, comienza a dibujar sus primeras litografías a la edad de trece años. Un año más tarde, se publica su primer álbum : Los trabajos de Hércules. A los quince años, Gustave Doré es contratado como caricaturista en el Diario para reir de Charles Philipon. El mismo año, en 1848, debuta en el Salón con dos dibujos a la plumilla. En 1849, a la muerte de su padre, ya se le conoce, aunque sólo tiene dieciséis años. Vive entonces con su madre.

Con 20 años, redescubre el grabado sobre madera y lo pone al gusto del día. Doré revoluciona la relación existente entre el artista y el grabador: ya no dibuja a lápiz, sino que produce su dibujo a la aguada ("à la gouache"), y pide al grabador que lo interprete, siendo fiel, no a los rasgos, sino al movimiento, a la luz, al sentido.

A partir de 1851, exponiendo al mismo tiempo sus telas, realiza algunas esculturas de temas religiosos y colabora en distintos estudios, entre los cuales el Diario para todos. En 1854, el editor José Bry publica una edición de las obras de Rabelais, ilustrada con un centenar de sus grabados. De 1861 a 1868, ilustra La Divina Comedia de Dante.

En 1868, Doré descubre Londres con motivo de la inauguración de una exposición que se le consagra. En 1869, la « Doré Galery » se traslada. Seguirá estando abierta durante 24 años y recibirá dos millones y medio de visitantes.

Abatido por las derrotas francesas contra Prusia y por los acontecimientos de la Comuna, Doré se instala en Londres, donde pasará todo el año 1871. Su madre muere en marzo de 1881. No se volverá a reponer. El 14 de enero de 1883, da a sus amigos una cena fabulosa. Sobre la mesa, hace poner rosas blancas y lilas blancos, como para una comida de luto. Al final de la comida, pronuncia una oración fúnebre. Muere 9 días más tarde, el 23 de enero de 1883, arrebatado por una crisis cardíaca.

Cada vez más reconocido, a la vez autodidacta y exuberante, Gustave Doré ilustró entre 1852 y 1883 más de ciento veinte volúmenes, que aparecieron no solamente en Francia, sino también en Inglaterra, en Alemania y en Rusia. Como consecuencia de estas publicaciones, Gustave Doré influyó muy pronto sobre numerosos ilustradores de toda Europa.

Con todo, según los críticos actuales, que difieren en esto de sus coetáneos, sus obras principales las realizó como pintor: El Enigma (hoy en el Museo de Orsay) y El Cristo que deja el pretor (1867-1872), un cuadro que mide 6 metros de alto y 9 metros de ancho. Este cuadro se restauró entre 1998 y 2003 en el Museo de arte moderno y contemporáneo de Estrasburgo, en una sala de gan altura, que le está dedicada.

Imagen: L'énigme (El enigma), de Gustave Doré. Grandes formatos.

En 1931, Henri Leblanc publicó un catálogo razonado, que contabiliza 9.850 ilustraciones, 68 títulos de música, 5 carteles, 51 litografías originales, 54 aguadas, 526 dibujos, 283 acuarelas, 133 pinturas y 45 esculturas.

El ilustrador de la literatura universal

Gustave Doré ilustró más de cien obras maestras de la literatura universal

· La Biblia : Traducción de Bourassé y Janvier, llamada también Biblia de Tours, 1843
· François Rabelais : Obras, 1851, 104 Ilustr.
· Condesa de Ségur : Nuevos cuentos de hadas, 1857, 20 viñ.
· Hippolyte Taine : Viaje a los Pirineos, 18581858
· Dante Alighieri : La Divina Comedia, 1861, 136 Ilustr. y El Infierno
· Gottfried August Bürger : Münchhausen, Frune, 1862, 158 Ilustr.
· Miguel de Cervantes : Don Quijote, 1863, 377 Ilustr.
· Sinbad el marinero, 1865
· Théophile Gautier : El Capitán Fracasse, 1866, 60 Ilustr.
· Victor Hugo : Los Trabajadores del mar, 1867, 22 Ilustr.
· Jean de la Fontaine : Fábulas, 1868, 248 Ilustr.
· Samuel Coleridge : The Rime of the Ancient Mariner, 1876
· Lord Byron : Obras.
· Charles Perrault : Cuentos (Barbe-Bleue, Cendrillon, Le Chat botté, Le Petit Chaperon rouge, Le Petit Poucet, Riquet à la houppe).

miércoles, mayo 09, 2007

Molinos en El Quijote, 2/2

Molinos en El Quijote, 2/2

Permalink 09.05.07 @ 19:27:00. Archivado en El Quijote

barco : 28; de barc-: barca
barco (doc. s. XIII, de barca) m.

La palabra barco figura por la primera vez, en el corpus del castellano antiguo, publicado por la Real Academia, en un Mandamiento de Fernando III, que regula el tránsito de ganado y otras mercancías de un lado al otro del río Tajo:

"Ferrandus, Dei gratia rex Castelle e Toleti, omnibus hominibus regni sui hanc cartam videntibus, salutem et gratiam. Sepades que yo fallé por pesquisa que mio avuelo mandó que nengún ganado ni otra cosa nenguna pora vender en razón de mercadura non passe Tajo en puente ni en barco fuera por la puente de Toledo, e de Alfariella e de Zorita. E pues que esta pesquisa fallo, yo mando que ni ganado ni otra cosa nenguna que por avender sea fuera conducho cada uno pora sus casas e a sos ganados e non pora vender no passe Tajo fuera por estos tres logares, e si los fraires lo fallassen en otra parte passando, mando que lo prendan por descaminado. Otrosí fallo por pesquisa que los de Ocaña de todo lo que passaren an a dar portadgo fuera de pan, e de vino e de sal que passen pora sus casas e pora sus ganados e non pora vender. Facta carta apud reg. exp XI die julii. Era MCCLX prima. Anno regni mei.

Mandamiento de Fernando III , AÑO: 1223, [Documentos del Archivo Histórico Nacional, 10. Documentos notariales l, (a. 1200-a. 1492)], publicado por D. Pedro Sánchez-Prieto, Universidad de Alcalá, Madrid, 1999.

La palabra barca, de la cual deriva la palabra barco, figura por la primera vez, en el corpus del castellano antiguo, publicado por la Real Academia, en el párrafo que consagra el texto latino del Fuero de Miranda de Ebro al tránsito de mercancías de un lado al otro del río Ebro, precisamente el río de la aventura quijotesca del barco encantado. Concretamente se mencionan como lugares de este tránsito: Logroño, Nájera, La Rioja, Álava y Miranda:

"omnes homines de terra lucronii (1), aut de nagera, aut de rioga, qui uoluerint transire mercaturas uersus alauam, aut ad aliam terram ultra ebro, aut omnes de alaua / , aut de alia terra quacumque uersus lucronium, aut ad nagaram, aut riogam, transeant per mirandam & non per alia loca; si non perdant mercaturas; & de lucronio ad mirandam non sit pons nec barca".

Fuero de Miranda de Ebro, Anónimo, Ordenamientos y códigos legales, AÑO: 1099, Francisco Cantera Burgos, Consejo Superior de investigaciones científicas (Madrid), 1945, pp. 55-56.ª.

(1) Nótese que Lucronium fue un vado en el río Ebro, entre el monte Cantabria y Varea (valia), que debido a su fácil acceso se fue convirtiendo poco a poco en un próspero mercado, hasta que surgió la ciudad de Logroño. En esta zona, en la época pre-románica/románica, La Rioja estaba dominada por dos tribus celti-ibéricas llamadas berones y pelendones; estos primeros son los que habitaban la llamada zona de Lucronium y alrededores hasta Calagurris(Calahorra) y los berones la Rioja alta y la sierra.

BARCO ENCANTADO (doc. 1516): aventura del barco encantado: Epígrafe de II.29.

Esta aventura es una parodia de un episodio frecuente en libros de caballerías; enumeran antecedentes Clemencín y otros, (Schevill-Bonilla, Cortazar-Lerner, MdRiquer 62). Ver en particular Palmerín de Ingalaterra, cuyo protagonista «vio… un batel muy grande atado con una cuerda a un álamo», II, 56. • Amadís y Grasandor «fallaron allí un barco en la ribera sin persona que lo guardasse, de que fueron maravillados», AdG, p. 1701.

Imagen: El Quijote de Sástago (Zaragoza). Grandes formatos.

|•| En El Quijote se dice que a don Quijote «se le ofreció a la vista un pequeño barco sin remos ni otras jarcias algunas, que estaba atado en la orilla a un tronco de un árbol que en la ribera estaba.», II.29.2.

«El motivo del capítulo (sugerido por la presencia del río en la cueva de Montesinos) es uno de los más típicos de los libros de caballerías: el barco encantado que se encuentra por casualidad al lado del río o del mar y que se lleva por magia a un sitio exótico donde el caballero acaba una gran aventura (hay episodios específicos del Palmerín de Inglaterra y del Espejo de príncipes y caballeros que se han sugerido como modelos).

La 'aventura' que tiene lugar en este capítulo, que cabe denominar también aventura del molino de agua, se parece más a las de la Primera parte que a cualquier otra de la Segunda; es decir, Don Quijote transforma la realidad, emprende la aventura, fracasa, y se disculpa citando la intervención de los encantadores. Nótese en esto, como lo hemos anunciado en la primera parte de este artículo sobre los Molinos en El Quijote, la perfecta analogía estructural de esta aventura acuática con la aventura de los molinos de viento.

Pero hay diferencias importantes, sobre todo cuando Don Quijote reconoce la realidad («aunque parecen aceñas, es decir: molinos de agua, no lo son») y cuando les paga a los pescadores y molineros los estropicios provocados por su error, cosas que nunca ocurren en la Primera parte, pero que se ven cada con vez más frecuencia en la Segunda.

"Las palabras de Don Quijote en este capítulo («Dios lo remedie; que todo este mundo es máquina y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más», II.29.40.) ilustran bien su impotencia y su pesimismo y preparan la escena para la gran farsa que será la visita al castillo ducal.", Howard Mancing, en Rico 1998 b, p. 162.

|| trastornar el barco: ® trastornar

He aquí, con toda su simpatía, autenticidad y belleza, el texto original cervantino:

26. En esto, descubrieron unas grandes aceñas que en la mitad del río estaban; y apenas las hubo visto don Quijote, cuando con voz alta dijo a Sancho:

27. —¿Vees? Allí, ¡oh amigo!, se descubre la ciudad, castillo o fortaleza donde debe de estar algún caballero oprimido, o alguna reina, infanta o princesa malparada, para cuyo socorro soy aquí traído.

28. —¿Qué diablos de ciudad, fortaleza o castillo dice vuesa merced, señor?—dijo Sancho—. ¿No echa de ver que aquéllas son aceñas que están en el río, donde se muele el trigo?

29. —Calla, Sancho, dijo don Quijote—; que aunque parecen aceñas, no lo son; y ya te he dicho que todas las cosas trastruecan y mudan de su ser natural los encantos. No quiero decir que las mudan de en uno en otro ser realmente, sino que lo parece, como lo mostró la experiencia en la transformación de Dulcinea, único refugio de mis esperanzas.

30. En esto, el barco, entrado en la mitad de la corriente del río, comenzó a caminar no tan lentamente como hasta allí. Los molineros de las aceñas, que vieron venir aquel barco por el río, y que se iba a embocar por el raudal de las ruedas, salieron con presteza muchos dellos con varas largas, a detenerle; y como salían enharinados, y cubiertos los rostros y los vestidos del polvo de la harina, representaban una mala vista. Daban voces grandes, diciendo:

31. —¡Demonios de hombres! ¿Dónde vais? ¿Venís desesperados? ¿Qué queréis? ¿Ahogaros y haceros pedazos en estas ruedas?

32. —¿No te dije yo, Sancho—dijo a esta sazón don Quijote—, que habíamos llegado donde he de mostrar a dó llega el valor de mi brazo? Mira qué de malandrines y follones me salen al encuentro; mira cuántos vestiglos se me oponen; mira cuántas feas cataduras nos hacen cocos... Pues ¡ahora lo veréis, bellacos!

33. Y puesto en pie en el barco, con grandes voces comenzó a amenazar a los molineros, diciéndoles:

34. —Canalla malvada y peor aconsejada, dejad en su libertad y libre albedrío a la persona que en esa vuestra fortaleza o prisión tenéis oprimida, alta o baja, de cualquiera suerte o calidad que sea; que yo soy don Quijote de la Mancha, llamado el Caballero de los Leones por otro nombre, a quien está reservada por orden de los altos cielos el dar fin felice a esta aventura.

35. Y diciendo esto, echó mano a su espada y comenzó a esgrimirla en el aire contra los molineros; los cuales, oyendo, y no entendiendo, aquellas sandeces, se pusieron con sus varas a detener el barco, que ya iba entrando en el raudal y canal de las ruedas.

36. Púsose Sancho de rodillas, pidiendo devotamente al cielo le librase de tan manifiesto peligro, como lo hizo, por la industria y presteza de los molineros, que oponiéndose con sus palos al barco, le detuvieron; pero no de manera que dejasen de trastornar el barco y dar con don Quijote y con Sancho al través en el agua; pero vínole bien a don Quijote, que sabía nadar como un ganso, aunque el peso de las armas le llevó al fondo dos veces, y si no fuera por los molineros, que se arrojaron al agua, y los sacaron como en peso a entrambos, allí había sido Troya para los dos.

37. Puestos, pues, en tierra, más mojados que muertos de sed, Sancho, puesto de rodillas, las manos juntas y los ojos clavados al cielo, pidió a Dios con una larga y devota plegaria le librase de allí adelante de los atrevidos deseos y acometimientos de su señor.

38. Llegaron en esto los pescadores dueños del barco, a quien habían hecho pedazos las ruedas de las aceñas; y viéndole roto, acometieron a desnudar a Sancho, y a pedir a don Quijote se lo pagase; el cual, con gran sosiego, como si no hubiera pasado nada por él, dijo a los molineros y pescadores que él pagaría el barco de bonísima gana, con condición que le diesen libre y sin cautela a la persona o personas que en aquel su castillo estaban oprimidas.

39. —¿Qué personas o qué castillo dice—respondió uno de los molineros —, hombre sin juicio? ¿Quiéreste llevar por ventura las que vienen a moler trigo a estas aceñas?

40. —¡Basta!—dijo entre sí don Quijote—. Aquí será predicar en desierto querer reducir a esta canalla a que por ruegos haga virtud alguna. Y en esta aventura se deben de haber encontrado dos valientes encantadores, y el uno estorba lo que el otro intenta: el uno me deparó el barco, y el otro dio conmigo al través. Dios lo remedie; que todo este mundo es máquinas y trazas, contrarias unas de otras. Yo no puedo más.

41. Y alzando la voz, prosiguió diciendo, y mirando a las aceñas:

42. —Amigos, cualesquiera que seáis, que en esa prisión quedáis encerrados, perdonadme; que, por mi desgracia y por la vuestra, yo no os puedo sacar de vuestra cuita. Para otro caballero debe de estar guardada y reservada esta aventura. En diciendo esto, se concertó con los pescadores, y pagó por el barco cincuenta reales, que los dio Sancho de muy mala gana, diciendo:

43. —A dos barcadas como éstas daremos con todo el caudal al fondo.

44. Los pescadores y molineros estaban admirados, mirando aquellas dos figuras tan fuera del uso, al parecer, de los otros hombres, y no acababan de entender a dó se encaminaban las razones y preguntas que don Quijote les decía; y teniéndolos por locos, les dejaron y se recogieron a sus aceñas, y los pescadores a sus ranchos. Volvieron a sus bestias, y a ser bestias, don Quijote y Sancho, y este fin tuvo la aventura del encantado barco.

El Quijote para citarlo, II.29.26-44.