viernes, abril 06, 2007
¿POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?
por el P. Ariel Alvarez Valdés
Una de las frases más incomprensibles que haya pronunciado Jesús fue la que dijo antes de morir en la cruz. Tras varias horas de agonía, y presintiendo que su muerte era ya inminente, lanzó un grito terrible: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46; Mc 15,34).
Estas misteriosas palabras, solamente contadas por Mateo y Marcos, intrigaron a los lectores de la Biblia.
¿Sintió, acaso, Jesús que su misión había fracasado? ¿Pensó que moría como un hijo abandonado por su padre?
Tomadas al pie de la letra, tales palabras podrían hacernos creer que Jesús murió en la desesperación.
La amargura de un rezo
Pero no fue así. Jesús al pronunciar esa frase, en realidad estaba rezando un salmo. En efecto, si buscamos en nuestra Biblia, veremos que el salmo 22 empieza precisamente así: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Y continúa: "A pesar de mis súplicas mi oración no te llega. Dios mío, de día te grito y no respondes. De noche, y no me haces caso".
¿Por qué Jesús pronunció un salmo tan amargo y desalentador en el momento de morir?
Más bien es lo contrario. El salmo 22, titulado "Oración de un justo que sufre", es uno de los salmos más esperanzadores de toda la Biblia. La primera parte describe los sufrimientos por los que atraviesa un hombre inocente (v. 2-23). Pero la segunda (v. 24-32) es un magnífico acto de confianza en que Dios lo librará de todas esas angustias.
El final dice así:
"Fieles del Señor, alabadlo...;
porque no ha sentido desprecio ni repugnancia
hacia el pobre desgraciado;
no le ha escondido su rostro;
cuando pidió auxilio lo escuchó..."
Los desvalidos comerán hasta saciarse
y alabarán al Señor los que lo buscan:
¡no perdáis nunca el ánimo!
Lo recordarán y volverán al Señor desde los confines del orbe,
en su presencia se postrarán las familias de los pueblos...
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba;
ante él se inclinará los que bajan al polvo;
a mí me dará vida.
Mi descendencia le servirá y hablará del Señor,
a la generación venidera le anunciará su rectitud;
al pueblo que ha de nacer, lo que él hizo" (Sal 22, 24-31).
¿Entonces por qué los evangelistas citan las primera palabras y no las últimas que son las esperanzadoras? Porque para la mentalidad judía citar el comienzo de un salino equivale a citar el salmo entero. Por lo tanto, al poner las palabras iniciales, los escritores dan a entender que Jesús recitó todo el salmo.
Así lo entendió también el autor de la Carta a los Hebreos (2,11-13) cuando, al hablar de la pasión del Señor, dice que Jesús en la cruz rezó el final del salmo 22 y no las palabras dolorosas del comienzo, que son las que traen los evangelistas.
Cuando Dios ayudaba a los buenos
Pero esta respuesta, a su vez, nos lleva a plantearnos otra cuestión. ¿Por qué los evangelistas conservaron el recuerdo tan insignificante del rezo de un salmo por Jesús, cuando detalles que los historiadores juzgan más trascendentes (como las precisiones cronológicas de la pasión, la forma que tenía la cruz, el modo en que fue crucificado) ni siquiera son mencionados?
Para contestar esto es necesario tener en cuenta algo que hoy ya no llama la atención y es el escándalo que significó la muerte de Jesús para los judíos de aquel tiempo.
Por varias razones:
- En primer lugar, porque en la época de Jesús existía la convicción de que, cuando una persona era fiel a Dios y cumplía sus mandamientos, Dios siempre acudía a salvarlo y no permitía que le pasara nada malo.
Todo el libro de Daniel, por ejemplo, expone esta idea: a cuatro jóvenes judíos que se niegan a comer alimentos prohibidos, Dios los engorda milagrosamente (1,3-15); a Azarías y a sus compañeros, arrojados en un horno encendido por no adorar la estatua del rey Nabucodonosor, el fuego ni los toca (3,46-50); a Daniel, abandonado en el foso de los leones por ser fiel a Dios, lo hace salir vivo (6,2-25); a Susana, la libra de las falsas acusaciones contra a su honor (13).
El mismo libro de la Sabiduría lo afirma: "Si el justo es hijo de Dios, él lo ayudará, y lo librará de las manos de sus enemigos" (2,18).
Cualquier judío, pues, compartía la idea de que Dios salva siempre al hombre inocente. ¿Por qué entonces no salvó a Jesús? La conclusión que se imponía era: Jesús debió ser un pecador.
La muerte de un delincuente
- En segundo lugar, porque a Jesús lo mataron los representantes de Dios, es decir, los sacerdotes. Y lo hicieron en nombre de la Ley de Dios. "Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir", exclamaron sus acusadores ante Pilato (Jn 19,7).
- Finalmente, porque la clase de muerte que sufrió (colgado de un madero), lo convertía automáticamente, según la Biblia, en un maldito de Dios. En efecto, un versículo del libro del Deuteronomio afirma: "El que cuelga de un madero es un maldito de Dios" (Dt 21,23). Y de todas las muertes, justamente ésa fue la que sufrió Jesús.
Para el pueblo judío, entonces, Jesús murió: a) sin el auxilio divino; b) en nombre de las autoridades religiosas; y c) maldito por Dios.
¿Era posible una muerte más vergonzosa? ¿Cómo podrían los cristianos convencer a la gente de que él era el Mesías, el Hijo de Dios que venia a salvar a su pueblo?
Que lo digan los salmos
Frente al escándalo, difícil de disimular, de la ignominiosa muerte de Jesús, los evangelistas iluminados por Dios, encontraron una solución: demostrar que todo lo que le había sucedido a Jesús, en su pasión y muerte, estaba ya anunciado en el Antiguo Testamento. Que todos los sufrimientos del Maestro estaban previstos por Dios y ocurrieron según su designio. Y que incluso hasta los menores detalles de su escandaloso final habían sucedido "para que se cumplieran las Escrituras".
Como el libro más leído, conocido y meditado por la piedad judía, era el de los Salmos, allí fueron los cristianos a buscar elementos para probar las circunstancias proféticas de la muerte del Señor.
Por eso en la pasión de Jesús se acumulan, más que en ningún otro momento de su vida, las referencias a los salmos (más de veinte), como si allí hubieran querido concentrar todo el cumplimiento de las predicciones bíblicas.
Y por eso mismo, los relatos de la pasión y muerte de Jesús no dan una crónica exhaustiva de los hechos. Pasan por alto muchas escenas importantes, dejan otras en penumbra, y más bien se detienen en aquellas que pueden encontrar su apoyo en las Sagradas Escrituras.
Cada comunidad cristiana, y cada evangelista más tarde, hizo lo que pudo en este esfuerzo de explicar, mediante las profecías de los salmos, el "escándalo de la cruz". ¿Y cuáles son los salmos que encontraron?
El arresto y la agonía
Ya en el comienzo de la pasión, mientras Mc y Lc dicen que eran los sumos sacerdotes y escribas quienes conspiraban contra Jesús y que andaban buscando cómo apresarlo, Mateo, más cuidadoso, dice que fueron "los jefes", y menciona "una reunión" que hicieron para atraparlo (26,3-4). Porque así se cumplía la profecía del Sal 2,2: "los jefes se reunieron contra Dios y su Mesías".
También Juan (13,18) explica la traición de Judas la explica san Juan con la profecía de un salmo. Afirma que eso sucedió "porque tenía que cumplirse la Escritura (Sal 41,10) que dice: el que comparte mi pan se volvió contra mí'. Y más adelante lo reitera: "Ninguno de ellos se ha perdido excepto el que debía perderse, para que se cumpla la Escritura" (17,12), refiriéndose al mismo salmo.
El hecho incomprensible de que Jesús, a pesar de haber pasado haciendo el bien y ayudando a los más pobres, fuera odiado y rechazado por las autoridades judías, estaba igualmente anunciado en los salmos. Jesús lo dice: "Nos odian a mí y a mi Padre, pero así se cumple lo que está escrito en su Ley (Sal 69,5): me han odiado sin motivo" (Jn 15,24-25).
Y al contar la terrible agonía en el huerto de Getsemaní, los evangelistas relatan que Jesús les hizo a sus discípulos esta confidencia: "Mi alma está triste hasta la muerte" (Mt 26,38; Mc 14,34), para que se cumplieran las palabras del Sal 42,6 (en su versión griega).
Hiel en vez de mirra
Al ser arrestado Jesús y llevado ante las autoridades, refieren los Evangelios que el Sumo Sacerdote le preguntó: "¿Eres tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito? Y él le contestó: "Sí, yo soy. Y verán cómo el Hijo del Hombre se sienta a la derecha del Todopoderoso y viene entre las nubes del cielo" (Mc 14,62). Así se cumplía lo dicho por el Sal 110,1, que para los evangelistas profetizaba la glorificación de Jesús por Dios.
También la intervención de testigos falsos contra Jesús, durante el juicio ante el Sanedrín (Mt 26,59-61; Mc 14,55-59), estaba prevista en los Sal 27,12 y 35,11: "Se levantan contra mí testigos falsos, y me preguntan de lo que nada sé".
Luego de condenar a muerte al Señor, lo llevaron al monte Calvario. Entonces Mt dice que le ofrecieron" vino con hiel", y dice que "sí lo probó" (27,34) para demostrar que se estaba cumpliendo la profecía del Salmo 69,22 (en su versión griega), que dice: "Me han dado hiel como alimento".
Los regalos y el sorteo
Cuando desvistieron a Jesús para crucificarlo, llama la atención que los cuatro evangelios anoten el detalle insignificante de que los soldados se repartieron sus ropas y sortearon la túnica que sobraba para ver a quién le correspondería. Y Juan explica por qué era importante este detalle: porque así se cumplía "la Escritura (Sal 22,9) que dice: se han repartido mis vestidos, y han echado a suerte mi túnica" (19,24). Por lo tanto, hasta el hecho trivial del destino de sus ropas, estaba previsto en el plan de Dios.
Al contar las burlas que le hacían a Jesús los que pasaban por el lugar, Mateo dice que "movían la cabeza y decían: ha confiado en Dios, que él lo libre ahora, ya que lo ama" (27,39). Para que se cumpliera lo anunciado en el Sal 22,8-9, que dice: "mueven la cabeza y dicen: ha confiado en el Señor; que él lo libre... ya que lo ama". Y Lucas añade que "hacían muecas de burlas" frente a Jesús (23,35), para recoger la profecía de ese mismo Salmo: "todos me hacen muecas de burlas" (22,8).
Las últimas palabras
En medio de terribles tormentos, y ya próximo a su muerte, Jesús exclama: "Tengo sed". Dice Juan que eso ocurrió "para que se cumpliera la Escritura" (del Sal 22,16) que predecía: "Mi paladar está seco como una teja, y mi lengua se pega al paladar Entonces los soldados corrieron y le ofrecieron vinagre, y Jesús lo bebió (Jn 19,29). Con esto se cumplía una nueva profecía, la del Sal 69,22: "Cuando tenía sed, me dieron vinagre".
Llega, entonces, el momento de las últimas palabras de Jesús. Con gran agudeza, Mateo y Marcos sostienen que fueron: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27,46; Mc 15,34). De este modo, como ya dijimos, mostraban a Jesús como el hombre inocente y bueno que sufría injustamente, y que por lo mismo sería luego rehabilitado por Dios.
Lucas, que compuso su Evangelio para lectores no judíos, y por lo tanto poco conocedores de salmos, temió escandalizarlos con estas palabras, y prefirió poner en boca de Jesús otra expresión, también de un salmo (31,6), pero que era menos ambiguo: "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46). Estas fueron, para Lucas, las últimas palabras que Jesús pronuncio.
Los huesos rotos
Lo que sucedió al morir Jesús estaba también previsto por los salmos.
Lucas, por ejemplo, anota que "sus familiares se mantenían a distancia" presenciando la desgarradora escena (23,49), porque el Sal 38,12 habían profetizado: "Mis familiares se mantienen a distancia".
Y Juan (19,36) relata que los soldados rompieron las piernas de los dos ladrones crucificados junto a Jesús, pero que a él no le quebraron las piernas, sino que lo atravesaron con una lanza en el costado, para que se cumpliera la profecía del Sal 34,21: "Dios cuida de todos sus huesos, ni uno solo será quebrado".
No era un castigo de Dios
Los primeros cristianos buscaron en el Antiguo Testamento la razón por la cual a Jesús le tocó sufrir una muerte tan cruel como injusta. Y descubrieron que en los salmos, especialmente los de lamentación y confianza, estaban anticipados todos los sucesos de la pasión.
Allí se hallaba la explicación teológica de esos acontecimientos. Su muerte, por lo tanto, no había sido un "castigo de Dios" Jesús no era sino el Justo que había venido a cumplir las profecías de ese inocente que aparecía en los salmos sufriendo injustamente, cargando el peso del odio de sus enemigos, pero con toda su confianza puesta en Dios.
Los relatos de la pasión de Cristo son narraciones más bien teológicas. Los evangelistas quisieron explicar cuál era el sentido de la muerte de Jesús. De ahí las grandes lagunas que existen en estas narraciones.
La vida: un salmo en dos partes
Los relatos de la pasión fueron compuestos para lectores creyentes. Y al presentarlos como el cumplimiento de citas y pasajes del Antiguo Testamento, aunque fueran de escaso interés (como el reparto de las vestiduras o el vinagre que le ofrecieron a beber), sus autores pretendieron únicamente enseñar que Jesús era, en verdad, el enviado de Dios. Y que al estar previsto por la palabra de Dios todo lo vivido en su pasión, podía ser aceptado sin recelo como Salvador de la humanidad.
El día que Jesús murió, Dios guardó silencio. Un silencio atroz, que parecía dar la razón a los verdugos que lo condenaron. Sin embargo los primeros cristianos descubrieron que Dios no se había callado. Que desde hacía siglos venía gritando, desde los salmos, lo que a su Hijo le tocaría padecer, por mantenerse fiel al Amor que predicó. Pero que, a pesar de todo, lo iba a acompañar, sostener y cuidar hasta el final.
Dios ha prometido cuidar siempre de los hombres, especialmente de cuantos sufren o atraviesan dificultades. Y lo cumplirá. Cuando nos veamos desbordados por los problemas o las angustias de la vida, nunca pensemos que Dios guarda silencio. Sólo es la primera parte del salmo. Falta aún la segunda. Y Dios es fiel hasta el final.
Fuente: Revista TIERRA SANTA, N. 743 [2000] 64-68.
martes, abril 03, 2007
La verdad de Jesús ante Pilatos
La verdad de Jesús ante Pilatos
03.04.07 @ 20:17:00. Archivado en Universidades, Sociogenética, Ética, Religiones, Pro justitia et libertate
¿Por qué se le tiene tanto miedo al Reino de Dios, que fue la obsesión, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús?
Pedro Casaldáliga le ha escrito a Jon Sobrino, recordándole que somos millones los que lo acompañamos y es, sobre todo, Jesús de Nazaret quien lo acompaña. Le recordaba a Jon aquella décima que escribió a raíz del martirio de sus compañeros de la UCA:
“Ya sois la verdad en cruz / y la ciencia en profecía, / y es total la compañía, / compañeros de Jesús”.
Por tu santa culpa, le decía Pedro Casaldáliga a Jon, muchos estamos oyendo, traspasada de actualidad, la pregunta decisiva de Jesús: “Y vosotros ¿quién decís que soy?” Porque es al verdadero Jesús a quien queremos seguir.
LA VERDAD, PILATO, ES… (1)
por Pedro Casaldáliga, obispo emérito de la Prelatura de São Félix do Araguaia
En fraterna comunión total con Jon Sobrino, teólogo del Dios de los pobres, compañero fiel de Jesús de Nazaret, testigo de nuestros mártires.
¿Qué es la verdad? ¿Quién tiene la verdad? ¿Cuál es la política verdadera? ¿Cuál es la verdadera religión?
Esas preguntas, con diverso tono y a veces provocando desconcierto e indignación, son preguntas universales y de cada día y no las podemos rehuir, ni en la política, ni en la religión. La globalización, si por un lado nos amarra al lucro desalmado, por otro lado nos proporciona espacios nuevos de diálogo y de convivencia, en la verdad compartida.
Nuestra Agenda Latinoamericana Mundial, en estos años de 2007 y 2008, pregunta por la verdadera democracia y denuncia la falsa política. En 2007, “Exigimos y hacemos otra democracia”; y en 2008, “La política ha muerto, viva la política”.
Aquí, en América, en medio de ambigüedades, crispaciones y desencantos, se está dando un viraje hacia la izquierda. Pero, en congresos y en publicaciones, se hacen las preguntas inevitables: ¿qué es la izquierda, qué es la democracia, cuál es la verdadera política, cuál es la verdadera religión, cuál es la verdadera iglesia?
No hay duda que caminamos, a pesar de las dramáticas estadísticas que el PNUD y otras instituciones de opinión nos dan. Son 834 millones de personas las que pasan hambre en el mundo y cada año son 4 millones más. Un 40% de la población mundial vive en la pobreza extrema. En América Latina son unos 205 millones de personas en la pobreza. En África Subsahariana son 47 millones. El economista Luís de Sebastián recuerda que “África es un pecado de Europa”, la mayor deuda actual de la Humanidad.
El mundo emplea anualmente un billón de dólares en armas, cantidad 15 veces superior a la cantidad destinada a la ayuda internacional… La desigualdad en nuestra aldea global es una verdadera blasfemia contra la fraternidad universal. Un ejemplo: la media de la renta anual de las personas más ricas de EE UU es de 118.000 dólares; y la media de la renta anual de las personas más pobres de Sierra Leona es de 28 dólares.
Camina el diálogo ecuménico e interreligioso, todavía en las márgenes, y minoritario aún. El fenómeno grave y mundial de la migración está exigiendo respuestas y decisiones que afectan ya a los diferentes pueblos y culturas y religiones. ¿De quién es la verdad?, ¿de quién no es?
La Iglesia, la Iglesia católica, celebra, en Aparecida (Brasil), en este mes de mayo, la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano y Caribeño. Y ya se han levantado voces, sinceras y dignas de toda participación, reclamando “lo que no puede faltar en Aparecida”: la opción por lo pobres, el ecumenismo y el macroecumenismo, la vinculación de fe y política, el cuidado de la naturaleza, la contestación profética al capitalismo neoliberal, el derecho de los pueblos indígenas y afroamericanos, el protagonismo del laicado, el reconocimiento efectivo de la participación de la mujer en todas las instancias eclesiales, la corresponsabilidad y la subsidiaridad de toda la Iglesia, el estímulo a las CEBs, la memoria comprometedora de nuestros mártires, la inculturación sincera del Evangelio en la teología, en la liturgia, en la pastoral, en el derecho canónico.
En fin, la continuidad, actualizada, de nuestra “irrenunciable tradición latinoamericana” que arranca, sobre todo, de Medellín.
El tema del V CELAM es: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que en Él nuestros pueblos tengan vida. Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Las discípulas y misioneras, ya que no entran en el enunciado, esperamos que entren en las decisiones de la Conferencia…).
El discipulado y la misión son la vivencia concreta y apasionada del seguimiento de Jesús, “al acecho del Reino”. El teólogo A. Brighenti señala que el déficit eclesiológico del Documento de Participación se expresa, sobre todo, en el eclipse del Reino de Dios, citado sólo dos veces en todo el documento. ¿Por qué se le tiene tanto miedo al Reino de Dios, que fue la obsesión, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús?
No está todo tranquilo en esa Conferencia del CELAM. Con muy mala sombra, como dirían los castizos, ahora, en vísperas de la Conferencia, ha estallado el proceso de nuestro querido Jon Sobrino. Muy sintomático, porque un cardenal de la Curia romana ya ha declarado que antes de Aparecida estará liquidada la Teología de la Liberación. Ese ilustre purpurado habrá de aceptar, supongo, que después de Aparecida continuará vivo y activo el Dios de los pobres, y continuará subversivo el Evangelio de la liberación; y que desgraciadamente el hambre, la guerra, la injusticia, la marginación, la corrupción, la codicia, continuarán exigiendo de nuestra Iglesia el compromiso real al servicio de los pobres de Dios.
Yo le he escrito a Jon Sobrino, recordándole que somos millones los que lo acompañamos y es, sobre todo, Jesús de Nazaret quien lo acompaña. Le recordaba a Jon aquella décima que escribí a raíz del martirio de sus compañeros de la UCA:
“Ya sois la verdad en cruz / y la ciencia en profecía, / y es total la compañía, / compañeros de Jesús”.
Por tu santa culpa, le decía a Jon, muchos estamos oyendo, traspasada de actualidad, la pregunta decisiva de Jesús: “Y vosotros ¿quién decís que soy?” Porque es al verdadero Jesús a quien queremos seguir.
Despectivamente Pilato le pregunta a Jesús qué es la verdad y no se para a oír la respuesta y además lo entrega a la muerte y se lava las manos. Maxence van der Meersch le responde a Pilato y nos responde a todos: “La verdad, Pilato, es estar del lado de los pobres”.
La religión y la política han de acoger esa respuesta hasta las últimas consecuencias.
Toda la vida de Jesús, además, es esa misma respuesta. La opción por los pobres define toda política y toda religión. Antes era “fuera de la Iglesia no hay salvación”; después, “fuera del Mundo no hay salvación”. Jon Sobrino nos recuerda, una vez más, que “fuera de los pobres no hay salvación”. Juan XXIII abogaba por “una Iglesia de los pobres, para que fuese la Iglesia de todos”.
Lo cierto es que los pobres definen, con su vida prohibida y con su muerte “antes de tiempo”, la verdad o la mentira de una Sociedad, de una Iglesia. Dice nuestro Jon Sobrino: “Quien no sepa explícitamente de Dios, lo ha encontrado si ha amado al pobre”; y el Evangelio lo dice repetidamente en la palabra y en la vida de Jesús, en su pesebre y en su calvario, en las bienaventuranzas, en las parábolas, en el juicio final…
Hermanos, hermanas, gente querida y tan próxima en el mismo desvelo y en la misma esperanza, sigamos. Intentando “hacer la verdad en el amor”, como dice el Nuevo Testamento, en comunión fraterna y en la praxis liberadora. “Con los Pobres de la Tierra”.
Siendo “vidas por el Reino de la Vida”, como pregonábamos en la Romería de los Mártires de la Caminada”.
Sea esta pequeña circular un grande abrazo de compromiso, de gratitud, de esperanza invencible, Reino adentro.
Pedro Casaldáliga
Circular 2007
24 de marzo, Pascua de San Romero
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(1) Poncio Pilato, también conocido como Pilatos (en latín, Pontius Pilatus) Procurador de la provincia romana de Judea entre los años 26 y 36 de nuestra era.
Pilatos habría pasado desapercibido por la historia de no haber sido actor de primera línea en un hecho histórico-religioso.
Pilatos era un gobernador romano que actuaba con un cierto grado de dureza respecto de los grupos disidentes de Roma, era además obligadamente respetado por la autoridad judía, pero aunque tenía contacto con Herodes, procuraba rehuirlo.
El hecho que hace histórico a Pilatos es el ajusticiamiento de Jesús de Nazaret que es presentado a Pilatos como un enemigo de los judíos por parte del Sanedrín y que intenta además abolir la figura de César.
Pilatos al interrogarlo declara que no halla culpabilidad en él, sin embargo, los fariseos y saduceos obligan a Pilatos a ejecutarlo aduciendo que se eleva por sobre la figura del César, a lo que Pilatos al final cede.
Fuente: Wikipedia.
Hacer comentariodomingo, abril 01, 2007
Semana santa con Jon Sobrino
Semana santa con Jon Sobrino
01.04.07 @ 17:36:00. Archivado en Universidades, Sociogenética, Religiones, Pro justitia et libertate
Querido amigo creyente, aunque poco practicante, o incrédulo de buena fe, que te dispones a vivir la Semana santa, preguntándote por el sentido auténtico de estas fiestas religiosas:
Por poco que atiendas al relato que se te presenta en las procesiones, sabes que se trata de la conmemoración cristiana de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, vivida por los creyentes no sólo como el recuerdo de los hechos fundacionales de su fe, sino como modelo de lo que ha de ser su propia vida, si pretende vincularse con la del mismo Jesús, que como Dios hecho hombre es su Salvador.
Te invito a que imagines a un creyente que expone cada día su vida por su fe, hablando de Jesús a los pobres como un testigo de su verdad actual e histórica. Éste es el caso de este compañero jesuita, pastor y teólogo, cuyo lenguaje teológico parece sorprendente en dos de sus obras a quienes no viven en su carne propia la condición de pobres.
Jon Sobrino como el propio Jesús de los evangelios auténticos enfatiza en la humildísima humanidad del Salvador, aunque sin olvidar la formidable paradoja de su divinidad encarnada creyente y sufriente, que al tercer día de su muerte ignominiosa le hizo posible no solamente su resurrección gloriosa de entre los muertos, sino el hacernos partícipes de su propia suerte, si nos identificamos con Él.
Jon Sobrino lleva 50 años en El Salvador, identificándose con el Jesús de los evangelios auténticos e intentando con su trabajo de teólogo y apóstol devolver la esperanza a los más desfavorecidos de la tierra, demostrándoles que su vida de creyentes y sufrientes no difiere de la del Jesús histórico, que así se encuentra entre ellos, en la vida de la Iglesia auténtica, no sólo para sufrir con la fe sino también para resucitar con la esperanza.
Para Jon Sobrino como para todos los creyentes cristianos, la resurrección de Jesús, tras su pasión y muerte en la cruz, es el hecho más importante de toda la Historia de la Salvación. La resurrección de Jesús como prueba de su divinidad es, para el cristiano, un asunto fundante y fundamental. En este hecho histórico está fundada su fe: sin la Resurrección de Jesús la fe del cristiano sería absurda y la esperanza de salvación que le inspira no tendría razón de ser. Si Cristo no hubiera resucitado, la Iglesia no podría anunciar ninguna Buena Noticia de salvación para nadie. San Pablo lo afirma claramente: "Si Cristo no fue resucitado, nuestra predicación ya no contiene nada ni queda nada de lo que creen ustedes…. Y… ustedes no pueden esperar nada de su fe…. Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos…" (1Co 15, 14; 17; 20).
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La Congregación para la Doctrina de la Fe publicó el 15 de marzo una Notificación acerca de dos libros del Padre Jon Sobrino, S.J.: Jesucristo liberador. Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazaret, y La fe en Jesucristo. Ensayo desde las víctimas. "A causa de ciertas imprecisiones y errores en ellos encontrados, la Congregación para la Doctrina de la Fe tomó la decisión, en el mes de octubre de 2001, de emprender un estudio ulterior y más profundo de dichas obras". Después de un largo proceso la Congregación decidió "ofrecer a los fieles un criterio de juicio seguro acerca de los citados libros y otras obras del Autor".
A mediodía del 14 de marzo los periodistas acreditados ante la Santa sede recibieron la Notificación a la que el Padre Federico Lombardi, S.J., Director de la Radio Vaticana y de la Sala de Prensa del Vaticano, añadió una nota ("El Puente") que en traducción española ofrecemos aquí. El Padre Lombardi escribe:
"Para comprender el significado de la Notificación de la Congregación de la Doctrina de la Fe sobre algunas obras del Padre Jon Sobrino, pienso que sea oportuno recordar la importancia de la comprensión de la naturaleza y de la obra de Jesucristo en el corazón mismo de la fe cristiana.
Jesucristo es para la Iglesia el "mediador" entre Dios y el hombre, es el "pontífice" en sentido etimológico, es decir el constructor del puente que permite a los hombres volver a entrar en relación de amistad y unión con Dios, superando la distancia, la imposibilidad de comunicación provocada por una larga historia de pecados.
Para ser mediador y puente, Jesucristo debe apoyarse firmemente tanto sobre la vertiente de la humanidad como sobre la vertiente de la divinidad. Si no, el paso de una vertiente a la otra queda interrumpido, o al menos inseguro. Desde los primeros siglos del cristianismo esta necesidad del puente ha sido afirmada con fuerza y defendida frente a las numerosas teorías que de hecho negaban uno u otro pilar fundamental del puente mismo: o la humanidad o la divinidad. Negando uno u otro aspecto, en realidad se pone en cuestión la misma salvación del hombre, puesto que llega a faltar el camino concreto, real, a través del cual el hombre se puede comunicar con Dios.
La reflexión teológica sobre Jesucristo, por tanto, ha debido tener en cuenta los dos aspectos, ambos esenciales, aunque los diversos contextos históricos y culturales han influido con acentos característicos en las diferentes corrientes teológicas o espirituales.
A menudo, el contexto de la experiencia cristiana lleva a insistir en la solidaridad entre Jesús y los hombres, por lo que se refiere a su participación en las vicisitudes humanas: sus controversias, su pasión, su muerte violenta son cruciales para el anuncio y para la acogida del Evangelio por parte de los pobres, de quienes sufre por la fe y la justicia.
Quien vive su fe participando en las experiencias más dramáticas del pueblo, cultiva naturalmente una sintonía espiritual y profunda con la humanidad de Cristo, y -si es teólogo- se siente llevado a profundizar en una cristología "desde abajo", que fundamenta en profundidad el pilar del puente que se encuentra de parte de la humanidad. Es ciertamente esta la situación del P. Sobrino, en el surco característico de la teología latinoamericana, tan atenta al camino de la liberación humana y espiritual de los pueblos del continente.
No olvidemos que el P. Jon Sobrino pertenecía al grupo de la Universidad Centroamericana de San Salvador, de los cuales seis miembros fueron bárbaramente asesinados en 1989, justamente por su compromiso cultural en solidaridad con el pueblo salvadoreño.
Al mismo tiempo, la insistencia en la solidaridad entre Cristo y el hombre no debe llevarse hasta el punto de ensombrecer o minusvalorar la dimensión que une Cristo a Dios. Porque si Cristo no es al mismo tiempo hombre y Dios, al puente le faltaría el segundo punto de apoyo y se pone radicalmente en cuestión la realidad de nuestra comunicación con Dios.
Este es el problema sobre el cual se desarrolla la argumentación de la "Notificación", que manifiesta respeto por la obra de Sobrino y sus intenciones, pero retiene que no se puede eximir de indicar que, en algunas obras suyas, ciertas afirmaciones, sobre algunos argumentos cruciales, -como la divinidad de Cristo, la Encarnación del Hijo de Dios, la autoconciencia de Jesucristo y el valor salvífico de su muerte-, cuestionan puntos verdaderamente fundamentales de la fe permanente de la Iglesia. En otras palabras, ponen en cuestión la integridad y la estabilidad del puente que permite la comunicación entre los hombres y Dios, incluso la de los pobres de todos los tiempos".
Noticias de la Curia S.J.
20 de marzo de 2007 | Vol. 11, N. 6
sábado, marzo 31, 2007
La terrible gente corriente
La terrible gente corriente
31.03.07 @ 20:08:00. Archivado en Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate
Llamar a las cosas por su nombre es la mejor contribución que se puede hacer para intentar que las cosas cambien. En el País Vasco lo hacen una y otra vez dos mujeres: Rosa Díez, socialista, y María San Gil, popular. Yo he dicho repetidas veces de ellas que la una y la otra y sobre todo las dos juntas son la esperanza de la pobre ciudadanía atemorizada en su propia tierra, no solamente por ETA, sino por la terrible gente corriente que rentabiliza el terror de los etarras y la cobardía de quienes les apoyan por acción o por omisión.
A propósito de la proverbial valentía de Rosa, escribía yo el 01/11/2006: Quien conoce la vida política de Rosa Díez, como es mi caso, desde que vengo ocupándome en mi enseñanza universitaria y en mi escritura pública del problema de la Paz y las libertades en el País Vasco, sabe que las posiciones que hoy defiende en materia de lucha contra el terrorismo son las que ha defendido toda su vida. Lleva razón al decir que el Partido Socialista la puso en sus listas por pensar lo que piensa y decirlo muy alto y claro. Los artículos recopilados en su libro «Porque tengo Hijos» dan fe de su coherencia en esta materia durante los últimos 12 años. Donde otros socialistas han cambiado, hasta el punto de hacerse irreconocibles como tales, ella no.
Uno de los mayores méritos de Rosa Díez como de María San Gil, su hermana de lucha en el infernal purgatorio vasco, es que nunca juzgan las intenciones, cosa que hacemos tan fácilmente los hombres, sino que analizan con realismo femenino los hechos. Cualquiera que haya seguido durante estos últimos años su valiente actividad política en pro de la Paz y de las libertades en el País Vasco lo sabe (1)
Una vez más Rosa Díez analiza con realismo femenino los hechos, demostrando a sus colegas socialistas que su error ha consistido en dejarse engañar no solamente por las falsas promesas de los terroristas de ETA, sino también por las aviesas intenciones de la terrible gente corriente que los apoyan, que son los nacionalistas oportunistas, que consideran héroes a los etarras, asesinos a sus víctimas e indeseables en su propia tierra a los ciudadanos del mismo País Vasco que no piensan como ellos: "Esa es la gente corriente, la que se aprovecha de nuestra falta de libertad para medrar en política, y en la vida. La que nos «tolera», sin considerarnos nunca «de los suyos». La que no mueve un dedo por protegernos. La que llama presos políticos a los asesinos y clama por sus «derechos» mientras permite que nos excluyan y persigan por reivindicar los derechos fundamentales que la Constitución nos reconoce".
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Gente corriente
por Rosa Díez, Diputada socialista en el Parlamento Europeo
«Los verdaderamente malos son pocos; lo más peligroso es la gente corriente»
Primo Levi
ESTA sentencia de Primo Levi podría haber sido escrita a la luz de lo que ocurre en el País Vasco. Pero él pensaba en los campos de exterminio nazis cuando hizo esa reflexión. Levi hablaba para estudiantes, en el transcurso del periplo universitario que organizó una vez concluido su libro «Si esto es un hombre». Respondía así a la pregunta de unos alumnos sobre la maldad. Levi describía con esas palabras la falta de piedad de los alemanes corrientes, esa inmensa mayoría que veía cómo desaparecían sus vecinos sin preguntarse qué había sido de ellos.
Pensaba en la «gente de orden» que veía el humo de los crematorios y se limitaba a taparse la nariz. Pensaba en las «buenas gentes» que cruzaban de acera para no saludar a un judío con el que habían compartido celebraciones familiares unos días antes de que fueran señalados por los nazis como enemigos de la raza aria. Pensaba en todos aquellos que prohibieron a sus hijos jugar con los hijos de los «malditos judíos». Levi pensaba en la buena gente que, de repente, perdió hasta la piedad.
Si Levi hubiera vivido en Euskadi y en nuestro tiempo podría haber hecho la misma afirmación refiriéndose a los nacionalistas. En el País Vasco no hay limpieza étnica porque resultaría imposible: estamos tan mezclados, es tan mestiza nuestra sociedad, que tendrían que matarse entre ellos. Por eso aquí se puso en marcha la limpieza ideológica.
Somos tan «iguales» que tuvieron que empezar a matarnos para hacernos diferentes. Ahora ya somos diferentes. A los judíos los distinguían por su «estrella de David»; a nosotros, «los vascos diferentes», nos distinguen porque nunca vamos solos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que tenemos la capacidad de movimiento restringida; ellos son los que disfrutan de todos los derechos que la Constitución española nos reconoce como ciudadanos. Nosotros, «los vascos diferentes», somos los que vivimos amenazados; ellos son los que viven en libertad.
Antonio Aguirre fue agredido por un genuino representante de la «gente corriente», de la «buena gente», de esa «gente de orden» que milita en el partido que gobierna Euskadi desde que hay democracia en España. Los dirigentes del PNV han exculpado inmediatamente al agresor: «perdió los papeles», «está apesadumbrado por la imagen del partido que ha dado, llevado por la tensión del momento», «se sintió acosado», «no quiere ensuciar el buen nombre del partido». Ni una sola palabra de disculpa hacia el agredido. El agredido es culpable; el agresor, una pobre víctima que «perdió los papeles». Buena gente.
Nada más peligroso que una situación en la que los dirigentes de un partido político de gobierno disculpan la agresión a un militante de un movimiento cívico, embozándose en la mentira y en la superioridad moral del agresor: «le conocemos de siempre...», «les provocaron...». Los «provocadores» eran siete. Los provocados, mil. Y, según se puede escuchar en los diferentes videos colgados en internet, «los mil provocados» consideraban «españoles de mierda» a esos siete magníficos que osaban enfrentarse a la «pacífica» manifestación. Bueno, también les llamaban «asesinos», y «cerdos», y «asquerosos». Pero lo que sin duda pasará a los anales de los batzoquis será cómo fue posible que siete «españoles de mierda» consiguieran acorralar a mil vascos de pura cepa...
Da miedo. Sobre todo después de escuchar a la portavoz del Gobierno vasco decir que «están planteándose denunciar al Foro Ermua por la contramanifestación (¿?)». Tiene razón Antonio Aguirre cuando dice en la entrevista publicada en El Correo que el problema ya no es que el Gobierno no te defienda; lo grave es que es el propio Gobierno el que te pone en la diana. Aunque Aguirre nos recuerda a todos que «... los primeros que nos empezaron a llamar fachas y extrema derecha fueron Odón Elorza y José Antonio Pastor. Entonces les solicité que no pusieran al Foro en el punto de mira de ETA».
Da miedo la impunidad que algunos dirigentes de los partidos democráticos prestan a la violencia y a los violentos. Da miedo porque conocemos y recordamos la historia. El «ciudadano corriente» que el lunes agredió a Aguirre no sólo no ha sido amonestado, sino que ha sido públicamente disculpado por su propia formación política y por el Gobierno vasco. El «ciudadano corriente» trabajó para el Departamento de Interior del Gobierno vasco, vamos, para la autoridad. Si lo que él hizo es comprendido y exculpado por el Gobierno vasco y por el partido que sustenta al Gobierno de España, ¿por qué razón un chaval vasco, educado en el odio y en la mentira, no va a coger primero un spray, después un cóctel molotov y finalmente, cuando se la den, una pistola para abatir a esos «españoles de mierda», «asesinos», «asquerosos», que hay que dejar morir en el suelo?
Les contaré una cosa que me sucedió hace unos cuantos años, concretamente a finales de 1998 o principios de 1999. Fue en Guernica, en el acto de juramento de Ibarretxe como lendakari, tras las elecciones de la tregua. Los socialistas habíamos abandonado el Gobierno en junio de ese mismo año; la tregua se declaró en septiembre; las elecciones se celebraron en octubre. Tal y como tenían pactado en Lizarra con ETA, los nacionalistas del PNV y EA, con la adherencia de Madrazo, constituyeron un gobierno apoyado por Ternera y los suyos. Les recuerdo que el PSE había gobernado con el PNV doce años.
Pues bien, a la entrada de la Casa de Juntas se arremolinaban los simpatizantes de las formaciones políticas nacionalistas, claramente diferenciados en bandos: los que iban a jalear a los borrokas y la «buena gente» que iba enfervorizada a aplaudir a sus líderes del PNV. Pasamos por delante de los borrokas sin ningún tipo de problema; el gesto adusto; la mirada huidiza y cobarde; el aspecto de no haberse duchado en una semana... Vamos, vestidos para ejercer de lo que son.
Unos metros por delante de mí iba Ardanza. A la entrada justo de la finca, en la verja, unas enfervorizadas emakumes le besaban y aplaudían; él les correspondía sonriente y amable. Llegamos nosotros cuando aquellas mujeres vestidas de domingo, con aspecto de madres y abuelas de familia bien, todavía estaban saboreando la emoción. Se giraron y nos vieron. Yo acababa de dejar de ser consejera, tras siete años de gobierno con Ardanza. Las miré con normalidad, diría que sonriente, y seguí hablando con mi compañero. Hasta que empezamos a pasar entre ellas: «Ala, fastídiate, se os acabó lo bueno, por fin os vais, ya estamos con los nuestros...» «Huy, que pena tendrás, eh, maja?» «Pues os fastidiáis, ya estamos juntos, que bastante habéis estado en el Gobierno...». «Hala, españoles, iros por ahí...». No nos lo podíamos creer.
Recuerdo haberme acercado a Ardanza a contárselo:
-«Oye, lendakari, tu gente nos está insultando; es como si creyeran que os hemos robado algo durante estos doce años que hemos compartido gobierno; parece que aquí no ha cambiado nada de fondo, que os habéis vuelto a asilvestrar, que estábais locos por echarnos...».
-Pero Rosa, ¿cómo dices eso? Serán de los otros...
-No lendakari, no; son de los tuyos.
-¿Pero por qué lo sabes?, ¿les conoces?
-No, pero hay signos externos inconfundibles: peinadas de peluquería, las joyas de los domingos... y los besos que te han dado. Salvo que me digas que las que te han besado eran de Batasuna...
-(...)
Esa es la gente corriente, la que se aprovecha de nuestra falta de libertad para medrar en política, y en la vida. La que nos «tolera», sin considerarnos nunca «de los suyos». La que no mueve un dedo por protegernos. La que llama presos políticos a los asesinos y clama por sus «derechos» mientras permite que nos excluyan y persigan por reivindicar los derechos fundamentales que la Constitución nos reconoce.
Levi explica en el citado libro cómo la despersonalización, la deshumanización del individuo o colectivo declarado enemigo, era vital para llegar a la solución final sin ningún tipo de remordimiento. Los judíos, los gitanos, los comunistas, los homosexuales... no eran humanos para los nazis: eran sólo enemigos de la raza aria, una amenaza para la pureza de su sangre. Estaban «obligados» a eliminarlos si querían conservar un bien mayor, la raza pura, el ideal humano. Pero al lado de esos fanáticos que teorizaban y diseñaban los planes de exterminio estaba la gente corriente. Esa «buena gente» comprendió enseguida hasta qué punto podían beneficiarse de la desaparición de tantos alemanes, o polacos..., de tantos compatriotas mejor cualificados que ellos mismos; y dejaron aflorar sus más bajos instintos. Tardaron poco en sentirse cómodos, aceptando que los nuevos excluidos, en el fondo, nunca habían sido de los suyos, que siempre les habían tenido envidia de los judíos, que llegaron de otros lugares y fueron capaces de progresar y llegar más lejos que ellos, que siempre habían temido al diferente, al de otra cultura, al de otra condición sexual... Los ideólogos de la solución final fueron pocos; los ejecutores, bastantes más, pero nada hubiera sido posible si millones de «buenos alemanes» no se hubieran comportado como los buenos vascos que siguen en Euskadi las consignas del «partido guía». Ese «partido guía» liderado por ese ejemplo de moderación, esa perla blanca llamada Josu Jon Imaz.
Tiene razón Aguirre: es el PNV quien nos pone en la diana, y nuestros dirigentes del PSE, quienes asienten con la cabeza o callan. Si a quienes discrepamos -seamos socialistas o no- nos llaman crispadores o nos invitan a irnos al PP -al que previamente han calificado como «derecha extrema»-; si el lendakari le dijo hace nada en el Parlamento vasco a María San Gil: «Ustedes representan lo peor de este país» -de un país en el que hay terroristas-, ante el silencio cómplice del PSE; si Diego López Garrido dijo hace dos días en el Congreso de los Diputados que «el PP es un arma de destrucción masiva», ¿qué pueden pensar los que tienen las pistolas y la costumbre de actuar poniendo la teoría en práctica? ¿Puede alguien extrañarse de que muchos de nosotros nos sintamos más abandonados, más solos que nunca?
No es éste un artículo optimista. No hay motivos. Llamar a las cosas por su nombre es la mejor contribución que se puede hacer para intentar que las cosas cambien. Como dijo Hanna Arendt a su vuelta del exilio norteamericano, indignada por la pasividad e indiferencia de sus compatriotas ante su responsabilidad histórica, «describir los campos de exterminio sin ira no es ser objetivo, sino indultarlos».
Valga esta reflexión y esta denuncia para que si nuestros nietos nos preguntan algún día: «¿tú qué hiciste cuando pasaba eso?», podamos darles una respuesta mirándoles a los ojos.
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(1) Rosa y María, honor y esperanza de Euskadi
viernes, marzo 30, 2007
Periodismo judicial
Periodismo judicial
30.03.07 @ 18:41:00. Archivado en Universidades, Pro justitia et libertate
El juez Javier Gómez Bermúdez publicó hace unos meses, en colaboración con la periodista judicial Elisa Beni Uzábal, el primer manual jurídico para periodistas, bajo el título: Levantando el velo.
Imagen: El juez Javier Gómez Bermúdez y la periodista judicial Elisa Beni Uzábal
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Un magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, y una periodista, Elisa Beni Uzábal, directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, han aunado esfuerzos, conocimientos y excelencia profesional para sacar a la calle esta obra que se configura como el primer manual existente en el mercado dirigido a los periodistas que ejercen su labor en el ámbito de la Justicia.
Este libro satisfará, sin duda alguna, las curiosidades y dudas que puedan planteársele al informador en su quehacer diario desde una exposición suficientemente sencilla y esquemática para legos en derecho, pero que, al mismo tiempo, no sacrifica un ápice el rigor que debe acompañar al tratamiento de temas jurídicos. Además, ayudará al profesional a adquirir la destreza necesaria para conseguir la información, seleccionarla, evitar manipulaciones, entender el mensaje y “traducírselo” al público sin que pierda su esencia jurídica.
Los autores, conscientes de lo inaccesible, complejo y críptico que puede resultar este mundo, también han concebido este trabajo para aquellos estudiantes de Periodismo y profesionales noveles que quieran especializarse en la información de Tribunales, así como para los periodistas de otras áreas que, por la lógica de la actualidad, tienen que vérselas con noticias generadas en órganos judiciales.
Igualmente pueden encontrar en este texto una obra de referencia los profesores universitarios que precisen de una herramienta para mostrar una visión global del sistema jurídico español a sus alumnos o, simplemente, ciudadanos que quieran conocer más de cerca la Justicia española sin las complicaciones técnicas de los manuales jurídicos.
Fieles al espíritu divulgativo que ha inspirado la realización de este libro, sus autores han decidido contribuir con su publicación al fondo del Programa de Becas de la agrupación de graduados Alumni Navarrenses de la Universidad de Navarra.
La coautora y su intención como periodista
La coautora de Levantando el velo es actualmente responsable de comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid
Elisa Beni Uzábal ha sido la directora más joven de un diario español, con 23 años, cuando asumió la responsabilidad de dirigir ‘El Faro de Ceuta’. Tras su periodo ceutí esta periodista ha sido subdirectora de “Época”, redactora jefe de “Diario 16” y directora de emisoras de la Cadena. Actualmente es responsable de la comunicación de los cerca de 600 jueces que ejercen jurisdicción en la Comunidad de Madrid y distribuye la información procedente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la Audiencia Provincial de Madrid, los juzgados de Plaza de Castilla y de todos los partidos judiciales de la Comunidad.
Esta experiencia ha sido utilizada por Elisa Beni para redactar, junto a Javier Gómez Bermúdez, magistrado de la Audiencia Nacional y presidente de su Sala de lo Penal, el primer manual de periodismo judicial: Levantando el velo, Cie Dossat 2000, 2006.
Levantando el velo es un manual dirigido a estudiantes, periodistas en ejercicio y, por qué no, a ciudadanos inquietos que siguen con atención la actualidad judicial y que desean saber más acerca de cómo ésta se produce. Este libro destaca por un contenido fácilmente comprensible para legos en la materia sin sacrificar rigor y exactitud en aras de la sencillez y la claridad. Introduce al lector en la compleja estructura de la Justicia presentándole la pirámide judicial y explicándole lo términos jurídicos básicos. Ofrece una aproximación a los actores de la Justicia y su papel como fuentes informativas, además de exponer el procedimiento en las diferentes jurisdicciones (Civil, Penal, Contencioso-Administrativa y Social) y analizar su capacidad para generar información de interés público.
Por ello, la parte que se centra en la Jurisdicción Penal es la más prolija, ya que la mayor parte de las noticias emanan de órganos jurisdiccionales pertenecientes a ella. Los juzgados de Menores y Vigilancia Penitenciaria se analizan en un capítulo aparte. Además, instituciones y órganos con jurisdicción en todo el territorio nacional se abordan en capítulos exclusivamente dedicados a la Audiencia Nacional, el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial y el Ministerio Fiscal. También se trata el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por el papel cada vez más relevante que desempeña. Y, aunque la parte periodística y la jurídica van de la mano a lo largo de todo el libro, se incluyen dos capítulos dedicados íntegramente a la primera, en los que se desarrolla la crónica judicial y las particularidades del tratamiento de esta información en los medios audiovisuales.
Con este manual el lector alcanzará un conocimiento general del funcionamiento de la Justicia española con sólidas bases técnicas, por lo que el periodista se verá habilitado para transmitir al público, eficazmente, la información generada por los Tribunales sin que ésta pierda su esencia jurídica. El informador encontrará en sus páginas las claves para conseguir la información, seleccionarla y evitar las posibles manipulaciones. Levantando el velo se constituye, así, en herramienta imprescindible para el profesional, avalada por la dilatada experiencia de sus autores en ambos ámbitos: el jurídico, Javier Gómez Bermúdez es Magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional; y el periodístico, Elisa Beni Uzábal es directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid.
Ficha técnica
BENI UZÁBAL, Elisa y GÓMEZ BERMÚDEZ, Javier, Levantando el velo. Manual de Periodismo Judicial, Cie Inversiones editoriales Dossat 2000, S.L., Madrid, España, 2006.
ISBN: 84-96437-39-6
Tamaño: 17 x 24 cm.
Páginas: 360 págs.
Edición: 1ª (Junio de 2006)
Precio (sin IVA): 24,04 €
Precio (con IVA): 25,00 € (4.160 pesetas)
Sinopsis: Un magistrado de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Javier Gómez Bermúdez, y una periodista, Elisa Beni Uzábal, directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, han aunado esfuerzos, conocimientos y excelencia profesional para sacar a la calle esta obra que se configura como el primer manual existente en el mercado dirigido a los periodistas que ejercen su labor en el ámbito de la Justicia.
Elisa Beni Uzabal (41 años): Periodista. Directora de Comunicación del Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Actualmente es responsable de la comunicación de los cerca de 600 jueces que ejercen jurisdicción en la Comunidad de Madrid y vehicula diariamente la información procedente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, la Audiencia Provincial de Madrid, los juzgados de Plaza de Castilla y de todos los partidos judiciales de la Comunidad.
Su contacto directo con periodistas de todos los medios locales y nacionales la hace conocedora de la necesidad de especialización de éstos.
Conoce también muy bien las dificultades que en ocasiones hay en las redacciones para afrontar la información de tribunales. Ha sido subdirectora de Época, redactora jefe de Diario 16, directora de emisoras de la Cadena SER y la directora más joven de diarios que ha habido en España, ya que asumió la dirección de El Faro de Ceuta a los 23 años. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad de Navarra.
Javier Gómez Bermúdez (43 años): Es magistrado de la Audiencia Nacional y fue nombrado presidente de su Sala de lo Penal en julio de 2004. Ha presidido algunos de los juicios de mayor dimensión mediática de los últimos tiempos, como el seguido contra la célula española de Al Qaeda que fue transmitido en tiempo real y tuvo acreditados a centenares de periodistas de los cinco continentes.
Responsable de la política informativa de transparencia seguida por la Audiencia Nacional actualmente, conoce por su trabajo diario las necesidades de los informadores y sus principales carencias en materias legales.
Dentro de su trayectoria profesional ha sido ponente de importantes sumarios contra el entramado de ETA, la cúpula de Bidart, los grupos Andalucía y Madrid, etc. Y dentro del ámbito económico actualmente preside el juicio del Caso KIO. Fue ponente de la sentencia del Caso PSV, Huarte, etc. Con anterioridad fue Juez Central de Vigilancia Penitenciaria y Juez Central de Menores, ambos en la Audiencia Nacional. Juez desde los 24 años, ha estado destinado en todos los puestos posibles dentro de la Jurisdicción Penal, excepto en la Sala Segunda del Tribunal Supremo.
Tiene una importante trayectoria como conferenciante y ha sido durante una década profesor de Derecho Mercantil de la UNED.
Más información sobre el libro
Enlaces Relacionados:
Criminal Justice Journalists (Periodistas Judiciales) (USA):
Bibliografía acerca de Periodismo, Periodistas, Medios de Comunicación o Comunicación Social
jueves, marzo 29, 2007
Justicia y conciencia ante el 11-M
Justicia y conciencia ante el 11-M
29.03.07 @ 17:54:06. Archivado en Sociogenética, Ética, Pro justitia et libertate
El tribunal deduce testimonio a Díaz de Mera, ex director general de la Policía, por un delito de desobediencia, al constatar que se niega a colaborar con la Justicia.
El juez ordena «deducir testimonio», esto es: abrir una nueva investigación para comprobar la posibilidad de un delito, en relación con los datos aportados por Díaz de Mera como testigo.
No se entiende que quien tanto hizo por las víctimas del 11-M, en el apoyo a sus familias y en la detención inmediata de algunos de los principales acusados, ahora amague con un supuesto informe que, si realmente es como lo pretende Díaz de Mera como testigo, tendría una incidencia directa en el resultado de las investigaciones.
Los policías apoyan a Díaz de Mera pero creen que le engañaron al relacionar ETA con el 11-M
Madrid. Agencias
El Sindicato Unificado de Policía (SUP) ha mostrado su apoyo a Agustín Díaz de Mera, ex director general de la Policía, tras haber sido sancionado por no revelar en el juicio del 11-M la fuente de un supuesto informe que relacionaría a ETA con estos atentados.
La Comisión Ejecutiva Nacional de este sindicato policial señaló, a través de un comunicado, que "Díaz de Mera sigue siendo considerado por el SUP como el mejor director general que hemos tenido los policías".
Asimismo, estos representantes de los policías añaden que tras su relevo, "la Asamblea Nacional del SUP le otorgó a Díaz de Mera la insignia de oro y brillantes del sindicato, por su honradez como persona y como gestor político". "No tenemos duda alguna", añade el SUP, "acerca de la veracidad de sus manifestaciones ante el tribunal (del 11-M). Sin embargo, estamos igualmente convencidos de que la persona o personas que en su día le informaron de un supuesto informe que relaciona a ETA con los atentados del 11-M, no le dijeron la verdad".
He aquí el momento más dramático de este caso de conciencia, al comparecer Díaz de Mera como testigo durante el juicio del 11-M:
-Gómez Bermúdez: Medite usted, mucho más allá de su postura ética y del amor que dice tener por el Cuerpo Nacional de Policía, las consecuencias para las ciudadanos y sobre todo para las partes. Y cuando digo partes me refiero a los afectados por esta causa.
-Díaz de Mera: ¿Me permite hacer una brevísima intervención?
-Gómez Bermúdez: Sí.
-Díaz de Mera: Señor, aprecio mucho, mucho más de lo que pueda pensar el tribunal, las explicaciones que usted acaba de dar. Pero, mire, estoy absolutamente persuadido de que la fuente nos está escuchando. Y también estoy persuadido de que esto lo están escuchando más policías. Si ellos quieren dar el paso adelante, serán ellos los que lo den. Pero yo no sé si aquí hay una colisión entre la ley y la moralidad de un sujeto. Y yo creo que, si tengo que optar y tengo que decidir, prefiero que las responsabilidades caigan sobre mí a que caigan sobre la fuente que me facilitó esta información.
-Gómez Bermúdez: ¿No quiere usted consultar con la fuente?
-Díaz de Mera: Ni siquiera sé si la fuente tienen el teléfono intervenido, señor.
-Gómez Bermúdez: Bien, las opciones que deja al tribunal son nulas. Por lo tanto, el tribunal deducirá testimonio para que se investigue o pida que se instruya un procedimiento por desobediencia grave a la autoridad judicial, conforme al párrafo segundo del artículo 716 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal.
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Deducen testimonio por desobediencia a Díaz de Mera al no colaborar con la Justicia
por N. VILLANUEVA / D. MARTÍNEZ. MADRID
Poco se imaginaba el ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera que entraría a la sala de vistas del 11-M como testigo y saldría de ella pagando una multa de 1.000 euros y con una deducción de testimonio por un delito de desobediencia (lleva aparejado una pena de entre seis meses y un año de prisión). El motivo de este castigo fue la negativa del máximo responsable policial en el momento de los atentados a dar el nombre del agente que le habló de la existencia de un informe que el ex comisario general de Información Telesforo Rubio habría hecho desaparecer por los vínculos entre ETA y el 11-M que, según le había dicho su fuente, dicho texto contenía.
Ni los ruegos del presidente del Tribunal, Javier Gómez Bermúdez, que le prometió la máxima discrección y protección de esa fuente (le ofreció la posibilidad de apuntar el nombre en un papel que sólo verían los tres magistrados de la Sala) ni la advertencia de que con su actitud estaba colocando el proceso en una «situación insostenible» fueron suficientes para que Díaz de Mera obedeciera a la Justicia.
Todo comenzaba cuando, tras el interrogatorio del fiscal-jefe de la Audiencia Nacional, Javier Zaragoza, que había transcurrido con total normalidad, llegó el turno de las acusaciones. Fue precisamente el abogado de la asociación Ayuda a las Víctimas, José María de Pablo, uno de los letrados que defiende los vínculos de ETA con el 11-M, el que, quizá sin quererlo, colocó al testigo en una de las situaciones probablemente más incómodas que ha vivido en su trayectoria personal y profesional. De Pablo preguntó al testigo por un informe del que Díaz de Mera había hablado en una entrevista en la emisora de radio que más se ha distinguido por defender teorías alternativas a la investigación policial y judicial. En ella, el ex mando policial, hoy eurodiputado del PP, había manifestado literalmente que dicho texto contenía «indicios y pruebas de las conexiones con ETA en un número significativo y preocupante». Cuando el letrado, con buena fe procesal, quiso ahondar en un aspecto que beneficiaba su estrategia de acusación, Díaz de Mera empezó a hablar del informe con tal lejanía que no sólo admitió no haberlo visto y conocer su contenido a través de referencias, sino que aseguró que tampoco conocía a sus autores ni si alguien lo había hecho desaparecer. Así transcurrió el interrogatorio de De Pablo a Díaz de Mera.
-Abogado (A): ¿A qué informe se refería en esa entrevista?
-Díaz de Mera (DdM): Al mismo que usted.
-(A): ¿Puede precisarnos qué informe es?
-(DdM): Yo conozco lo que dice, las generalidades; no conozco con precisión el contenido.
-(A): Usted habla de dos autores concretos. ¿Puede decirnos quiénes son los autores?
-(DdM): No puedo decírselo porque no lo sé y la fuente tampoco me dio el nombre completo de los autores. Me dijo que eran un hombre y una mujer.
-(A): Cuando usted dijo «de la existencia de ese informe sabemos muchos»... Eso. ¿qué quiere decir, que todos los mandos conocían la existencia de ese informe?
-(DdP): Unas 10 ó 15 personas
-(A): ¿Lo conocía el que en el momento de esa entrevista era comisario general de Información, Telesforo Rubio?
-(DdM): A mí se me dice que es el comisario general de Información quien lo encarga.
-(A): ¿Y sabe usted quién dio la orden de hacer desaparecer ese informe?
-(DdM): Yo nunca he dicho que alguien haya dado la orden de hacerlo desaparecer
-(A): ¿Cuál es esa orientación que no quisieron seguir los que elaboraron ese informe?
-(DdM): Presumiblemente la controversia falazmente establecida y con potencia reflejada en los medios entre la versión oficial y la conspirativa.
-(A): Esa orientación previa sería para reforzar esa versión oficial...
-(DdM): Así se me indica a mí
-(A): ¿Quién es la persona que le habla de este informe?
Fue entonces cuando el presidente del Tribunal ordenó a un funcionario que acercara al testigo un papel y un bolígrafo con el objeto de que consignara el nombre del policía para el que el Tribunal pudiera valorar su utilidad cara al futuro. Díaz de Mera, por tanto, no tenía que identificar al hipotético agente en público. El testigo se escudó en un primer momento en que delatarle sería poner en peligro la seguridad del agente. «Es de sentido común que la Policía es un órgano jerarquizado», dijo Díaz de Mera para justificar su negativa. «Ya, pero de proteger a la fuente ya nos encargamos nosotros», le respondió el presidente del Tribunal. Al seguir negándose, Gómez Bermúdez recordó al ex responsable policial el artículo 716 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que señala que cuando los testigos sean de referencia tendrán que identificar a la fuente. «Esto es una obligación que no tiene límites», le recordó Gómez Bermúdez.
Después de informarle de las consecuencias de su negativa (el delito de desobediencia está castigado con multa de 200 a 5.000 euros y si se persiste en dicha negativa, con prisión de seis a un año), Díaz de Mera se mantuvo firme y siguió sin soltar prenda, pese a que era perfectamente consciente, y así lo manifestó, de que estaba poniendo al Tribunal en una «situación comprometida». Tanto lo era que, para que entrara en razón, los magistrados acordaron hacer un receso de cinco minutos. No cambió la situación. «Mire, señor, la fuente es rigurosa, fiable y honesta, y yo por el Cuerpo Nacional de Policía tengo un profundo respeto. Si doy su nombre no podría ir más en vertical por la vida. Aceptaré cualquier decisión del Tribunal».
«Se lo ruego»
Fue entonces cuando Gómez Bermúdez decidió intervenir de nuevo: «El Tribunal, desde luego, también aprecia y valora el trabajo de todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, pero lo que no puede hacer usted es, por un lado, afirmar que su fuente es fiable y honesta y por otro negarse a identificarla, porque entonces está colocando este proceso, ya de por sí complicado, en una situación insostenible».
«Le ruego -continuó-; fíjese que le estoy rogando, que medite mucho más allá de su postura ética y del amor que dice que tiene por la Policía que consigne el nombre de la fuente, y mire las consecuencias de su decisión para los ciudadanos, las partes y las víctimas». Pero Díaz de Mera ya tenía tomada su decisión: no sería él quien colaborara para esclarecer la verdad que él mismo lleva tres años reclamando.
POOL
Javier Gómez Bermúdez, presidente del Tribunal, le comunicó al ex director de la Policía la imposición de una multa de mil euros por desobediencia grave.
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Un silencio inaceptable,
Editorial ABC, Jueves, 29 de marzo de 2007
El ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera cometió ayer algo más que un error inexcusable durante su declaración en la vista oral del 11-M. No es cuestión de hacer un juicio de intenciones sobre su negativa a revelar la fuente que le comunicó la existencia de un supuesto informe policial sobre la relación de ETA con los atentados.
Las razones por las que tomó esta decisión pertenecen a su fuero interno, pero es evidente que, cualesquiera que fueran, debió anteponer su deber de colaboración con la Justicia a un muy subordinado compromiso moral con su fuente. Su testimonio ha sido un duro golpe al proceso, una generación de dudas perfectamente evitable, porque si hay alguien en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que tiene información, por mínima que sea, sobre la autoría del atentado, debe ser llamado al juicio para declarar ante el Tribunal. Es una incongruencia absoluta que adopte esta postura quien, como máximo responsable de la Policía, desempeñó sus funciones en la lucha antiterrorista. Más aún, no se entiende que quien tanto hizo por las víctimas del 11-M en el apoyo a sus familias y en la detención inmediata de algunos de los principales acusados ahora amague con un supuesto informe que, si realmente es como dice Díaz de Mera, tendría una incidencia directa en el resultado de las investigaciones.
Con toda razón, el presidente del Tribunal le pidió insistentemente que valorara «la situación en que coloca el proceso». Y con la misma razón no tuvo más remedio que imponerle una multa y deducir testimonio por un posible delito de desobediencia grave, pues como testigo tenía obligación de contestar la verdad.
La actitud del juez Gómez Bermúdez no pudo ser más ajustada a las consecuencias que se preveían si Díaz de Mera persistía en una negativa tan injustificada legalmente como incomprensible para la opinión pública y las propias víctimas. Además, Díaz de Mera no reparó en que, como primer cargo político del Gobierno del PP llamado a declarar, iba ser un objetivo seguro de interrogatorios incómodos y orientados a demostrar las supuestas mentiras u ocultaciones de la autoría islamista por parte del Ejecutivo de Aznar. Aquel Gobierno no se merecía esta impronta tan negativa que ha dejado Díaz de Mera, porque si algo está demostrando el juicio es que nadie mintió cuando señaló a ETA como probable autora del atentado y nadie ocultó información a los ciudadanos sobre los descubrimientos de las pistas que acabarían desembocando en la célula yihadista y sus cooperadores de la trama asturiana.
No hay otro momento ni otro lugar más adecuado para hablar de ETA y el 11-M que este juicio y la sala en la que se celebra. Esas llamadas «teorías de la conspiración» -de las que nadie, sea de las defensas o sea de las acusaciones, se está ocupando en el juicio- tenían en el informe aludido por Díaz de Mera una ocasión inmejorable de someterse al filtro de las pruebas ante el Tribunal. Pero la decisión del ex alto cargo del PP de hurtar al juicio la posibilidad de una nueva prueba, quizá decisiva, quizá irrelevante, sólo contribuye a mantener esas teorías en el terreno impune de la especulación incontrolada que, con total desparpajo, acusa, sin solución de continuidad, a los servicios secretos marroquíes, a ETA, a los servicios de inteligencia del Estado y a una conjura de policías y guardias civiles. Teorías hechas de forma que no admiten verificación alguna, pero que han dañado gravemente al PP al instalar en la opinión pública la falsa ecuación de que el Gobierno de Aznar salva su responsabilidad política sólo si aparece ETA por medio, como si la autoría islamista fuera en prueba de una supuesta culpa del PP por el atentado, cuando lo cierto es que gracias a su gestión policial posterior al 11-M hoy se está celebrando este juicio con la amplitud de acusados y pruebas que presenta.
En todo caso, quienes con tanto empeño reprochan a ciertos mandos policiales el miedo a que ETA aparezca en el juicio del 11-M, deberían ahora ejercer su censura con igual rigor sobre la inmoral decisión de Díaz de Mera de hacer exactamente lo mismo, es decir, evitar que la Justicia pueda saber si ETA tuvo o no algo que ver. Por cierto, que no estaría de más que Ángel Acebes, secretario general del PP y en marzo de 2004 ministro de Interior, se pronunciase sobre el inaceptable silencio del que fue responsable de la Policía bajo su mandato.
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Los sindicatos policiales defienden a Díaz de Mera
El SUP y el CEP han defendido al ex director general de la Policía
El Sindicato Unificado de Policía (SUP) ha expresado en un comunicado su convencimiento de que la persona o personas que en su día informaron al ex director general de la Policía Agustín Díaz de Mera de la existencia de un documento que recogía las supuestas vinculaciones entre ETA y el 11-M "no le dijeron la verdad".
Por otra parte, el secretario general de la Confederación Española de Policía (CEP), Ignacio López, instó a "los más altos responsables de Interior" a "investigar el contenido del informe en el que se vinculaba a ETA con el 11-M" después de escuchar las declaraciones de Díaz de Mera.
En su comunicado, el SUP señala que no tiene duda alguna acerca de la veracidad de las manifestaciones de Díaz de Mera ante el tribunal que juzga los hechos por el 11-M. Además, subraya que Agustín Díaz de Mera "sigue siendo considerado" por el Sindicato Unificado como "el mejor director general" que han tenido los policías.
"Es digno de tener en cuenta la necesidad que manifiesta el ex director de la Policía de mantener el anonimato de la fuente por el posible riesgo que pueda correr el funcionario que redactó el informe", aseguró el secretario general del CEP, que añadió que "es indigno que los profesionales de la Policía tengan que estar ocultándose como vulgares confidentes ante el temor de que sus carreras se puedan ver perjudicadas por las emisiones de informes que puedan contrariar el interés político de cada momento".
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Rajoy: "Díaz de Mera debe colaborar con la justicia"
Rajoy asegura que Díaz de Mera «debe colaborar con la justicia» en el juicio por el 11-M
