viernes, noviembre 16, 2007

Los derechos humanos de los curas

Los derechos humanos de los curas

Permalink 16.11.07 @ 11:30:30. Archivado en Escritura bloguera, Universidades, Sociogenética, Antropología, Ética, Religiones, Educación, Pro justitia et libertate

Durante mi recién estrenada juventud -yo era casi un adolescente- tuve la suerte de compartir mis primeros años de estudios superiores y universitarios con los seminaristas de la archidiócesis de Granada. Estos seminarisas granadinos tenían el privilegio de disfrutar de la enseñanza de la Facultad de Teología de Cartuja, compartiendo su buena suerte, única en Andalucía, Extremadura, Murcia, Islas Canarias y Castilla la Nueva, con los propios estudiantes teólogos de los padres jesuitas, mucho más maduros y preparados que ellos.

En aquél entonces las aulas de esta Facultad eran las más prestigiosas de la Iglesia española para la mayor parte del territorio español, puesto que en ellas ultimaban su larguísima formación de quince años todos los jesuitas españoles, excepto los dependientes de Castilla-León, del País Vasco y de Cataluña, que tenían sus propias facultades de teología.

Entre las muchas voces humildes y extremadamente discretas de los sacerdotes granadinos que expresan actualmente su incomodidad ante la manera de ejercer la autoridad su Arzobispo, procesado estos días ante la justicia civil, acusado por uno de sus curas universitarios, reconozco las de algunos de mis entrañables compañeros de entonces. Su actitud de discreción y respetuoso silencio ante los desmanes de su Arzobispo, me impulsó a escribir mi artículo "Nos duele nuestra iglesia" del 03.09.07, que concebí como una presentación del artículo "EL CURA DE ALBUÑOL Y SUS FIELES" de mi colega y amigo José M. Castillo.

En ambos artículos, tanto el uno como el otro observábamos que algunos miembros de la jerarquía católica española actual, entre los cuales destaca de manera particularmente notoria el Arzobispo de Granada, están provocando el desconcierto entre los fieles, que no comprenden, a pesar de su más que probada buena fe, el estilo sorprendentemente autoritario de algunas de las decisiones disciplinarias y pastorales que les conciernen. Tanto el uno como el otro constatábamos como razón de este desconcierto de los fieles el que la concepción y el ejercicio de la autoridad de estos jerarcas está en franca contradicción con la manera de funcionar la autoridad en la iglesia primitiva, manera que inspiró a los padres conciliares de Vaticano II las reformas introducidas por este Concilio, hoy completamente olvidadas en las curias de España.

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La Iglesia y los derechos humanos
por José Mª Castillo

12-Noviembre-2007

La editorial Desclée de Brouwer ha publicado recientemente un libro que he preparado con interés y esmero durante varios años. Se titula La Iglesia y los derechos humanos (193 pgs.). Este asunto me ha interesado tanto porque creo que contiene una de las claves que mejor explican muchas de las cosas que están ocurriendo en la sociedad y en la Iglesia.

El hecho es que a estas alturas, cuando han pasado cerca de 60 años de la Declaración de los derechos humanos (10. XII. 1948), la Iglesia católica no ha aceptado los contenidos fundamentales de esa declaración. Y no los ha aceptado ni como Estado (el Estado de la Ciudad del Vaticano), ni en cuanto que es una de las confesiones religiosas más importantes del mundo. Los católicos deben saber que el Vaticano, como Estado asociado a Naciones unidas, no ha firmado todavía ni el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, aprobado en la Asamblea General de la ONU el 16 de diciembre de 1966. Como tampoco ha firmado el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, aprobado en la ONU en la misma fecha. Con estos dos Pactos la Declaración de 1948 se convirtió en cuerpo legal, obligatorio para los Estados firmantes. Esto quiere decir que la Iglesia católica, como Estado, no ha aceptado aún los derechos humanos, uno de los logros más grandes de la humanidad en el s. XX.

Pero no se trata sólo de eso. Además, la Iglesia tampoco ha admitido los derechos de las personas en su organización interna. Es verdad que la Iglesia se rige por el Código de Derecho Canónico, en el que se habla de derechos y deberes de los fieles. Pero si todo eso se mira desde una mentalidad propiamente jurídica, en realidad es letra muerta. Los juristas insisten en que un derecho es verdaderamente tal cuando su obtención no depende de la buena voluntad de los demás, sino de que el sujeto de ese derecho pueda demandar judicialmente a quien lo incumple. Sólo tiene derecho a algo el que, si se ve privado de aquello a lo que tiene derecho, puede poner una denuncia ante un juzgado, con garantías de obtener éxito en su demanda. Ahora bien, en la Iglesia no existe esto. Porque todo el poder está concentrado en un solo hombre, el papa, cosa que aparece claramente dicha en los cánones 331, 333, 1404 y 1372. La Iglesia católica es la última monarquía absoluta que queda en Europa. Lo cual quiere decir dos cosas:

1) El Estado de la Ciudad del Vaticano no reconoce ni acepta los derechos humanos, por más que los papas, desde Juan XXIII, vengan exhortando a los demás a su fiel cumplimiento.

2) La Iglesia no reconoce derechos, en sentido propio, a su fieles, lo que quiere decir que los católicos somos “creyentes sin papeles”, es decir, si nos vemos agredidos en nuestros derechos por la Institución Eclesiástica y sus autoridades no tenemos ni a dónde ni a quién recurrir para exigir derecho alguno.

Ahora bien, este hecho nos enfrenta a un problema jurídico de primera importancia. Porque esto nos viene a decir, entre otras cosas, que los Estados que tienen su embajada ante el Estado de la Ciudad del Vaticano deben ser conscientes de que mantienen relaciones diplomáticas con un Estado que no es, en sentido propio, un Estado de derecho. Un Estado que, como es patente, no tiene poder económico y militar determinante en las relaciones internacionales, pero que sigue teniendo un poder sobre las conciencias de muchos ciudadanos y, por tanto, un poder ético y mediático que muchos gobiernos siguen considerando de primera importancia. Por eso parece razonable pedir a los estudiosos del derecho internacional y constitucional que presten más atención a los frecuentes problemas que suelen plantear las religiones (concretamente la Iglesia católica) en no pocos asuntos relacionados con el derecho.

Sin embargo, no es esto lo más importante en este asunto. Lo más serio que se plantea a partir de lo dicho es el problema teológico. La creciente importancia que van logrando los derechos humanos en la opinión pública está poniendo en evidencia que la teología católica, especialmente la eclesiología, no ha querido o no ha sabido afrontar el problema quizá más grave y más urgente que tiene planteado en este momento. Se trata del problema de cómo se puede y se debe ejercer el poder en la Iglesia. A la teología católica le ha interesado, durante siglos, quién puede y debe ejercer el poder en la Iglesia. Pero no le ha interesado en la misma medida precisar cómo se debe ejercer ese poder, si es que pensamos este asunto desde el Evangelio. Porque sabemos que Jesús prohibió a sus apóstoles ejercer el poder como lo ejercen los poderosos y gobernantes de este mundo (Mc 10, 43-45). Pero hoy nos encontramos con la curiosa contradicción de que los poderes democráticos de este mundo respetan los derechos de los seres humanos como no los respeta el sucesor de Pedro y Vicario de Cristo en la tierra. En consecuencia, hay que decir con toda claridad que el papa no tiene poder para actuar de manera que, de hecho, prive a los fieles católicos de sus derechos más fundamentales. No es, por tanto, ni una falsedad ni una exageración afirmar que el papado está cometiendo un abuso de poder para el que no está legitimado.

Pero hay más. Lo que acabo de explicar nos lleva derechamente al problema de fondo que se oculta en todo este asunto: ¿En nombre de qué Dios y con qué autoridad presuntamente divina se puede privar a los seres humanos de sus derechos más fundamentales? Mientras la Iglesia no responda a esta pregunta y mientras no resuelva este problema no tendrá credibilidad ni, por tanto, podrá cumplir con su misión y su razón de ser en este mundo.

Este libro, argumentado desde la documentación histórica y jurídica pertinente, pretende ser una introducción al estudio de cuestiones que obligan a la teología católica a repensar seriamente algunos de sus planteamientos más tradicionales, considerados como intocables.

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Teólogos sin teología universitaria

Los monjes con el pueblo

Teología sin teólogos

Facultad teológica granadina 2/2

Apoyo a la Facultad de Teología de Granada y de Andalucía

Facultad teológica granadina 1/2

jueves, noviembre 15, 2007

Los jesuitas de hoy y de mañana

Los jesuitas de hoy y de mañana

Permalink 14.11.07 @ 23:58:00. Archivado en Universidades, Sociogenética, Ética, Religiones, Educación, Pro justitia et libertate

Bajo el título El optimismo solidario de Arrupe, escribía yo el 20.03.07: En el contexto del siglo que ha hecho posible la autodestrucción física de la humanidad por la energía nuclear, al mismo tiempo que su mayor envilecimiento, al negar sus derechos más sagrados a las personas y a pueblos enteros, considero a Pedro Arrupe, en cuanto general emblemático de los jesuitas posconciliares, como el mejor intérprete del espíritu ignaciano. Uno de sus méritos incontestables ha consistido en llevar la obra educativa y promocional de los jesuitas a los medios más olvidados y menos favorecidos de la familia humana actual.

Los jesuitas de hoy y de mañana siguen fieles a este espíritu ignaciano, que Pedro Arrupe tuvo el coraje y el mérito de interpretar y aplicar con todas sus consecuencias, a la luz del Concilio Vaticano II y de su extraordinaria experiencia personal.

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Momento y sentido del pos-arrupismo
por Norberto ALCOVER S.J.
Profesor de Comunicación en la Universidad Pontificia Comillas

CIEN años atrás y tal día como hoy, nacía en Bilbao quien refundaría la Compañía de Jesús. Ni más ni menos. Porque Pedro Arrupe, como Superior General de los jesuitas desde 1965 hasta ese 1981 en que sufre la trombosis que le deja inutilizado para el cargo y es sustituido por el P. Paolo Dezza en su calidad de Delegado del Papa, este recio creyente vasco llevará el cuerpo entero de la Compañía de Jesús desde la seguridad a la utopía, es decir, desde una fidelidad desleída al pasado a un compromiso radical con el futuro. Ésta fue su gestión histórica, jurídicamente cerrada cuando en 1983 y reunida la Congregación General de la Compañía como máximo órgano legislativo, elegiría al holandés Peter Hans Kolvenbach como nuevo Superior General. Hasta hoy mismo.

Arrupe vivió en la enfermería de la curia romana de los jesuitas toda una década, desde 1981 a 1991, cuando fallecía entre la admiración y la reticencia de la sociedad eclesial, de la sociedad civil y, por supuesto, de la sociedad jesuítica, tras diez años de sufrimiento y de una degradación progresiva de sus capacidades intelectivas pero también emocionales. Mientras tanto, la Compañía de Jesús experimentaba su propia travesía del desierto, en un intento permanente por demostrar su incondicional vinculación a la Santa Sede, en función de su vinculación específica al Sucesor de Pedro. Hay que reconocerle al Superior General Kolvenbach una capacidad de perseverancia inquebrantable en esta tarea nada fácil, en medio de problemas sin cuento. Ésta es la verdad y de nada sirve evitarla, entre otras razones porque, llegado Joseph Ratzinger al Papado como Benedicto XVI, la relación ha alcanzado de nuevo cotas de normalidad efectiva y afectiva. No en vano, el Papa teólogo concedía recién llegado al Vaticano permiso al Superior General Kolvenbach para convocar una próxima Congregación General a comienzos del ya inmediato 2008, en la que presentaría su inusual renuncia tras 25 años de gobierno y, en consecuencia, se elegiría a su sucesor. Todo un detalle de confianza con este holandés de rito armenio, experto en silencios discutidos y en vinculaciones exigentes.

Quiere decirse que, con esta convocatoria, la Compañía de Jesús se enfrenta de verdad al post-arrupismo, pues probablemente la gobernará un jesuita mucho menos determinado por la persona del líder carismático que fuera el bilbaíno Arrupe. El centenario de su nacimiento, así, coincide con una alternativa jesuítica de gran calado, de la misma manera que el mundo se ha transformado en esta centuria y la Iglesia experimentaba fluctuaciones profundas a lo largo del pontificado de Juan Pablo II: ya no es el mismo contexto que presionó la acción de Arrupe, y quien resulte elegido como Superior General de los jesuitas tendrá que enfrentarse a desafíos diferentes a los que viviera aquel hombre de nariz aguileña y ojos desafiantes. Tras los años intermedios de Kolvenbach, habrá llegado el momento de organizar la refundación arrupista como respuesta selectiva de las posibles acciones evangelizadoras, pero también como revisión de las articulaciones intrajesuíticas para alcanzar el dinamismo exigido por el momento histórico.

Entonces, ¿qué aporta Pedro Arrupe a esta cita histórica que quienes fueron sus jesuitas deben enfrentar con decisión y generosidad? En una reciente carta escrita por Jon Sobrino a Ignacio Ellacuría, como si éste permaneciera entre nosotros una vez muerto, le dirige estas palabras: «De la profundidad subjetiva de esa fe, nada puedo decir argumentativamente. Creo que el Padre Arrupe se puso siempre ante un Dios siempre mayor y siempre nuevo, y le dejó ser Dios». Probablemente, es lo mejor que el vasco tozudo y sencillo haya legado a sus sucesores: una fe en Dios tan radical que siempre esté por encima de todo, de todas las personas y de todas las eventualidades, como último argumento para hacer lo que se haga en la sociedad y en la Iglesia. Porque tal fe en Dios será, como ya sucediera con el mismo Arrupe, motivo de fidelidad al hombre en su ponerse histórico, sin evitar las complicaciones que la historia conlleve en todas las dimensiones de la vida: la fe en Dios es el trabajo por el ser humano donde esté y como esté, como ámbito donde refulge el rostro de un Dios hecho carne humana en Jesucristo.

Quienes solicitan de los jesuitas un permanente compromiso histórico, harían bien en desear para ellos un correlativo compromiso metahistórico. Cuando ellos, en un desmedido afán de modernidad, se desvinculen de Dios, también lo harán de los hombres y de las mujeres del momento. Ahí, precisamente, radicaba el misterio de un Arrupe que, creyente radical, dejaba a Dios ser Dios, siempre, en cada instante de su vida como individuo y como gobernante.

¿Dónde quedaba, entonces, la Iglesia en cuanto tal en el imaginario de Arrupe? ¿Dónde situaba este intuitivo histórico las relaciones que vinculan a la Compañía de Jesús con el Sucesor de Pedro como signo de la unidad eclesial? Arrupe siempre declaró ser «fiel hijo de la Iglesia» e insistía a sus jesuitas para que lo fueran con absoluta transparencia en su vida y en sus actuaciones. Más todavía, si Pedro Arrupe pasó lo que pasó, que fue muchísimo, se debió a una profundísima vinculación a la Iglesia, a la que intentó servir desde una obediencia tan leal como inteligente, tan adherida como objetivante, tan filial como fraternal: un conjunto de matices que, más tarde, Kolvenbach definirá como fidelidad creativa. Y si pecó de ingenuidad, que muy probablemente pecó, se debió a que nuestro hombre pensaba que los demás vivían, procedían y deseaban con la misma puridad con que lo hacía él. Tal ingenuidad puede que le provocara actitudes y soluciones imprudentes desde un punto de vista político, pero precisamente este hecho obliga a reflexionar muy seriamente sobre la naturaleza evangélica de una posible ingenuidad cristiana. Se trata de entenderlo o no entenderlo.

Y desembocamos en la utopía, donde siempre se movió Pedro Arrupe como pez en el agua. Una utopía cristiana, de sabor muy tehilardiano y todavía más ignaciano, que le llevó a desear siempre más en el servicio de Dios en los demás, pero también que le condujo, como hemos intentado significar, a una vinculación eclesial cada vez más profunda desde la libertad. Pero vivir así, desde la utopía, exige una puridad interior tremenda, la puridad de los grandes santos, incluso de esos santos laicos con quienes tantas veces nos cruzamos los creyentes. Los jesuitas del futuro, como decía el gran Kart Rahner, serán místicos o no serán. Estarán tan afincados en lo nuclear de Dios, estarán tan relacionados con él que, sin poder evitarlo, optarán por las causas aquellas en que Dios se juega más y más en la historia humana, es decir, en las causas donde la urgencia de com-pasión adquieran dimensiones más fuertes. Una utopía creyente que produce compromiso con la justicia.

Este hombre tan baqueteado por unos y por otros alcanza los cien años cuando su Compañía de Jesús, según escribíamos antes, se encuentra ante un instante decisivo: la Congregación General que comenzará cuando 2008 despunte. Con ella verá la luz el pos-arrupismo histórico, según decíamos. Pero una cosa es que los jesuitas asuman este novedoso momento de su historia, y otra muy diferente que pasen página del legado espiritual y cristiano heredado de forma providencial: legado de divina utopía, con los pies del todo en la tierra de todos, camino de una sociedad y de una Iglesia más auténticas en el servicio y en la libertad. O tal vez, en el servicio de la libertad. Es decir, en fe de Jesucristo.

Norbero ALCOVER S.J.
Profesor de Comunicación en la Universidad Pontificia Comillas

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Ver también mis artículos precedentes:

El optimismo solidario de Arrupe

Facultad teológica granadina 1/2

Sabiduría vasca

Jesuitas solidarios

2006, año jesuítico

martes, noviembre 13, 2007

El «¡¿Por qué no te callas?!», mal traducido

El «¡¿Por qué no te callas?!», mal traducido

Permalink 13.11.07 @ 16:14:00. Archivado en Las Américas, Semántica, Pragmática, Morfosintaxis, Sociogenética, Pro amicitia universale, Ética, Educación

Es un lugar común, inventado hace ya siglos en Italia, el acusar al traductor de traidor: «Traduttore, traditore».

Comentaristas franceses, buenos conocedores del castellano, han adoptado esta actitud acusatoria con magistral prontitud, al constatar que el prestigioso diario "Le Monde" traducía incorrectamente la ya celebérrima frase con la que el Rey Juan Carlos intentó defender el derecho a la palabra del presidente de su gobierno José-Luis Rodríguez Zapatero, derecho del que le estaba privando el presidente de Venezuela Hugo Chávez, durante el acto de clausura de la Cumbre Iberoamericana.

Don Juan Carlos, sorprendido e indignado por la actitud de Chávez, que no paraba de hablar, logrando interrumpir a Zapatero una y otra vez, elevó la voz y se dirigió a él con la frase coloquial: «¡¿ Por qué no te callas ?!».

"Le Monde" ha descrito la escena y traducido la frase de manera incorrecta. La incorrección salta a la vista, tanto en el plano narrativo como en los planos morfosintáctico, semántico y pragmático; .

He aquí el texto incriminado:

"Pourquoi ne la bouclez-vous pas ?", a lancé le souverain en montrant du doigt le chef de l'Etat vénézuélien qui tentait d'interrompre le discours du président du gouvernement espagnol, le socialiste José Luis Rodriguez Zapatero.

He aquí su traducción:

"¿Por qué no cierra usted la boca?", ha gritado el soberano, señalando con el dedo al jefe del Estado venezolano, que intentaba interrumpir el discurso del presidente del gobierno español, el socialista José Luis Rodriguez Zapatero.

Narrativamente la frase está mal contextualizada. El soberano no señaló con el dedo al jefe del Estado venezolano, sino que acompañó sus palabras, al igual que el presidente Zapatero junto a él, con un gesto de ruego encarecido, que se caracteriza por la mano izquierda tendida, abierta y con la palma vuelta hacia arriba, en actitud de espera. La variante del gesto de Zapatero, con la palma ya vuelta ligeramente hacia abajo, indica que solicita paciencia a su interlocutor, para que no siga interrumpiéndole.

La morfosintaxis empleada no fué la de distanciamiento, sino la de acercamiento familiar, mediante el empleo de la segunda persona del singular, como se hace entre personas que ya han practicado entre ellas el tuteamiento.

Semánticamente el empleo de la locución "cerrar la boca", en lugar del verbo "callarse" hubiera añadido una connotación de desprecio que no tiene el verbo.

Pragmáticamente la fuerza de la frase es interrogativa, ajustándose a la súplica, y no imperativa como hubiera sido el caso de una orden.

La morfosintaxis, la semántica y la pragmátia se alían para suplicar a un amigo que respete las reglas del juego dialogístico, si quiere que el diálogo siga sus cauces naurales para entenderse.

La traducción correcta de la frase «¡¿ Por qué no te callas ?!» hubiera sido: "Pourquoi tu ne te tais pas?!".

Los lectores de "Le Monde" han tenido toda la razón del mundo para denunciar la traducción como traidora, esperando que el diario presentará sus disculpas al soberano español:

richard b.
12.11.07 | 22h28
Ou sont les vrais journalistes ? Dans la légende de la photo ou Juan Carlos quitte la tribune, votre journaliste traduit les propos du Roi d'Espagne par "bouclez-la", ce qui est totalement faux ; le souverain espagnol qui d'après la photo n'était pas blême, a dit "cállate" ce qui se traduit dans le Larousse par "pourquoi tu ne te tais pas". Nous attendons les excuses du Monde, auprès du souverain qui malgré qu'il s'adressait a un grossier personnage, sait garder sa bonne éducation.

oirod
12.11.07 | 22h01
Le roi n'a pas dit "Pourquoi ne la bouclez-vous pas?" Mais "Pourquoi tu ne te tais pas" (Por qué no te callas ?) Quant à Chavez, le petit télégraphiste du dernier Castro, Le Monde s'il publiait un peu plus et un peu mieux comme à sa création ses "bulletins de l'étranger", nous éclairerait sur le mythe du personnage et sur la réalité du pays qu'il conduit à la guerre civile.

Imágenes del incidente en "Le Monde"

Imágenes del incidente en "Le Monde"

Permalink 13.11.07 @ 09:20:00. Archivado en Escritura bloguera, Europa, Las Américas, Pragmática, España, Sociogenética, Pro pace, Ética, Educación

"Je voudrais dire au président Hugo Chavez que dans un forum réunissant des gouvernements démocratiques, (...) l'un des principes de base s'appelle le respect", a déclaré Zapatero devant les dirigeants du continent sud-américain réunis dans la capitale chilienne.

AFP/OFF"

"Pourquoi ne la bouclez-vous pas ?" (1), a lancé le souverain en montrant du doigt le chef de l'Etat vénézuélien qui tentait d'interrompre le discours du président du gouvernement espagnol, le socialiste José Luis Rodriguez Zapatero.

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Hugo Chavez a par la suite commenté l'incident en laissant entendre que le souverain espagnol avait perdu la face. "Celui qui a perdu la face, c'est celui qui n'a pas pu se contrôler, qui nous a dit de la boucler, comme si nous étions toujours des sujets comme au XVIIe ou au XVIIIe siècle", a-t-il dit à des journalistes.

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Hugo Chavez, emporté dans son discours, a aussi invectivé l'Eglise vénézuélienne et le pape avant d'accuser les Etats-Unis et l'Union européenne d'avoir approuvé un coup d'Etat à son encontre en avril 2002. N'en pouvant plus, le roi Juan Carlos est sorti de la salle lorsque le président du Nicaragua, Daniel Ortega, prenait le parti d'Hugo Chavez et lui redonnait brièvement la parole.

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Comentarios de los lectores

Recojo aquí, entre 85, los cuatro primeros, sin corregir su ortografía:

ParisMadrid : Zapatero et le Roi ont ete exemplaires. Face aux dictateurs comme Chavez et Ahmedinajad, il ne faut jamais baisser la garde. Il est bien triste que Chavez et Castro beneficient d une certaine popularite en france alors qu ils ont cree de veritables goulags sous les "Tropiques" !

(1) richard b.
12.11.07 | 22h28
Ou sont les vrais journalistes ? Dans la légende de la photo ou Juan Carlos quitte la tribune, votre journaliste traduit les propos du Roi d'Espagne par "bouclez-la", ce qui est totalement faux ; le souverain espagnol qui d'après la photo n'était pas blême, a dit "callate" ce qui se traduit dans le Larousse par "pourquoi tu ne te tais pas". Nous attendons les excuses du Monde, auprès du souverain qui malgré qu'il s'adressait a un grossier personnage, sait garder sa bonne éducation.

(1) oirod
12.11.07 | 22h01
Le roi n'a pas dit "Pourquoi ne la bouclez-vous pas?" Mais "Pourquoi tu ne te tais pas" (Porque no te callas ?)Quant à Chavez le petit télégraphiste du dernier Castro, Le Monde s'il publiait un peu plus et un peu mieux comme à sa création ses "bulletins de l'étranger", nous éclairerait sur le mythe du personnage et sur la réalité du pays qu'il conduit à la guerre civile.

Hélène S.
12.11.07 | 21h56
Je ne vais pas m'etendre sur Juan Carlos ou ZApatero, je ne maitrise pas le sujet mais je vois Chavez reveler progressivement au fil des mois et des ans qui il est vraiment et il commence sincerement a me degouter... il joue, manipule, provoque... Il adore se donner en spectacle lors de grands rassemblements internationaux et adore cracher sur les autres... je commence a craindre ce dictateur en puissance qui se prend pour un sauveur. regardons de plus prés ce qui se passe a caracas...pan!

kéora
12.11.07 | 20h48
il faut avoir l'horizon borné et n'avoir rien appris des événements du dernier siècle, il faut même être un criminel en puissance : la peste brune, les soviets, Pol Pot, les gardes rouges, les anarchistes pendant la guerre d'Espagne, les russes blancs... connais pas. Le pouvoir est dans l'urne, pas au bout du fusil, on n'a pas encore trouvé mieux que la démocratie, d'ailleurs elle fait peur à Chavez !

lunes, noviembre 12, 2007

El Rey, al quite, exigiendo respeto

El Rey, al quite, exigiendo respeto

Permalink 11.11.07 @ 23:59:00. Archivado en Europa, Las Américas, Pragmática, España, Sociogenética, Pro pace, TV

El presidente de Venezuela, empeñado en continuar con sus acostumbrados insultos contra el ex presidente José-María Aznar, no dejaba hablar al actual presidente del gobierno español, José-Luis Zapatero. Fue entonces cuando el Rey de España, manifiestamente contrariado y airado, salió en defensa del presidente de su Gobierno, que estaba siendo interrumpido por Chávez, cuando decía:

«Se puede estar en las antípodas de una posición ideológica y no seré yo quien esté cerca de las ideas de Aznar, pero fue elegido por los españoles y exijo ese respeto»... {Interrumpe Chávez}

Indignado por la actitud de Chávez, que no paraba de hablar, intentando interrumpir, Don Juan Carlos elevó la voz y se dirigió a él, subrayando sus palabras con un gesto de la mano izquierda: «¡¿Por qué no te callas?!».

He aquí el contexto de la intervención de don Juan Carlos, tal como aparece en la grabación multimediática disponible en la red, bajo el título "Desencuentro entre el Rey y Chávez":

Zapatero: Exijo, exijo ese respeto. Por una razón, además {Interrumpe Chávez} Por supuesto, por supuesto {Interrumpe Chávez}

El Rey, dirigiéndose a Chávez, con la mano izquierda tendida: ¡¿Por qué no te callas?!

La presidenta chilena, Michelle Bachelet, interviene como Moderadora, pidiendo que no se entablen conversaciones particulares:

Moderadora: Por favor, no hagamos diálogo, han tenido tiempo para plantear sus posiciones. Deseo que terminen.

Gracias a la enérgica intervención del Rey, Zapatero pudo hacer uso de nuevo de la palabra, aunque interrumpido continuamente por Chávez, que no paraba de hablar, intentando continuamente interrumpir, sin atender a Zapatero, defendiendo, según parece, porque no se oye bien, su derecho propio a expresar su opinión.

Zapatero: Presidente Hugo Chávez, {Interrumpe Chávez}, Presidente Hugo Chávez {Interrumpe Chávez} Creo que hay una esencia y un principio en el diálogo y es que para respetar y ser respetado debemos de procurar de no caer en la descalificación. Se puede discrepar radicalmente de las ideas, denunciar las ideas y los comportamientos sin caer en la descalificación.

{Aplausos de la asamblea}

Moderadora: Gracias, presidente Zapatero.

Acto seguido, Zapatero se dirige a Michelle Bachelet, moderadora del foro, pidiendo

«que el respeto sea norma de conducta, código para todos los que formamos parte de esta comunidad, ahora y en el futuro».

Con la vista puesta en Chávez, Zapatero concluye:

«Respetemos a todos los dirigentes y gobernantes elegidos democráticamente. Las formas hacen a las cosas».

Hay una cierta analogía entre esta enérgica intervención Real y la que el mismo rey Juan Carlos protagonizó el 23 de febrero de 1981. En ambos casos se interpuso para que los extremismos no hicieran imposible la marcha normal de la democracia. En 1981 la embestida venía de la extrema derecha. En 2007 viene del populismo chavista, cuyo proyecto tardocomunista, explícitamente provocador frente a las democracias occidentales, pone en peligro la solidaridad hispanoamericana y la paz mundial.

miércoles, noviembre 07, 2007

Ciudadanía ceutí y melillense

Ciudadanía ceutí y melillense

Permalink 07.11.07 @ 23:25:25. Archivado en Europa, Universidades, España, Sociogenética, Antropología, Ética, Educación, Pro justitia et libertate

La geografía y la historia imaginarias no deben determinar la política e imponerse a la democracia. La democracia no se compone de territorios, sino de ciudadanos que, naturalmente, viven en sus ciudades. Esto es lo que hace a Ceuta y Melilla ciudades españolas: que están habitadas por comunidades de ciudadanos españoles como nosotros. Ceuta y Melilla son comunidades de conciudadanos nuestros, que tenemos la obligación de defender por todos los medios, si alguien las atacara violentamente.

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Cedo la palabra a mi colega Carlos Martínez Gorriarán, doctor en Filosofía por la Universidad del País Vasco y licenciado en Historia por la Universidad de Deusto, profesor titular de Estética y Teoría de las Artes de la Universidad del País Vasco desde 1992. Carlos Martínez Gorriarán es miembro del comité de redacción de la revista Bitarte y colaborador de El Correo, El Diario Vasco y El País. Carlos Martínez Gorriarán es autor de los libros Oteiza, un pensamiento sin domesticar: ensayo, (San Sebastián; Baroja, D.L. 1989), Casa, provincia, rey. Para una historia de la cultura del poder en el País Vasco (Alberdania, 1993) y Estética de la diferencia. El arte vasco y el problema de la identidad (Alberdania, 1995), éste último en colaboración con Imanol Agirre Arriaga. Carlos Martínez Gorriarán es también miembro fundador y portavoz de la iniciativa ciudadana ¡Basta Ya!, y cabeza visible de la plataforma ciudadana Plataforma Pro, surgida de ¡Basta Ya!, y propulsora del nuevo partido político español Unión, Progreso y Democracia.

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Opiniones VISITA REAL
Ciudadanía y geografía, o por qué Marruecos no tiene razón
por Carlos Martínez Gorriarán.

Las protestas contra la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla, que Marruecos considera dos ciudades marroquíes usurpadas, pretenden fundarse en razones geográficas e históricas. Los nacionalistas vascos y catalanes, como no podía ser menos, apoyan más o menos veladamente esas protestas -abiertamente en el caso de ERC, socio parlamentario de Zapatero y socio gubernamental de Montilla, es decir, del PSOE-porque comparten todo el razonamiento de fondo, a saber: que la geografía y la historia imaginaria deben determinar la política e imponerse a la democracia. Como Ceuta y Melilla están en el norte de Africa y lindan con Marruecos, entonces deben ser africanas y marroquíes. Es una completa falacia que ignora, como no podía ser menos, el valor y el significado del concepto de ciudadanía.

Desde España, y desde las mismas ciudades afectadas, suele responderse a esa reivindicación étnico-geográfica con contra-argumentos históricos y jurídicos. Que España lleva en Ceuta desde el siglo XVI y en Melilla desde el XV, etcétera. No es que estén de más, pero para lo que nos importa son argumentos incompletos e insuficientes. Sobre todo porque pueden entrar en la lógica contaminada de la vindicación marroquí e hispanófobo-separatista (neologismo divertido, ¿no?) ¿Qué es lo que nos importa?: pues la gente que vive en Ceuta y Melilla, sus ciudadanos. La ciudadanía se define en la práctica no tanto por los lazos jurídicos de dependencia -los vasallos también tienen lazos jurídicos, como también los tenían los esclavos- como por los derechos y obligaciones autónomas que conlleva. Es decir, por las libertades de cada persona en particular y su igualdad con otras (sus iguales).

¿Cuál es el problema insuperable de la reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla? Sencillamente, que aceptarla -o negociarla, que siempre es un inicio de aceptación- significa ni más ni menos que aceptar convertir a los habitantes de Ceuta y Melilla, ciudadanos de España con todos los derechos y obligaciones intactos, en vasallos de la monarquía alauita. Tal cosa es inaceptable: los ciudadanos de Ceuta y Melilla tienen el derecho de esperar la plena solidaridad de los ciudadanos de cualquier otra parte de España, y viceversa, nosotros tenemos la obligación de ser solidarios con ellos: ser sus conciudadanos. Aceptar cualquier otra cosa es aceptar el fracaso de la democracia y el vaciamiento del concepto de ciudadanía.

Una prueba en sentido contrario: Gran Bretaña, astuta y experimentada potencia imperial y ejemplo de Estado de derecho, siempre ha tenido el cuidado de no conceder la ciudadanía a los habitantes de sus colonias, incluso aunque les conceda un pasaporte británico especial. ¿Por qué? Porque si los habitantes de Hong Kong o de Gibraltar, pongamos por caso, fueran ciudadanos británicos de pleno derecho, Gran Bretaña no podría jamás retroceder el control de la colonia a la metrópoli original -China, y en su momento España- sin violar su Constitución (que existe, aunque no esté escrita).

Es la inversa de la razón de fondo por la que España tampoco puede negociar con Marruecos el futuro de Ceuta y Melilla: porque equivaldría a negociar el futuro de la democracia, que no se compone de territorios -pese ahora lo piense el PSOE y siempre los nacionalistas-, sino de ciudadanos que, naturalmente, viven en sus ciudades. ¿Dónde, si no? Esto, no la historia o el derecho internacional, es lo que hace a Ceuta y Melilla ciudades españolas: que están habitadas por comunidades de ciudadanos españoles como nosotros. Comunidades que habrá que defender por todos los medios si alguien las ataca violentamente.