sábado, abril 07, 2007

Los Cubanos se sienten abandonados

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Los Cubanos se sienten abandonados
07/04/2007 10:52

En un artículo aparecido hoy en 'El País', Pilar Rahola, cuyas convicciones socialistas son bien conocidas, critica severamente el viaje a Cuba del ministro Moratinos y la política desacertada del gobierno español. He aquí, desde nuestro punto de vista, la frase más importante de este artículo.


"El hecho de que sea un régimen de izquierdas, nacido al albur de ideas transformadoras que, en su momento, querían cambiar la injusta realidad, no implica que años después, con sus cárceles, sus represaliados políticos, sus condenas a muerte, su corrupción estructural y su falta asfixiante de libertad, se haya convertido en el ejemplo más rastrero de una dictadura caduca, impermeable a los derechos fundamentales." Pilar RAHOLA, Cuba, triste asignatura pendiente.

Pilar Rahola explica correctamente en este artículo, que la honran a ella y a "El País", lo que en sociogenética cabría llamar la doctrina de "la gracia original"; Esta doctrina, versión en positivo, de la doctrina del"pecado original", es responsable de los paralogismos de muchos intelectuales, más nostálgicos que críticos a la hora de juzgar hechos actuales de comunistas y socialistas. Con este desafortunado viaje, Moratinos, el representante de comercio, y su irresponsable patrón Zapatero, el zapador responsable del desencuentro con el Pueblo Cubano Sufriente, no han llevado a Cuba la esperanza, sino su propio autorretrato de seudosocialista.

Ánimo, amigos del Exilio Democrático y de la Oposición Interna, pensemos en el Bien Común de todos los Cubanos.

viernes, abril 06, 2007

¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?

¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?

por el P. Ariel Alvarez Valdés


Una de las frases más incomprensibles que haya pronunciado Jesús fue la que dijo antes de morir en la cruz. Tras varias horas de agonía, y presintiendo que su muerte era ya inminente, lanzó un grito terrible: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46; Mc 15,34).

Estas misteriosas palabras, solamente contadas por Mateo y Marcos, intrigaron a los lectores de la Biblia.

¿Sintió, acaso, Jesús que su misión había fracasado? ¿Pensó que moría como un hijo abandonado por su padre?

Tomadas al pie de la letra, tales palabras podrían hacernos creer que Jesús murió en la desesperación.



La amargura de un rezo

Pero no fue así. Jesús al pronunciar esa frase, en realidad estaba rezando un salmo. En efecto, si buscamos en nuestra Biblia, veremos que el salmo 22 empieza precisamente así: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Y continúa: "A pesar de mis súplicas mi oración no te llega. Dios mío, de día te grito y no respondes. De noche, y no me haces caso".

¿Por qué Jesús pronunció un salmo tan amargo y desalentador en el momento de morir?

Más bien es lo contrario. El salmo 22, titulado "Oración de un justo que sufre", es uno de los salmos más esperanzadores de toda la Biblia. La primera parte describe los sufrimientos por los que atraviesa un hombre inocente (v. 2-23). Pero la segunda (v. 24-32) es un magnífico acto de confianza en que Dios lo librará de todas esas angustias.

El final dice así:

"Fieles del Señor, alabadlo...;

porque no ha sentido desprecio ni repugnancia

hacia el pobre desgraciado;

no le ha escondido su rostro;

cuando pidió auxilio lo escuchó..."



Los desvalidos comerán hasta saciarse

y alabarán al Señor los que lo buscan:

¡no perdáis nunca el ánimo!



Lo recordarán y volverán al Señor desde los confines del orbe,

en su presencia se postrarán las familias de los pueblos...



Ante él se postrarán las cenizas de la tumba;

ante él se inclinará los que bajan al polvo;

a mí me dará vida.



Mi descendencia le servirá y hablará del Señor,

a la generación venidera le anunciará su rectitud;

al pueblo que ha de nacer, lo que él hizo" (Sal 22, 24-31).



¿Entonces por qué los evangelistas citan las primera palabras y no las últimas que son las esperanzadoras? Porque para la mentalidad judía citar el comienzo de un salino equivale a citar el salmo entero. Por lo tanto, al poner las palabras iniciales, los escritores dan a entender que Jesús recitó todo el salmo.

Así lo entendió también el autor de la Carta a los Hebreos (2,11-13) cuando, al hablar de la pasión del Señor, dice que Jesús en la cruz rezó el final del salmo 22 y no las palabras dolorosas del comienzo, que son las que traen los evangelistas.



Cuando Dios ayudaba a los buenos

Pero esta respuesta, a su vez, nos lleva a plantearnos otra cuestión. ¿Por qué los evangelistas conservaron el recuerdo tan insignificante del rezo de un salmo por Jesús, cuando detalles que los historiadores juzgan más trascendentes (como las precisiones cronológicas de la pasión, la forma que tenía la cruz, el modo en que fue crucificado) ni siquiera son mencionados?

Para contestar esto es necesario tener en cuenta algo que hoy ya no llama la atención y es el escándalo que significó la muerte de Jesús para los judíos de aquel tiempo.

Por varias razones:

- En primer lugar, porque en la época de Jesús existía la convicción de que, cuando una persona era fiel a Dios y cumplía sus mandamientos, Dios siempre acudía a salvarlo y no permitía que le pasara nada malo.

Todo el libro de Daniel, por ejemplo, expone esta idea: a cuatro jóvenes judíos que se niegan a comer alimentos prohibidos, Dios los engorda milagrosamente (1,3-15); a Azarías y a sus compañeros, arrojados en un horno encendido por no adorar la estatua del rey Nabucodonosor, el fuego ni los toca (3,46-50); a Daniel, abandonado en el foso de los leones por ser fiel a Dios, lo hace salir vivo (6,2-25); a Susana, la libra de las falsas acusaciones contra a su honor (13).

El mismo libro de la Sabiduría lo afirma: "Si el justo es hijo de Dios, él lo ayudará, y lo librará de las manos de sus enemigos" (2,18).

Cualquier judío, pues, compartía la idea de que Dios salva siempre al hombre inocente. ¿Por qué entonces no salvó a Jesús? La conclusión que se imponía era: Jesús debió ser un pecador.



La muerte de un delincuente

- En segundo lugar, porque a Jesús lo mataron los representantes de Dios, es decir, los sacerdotes. Y lo hicieron en nombre de la Ley de Dios. "Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir", exclamaron sus acusadores ante Pilato (Jn 19,7).

- Finalmente, porque la clase de muerte que sufrió (colgado de un madero), lo convertía automáticamente, según la Biblia, en un maldito de Dios. En efecto, un versículo del libro del Deuteronomio afirma: "El que cuelga de un madero es un maldito de Dios" (Dt 21,23). Y de todas las muertes, justamente ésa fue la que sufrió Jesús.



Para el pueblo judío, entonces, Jesús murió: a) sin el auxilio divino; b) en nombre de las autoridades religiosas; y c) maldito por Dios.

¿Era posible una muerte más vergonzosa? ¿Cómo podrían los cristianos convencer a la gente de que él era el Mesías, el Hijo de Dios que venia a salvar a su pueblo?



Que lo digan los salmos

Frente al escándalo, difícil de disimular, de la ignominiosa muerte de Jesús, los evangelistas iluminados por Dios, encontraron una solución: demostrar que todo lo que le había sucedido a Jesús, en su pasión y muerte, estaba ya anunciado en el Antiguo Testamento. Que todos los sufrimientos del Maestro estaban previstos por Dios y ocurrieron según su designio. Y que incluso hasta los menores detalles de su escandaloso final habían sucedido "para que se cumplieran las Escrituras".

Como el libro más leído, conocido y meditado por la piedad judía, era el de los Salmos, allí fueron los cristianos a buscar elementos para probar las circunstancias proféticas de la muerte del Señor.

Por eso en la pasión de Jesús se acumulan, más que en ningún otro momento de su vida, las referencias a los salmos (más de veinte), como si allí hubieran querido concentrar todo el cumplimiento de las predicciones bíblicas.



Y por eso mismo, los relatos de la pasión y muerte de Jesús no dan una crónica exhaustiva de los hechos. Pasan por alto muchas escenas importantes, dejan otras en penumbra, y más bien se detienen en aquellas que pueden encontrar su apoyo en las Sagradas Escrituras.

Cada comunidad cristiana, y cada evangelista más tarde, hizo lo que pudo en este esfuerzo de explicar, mediante las profecías de los salmos, el "escándalo de la cruz". ¿Y cuáles son los salmos que encontraron?



El arresto y la agonía

Ya en el comienzo de la pasión, mientras Mc y Lc dicen que eran los sumos sacerdotes y escribas quienes conspiraban contra Jesús y que andaban buscando cómo apresarlo, Mateo, más cuidadoso, dice que fueron "los jefes", y menciona "una reunión" que hicieron para atraparlo (26,3-4). Porque así se cumplía la profecía del Sal 2,2: "los jefes se reunieron contra Dios y su Mesías".

También Juan (13,18) explica la traición de Judas la explica san Juan con la profecía de un salmo. Afirma que eso sucedió "porque tenía que cumplirse la Escritura (Sal 41,10) que dice: el que comparte mi pan se volvió contra mí'. Y más adelante lo reitera: "Ninguno de ellos se ha perdido excepto el que debía perderse, para que se cumpla la Escritura" (17,12), refiriéndose al mismo salmo.

El hecho incomprensible de que Jesús, a pesar de haber pasado haciendo el bien y ayudando a los más pobres, fuera odiado y rechazado por las autoridades judías, estaba igualmente anunciado en los salmos. Jesús lo dice: "Nos odian a mí y a mi Padre, pero así se cumple lo que está escrito en su Ley (Sal 69,5): me han odiado sin motivo" (Jn 15,24-25).

Y al contar la terrible agonía en el huerto de Getsemaní, los evangelistas relatan que Jesús les hizo a sus discípulos esta confidencia: "Mi alma está triste hasta la muerte" (Mt 26,38; Mc 14,34), para que se cumplieran las palabras del Sal 42,6 (en su versión griega).



Hiel en vez de mirra

Al ser arrestado Jesús y llevado ante las autoridades, refieren los Evangelios que el Sumo Sacerdote le preguntó: "¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito? Y él le contestó: "Sí, yo soy. Y verán cómo el Hijo del Hombre se sienta a la derecha del Todopoderoso y viene entre las nubes del cielo" (Mc 14,62). Así se cumplía lo dicho por el Sal 110,1, que para los evangelistas profetizaba la glorificación de Jesús por Dios.

También la intervención de testigos falsos contra Jesús, durante el juicio ante el Sanedrín (Mt 26,59-61; Mc 14,55-59), estaba prevista en los Sal 27,12 y 35,11: "Se levantan contra mí testigos falsos, y me preguntan de lo que nada sé".

Luego de condenar a muerte al Señor, lo llevaron al monte Calvario. Entonces Mt dice que le ofrecieron" vino con hiel", y dice que "sí lo probó" (27,34) para demostrar que se estaba cumpliendo la profecía del Salmo 69,22 (en su versión griega), que dice: "Me han dado hiel como alimento".



Los regalos y el sorteo

Cuando desvistieron a Jesús para crucificarlo, llama la atención que los cuatro evangelios anoten el detalle insignificante de que los soldados se repartieron sus ropas y sortearon la túnica que sobraba para ver a quién le correspondería. Y Juan explica por qué era importante este detalle: porque así se cumplía "la Escritura (Sal 22,9) que dice: se han repartido mis vestidos, y han echado a suerte mi túnica" (19,24). Por lo tanto, hasta el hecho trivial del destino de sus ropas, estaba previsto en el plan de Dios.

Al contar las burlas que le hacían a Jesús los que pasaban por el lugar, Mateo dice que "movían la cabeza y decían: ha confiado en Dios, que él lo libre ahora, ya que lo ama" (27,39). Para que se cumpliera lo anunciado en el Sal 22,8-9, que dice: "mueven la cabeza y dicen: ha confiado en el Señor; que él lo libre... ya que lo ama". Y Lucas añade que "hacían muecas de burlas" frente a Jesús (23,35), para recoger la profecía de ese mismo Salmo: "todos me hacen muecas de burlas" (22,8).



Las últimas palabras

En medio de terribles tormentos, y ya próximo a su muerte, Jesús exclama: "Tengo sed". Dice Juan que eso ocurrió "para que se cumpliera la Escritura" (del Sal 22,16) que predecía: "Mi paladar está seco como una teja, y mi lengua se pega al paladar Entonces los soldados corrieron y le ofrecieron vinagre, y Jesús lo bebió (Jn 19,29). Con esto se cumplía una nueva profecía, la del Sal 69,22: "Cuando tenía sed, me dieron vinagre".



Llega, entonces, el momento de las últimas palabras de Jesús. Con gran agudeza, Mateo y Marcos sostienen que fueron: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46; Mc 15,34). De este modo, como ya dijimos, mostraban a Jesús como el hombre inocente y bueno que sufría injustamente, y que por lo mismo sería luego rehabilitado por Dios.

Lucas, que compuso su Evangelio para lectores no judíos, y por lo tanto poco conocedores de salmos, temió escandalizarlos con estas palabras, y prefirió poner en boca de Jesús otra expresión, también de un salmo (31,6), pero que era menos ambiguo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46). Estas fueron, para Lucas, las últimas palabras que Jesús pronuncio.



Los huesos rotos

Lo que sucedió al morir Jesús estaba también previsto por los salmos.

Lucas, por ejemplo, anota que "sus familiares se mantenían a distancia" presenciando la desgarradora escena (23,49), porque el Sal 38,12 habían profetizado: "Mis familiares se mantienen a distancia".

Y Juan (19,36) relata que los soldados rompieron las piernas de los dos ladrones crucificados junto a Jesús, pero que a él no le quebraron las piernas, sino que lo atravesaron con una lanza en el costado, para que se cumpliera la profecía del Sal 34,21: "Dios cuida de todos sus huesos, ni uno solo será quebrado".



No era un castigo de Dios

Los primeros cristianos buscaron en el Antiguo Testamento la razón por la cual a Jesús le tocó sufrir una muerte tan cruel como injusta. Y descubrieron que en los salmos, especialmente los de lamentación y confianza, estaban anticipados todos los sucesos de la pasión.

Allí se hallaba la explicación teológica de esos acontecimientos. Su muerte, por lo tanto, no había sido un "castigo de Dios" Jesús no era sino el Justo que había venido a cumplir las profecías de ese inocente que aparecía en los salmos sufriendo injustamente, cargando el peso del odio de sus enemigos, pero con toda su confianza puesta en Dios.



Los relatos de la pasión de Cristo son narraciones más bien teológicas. Los evangelistas quisieron explicar cuál era el sentido de la muerte de Jesús. De ahí las grandes lagunas que existen en estas narraciones.



La vida: un salmo en dos partes

Los relatos de la pasión fueron compuestos para lectores creyentes. Y al presentarlos como el cumplimiento de citas y pasajes del Antiguo Testamento, aunque fueran de escaso interés (como el reparto de las vestiduras o el vinagre que le ofrecieron a beber), sus autores pretendieron únicamente enseñar que Jesús era, en verdad, el enviado de Dios. Y que al estar previsto por la palabra de Dios todo lo vivido en su pasión, podía ser aceptado sin recelo como Salvador de la humanidad.

El día que Jesús murió, Dios guardó silencio. Un silencio atroz, que parecía dar la razón a los verdugos que lo condenaron. Sin embargo los primeros cristianos descubrieron que Dios no se había callado. Que desde hacía siglos venía gritando, desde los salmos, lo que a su Hijo le tocaría padecer, por mantenerse fiel al Amor que predicó. Pero que, a pesar de todo, lo iba a acompañar, sostener y cuidar hasta el final.

Dios ha prometido cuidar siempre de los hombres, especialmente de cuantos sufren o atraviesan dificultades. Y lo cumplirá. Cuando nos veamos desbordados por los problemas o las angustias de la vida, nunca pensemos que Dios guarda silencio. Sólo es la primera parte del salmo. Falta aún la segunda. Y Dios es fiel hasta el final.

Fuente: Revista TIERRA SANTA, N. 743 [2000] 64-68.

martes, abril 03, 2007

La verdad de Jesús ante Pilatos

La verdad de Jesús ante Pilatos

Permalink 03.04.07 @ 20:17:00. Archivado en Universidades, Sociogenética, Ética, Religiones, Pro justitia et libertate

¿Por qué se le tiene tanto miedo al Reino de Dios, que fue la obsesión, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús?

Pedro Casaldáliga le ha escrito a Jon Sobrino, recordándole que somos millones los que lo acompañamos y es, sobre todo, Jesús de Nazaret quien lo acompaña. Le recordaba a Jon aquella décima que escribió a raíz del martirio de sus compañeros de la UCA:

“Ya sois la verdad en cruz / y la ciencia en profecía, / y es total la compañía, / compañeros de Jesús”.

Por tu santa culpa, le decía Pedro Casaldáliga a Jon, muchos estamos oyendo, traspasada de actualidad, la pregunta decisiva de Jesús: “Y vosotros ¿quién decís que soy?” Porque es al verdadero Jesús a quien queremos seguir.

LA VERDAD, PILATO, ES (1)
por Pedro Casaldáliga, obispo emérito de la Prelatura de São Félix do Araguaia

En fraterna comunión total con Jon Sobrino, teólogo del Dios de los pobres, compañero fiel de Jesús de Nazaret, testigo de nuestros mártires.

¿Qué es la verdad? ¿Quién tiene la verdad? ¿Cuál es la política verdadera? ¿Cuál es la verdadera religión?

Esas preguntas, con diverso tono y a veces provocando desconcierto e indignación, son preguntas universales y de cada día y no las podemos rehuir, ni en la política, ni en la religión. La globalización, si por un lado nos amarra al lucro desalmado, por otro lado nos proporciona espacios nuevos de diálogo y de convivencia, en la verdad compartida.

Nuestra Agenda Latinoamericana Mundial, en estos años de 2007 y 2008, pregunta por la verdadera democracia y denuncia la falsa política. En 2007, “Exigimos y hacemos otra democracia”; y en 2008, “La política ha muerto, viva la política”.

Aquí, en América, en medio de ambigüedades, crispaciones y desencantos, se está dando un viraje hacia la izquierda. Pero, en congresos y en publicaciones, se hacen las preguntas inevitables: ¿qué es la izquierda, qué es la democracia, cuál es la verdadera política, cuál es la verdadera religión, cuál es la verdadera iglesia?

No hay duda que caminamos, a pesar de las dramáticas estadísticas que el PNUD y otras instituciones de opinión nos dan. Son 834 millones de personas las que pasan hambre en el mundo y cada año son 4 millones más. Un 40% de la población mundial vive en la pobreza extrema. En América Latina son unos 205 millones de personas en la pobreza. En África Subsahariana son 47 millones. El economista Luís de Sebastián recuerda que “África es un pecado de Europa”, la mayor deuda actual de la Humanidad.

El mundo emplea anualmente un billón de dólares en armas, cantidad 15 veces superior a la cantidad destinada a la ayuda internacional… La desigualdad en nuestra aldea global es una verdadera blasfemia contra la fraternidad universal. Un ejemplo: la media de la renta anual de las personas más ricas de EE UU es de 118.000 dólares; y la media de la renta anual de las personas más pobres de Sierra Leona es de 28 dólares.

Camina el diálogo ecuménico e interreligioso, todavía en las márgenes, y minoritario aún. El fenómeno grave y mundial de la migración está exigiendo respuestas y decisiones que afectan ya a los diferentes pueblos y culturas y religiones. ¿De quién es la verdad?, ¿de quién no es?

La Iglesia, la Iglesia católica, celebra, en Aparecida (Brasil), en este mes de mayo, la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y Caribeño. Y ya se han levantado voces, sinceras y dignas de toda participación, reclamando “lo que no puede faltar en Aparecida”: la opción por lo pobres, el ecumenismo y el macroecumenismo, la vinculación de fe y política, el cuidado de la naturaleza, la contestación profética al capitalismo neoliberal, el derecho de los pueblos indígenas y afroamericanos, el protagonismo del laicado, el reconocimiento efectivo de la participación de la mujer en todas las instancias eclesiales, la corresponsabilidad y la subsidiaridad de toda la Iglesia, el estímulo a las CEBs, la memoria comprometedora de nuestros mártires, la inculturación sincera del Evangelio en la teología, en la liturgia, en la pastoral, en el derecho canónico.

En fin, la continuidad, actualizada, de nuestra “irrenunciable tradición latinoamericana” que arranca, sobre todo, de Medellín.

El tema del V CELAM es: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en Él nuestros pueblos tengan vida. Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Las discípulas y misioneras, ya que no entran en el enunciado, esperamos que entren en las decisiones de la Conferencia…).

El discipulado y la misión son la vivencia concreta y apasionada del seguimiento de Jesús, “al acecho del Reino”. El teólogo A. Brighenti señala que el déficit eclesiológico del Documento de Participación se expresa, sobre todo, en el eclipse del Reino de Dios, citado sólo dos veces en todo el documento. ¿Por qué se le tiene tanto miedo al Reino de Dios, que fue la obsesión, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús?

No está todo tranquilo en esa Conferencia del CELAM. Con muy mala sombra, como dirían los castizos, ahora, en vísperas de la Conferencia, ha estallado el proceso de nuestro querido Jon Sobrino. Muy sintomático, porque un cardenal de la Curia romana ya ha declarado que antes de Aparecida estará liquidada la Teología de la Liberación. Ese ilustre purpurado habrá de aceptar, supongo, que después de Aparecida continuará vivo y activo el Dios de los pobres, y continuará subversivo el Evangelio de la liberación; y que desgraciadamente el hambre, la guerra, la injusticia, la marginación, la corrupción, la codicia, continuarán exigiendo de nuestra Iglesia el compromiso real al servicio de los pobres de Dios.

Yo le he escrito a Jon Sobrino, recordándole que somos millones los que lo acompañamos y es, sobre todo, Jesús de Nazaret quien lo acompaña. Le recordaba a Jon aquella décima que escribí a raíz del martirio de sus compañeros de la UCA:

“Ya sois la verdad en cruz / y la ciencia en profecía, / y es total la compañía, / compañeros de Jesús”.

Por tu santa culpa, le decía a Jon, muchos estamos oyendo, traspasada de actualidad, la pregunta decisiva de Jesús: “Y vosotros ¿quién decís que soy?” Porque es al verdadero Jesús a quien queremos seguir.

Despectivamente Pilato le pregunta a Jesús qué es la verdad y no se para a oír la respuesta y además lo entrega a la muerte y se lava las manos. Maxence van der Meersch le responde a Pilato y nos responde a todos: “La verdad, Pilato, es estar del lado de los pobres”.

La religión y la política han de acoger esa respuesta hasta las últimas consecuencias.

Toda la vida de Jesús, además, es esa misma respuesta. La opción por los pobres define toda política y toda religión. Antes era “fuera de la Iglesia no hay salvación”; después, “fuera del Mundo no hay salvación”. Jon Sobrino nos recuerda, una vez más, que “fuera de los pobres no hay salvación”. Juan XXIII abogaba por “una Iglesia de los pobres, para que fuese la Iglesia de todos”.

Lo cierto es que los pobres definen, con su vida prohibida y con su muerte “antes de tiempo”, la verdad o la mentira de una Sociedad, de una Iglesia. Dice nuestro Jon Sobrino: “Quien no sepa explícitamente de Dios, lo ha encontrado si ha amado al pobre”; y el Evangelio lo dice repetidamente en la palabra y en la vida de Jesús, en su pesebre y en su calvario, en las bienaventuranzas, en las parábolas, en el juicio final…

Hermanos, hermanas, gente querida y tan próxima en el mismo desvelo y en la misma esperanza, sigamos. Intentando “hacer la verdad en el amor”, como dice el Nuevo Testamento, en comunión fraterna y en la praxis liberadora. “Con los Pobres de la Tierra”.

Siendo “vidas por el Reino de la Vida”, como pregonábamos en la Romería de los Mártires de la Caminada”.
Sea esta pequeña circular un grande abrazo de compromiso, de gratitud, de esperanza invencible, Reino adentro.

Pedro Casaldáliga
Circular 2007
24 de marzo, Pascua de San Romero

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(1) Poncio Pilato, también conocido como Pilatos (en latín, Pontius Pilatus) Procurador de la provincia romana de Judea entre los años 26 y 36 de nuestra era.

Pilatos habría pasado desapercibido por la historia de no haber sido actor de primera línea en un hecho histórico-religioso.

Pilatos era un gobernador romano que actuaba con un cierto grado de dureza respecto de los grupos disidentes de Roma, era además obligadamente respetado por la autoridad judía, pero aunque tenía contacto con Herodes, procuraba rehuirlo.

El hecho que hace histórico a Pilatos es el ajusticiamiento de Jesús de Nazaret que es presentado a Pilatos como un enemigo de los judíos por parte del Sanedrín y que intenta además abolir la figura de César.

Pilatos al interrogarlo declara que no halla culpabilidad en él, sin embargo, los fariseos y saduceos obligan a Pilatos a ejecutarlo aduciendo que se eleva por sobre la figura del César, a lo que Pilatos al final cede.

Fuente: Wikipedia.

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domingo, abril 01, 2007

Semana santa con Jon Sobrino

Semana santa con Jon Sobrino

Permalink 01.04.07 @ 17:36:00. Archivado en Universidades, Sociogenética, Religiones, Pro justitia et libertate

Querido amigo creyente, aunque poco practicante, o incrédulo de buena fe, que te dispones a vivir la Semana santa, preguntándote por el sentido auténtico de estas fiestas religiosas:

Por poco que atiendas al relato que se te presenta en las procesiones, sabes que se trata de la conmemoración cristiana de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, vivida por los creyentes no sólo como el recuerdo de los hechos fundacionales de su fe, sino como modelo de lo que ha de ser su propia vida, si pretende vincularse con la del mismo Jesús, que como Dios hecho hombre es su Salvador.

Te invito a que imagines a un creyente que expone cada día su vida por su fe, hablando de Jesús a los pobres como un testigo de su verdad actual e histórica. Éste es el caso de este compañero jesuita, pastor y teólogo, cuyo lenguaje teológico parece sorprendente en dos de sus obras a quienes no viven en su carne propia la condición de pobres.

Jon Sobrino como el propio Jesús de los evangelios auténticos enfatiza en la humildísima humanidad del Salvador, aunque sin olvidar la formidable paradoja de su divinidad encarnada creyente y sufriente, que al tercer día de su muerte ignominiosa le hizo posible no solamente su resurrección gloriosa de entre los muertos, sino el hacernos partícipes de su propia suerte, si nos identificamos con Él.

Jon Sobrino lleva 50 años en El Salvador, identificándose con el Jesús de los evangelios auténticos e intentando con su trabajo de teólogo y apóstol devolver la esperanza a los más desfavorecidos de la tierra, demostrándoles que su vida de creyentes y sufrientes no difiere de la del Jesús histórico, que así se encuentra entre ellos, en la vida de la Iglesia auténtica, no sólo para sufrir con la fe sino también para resucitar con la esperanza.

Para Jon Sobrino como para todos los creyentes cristianos, la resurrección de Jesús, tras su pasión y muerte en la cruz, es el hecho más importante de toda la Historia de la Salvación. La resurrección de Jesús como prueba de su divinidad es, para el cristiano, un asunto fundante y fundamental. En este hecho histórico está fundada su fe: sin la Resurrección de Jesús la fe del cristiano sería absurda y la esperanza de salvación que le inspira no tendría razón de ser. Si Cristo no hubiera resucitado, la Iglesia no podría anunciar ninguna Buena Noticia de salvación para nadie. San Pablo lo afirma claramente: "Si Cristo no fue resucitado, nuestra predicación ya no contiene nada ni queda nada de lo que creen ustedes…. Y… ustedes no pueden esperar nada de su fe…. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos…" (1Co 15, 14; 17; 20).

-oOo-

La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó el 15 de marzo una Notificación acerca de dos libros del Padre Jon Sobrino, S.J.: Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret, y La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas. "A causa de ciertas imprecisiones y errores en ellos encontrados, la Congregación para la Doctrina de la Fe tomó la decisión, en el mes de octubre de 2001, de emprender un estudio ulterior y más profundo de dichas obras". Después de un largo proceso la Congregación decidió "ofrecer a los fieles un criterio de juicio seguro acerca de los citados libros y otras obras del Autor".

A mediodía del 14 de marzo los periodistas acreditados ante la Santa sede recibieron la Notificación a la que el Padre Federico Lombardi, S.J., Director de la Radio Vaticana y de la Sala de Prensa del Vaticano, añadió una nota ("El Puente") que en traducción española ofrecemos aquí. El Padre Lombardi escribe:

"Para comprender el significado de la Notificación de la Congregación de la Doctrina de la Fe sobre algunas obras del Padre Jon Sobrino, pienso que sea oportuno recordar la importancia de la comprensión de la naturaleza y de la obra de Jesucristo en el corazón mismo de la fe cristiana.

Jesucristo es para la Iglesia el "mediador" entre Dios y el hombre, es el "pontífice" en sentido etimológico, es decir el constructor del puente que permite a los hombres volver a entrar en relación de amistad y unión con Dios, superando la distancia, la imposibilidad de comunicación provocada por una larga historia de pecados.

Para ser mediador y puente, Jesucristo debe apoyarse firmemente tanto sobre la vertiente de la humanidad como sobre la vertiente de la divinidad. Si no, el paso de una vertiente a la otra queda interrumpido, o al menos inseguro. Desde los primeros siglos del cristianismo esta necesidad del puente ha sido afirmada con fuerza y defendida frente a las numerosas teorías que de hecho negaban uno u otro pilar fundamental del puente mismo: o la humanidad o la divinidad. Negando uno u otro aspecto, en realidad se pone en cuestión la misma salvación del hombre, puesto que llega a faltar el camino concreto, real, a través del cual el hombre se puede comunicar con Dios.

La reflexión teológica sobre Jesucristo, por tanto, ha debido tener en cuenta los dos aspectos, ambos esenciales, aunque los diversos contextos históricos y culturales han influido con acentos característicos en las diferentes corrientes teológicas o espirituales.

A menudo, el contexto de la experiencia cristiana lleva a insistir en la solidaridad entre Jesús y los hombres, por lo que se refiere a su participación en las vicisitudes humanas: sus controversias, su pasión, su muerte violenta son cruciales para el anuncio y para la acogida del Evangelio por parte de los pobres, de quienes sufre por la fe y la justicia.

Quien vive su fe participando en las experiencias más dramáticas del pueblo, cultiva naturalmente una sintonía espiritual y profunda con la humanidad de Cristo, y -si es teólogo- se siente llevado a profundizar en una cristología "desde abajo", que fundamenta en profundidad el pilar del puente que se encuentra de parte de la humanidad. Es ciertamente esta la situación del P. Sobrino, en el surco característico de la teología latinoamericana, tan atenta al camino de la liberación humana y espiritual de los pueblos del continente.

No olvidemos que el P. Jon Sobrino pertenecía al grupo de la Universidad Centroamericana de San Salvador, de los cuales seis miembros fueron bárbaramente asesinados en 1989, justamente por su compromiso cultural en solidaridad con el pueblo salvadoreño.

Al mismo tiempo, la insistencia en la solidaridad entre Cristo y el hombre no debe llevarse hasta el punto de ensombrecer o minusvalorar la dimensión que une Cristo a Dios. Porque si Cristo no es al mismo tiempo hombre y Dios, al puente le faltaría el segundo punto de apoyo y se pone radicalmente en cuestión la realidad de nuestra comunicación con Dios.

Este es el problema sobre el cual se desarrolla la argumentación de la "Notificación", que manifiesta respeto por la obra de Sobrino y sus intenciones, pero retiene que no se puede eximir de indicar que, en algunas obras suyas, ciertas afirmaciones, sobre algunos argumentos cruciales, -como la divinidad de Cristo, la Encarnación del Hijo de Dios, la autoconciencia de Jesucristo y el valor salvífico de su muerte-, cuestionan puntos verdaderamente fundamentales de la fe permanente de la Iglesia. En otras palabras, ponen en cuestión la integridad y la estabilidad del puente que permite la comunicación entre los hombres y Dios, incluso la de los pobres de todos los tiempos".

Noticias de la Curia S.J.
20 de marzo de 2007 | Vol. 11, N. 6

sábado, marzo 31, 2007

La terrible gente corriente

La terrible gente corriente

Permalink 31.03.07 @ 20:08:00. Archivado en Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate

Llamar a las cosas por su nombre es la mejor contribución que se puede hacer para intentar que las cosas cambien. En el País Vasco lo hacen una y otra vez dos mujeres: Rosa Díez, socialista, y María San Gil, popular. Yo he dicho repetidas veces de ellas que la una y la otra y sobre todo las dos juntas son la esperanza de la pobre ciudadanía atemorizada en su propia tierra, no solamente por ETA, sino por la terrible gente corriente que rentabiliza el terror de los etarras y la cobardía de quienes les apoyan por acción o por omisión.

A propósito de la proverbial valentía de Rosa, escribía yo el 01/11/2006: Quien conoce la vida política de Rosa Díez, como es mi caso, desde que vengo ocupándome en mi enseñanza universitaria y en mi escritura pública del problema de la Paz y las libertades en el País Vasco, sabe que las posiciones que hoy defiende en materia de lucha contra el terrorismo son las que ha defendido toda su vida. Lleva razón al decir que el Partido Socialista la puso en sus listas por pensar lo que piensa y decirlo muy alto y claro. Los artículos recopilados en su libro «Porque tengo Hijos» dan fe de su coherencia en esta materia durante los últimos 12 años. Donde otros socialistas han cambiado, hasta el punto de hacerse irreconocibles como tales, ella no.

Uno de los mayores méritos de Rosa Díez como de María San Gil, su hermana de lucha en el infernal purgatorio vasco, es que nunca juzgan las intenciones, cosa que hacemos tan fácilmente los hombres, sino que analizan con realismo femenino los hechos. Cualquiera que haya seguido durante estos últimos años su valiente actividad política en pro de la Paz y de las libertades en el País Vasco lo sabe (1)

Una vez más Rosa Díez analiza con realismo femenino los hechos, demostrando a sus colegas socialistas que su error ha consistido en dejarse engañar no solamente por las falsas promesas de los terroristas de ETA, sino también por las aviesas intenciones de la terrible gente corriente que los apoyan, que son los nacionalistas oportunistas, que consideran héroes a los etarras, asesinos a sus víctimas e indeseables en su propia tierra a los ciudadanos del mismo País Vasco que no piensan como ellos: "Esa es la gente corriente, la que se aprovecha de nuestra falta de libertad para medrar en política, y en la vida. La que nos «tolera», sin considerarnos nunca «de los suyos». La que no mueve un dedo por protegernos. La que llama presos políticos a los asesinos y clama por sus «derechos» mientras permite que nos excluyan y persigan por reivindicar los derechos fundamentales que la Constitución nos reconoce".

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Gente corriente
por Rosa Díez, Diputada socialista en el Parlamento Europeo

«Los verdaderamente malos son pocos; lo más peligroso es la gente corriente»
Primo Levi

ESTA sentencia de Primo Levi podría haber sido escrita a la luz de lo que ocurre en el País Vasco. Pero él pensaba en los campos de exterminio nazis cuando hizo esa reflexión. Levi hablaba para estudiantes, en el transcurso del periplo universitario que organizó una vez concluido su libro «Si esto es un hombre». Respondía así a la pregunta de unos alumnos sobre la maldad. Levi describía con esas palabras la falta de piedad de los alemanes corrientes, esa inmensa mayoría que veía cómo desaparecían sus vecinos sin preguntarse qué había sido de ellos.

Pensaba en la «gente de orden» que veía el humo de los crematorios y se limitaba a taparse la nariz. Pensaba en las «buenas gentes» que cruzaban de acera para no saludar a un judío con el que habían compartido celebraciones familiares unos días antes de que fueran señalados por los nazis como enemigos de la raza aria. Pensaba en todos aquellos que prohibieron a sus hijos jugar con los hijos de los «malditos judíos». Levi pensaba en la buena gente que, de repente, perdió hasta la piedad.

Si Levi hubiera vivido en Euskadi y en nuestro tiempo podría haber hecho la misma afirmación refiriéndose a los nacionalistas. En el País Vasco no hay limpieza étnica porque resultaría imposible: estamos tan mezclados, es tan mestiza nuestra sociedad, que tendrían que matarse entre ellos. Por eso aquí se puso en marcha la limpieza ideológica.

Somos tan «iguales» que tuvieron que empezar a matarnos para hacernos diferentes. Ahora ya somos diferentes. A los judíos los distinguían por su «estrella de David»; a nosotros, «los vascos diferentes», nos distinguen porque nunca vamos solos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que tenemos la capacidad de movimiento restringida; ellos son los que disfrutan de todos los derechos que la Constitución española nos reconoce como ciudadanos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que vivimos amenazados; ellos son los que viven en libertad.

Antonio Aguirre fue agredido por un genuino representante de la «gente corriente», de la «buena gente», de esa «gente de orden» que milita en el partido que gobierna Euskadi desde que hay democracia en España. Los dirigentes del PNV han exculpado inmediatamente al agresor: «perdió los papeles», «está apesadumbrado por la imagen del partido que ha dado, llevado por la tensión del momento», «se sintió acosado», «no quiere ensuciar el buen nombre del partido». Ni una sola palabra de disculpa hacia el agredido. El agredido es culpable; el agresor, una pobre víctima que «perdió los papeles». Buena gente.

Nada más peligroso que una situación en la que los dirigentes de un partido político de gobierno disculpan la agresión a un militante de un movimiento cívico, embozándose en la mentira y en la superioridad moral del agresor: «le conocemos de siempre...», «les provocaron...». Los «provocadores» eran siete. Los provocados, mil. Y, según se puede escuchar en los diferentes videos colgados en internet, «los mil provocados» consideraban «españoles de mierda» a esos siete magníficos que osaban enfrentarse a la «pacífica» manifestación. Bueno, también les llamaban «asesinos», y «cerdos», y «asquerosos». Pero lo que sin duda pasará a los anales de los batzoquis será cómo fue posible que siete «españoles de mierda» consiguieran acorralar a mil vascos de pura cepa...

Da miedo. Sobre todo después de escuchar a la portavoz del Gobierno vasco decir que «están planteándose denunciar al Foro Ermua por la contramanifestación (¿?)». Tiene razón Antonio Aguirre cuando dice en la entrevista publicada en El Correo que el problema ya no es que el Gobierno no te defienda; lo grave es que es el propio Gobierno el que te pone en la diana. Aunque Aguirre nos recuerda a todos que «... los primeros que nos empezaron a llamar fachas y extrema derecha fueron Odón Elorza y José Antonio Pastor. Entonces les solicité que no pusieran al Foro en el punto de mira de ETA».

Da miedo la impunidad que algunos dirigentes de los partidos democráticos prestan a la violencia y a los violentos. Da miedo porque conocemos y recordamos la historia. El «ciudadano corriente» que el lunes agredió a Aguirre no sólo no ha sido amonestado, sino que ha sido públicamente disculpado por su propia formación política y por el Gobierno vasco. El «ciudadano corriente» trabajó para el Departamento de Interior del Gobierno vasco, vamos, para la autoridad. Si lo que él hizo es comprendido y exculpado por el Gobierno vasco y por el partido que sustenta al Gobierno de España, ¿por qué razón un chaval vasco, educado en el odio y en la mentira, no va a coger primero un spray, después un cóctel molotov y finalmente, cuando se la den, una pistola para abatir a esos «españoles de mierda», «asesinos», «asquerosos», que hay que dejar morir en el suelo?

Les contaré una cosa que me sucedió hace unos cuantos años, concretamente a finales de 1998 o principios de 1999. Fue en Guernica, en el acto de juramento de Ibarretxe como lendakari, tras las elecciones de la tregua. Los socialistas habíamos abandonado el Gobierno en junio de ese mismo año; la tregua se declaró en septiembre; las elecciones se celebraron en octubre. Tal y como tenían pactado en Lizarra con ETA, los nacionalistas del PNV y EA, con la adherencia de Madrazo, constituyeron un gobierno apoyado por Ternera y los suyos. Les recuerdo que el PSE había gobernado con el PNV doce años.

Pues bien, a la entrada de la Casa de Juntas se arremolinaban los simpatizantes de las formaciones políticas nacionalistas, claramente diferenciados en bandos: los que iban a jalear a los borrokas y la «buena gente» que iba enfervorizada a aplaudir a sus líderes del PNV. Pasamos por delante de los borrokas sin ningún tipo de problema; el gesto adusto; la mirada huidiza y cobarde; el aspecto de no haberse duchado en una semana... Vamos, vestidos para ejercer de lo que son.

Unos metros por delante de mí iba Ardanza. A la entrada justo de la finca, en la verja, unas enfervorizadas emakumes le besaban y aplaudían; él les correspondía sonriente y amable. Llegamos nosotros cuando aquellas mujeres vestidas de domingo, con aspecto de madres y abuelas de familia bien, todavía estaban saboreando la emoción. Se giraron y nos vieron. Yo acababa de dejar de ser consejera, tras siete años de gobierno con Ardanza. Las miré con normalidad, diría que sonriente, y seguí hablando con mi compañero. Hasta que empezamos a pasar entre ellas: «Ala, fastídiate, se os acabó lo bueno, por fin os vais, ya estamos con los nuestros...» «Huy, que pena tendrás, eh, maja?» «Pues os fastidiáis, ya estamos juntos, que bastante habéis estado en el Gobierno...». «Hala, españoles, iros por ahí...». No nos lo podíamos creer.

Recuerdo haberme acercado a Ardanza a contárselo:

-«Oye, lendakari, tu gente nos está insultando; es como si creyeran que os hemos robado algo durante estos doce años que hemos compartido gobierno; parece que aquí no ha cambiado nada de fondo, que os habéis vuelto a asilvestrar, que estábais locos por echarnos...».
-Pero Rosa, ¿cómo dices eso? Serán de los otros...
-No lendakari, no; son de los tuyos.
-¿Pero por qué lo sabes?, ¿les conoces?
-No, pero hay signos externos inconfundibles: peinadas de peluquería, las joyas de los domingos... y los besos que te han dado. Salvo que me digas que las que te han besado eran de Batasuna...
-(...)

Esa es la gente corriente, la que se aprovecha de nuestra falta de libertad para medrar en política, y en la vida. La que nos «tolera», sin considerarnos nunca «de los suyos». La que no mueve un dedo por protegernos. La que llama presos políticos a los asesinos y clama por sus «derechos» mientras permite que nos excluyan y persigan por reivindicar los derechos fundamentales que la Constitución nos reconoce.

Levi explica en el citado libro cómo la despersonalización, la deshumanización del individuo o colectivo declarado enemigo, era vital para llegar a la solución final sin ningún tipo de remordimiento. Los judíos, los gitanos, los comunistas, los homosexuales... no eran humanos para los nazis: eran sólo enemigos de la raza aria, una amenaza para la pureza de su sangre. Estaban «obligados» a eliminarlos si querían conservar un bien mayor, la raza pura, el ideal humano. Pero al lado de esos fanáticos que teorizaban y diseñaban los planes de exterminio estaba la gente corriente. Esa «buena gente» comprendió enseguida hasta qué punto podían beneficiarse de la desaparición de tantos alemanes, o polacos..., de tantos compatriotas mejor cualificados que ellos mismos; y dejaron aflorar sus más bajos instintos. Tardaron poco en sentirse cómodos, aceptando que los nuevos excluidos, en el fondo, nunca habían sido de los suyos, que siempre les habían tenido envidia de los judíos, que llegaron de otros lugares y fueron capaces de progresar y llegar más lejos que ellos, que siempre habían temido al diferente, al de otra cultura, al de otra condición sexual... Los ideólogos de la solución final fueron pocos; los ejecutores, bastantes más, pero nada hubiera sido posible si millones de «buenos alemanes» no se hubieran comportado como los buenos vascos que siguen en Euskadi las consignas del «partido guía». Ese «partido guía» liderado por ese ejemplo de moderación, esa perla blanca llamada Josu Jon Imaz.

Tiene razón Aguirre: es el PNV quien nos pone en la diana, y nuestros dirigentes del PSE, quienes asienten con la cabeza o callan. Si a quienes discrepamos -seamos socialistas o no- nos llaman crispadores o nos invitan a irnos al PP -al que previamente han calificado como «derecha extrema»-; si el lendakari le dijo hace nada en el Parlamento vasco a María San Gil: «Ustedes representan lo peor de este país» -de un país en el que hay terroristas-, ante el silencio cómplice del PSE; si Diego López Garrido dijo hace dos días en el Congreso de los Diputados que «el PP es un arma de destrucción masiva», ¿qué pueden pensar los que tienen las pistolas y la costumbre de actuar poniendo la teoría en práctica? ¿Puede alguien extrañarse de que muchos de nosotros nos sintamos más abandonados, más solos que nunca?

No es éste un artículo optimista. No hay motivos. Llamar a las cosas por su nombre es la mejor contribución que se puede hacer para intentar que las cosas cambien. Como dijo Hanna Arendt a su vuelta del exilio norteamericano, indignada por la pasividad e indiferencia de sus compatriotas ante su responsabilidad histórica, «describir los campos de exterminio sin ira no es ser objetivo, sino indultarlos».

Valga esta reflexión y esta denuncia para que si nuestros nietos nos preguntan algún día: «¿tú qué hiciste cuando pasaba eso?», podamos darles una respuesta mirándoles a los ojos.

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(1) Rosa y María, honor y esperanza de Euskadi

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viernes, marzo 30, 2007

Periodismo judicial

Periodismo judicial

Permalink 30.03.07 @ 18:41:00. Archivado en Universidades, Pro justitia et libertate

El juez Javier Gómez Bermúdez publicó hace unos meses, en colaboración con la periodista judicial Elisa Beni Uzábal, el primer manual jurídico para periodistas, bajo el título: Levantando el velo.

Imagen: El juez Javier Gómez Bermúdez y la periodista judicial Elisa Beni Uzábal

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Presentación editorial

Un magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, y una periodista, Elisa Beni Uzábal, directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, han aunado esfuerzos, conocimientos y excelencia profesional para sacar a la calle esta obra que se configura como el primer manual existente en el mercado dirigido a los periodistas que ejercen su labor en el ámbito de la Justicia.

Este libro satisfará, sin duda alguna, las curiosidades y dudas que puedan planteársele al informador en su quehacer diario desde una exposición suficientemente sencilla y esquemática para legos en derecho, pero que, al mismo tiempo, no sacrifica un ápice el rigor que debe acompañar al tratamiento de temas jurídicos. Además, ayudará al profesional a adquirir la destreza necesaria para conseguir la información, seleccionarla, evitar manipulaciones, entender el mensaje y “traducírselo” al público sin que pierda su esencia jurídica.

Los autores, conscientes de lo inaccesible, complejo y críptico que puede resultar este mundo, también han concebido este trabajo para aquellos estudiantes de Periodismo y profesionales noveles que quieran especializarse en la información de Tribunales, así como para los periodistas de otras áreas que, por la lógica de la actualidad, tienen que vérselas con noticias generadas en órganos judiciales.

Igualmente pueden encontrar en este texto una obra de referencia los profesores universitarios que precisen de una herramienta para mostrar una visión global del sistema jurídico español a sus alumnos o, simplemente, ciudadanos que quieran conocer más de cerca la Justicia española sin las complicaciones técnicas de los manuales jurídicos.

Fieles al espíritu divulgativo que ha inspirado la realización de este libro, sus autores han decidido contribuir con su publicación al fondo del Programa de Becas de la agrupación de graduados Alumni Navarrenses de la Universidad de Navarra.

La coautora y su intención como periodista

La coautora de Levantando el velo es actualmente responsable de comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid

Elisa Beni Uzábal ha sido la directora más joven de un diario español, con 23 años, cuando asumió la responsabilidad de dirigir ‘El Faro de Ceuta’. Tras su periodo ceutí esta periodista ha sido subdirectora de “Época”, redactora jefe de “Diario 16” y directora de emisoras de la Cadena. Actualmente es responsable de la comunicación de los cerca de 600 jueces que ejercen jurisdicción en la Comunidad de Madrid y distribuye la información procedente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la Audiencia Provincial de Madrid, los juzgados de Plaza de Castilla y de todos los partidos judiciales de la Comunidad.

Esta experiencia ha sido utilizada por Elisa Beni para redactar, junto a Javier Gómez Bermúdez, magistrado de la Audiencia Nacional y presidente de su Sala de lo Penal, el primer manual de periodismo judicial: Levantando el velo, Cie Dossat 2000, 2006.

Levantando el velo es un manual dirigido a estudiantes, periodistas en ejercicio y, por qué no, a ciudadanos inquietos que siguen con atención la actualidad judicial y que desean saber más acerca de cómo ésta se produce. Este libro destaca por un contenido fácilmente comprensible para legos en la materia sin sacrificar rigor y exactitud en aras de la sencillez y la claridad. Introduce al lector en la compleja estructura de la Justicia presentándole la pirámide judicial y explicándole lo términos jurídicos básicos. Ofrece una aproximación a los actores de la Justicia y su papel como fuentes informativas, además de exponer el procedimiento en las diferentes jurisdicciones (Civil, Penal, Contencioso-Administrativa y Social) y analizar su capacidad para generar información de interés público.

Por ello, la parte que se centra en la Jurisdicción Penal es la más prolija, ya que la mayor parte de las noticias emanan de órganos jurisdiccionales pertenecientes a ella. Los juzgados de Menores y Vigilancia Penitenciaria se analizan en un capítulo aparte. Además, instituciones y órganos con jurisdicción en todo el territorio nacional se abordan en capítulos exclusivamente dedicados a la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial y el Ministerio Fiscal. También se trata el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por el papel cada vez más relevante que desempeña. Y, aunque la parte periodística y la jurídica van de la mano a lo largo de todo el libro, se incluyen dos capítulos dedicados íntegramente a la primera, en los que se desarrolla la crónica judicial y las particularidades del tratamiento de esta información en los medios audiovisuales.

Con este manual el lector alcanzará un conocimiento general del funcionamiento de la Justicia española con sólidas bases técnicas, por lo que el periodista se verá habilitado para transmitir al público, eficazmente, la información generada por los Tribunales sin que ésta pierda su esencia jurídica. El informador encontrará en sus páginas las claves para conseguir la información, seleccionarla y evitar las posibles manipulaciones. Levantando el velo se constituye, así, en herramienta imprescindible para el profesional, avalada por la dilatada experiencia de sus autores en ambos ámbitos: el jurídico, Javier Gómez Bermúdez es Magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional; y el periodístico, Elisa Beni Uzábal es directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid.

Ficha técnica

BENI UZÁBAL, Elisa y GÓMEZ BERMÚDEZ, Javier, Levantando el velo. Manual de Periodismo Judicial, Cie Inversiones editoriales Dossat 2000, S.L., Madrid, España, 2006.

ISBN: 84-96437-39-6
Tamaño: 17 x 24 cm.
Páginas: 360 págs.
Edición: 1ª (Junio de 2006)
Precio (sin IVA): 24,04 €
Precio (con IVA): 25,00 € (4.160 pesetas)

Sinopsis: Un magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, y una periodista, Elisa Beni Uzábal, directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, han aunado esfuerzos, conocimientos y excelencia profesional para sacar a la calle esta obra que se configura como el primer manual existente en el mercado dirigido a los periodistas que ejercen su labor en el ámbito de la Justicia.

Elisa Beni Uzabal (41 años): Periodista. Directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Actualmente es responsable de la comunicación de los cerca de 600 jueces que ejercen jurisdicción en la Comunidad de Madrid y vehicula diariamente la información procedente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la Audiencia Provincial de Madrid, los juzgados de Plaza de Castilla y de todos los partidos judiciales de la Comunidad.

Su contacto directo con periodistas de todos los medios locales y nacionales la hace conocedora de la necesidad de especialización de éstos.

Conoce también muy bien las dificultades que en ocasiones hay en las redacciones para afrontar la información de tribunales. Ha sido subdirectora de Época, redactora jefe de Diario 16, directora de emisoras de la Cadena SER y la directora más joven de diarios que ha habido en España, ya que asumió la dirección de El Faro de Ceuta a los 23 años. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra.

Javier Gómez Bermúdez (43 años): Es magistrado de la Audiencia Nacional y fue nombrado presidente de su Sala de lo Penal en julio de 2004. Ha presidido algunos de los juicios de mayor dimensión mediática de los últimos tiempos, como el seguido contra la célula española de Al Qaeda que fue transmitido en tiempo real y tuvo acreditados a centenares de periodistas de los cinco continentes.

Responsable de la política informativa de transparencia seguida por la Audiencia Nacional actualmente, conoce por su trabajo diario las necesidades de los informadores y sus principales carencias en materias legales.

Dentro de su trayectoria profesional ha sido ponente de importantes sumarios contra el entramado de ETA, la cúpula de Bidart, los grupos Andalucía y Madrid, etc. Y dentro del ámbito económico actualmente preside el juicio del Caso KIO. Fue ponente de la sentencia del Caso PSV, Huarte, etc. Con anterioridad fue Juez Central de Vigilancia Penitenciaria y Juez Central de Menores, ambos en la Audiencia Nacional. Juez desde los 24 años, ha estado destinado en todos los puestos posibles dentro de la Jurisdicción Penal, excepto en la Sala Segunda del Tribunal Supremo.

Tiene una importante trayectoria como conferenciante y ha sido durante una década profesor de Derecho Mercantil de la UNED.

Más información sobre el libro

Enlaces Relacionados:

Criminal Justice Journalists (Periodistas Judiciales) (USA):

Bibliografía acerca de Periodismo, Periodistas, Medios de Comunicación o Comunicación Social