miércoles, enero 10, 2007

Caer tres veces seguidas en la misma trampa

Caer tres veces seguidas en la misma trampa

Permalink 10.01.07 @ 19:44:00. Archivado en España, Sociogenética, Pro justitia et libertate

A veces es mejor repetir al pie de la letra algo que se ha escrito antes de un acontecimiento, para que no se piense que el Autor de lo escrito lo escribió entonces por puro deseo de dramatizar una situación. He aquí lo que yo escribía en este periódico, el 28.11.06 @ 09:23:00, bajo el título de Un vídeo boomerang:

Pepiño Blanco ha lanzado un vídeo boomerang, que en su retorno automático le golpea de lleno en su propia cara.

Con este vídeo, cual retrovisor traidor que distrae al conductor del precipicio que tiene delante, el PSOE se obstina en su infantil capricho por repetir errores, que confunde con un derecho.

Puesto al volante del Estado, no por su propia energía y pericia, sino por un cambio imprevisible y trágico de los vientos geopolíticos globales, el PSOE actual olvida que los errores de buena voluntad y generosidad del Estado que evoca en su vídeo, siendo incomparables en derecho con los que él comete fuera de la ley, fueron reconocidos e inmediatamente superados como tales errores por los que los cometieron, al llamar tregua trampa a la tregua del 98.

Cualquier observador desapasionado, como es el caso de todo elector no cautivo, que en cada elección elige programa y candidantos siguiendo el mandato soberano de su propia conciencia, tiene el derecho de advertir al PSOE hoy, en vistas a las futuras elecciones, que los responsables de un Estado que se respeta no tienen el derecho de caer dos veces seguidas en la misma trampa.

Lo hago desde la Universidad de Lovaina, una comunidad universitaria tradicionalmente dialogante y defensora sin compromisos de la dignidad humana, donde vivo rodeado de unos hombres y mujeres que el PSOE de la transición reconoce, desde su paso por aquí de Felipe González, como un refugio independiente de toda lucha partidista.

Por desgracia el mega-atentado de Barajas del 30 de diciembre confirmó plenamente mi temor.

He aquí cómo trata nuestro maestro y amigo Francisco Rodríguez Adrados esta actitud ciegamente retrovisora del PSOE, que se obstina en su infantil capricho por repetir errores, que confunde con un derecho.

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Tres veces en la misma piedra,
Por Francisco Rodríguez Adrados
de las Reales Academias Española y de la Historia

Son demasiadas. Me refiero a los intentos de negociación con ETA de González, Aznar y Zapatero. Bien se ha visto que eran inútiles y que causaban graves males, más que ninguno, el último. Los dos primeros gobernantes se retiraron rápidamente cuando vieron que no había nada que hacer: ETA les pedía en privado los mismos imposibles que pedía en público.

Igual pidieron a Zapatero, pero este no se retiró, se limitaba a aplazar y a concesiones menores. Pero no se retiró: le retiró la explosión de Barajas. En vez de criticar a Aznar por reunirse con ETA, debería haber aprendido de su fracaso y del de González. No debió utilizar aquel fracaso para intentar un tercer turno en una negociación imposible. Pues siguió y siguió, con consecuencias peores que nunca. Al menos, ahora puede, si quiere, enmendar su curso.

Es increíble lo que ha sucedido en España, lo que ha venido sucediendo desde hace tanto tiempo. Italia y Alemania solucionaron, hace muchísimo tiempo, situaciones de terrorismo semejantes, aunque no eran separatistas. Cuando el asesinato de Aldo Moro y el fin de la Fracción del Ejército Rojo. Aquí nada. ETA era, teóricamente, una fuerza antifranquista y esto le granjeaba benevolencia.

Creo que, pese a todo, algo de ella quedaba en los últimos tiempos: un resto de esperanza por parte de una cierta izquierda. Quizá ahora se disipe. Los hechos son duros.

Todo ha sido repetitivo. Cuando ETA estaba apurada, hacía señales de que estaba dispuesta a negociar: los gobernantes españoles entendían que se trataba de capitular con ciertas condiciones aceptables. De que ETA entregaría las armas, en suma, y recibiría ciertas satisfacciones, en relación sobre todo con los presos. Yo oí a Felipe González, la única vez que asistí a un almuerzo en que estaba presente, eso de «dejémosles salvar los muebles». Mucho después oí a Zapatero, en una recepción, «es que yo tengo información». Información, sin duda, procedente de ETA y sugiriendo las mismas promesas. Información falsa. La creyó porque es lo que quería oir.

Siempre igual. Cuando la banda está en baja, sugiere una reunión acompañada de una tregua y, supuestamente, del fin de la violencia. Los Gobiernos españoles pican y tropiezan en la consabida piedra. Una vez, segunda vez, tercera vez. Cada uno piensa que salvará el obstáculo. No se puede criticar su deseo de paz, de explorar soluciones. De paso, Gobiernos y partidos se magnificaban, se aseguraban el futuro. O eso creían.

Solo que González y Aznar se retiraron en cuanto vieron el panorama. Zapatero no, aunque todos tratátabamos de desengañarle, yo desde ABC. Pensaba que era más listo, que triunfaría donde los otros habían fracasado, que de paso aseguraría el futuro de su especial socialismo y de sí mismo, que incluso se haría imbatible para los nacionalistas. O eso deduzco. Siguió adelante.

Hay que reconocer que hizo o dejó que se hicieran concesiones judiciales, que toleró que se desobedeciera al Tribunal Supremo, que Batasuna entrara en el Parlamento vasco bajo otro nombre. Entre otras concesiones. Pero es justo decir que no hizo concesiones sustanciales en las peticiones de siempre del nacionalismo: que se aceptara la decisión de los vascos, el tema de Navarra, etc.

Hacía guiños, aplazaba, pero en el fondo no cedía. Y, entonces, la facción dura, la que podía más que Batasuna (a la que, de momento, lo que más le urgían eran las elecciones vascas), comprendió que no había nada que hacer, que el tiempo iba contra ella. Y actuó. Tiró la careta. Les dejó a todos — Gobierno, Batasuna, presos — fuera de juego. Y se dejó a sí misma en el vacío.

Siempre esas negociaciones han tenido resultados detestables. Desde el GAL, que provocó la caída de González, al fortalecimiento de los «moderados» con el pacto de Estella o Galeusca o los nuevos planes de Ardanza e Ibarreche («la voluntad de los vascos»). Intentaban sacar provecho. Como siempre: los «moderados» habían crecido con ETA, pero luego le discutían el terreno a ETA, querían ganar ellos, gobernar ellos.

Creo que incluso la debilidad del Gobierno ante el Estatuto de Cataluña tiene que ver con la esencial debilidad suya. Necesitaba angustiosamente el apoyo de los nacionalistas.

Hay que confesar que fue Aznar el único que sacó del fracaso la conclusión correcta: apretar el lazo legal contra ETA. Lástima que se olvidó del otro terrorismo, el islámico. Lo mismo si hubo colusión, como dicen algunos, o si fue cosa casual, me parece más probable, el caso es que la atención prestada justamente a ETA tuvo una consecuencia inesperada y detestable: la falta de atención a lo demás. Se engañaron.

Y de ahí Atocha y la caída del PP. Y la subida de Zapatero con su programa de negociar con ETA. Él triunfaría. Tropezó en la misma piedra, la tercera vez. Creyó en aquellas señales. Entendía que ETA capitulaba, él vencería a poco coste. Y ya ven. ¿Y ahora? En un país democrático normal, Zapatero dimitiría. Simplemente porque ha fracasado. En política los fracasos se pagan. Su intención y la de los demás era buena: el final de ETA, la paz. Pero fracasaron por A o por B. Pagaron las consecuencias, los vidrios rotos: algo sin duda sensible desde el punto de vista que aquí considero. Pero Zapatero se empecinó y fracasó más que ninguno. Y ahí sigue. Debería facilitar la solución.

No volver a las palabras vanas, a los guiños y sonrisas, a los silencios, a los aplazamientos, a las alianzas de siempre.

¿Qué vendrá ahora? ¡Cualquiera sabe, en nuestro país! Pero sería bueno, yo creo, olvidar un poco los errores y las ambiciones del pasado, las políticas erradas. Lo ha sido la última, ciertamente. Lo bueno sería que lo sucedido sirviera de escarmiento y que primara, ante todo, el interés de España. Más que resentimientos y frustraciones, por otra parte bien comprensibles: ¡ver un curso errado y no poder hacer nada!

Saber mucho y no poder nada, decía el persa en Heródoto.

Y sería bueno que hubiera un retorno del socialismo menos extremista, de aquel que en nuestra guerra civil, al final, se desengañó de tantas cosas. Un acercamiento entre los dos grandes partidos, enfrentados por causas como esta y otras más. Una desaparición del centro de la escena de las fuerzas disolventes, un retroceso de la tensión nacionalista. Es anacrónica y es daño para todos, para las regiones de España que todos saben más que para nadie. E inquieta a todos. Ya inquietó a los republicanos de la guerra civil. Hay buenos testimonios.

Y, finalmente, lo principal que se espera es, simplemente, la desaparición de ETA. No tiene futuro, es un anacronismo, pero es un tema que debería resolverse ya. Sin «procesos» ni negociaciones, aplicando simplemente la vía legal. Y un cierto acercamiento humano, pero una vez que haya desaparecido, no antes.

España se está quedando al margen de la historia, está siguiendo un camino que no es el suyo. Pequeños golpes extremistas para satisfacer a pequeñas minorías, prohibiciones y prohibiciones. Timón errático en tantas cosas. Mínimos grupos empujan y empujan más cada vez. Y está surgiendo, sobre todo, una fractura, una pugna interna demasiado sangrante.

Es la consecuencia peor, pienso yo, de la política de Zapatero, al que han seguido, extrañamente, muchos que no creían o creían a medias en ella. Pero ahora las cosas han llegado a un punto intolerable, hay un quantum que las cambia.

Tampoco es buena una reacción visceral, un mero pedir cuentas por tantas desdichas. Mejor intentar construir el futuro. Y que nadie vuelva a la tentación de tropezar en esa misma piedra. Edificar sobre ella.

Mentira permanente

Mentira permanente

Permalink 10.01.07 @ 11:45:00. Archivado en Semántica, Pragmática, España, Sociogenética, Ética

Como lingüista y filósofo del lenguaje, advierto con relativa frecuencia, a quienes me quieran oír, que sin compartir un diccionario común es imposible no solamente dialogar, sino incluso mantener la paz que sustenta el diálogo.

También advierto que el uso correcto de un diccionario común de un lenguaje natural, como son las lenguas ordinarias, está sometido a unas reglas de juego que llamamos pragmáticas. Cometen un error gravísimo, por no decir un atropello, quienes pretenden lo contrario.

Una de las reglas capitales pragmáticas del uso correcto de cualquier diccionario común de una lengua ordinaria es el compromiso de coherencia, que es el garante más visible de la verdad de cualquier diálogo. Conviene recordar aquí que en las lenguas ordinarias todo acto de lenguaje es dialógico, en el sentido de que no existiría si no fuera la colaboración concreta entre un locutor y un oyente, que puede ser plural y diferido, a propósito de un tema, en circunstancias bien determinadas y conocidas por ambos.

En virtud de esta regla, común a todas las lenguas naturales u ordinarias, cualquier locutor de una lengua cualquiera, sabe que hay actos de lenguaje que son mentiras manifiestas, simplemente por faltar al compromiso de coherencia. Tal es el caso de la denominación "tregua permanente", póngase en bable, en castellano, en catalán, en euskera, en gallego o en la lengua española que sea. En todas estas lenguas, quien pretende que una "tregua" entre dos enemigos es "permanente", prueba en la misma denominación que elige para decirlo que miente. Así pues, la "tregua permanente" era, es y será una "mentira permanente".

* tregua. (Del gót. trĭggwa, tratado). 1. f. Suspensión de armas, cesación de hostilidades, por determinado tiempo, entre los enemigos que tienen rota o pendiente la guerra. 2. f. Intermisión, descanso.
* permanente. (Del lat. permănens, -entis). 1. adj. Que permanece.
* permanecer. (Del lat. permanēre). 1. intr. Mantenerse sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad.

DRAE

lunes, enero 08, 2007

Horror, estupor y desolación

Horror, estupor y desolación

Permalink 08.01.07 @ 14:35:08. Archivado en España, Pro pace, Ética

¿Cómo es posible que nuestro gobierno haya pretendido negociar con los autores del mega-atentado del Aeropuerto Internacional de Barajas, pecedido por cerca de mil otros atentados semejantes?

¿Cómo es posible que los autores de algo tan horrible puedan ser considerados como seres humanos con una dimensión política y, por tanto, con los que es posible negociar?

¿Puede considerarse persona razonable quien es capaz de ir hasta ese extremo, el del terrorismo, de persistir en él, de no arrepentirse nunca, de no dudar jamás de la justicia de sus propósitos, de navegar contra viento y marea, orlando de sangre y víctimas inocentes su ruta?

La obvia respuesta es no.

¿Quién puede pretender razonar con un loco? ¿Quién puede hacerle concesiones, sabiendo que éstas le van a afirmar más en su locura?

La negociación con un loco tan sólo puede maquinarla otro loco.

Es terrible pensar que nuestro país está gobernado por locos, por insensatos.

Estos son los grandes interrogantes y la terrible congoja que nos expresaba César Quevedo Navarro, en su meditación de la víspera del día de los Reyes Magos, cuando los padres hacíamos creer a nuestros hijos que los regalos que iban a recibir eran una prueba concreta de la Paz, tan esperada, tan ansiada y una vez más frustrada.

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Horror, estupor y desolación,
por César Quevedo Navarro

Mi apreciado y distinguido compañero en esto de lo blogues don Salvador García Bardón pide mi colaboración sobre este tema tan desgraciadamente actual que es el terrorismo. Y creo que va a ser la primera vez y probablemente la última que voy a escribir sobre esta cuestión. Porque esto, la muerte y la existencia después de ella son temas sobre los que prefiero no pensar y consecuentemente no escribir. Quizás mi actitud no sea totalmente ética, pero yo creo que sí. Y lo creo porque cuando no se puede pensar con un mínimo de frialdad sobre un tema, difícilmente se puede creer que la reflexión tenga un mínimo de lucidez. Y en tal caso mejor es abstenerse.

Y es que la verdad, a mí el terrorismo me produce horror. Me horriza pensar en la trágica muerte de ese pobre hombre que ni siquiera era español, que nada tenía que ver, pues, con nuestras viejas rencillas, y que ha perecido en un aeropuerto español cuando su única culpa era la de huir de la miseria y de la violencia reinantes en su país. Vino a España quizás a ser explotado por tantos empresarios desaprensivos como hay, y lo que encontró fue una muerte espeluznante, bajo no sé cuántas capas de hormigon, en un terrible amasijo de metales.

Por eso, que los autores de algo tan horrible puedan ser considerados como seres humanos con una dimensión política y, por tanto, con los que es posible negociar, me asombra hasta ese extremo paralizante que en nuestra expresiva lengua se denomina estupor. Puesto que quien es capaz de ir hasta ese extremo, el del terrorismo, de persistir en él, de no arrepentirse nunca, de no dudar jamás de la justicia de sus propósitos, de navegar contra viento y marea orlando de sangre y víctimas inocentes su ruta; es decir, quien es así ¿puede considerarse persona razonable? La obvia respuesta es no; por el contrario, en puridad, bien pudiera considerársele un loco. Entonces, yo me pregunto: ¿quién puede pretender razonar con un loco? ¿Quién puede hacerle concesiones sabiendo que éstas le van a afirmar más en su locura? Eso les hará creer aún más en que tiene razón, en que el procedimiento del terror es bueno para doblegar voluntades… Y llego a la conclusión de que la negociación con un loco tan sólo puede maquinarla otro loco.

Y claro eso me produce una tremenda desolación. Es terrible pensar que mi país está gobernado por locos, por insensatos o…, pero no. Aquí me paro. No quiero pensar cosas demasiado maquiavélicas. Prefiero mantenerme exclusivamente en esa percepción de locura, de insensata estupidez. Porque locura es pensar por un momento que la ETA y su entorno van a renunciar a la autodeterminación, a la anexión de Navarra… en definitiva, a desmembrar España. Y para esto, evidentemente, haría falta el consenso de todos los españoles, haría falta modificar nuestra Constitución, haría falta sobre todo que no existieran españoles… ¿Y quién pueda pensar que eso se pueda hacer sonriendo? ¿O sí? Porque, desgraciadamente, ¿quién se siente español en la actualidad? Hay muchos que se sienten catalanes, muchos también que se sienten vascos, algunos que se sienten valencianos, andaluces, extremeños… ¡pero españoles! ¡Tiene tan mala prensa eso de sentirse español! Es cosa de fascistas, de franquistas nostálgicos… Nadie piensa en la gloriosa Historia de España, que casi nadie conoce y muchos se permiten vilipendiar. Desde los viejos pobladores del Ál-Andalus, que ahora nos invaden pacíficamente y pretenden cambiar nuestras costumbres, nuestra tradicional religión, nuestra forma de vivir y de ser; hasta otros españoles de allende los mares que olvidando que la sangre que corre por sus venas es hispana, resucitan la vieja leyenda negra española que tanto airearon los paises anglosajones, sin recordar éstos lo mucho que tendrían que callar.

Pero, ¿alguien se preocupa de que los españoles conozcan su Historia? Sin embargo, cuántas historias amañadas, desvirtuadas, carentes del más mínimo rigor se cuentan en las ikastolas. Así, el germen del terrorismo se alimenta. Porque los terroristas son locos, pero su locura muchas veces tiene un origen identificable: un conocimiento sesgado de la Historia de España. Y eso nadie lo remedia, ni lo quiere remediar. De ahí mi más profunda desolación.

domingo, enero 07, 2007

País de albañiles y camareros

País de albañiles y camareros

Permalink 07.01.07 @ 13:15:00. Archivado en España, Sociogenética

Un buen título de artículo debe ser lo más corto posible: mejor una palabra que dos; mejor dos que tres, etc.

La cortedad del título debe incitar a leer el resto del artículo. Si no es el caso, no es el título de un buen artículo, sino un eslogan, que en general no será bueno si aparece como título de un artículo. Por su naturaleza el eslogan está destinado a funcionar sin mayor contexto verbal que el suyo propio, es decir el de sus palabras, cuya eficacia se basa en la memoria enciclopédica de sus destinatarios.

Con frecuencia los buenos títulos resultan de la abreviación de títulos más largos.

El título más largo, que he abreviado para encabezar este artículo, es: "País de especuladores, albañiles y camareros". La palabra suprimida, que reaparece ahora, apunta a la explicación causal de que nuestro país se haya convertido estos últimos años en un país de albañiles y camareros. Esta explicación causal queda más clara, para quien necesita más palabras para comprender lo que muchos han comprendido ya, diciendo que si nuestro país se ha convertido estos últimos años en un país de albañiles y camareros es porque así lo han querido los especuladores.

El sociogenetista postula que la aparición de los especuladores precede a la de los albañiles y camareros, lo cual hace que considere su acción especulativa como causa tanto de la monocultura de la construcción como de la monocultura del turismo, que es su hermana gemela.

Detengámonos un momento en este parentesco entre la monocultura de la construcción y la monocultura del turismo. La prueba más manifiesta de que ambas son engendros de la misma madre es que las dos han aparecido con la marca genética de la especulación: el boom español de la construcción es esencialmente especulativo como lo es el boom del turismo. Ambos han dado la espalda a las necesidades vitales del ciudadano de a pie del país, en vivienda y hospitalidad funcional, y se han dedicado a los caprichos de los ciudadanos del lujo, cuyas necesidades artificiales se acomodan perfectamente en el ámbito de la especulación, puesto que al ser ellos mismos especuladores disponen de un dinero fácil, siempre dispuesto a volver a especular.

¿A qué época remonta la presencia de los especuladores en nuestro país?

La presencia masiva de especuladores remonta a la época de la "cultura del pelotazo". Digo bien la presencia masiva, porque antes de la época de la "cultura del pelotazo" había especuladores notorios, cuyas figuras emergían como casos relativamente aislados, que no cundían porque estaban estigmatizados por la opinión pública. La época de la "cultura del pelotazo" coincidió y fue posible con la degeneración del socialismo en oportunismo y clientelismo, que se ha dado en llamar "el peor felipismo", cuya característica principal es el amoralismo político, social y económico, bajo la apariencia de socialismo. "El peor felipismo" dio lugar a la aparición de un fenómeno de imitación y concurrencia, cuyos efectos totalmente desbocados sufrimos todavía, en su fase de metátesis cancerígena generalizada.

He aquí la sociogénesis de este fenómeno, tal como la explica Heraldo.es, en sus páginas especiales consagradas al socialismo:

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Los oscuros "manejos" del poder

El Gobierno socialista permaneció en el poder durante catorce años en los que, a pesar de presentar un gran programa electoral y desarrollar con acierto el Estado del Bienestar, también cayó en el lado más oscuro del poder: la corrupción política, que se haría patente a partir de 1990. La prensa aireó todos estos episodios de corrupción, provocando auténticos terremotos políticos.

La "guerra sucia" de los GAL

En su lucha por terminar con el terrorismo, el PSOE agotó las vías democráticas y acabó combatiéndolo desde el lado antidemocrático. Se creó un ministerio paralelo en la sombra con el permiso y la subvención del Gobierno: desde octubre de 1983 hasta julio de 1987, un total de 30 personas relacionadas con la banda terrorista ETA murieron asesinadas. Era la "guerra sucia" de los GAL. Las más altas instancias del Ministerio del Interior estaban implicadas: el ministro Barrionuevo, el secretario de Estado para la Seguridad, Rafael Vera, el coronel de la Guardia Civil, Enrique Rodríguez Galindo, el secretario de los socialistas vascos, García Damborenea, los policías Amedo y Domínguez…

La "cultura del pelotazo"

El entonces ministro de Economía Carlos Solchaga apuntó a España como el país europeo en el que antes y más fácilmente podía hacerse dinero mediante la especulación. Efectivamente, esta posibilidad creó la llamada "cultura del pelotazo". Era la España de la "beautiful people" o "gente guapa": un círculo social con dinero e influencia que no dudó en aprovechar su poder para el lucro personal.

Los escándalos más sonados afectaron a los altos cargos del país. El director de la Guardia Civil, Luis Roldán, el gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, el hermano del vicepresidente del Gobierno, Juan Guerra, el ministro de Sanidad, Julián García Valverde, y una larga lista, no dudaron en enriquecerse gracias a sus altas cotas de poder con todo tipo de actividades ilícitas. Incluso el PSOE acabó en los tribunales por crear una red ilegal de empresas para la financiación de su propio partido (Caso Filesa), cuya economía pasaba por una grave crisis tras los gastos de la campaña de 1986.

Como resultado de los escándalos, el Gobierno perdió la iniciativa política. Se empeñó en no reconocer sus errores, lo que creó un clima que entrevió por primera vez la posibilidad de desalojar al PSOE del poder central.

viernes, enero 05, 2007

Escritura bloguera democrática "hic et nunc"

Escritura bloguera democrática "hic et nunc"

Permalink 05.01.07 @ 11:39:00. Archivado en Escritura bloguera, Sociogenética, Ética

Tras haber leído y comentado esta mañana algunos posteos sobre el mega-atentado de Barajas y la desconcertante reacción de Zapatero, decido poner en conocimiento de todos mis colegas blogueros, generalizándolo, el comentario que le he hecho a uno de ellos.

Estimado colega bloguero: Nuestro análisis desde Bruselas coincide con el tuyo (me refiero en particular a los análisis de Inmaculada y de Carmelo).

Personalmente, como profesor, tuve la impresión de asistir al examen oral de un alumno que no tenía la más mínima idea de la materia que pretendía presentar. En esas circunstancias un reflejo de compasión te puede impulsar a coger el teléfono, para que los servicios de sanidad de la Universidad vengan a retirar al enfermo. Nunca me he encontrado con un caso tan grave de alienación, por pérdida total del sentido del contexto.

También cabe interpretar los mismos hechos (Doñana, ausencia, presencia tardía y estrambótica en Barajas) como una prueba del amoralismo que comparte con ETA. Es lo que tú llamas desfachatez o cara dura. Para este tipo de personas la moral no existe, se ríen de ella. No son ni buenos ni malos, son amorales.

Te deseo cordialmente un 2007 mejor que 2006. También te deseo que sigas escribiendo como lo has hecho hasta ahora, para que tu escritura bloguera contribuya a restaurar y reenforzar la democracia, que lo necesita urgentemente. Estos deseos sí que son morales.

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[AEU] Blogs y portal asociados, bajo el signo de la Amistad Europea Universitaria por y para la Amistad Mundial:

España: http://blogs.periodistadigital.com/aeu.php

España: http://www.quediario.com/blogs/705/

Bélgica: http://quijote.skynetblogs.be/

EE.UU: http://tallerquijote.blogspot.com/

Bélgica: http://users.skynet.be/AEU/

jueves, enero 04, 2007

La absoluta amoralidad terrorista

La absoluta amoralidad terrorista

Permalink 04.01.07 @ 12:20:00. Archivado en España, Sociogenética, Ética

Al colocar un coche bomba con una carga fenomenal, en un aparcamiento de un Aropuerto internacional, con miles de vehículos y al menos con el doble de personas inocentes, literalmente aturdidas por un confuso y engañoso aviso de alerta, los terroristas de ETA no solamente asumieron la altísima probabilidad de que hubiera víctimas, sino que lo pretendieron, deseando además que fueran muchas, que lo fueran de muchos países y que el aturdimiento les produjera la peor de las reacciones.

Por desgracia todo ha sucedido como los terroristas lo tenían programado.

Inclinándonos ante el primer cadáver descubierto no podemos limitarnos a presentar nuestro pésame a su familia. Por desgracia tendremos que hacerlo con otras muchas familias más, que deplorarán no solamente otros muertos, sino las terribles secuelas sicológicas que acompañarán a los miles de sobrevivientes. Si los primeros son víctimas mortales, los segundos serán víctimas de por vida.

No es verosímil como lo pretende Patxo UNZUETA, en El País de hoy, que la intención de ETA fuera

mostrar su capacidad mortífera sin causar muertos; con la idea de que el Gobierno tuviera que optar entre romper el proceso, asumiendo el coste político de hacerlo (ante los partidos nacionalistas, por ejemplo); o continuarlo (quizás tras un periodo de suspensión), con lo que quedaba convalidado que el diálogo es compatible con los bombazos.

Lo que ha demostrado ETA con su mega-atentado indiscriminado de Barajas, sin que pueda quedarnos lugar a dudas a quienes nunca creímos en su mal llamado proceso de paz, es que si no fueron sus matarifes quienes concibieron y ejecutaron las matanzas del 11-M, no fue porque les faltaran las ganas o se lo impidiera su conciencia, sino porque la policía y un fallo técnico les quitaron la ocasión de hacerlo unos días antes.

Se engañan quienes piensan que es posible practicar el terrorismo aplicando las reglas de una supuesta deontología profesional, como si el terrorismo fuera catalogable como un profesión digna.

Deploramos que en general los partidos y las personas que han creído en la verosimilitud del mal llamado proceso de paz hayan cometido sistemáticamente este gravísimo error ético.

Esperamos que este error no se repita en la nueva política antiterrorista que han de pactar en el Parlamento todos los partidos que se pretenden democráticos, porque si es el caso nunca tendremos en España ni la justicia, ni la libertad, ni la paz.